“El cambio educativo depende de lo que los docentes hacen y piensan.” Michael Fullan
Cada tres años, cuando se publican los resultados de PISA, se abre una discusión intensa, muchas veces más política que educativa. Se buscan culpables inmediatos, se simplifican los datos y se presenta la evaluación como si retratara solamente a un único momento. Sin embargo, PISA no mide un sexenio ni un programa aislado: mide la trayectoria formativa de jóvenes de 15 años que aprendieron a leer, multiplicar, argumentar y resolver problemas durante más de una década escolar.
Quienes respondieron PISA en 2025 nacieron alrededor de 2009 o 2010. Su educación preescolar, primaria, secundaria y, en algunos casos, el inicio de media superior, transcurrió bajo distintos planes de estudio, reformas, libros, enfoques pedagógicos, administraciones federales y pandemia. Por eso, leer sus resultados como sentencia absoluta de un momento histórico sería incorrecto. Por ejemplo, El actual Plan de Estudio 2022 y los programas sintéticos comenzaron a aplicarse en 2023; para 2025, todavía no había acompañado de manera completa la trayectoria de esa generación.
Lo que PISA sí deja ver es una señal que no debe minimizarse. México se mantiene por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias, muy lejos de los primeros lugares mundiales. Si comparamos con nuestro contexto cultural e histórico más cercano, en América Latina aparece en una posición intermedia alta, cerca del cuarto lugar si se observan las tres áreas en conjunto, aunque matemáticas registra preocupación por la caída frente a la medición anterior. En lectura y ciencias, el país se sostiene cerca de sus pares regionales, pero lejos de los niveles deseables para una sociedad que requiere comprensión profunda.
La enseñanza principal no es cómoda ni estridente. PISA no debe usarse para absolver ni para condenar. Hay quienes critican que se busquen culpables y son los primeros en hacerlo. Debe servir para mirar qué aprendizajes se consolidan, cuáles no, en qué condiciones trabajan las escuelas y qué apoyos reales reciben los docentes. Más que responder con acciones aisladas, conviene fortalecer la comprensión de lo que realmente significa trabajar por proyectos: integrar lectura, escritura, matemáticas, ciencias y pensamiento crítico en situaciones con sentido, mediante formación docente y suficiente acompañamiento.
Un plan de estudios no se juzga con rigor en uno o dos años. Ha de pasar al menos una generación para apreciar efectos. México ha sufrido de cambios de política educativa más veces de lo que se quisiera en apenas dos décadas, es desgastante para el propio sistema educativo.
La verdadera enseñanza de PISA es que la educación no mejora con lecturas apresuradas ni con disputas de coyuntura. Mejora cuando el país mira y responde sus datos con madurez, continuidad institucional y responsabilidad pública. Porque la educación es el camino…
Abogado y Doctor en Gerencia Pública y Política Social
manuelnavarrow@gmail.com
