Aprendamos de la emergencia

Ante la llegada de la emergencia sanitaria en el mundo, pocas cosas hoy se encuentran en el mismo lugar que antes, situación que ha hecho que el mundo sea un espacio diferente al de antes de la pandemia, por ello, vale la pena preguntarnos sobre lo que hemos aprendido y, en consecuencia, cual es la manera de seguir adelante con nuestras vidas.

Definitivamente si algo queda claro, es que existieron espacios de aprendizaje acelerado en muchos de los espacios de nuestras vidas, como fue el caso de la educación, en donde luego de múltiples fracasos en las últimas tres décadas, la pandemia nos obligó a entender que necesitábamos de la tecnología para generar un nuevo modelo educativo, desde donde debemos voltear a ver dichos aprendizajes para no caer en los mismos vicios del pasado.

Por otra parte, también queda claro que la pandemia dejó al descubierto las grandes desigualdades y brechas sociales, desde donde la educación presencial debe de ser una prioridad para aquellas niñas, niños y adolescentes que se encuentran en situación vulnerable, de regiones de difícil acceso geográfico, con alguna discapacidad o con limitaciones culturales de acceso a la tecnología.

Sin embargo, existe un porcentaje importante de estudiantes, cuyo perfil perfectamente puede adaptarse a la aceptación de un modelo híbrido de aprendizaje y en donde, se pueden ejercer acciones y opciones en donde el uso de la tecnología se presente como una opción viable y no, forzando a todas las comunidades escolares, a aceptar el modelo presencial como la única opción viable y hacer como si nunca hubiéramos vivido la situación de emergencia que nos llevó a trasformar nuestras vidas por casi un año y medio.

En este sentido, vale la pena retomar los datos del Centro de Opinión Pública de la Universidad del Valle de México, en donde se aplicó la encuesta “Beneficios, motivación y utilidad de seguir aprendiendo”, en donde, según los datos obtenidos, 60% de los participantes elegiría un proceso de aprendizaje desde centros educativos, como las universidades, escuelas o institutos, pero a 40% le gustaría hacerlo desde un entorno más cotidiano como el hogar o el trabajo. De quienes prefieren un centro o institución educativa, 43% optaría por clases presenciales, 11% por internet y el resto un esquema mixto.

Además, se afirma que, en este último año, 70% tomó alguna clase o curso, debido a motivos laborales (24%), por gusto (24%), para adquirir conocimiento (14%) y para desarrollar o mejorar una habilidad (13%). Independientemente de las motivaciones, esa clase les ha ayudado mucho (59%) o ayudado (37%) para sentirse útil; 90% para sentirse feliz (47% ayudado mucho, 43% ayudado); 82% para reducir o eliminar el estrés (42% mucho, 40% ayudado); 74% para relajarse (34% mucho, 40% ayudado). 

Definitivamente, tenemos que aprender de las experiencias y tenemos que aprender como sociedad, que empezar a generar opciones en donde exista un sector del magisterio orientado a la resolución de este tipo de servicios para un determinado sector de estudiantes, nos permitirá mejorar los servicios, optimizar los tiempos y continuar con los aprendizajes ahora que entramos en una nueva etapa en nuestras vidas.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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Educación en el Latinobarómetro

Hace unas semanas, se dieron a conocer los resultados a nivel internacional, del Latinobarómetro, un instrumento que aplicado en 17 países entre el 26 de octubre y el 15 de diciembre de 2020, mediante la aplicación de más de 20 mil entrevistas en donde se abordan temas como el apoyo a la democracia, distribución de la riqueza, aprobación de gobierno, confianza, corrupción, partidos políticos, violencia, entre otras categorías importantes.

Latinobarómetro es una Corporación de Derecho privado sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile, financiada con fondos de múltiples organismos internacionales, países y fondos privados que durante un cuarto de siglo ha aplicado estos instrumentos que nos permiten visualizar de mejor manera nuestro entorno.

Este año Latinobarómetro midió por primera vez la percepción de justicia en el acceso a la salud, la educación y la justicia. Los latinoamericanos ven altos grados de injusticia en todo lo testeado. Se ubica en primer lugar la justicia con un 77% que dice injusto, en segundo lugar, la salud con un 64% y en tercer lugar la educación, 58%. Analizando los datos por país, en México, se percibe la injusticia a estos tres aspectos en un 63% a la educación, un 82% a la justicia y un 71% a la salud, lo que es un dato que debe preocuparnos.

La cuestión no es ver el acceso a la educación acorde a los números que nos brindan la educación básica, media superior o superior en México, sino, en todo caso, la percepción de lo justo que es dicho acceso, en donde más de seis de cada diez personas consideran a la educación como uno de los tres derechos más injustos y de la educación devienen muchos otros derechos como es el caso de la democracia.

El informe nos dice que es en la educación donde encontramos una explicación más clara del perfil de los demócratas. A mayor educación hay más apoyo a la democracia, habiendo más apoyo en la generación de los padres. Mientras los que tienen educación básica el 54% de los padres y el 51% de los entrevistados apoyan la democracia, entre los que tienen educación superior es el 66% de los padres y el 64% de los entrevistados.

El documento aporta que los indiferentes al tipo de régimen se comportan a la inversa, a medida que aumenta la educación disminuye la indiferencia, habiendo menos indiferencia entre los padres que entre los entrevistados. Un 30% de los padres y un 35% de los entrevistados que tienen educación básica son indiferentes al tipo de régimen, disminuyendo a 21% entre los padres y entrevistados que tienen educación superior.

Algo sorprendente es que los demócratas en América Latina son hombres y mujeres menos jóvenes que adultos, que tienen más educación, y son más bien de clase social más baja que alta. La indiferencia al tipo de régimen es mas de jóvenes, de clase más bien media y alta.

La educación es sinónimo de capacidades para decidir de una mejor manera, pero solo en un acceso justo a ésta es como nuestro país tendra un futuro adecuado para sacar adelante el compromiso con las generaciones venideras, pero también, son las generaciones humildes las que en muchas ocasiones nos ponen el ejemplo en el tema de la democracia.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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100 aniversario de grandes retos

El pasado 3 de octubre se cumplieron 100 años de la fundación de la Secretaría de Educación Publica (SEP) en nuestro país, una fecha sin duda importante para realizar una valoración, aunque por el espacio por demás somera, de los avances y retos que plantea la rectora de la educación en nuestro país.

El 25 de julio de 1921, por decreto del entonces Presidente Álvaro Obregón se creó la SEP, que fue avalada por unanimidad en la Cámara de Diputados. El 3 de octubre de ese año, esta determinación se oficializó con su publicación en el Diario Oficial de la Federación. El primer titular de la SEP fue José Vasconcelos, entonces rector de la Universidad Nacional, quien, con el pensamiento de “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres” emprendió la tarea de crear una dependencia con jurisdicción federal que llevara la educación pública a cada población del territorio. 

La dependencia federal ha tenido 60 titulares, que han acompañado las decisiones educativas de 27 mandatarios de las más variadas ideologías, 58 hombres y dos mujeres (incluida quien orgullosamente maestra la preside actualmente) que, juntas, no alcanzan un sexenio al frente de la Institución.

De sus grandes logros, solo por mencionar algunos, se encuentran la gran Campaña contra el Analfabetismo que logró educar a 708 mil adultos en dos años. El impulsó a la educación normal, inauguró los edificios del Conservatorio Nacional de Música, la Normal Superior y la Biblioteca de México. La construcción de los museos Nacional de Antropología y de Arte Moderno. La creación de la Comisión de Libros de Texto Gratuito creado en 1959, del Consejo Nacional de Fomento Educativo en 1971 y el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos en 1981. El propio sistema de educación básica, media superior y superior como el tecnológico, el universitario, el normalista, el politécnico entre otros.

En cuanto a los retos, también solamente por mencionar algunos, establecer un sistema de carrera que permita, como lo han hecho los países que han tenido grandes éxitos en la materia, alejar a los políticos de las decisiones educativas dejando a expertos en la materia hacerse cargo; consolidar un modelo educativo nacional que vincule los aprendizajes de la emergencia sanitaria y reduzca la exclusión; reducir el tamaño de los grupos (junto con honduras tenemos el nada honroso primer lugar con 45 alumnos por grado); consolidar el acceso de las escuelas de educación básica que les faltan servicios como el lava manos (33.3%), agua potable (28.9%), sanitarios (14.3%), mobiliario (16%), electricidad (30%); acceso a la infancia con alguna discapacidad y salvaguardar el derecho a la educación de calidad a la población rural e indígena; establecer un real apoyo en becas, alimentación y transporte para todo el estudiantado; así como mejorar la formación, el salario, la carrera  y los incentivos del personal docente en nuestro país.

Muchos son los retos que se avizoran para el futuro a propósito de este primer centenario de la SEP, sin embargo, mucho dependerá de las decisiones que incluyan el saber histórico, cultural y pedagógico del magisterio para que sea posible una real y gran transformación de nuestro sistema educativo nacional.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Problemas profesionales docentes en la nueva normalidad

El regreso a las aulas presenta, en lo general, algunos beneficios que tienen que ver con la mejora en la salud mental de los estudiantes, la minimización de la responsabilidad académica de las madres y los padres de familia así como en aportar un muy respetable respiro a la economía por la movilización y las compras necesarias por concepto de las actividades propias de las tareas escolares, sin embargo, no todo es color de rosa y es preciso que, al menos en el caso de las y los docentes, estar atentos a las enfermedades profesionales que se puedan dar a partir de las nuevas condiciones en que se están llevando a cabo las actividades académicas en los centros escolares.

Si bien es cierto que, de acuerdo con el boletín 102 de la Secretaría de Educación Pública en total se han vacunado 2 millones 564 mil 406 trabajadoras y trabajadores de la educación que laboran en centros educativos públicos y privados de todos los niveles educativos, lo que representa el 88% del total, tal vez el contagio por la emergencia sanitaria no sea el único problema profesional por el cual deban de preocuparse las y los docentes en nuestro país.

Un ejemplo claro de ello, es que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera al profesorado como la primera categoría profesional bajo riesgo de contraer enfermedades profesionales de la voz, pues el tipo de voz más proclive a dañar los órganos vocales es la “voz proyectada”, es decir, la que se utiliza para ejercer una influencia sobre otras personas, llamándolas, intentando persuadir, tratando de ganar audiencia, lo cual, con el uso obligatorio del cubrebocas, se tiene que elevar el nivel de la voz para que sus estudiantes puedan escuchar con claridad, lo que a la vez, eleva el riesgo profesional al realizar un esfuerzo adicional de los órganos vocales.

Otro aspecto que se debe de tomar en consideración es que, siete de cada diez maestros de educación infantil padecen problemas de audición y fatiga auditiva, según un reciente estudio sueco realizado por la Academia Sahlgrenska. Además, el 50 por ciento de ellos presenta dificultad para oír en una conversación normal y cuatro de cada diez sufre hipersensibilidad al sonido, con lo que, con el uso del cubrebocas por parte de sus estudiantes, se podría presentar con mayor frecuencia e intensidad, los problemas de fatiga auditiva, elevando el riesgo profesional en esta nueva normalidad.

Lo anterior, nos debe de alertar para que, las instancias oficiales, así como la organización sindical deban de generar acciones que permitan fortalecer la atención, prevención y cuidado de estos y otros tipos de enfermedades que sin duda alguna deberán considerarse del ámbito profesional, en virtud de la alta exposición natural que habrán de tener el personal docente en cada una de las clases a diario en las más de un cuarto de millón de escuelas que existen en nuestro país a propósito de las exigencias protocolarias por la emergencia sanitaria que se han implementado en nuestro país.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Espacios escolares seguros 

Las secuelas que ha dejado la emergencia sanitaria en nuestra sociedad han sido de un gran impacto en muy diversas áreas, lo que conduce a contar con efectos nocivos que dejan como consecuencia aspectos muy graves, sobre todo, si enfocamos nuestra observación en lo que tiene que ver con la educación.

Tan solo por efectos directos de la pandemia, de acuerdo con una investigación publicada en la prestigiada revista médica británica “The Lancet” de 21 países, México es donde más niños han perdido a sus padres o a sus cuidadores principales, cifra que alcanza a 131,325 niñas, niños y adolescentes en situación de orfandad.

Esto pone en contexto que, a pesar de estar en medio de una alerta, en donde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que las infecciones por COVID-19 en niños y adolescentes registran un incremento de 2020 a 2021, la necesaria tendencia del regreso a las aulas no se ha revertido.

Entre otras cosas, factores como el incremento de casi un 30 por ciento de las violaciones, además, el dato por parte del Sistema de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) de que las muertes por suicidio de niños, niñas y adolescentes superó tres veces las muertes producto de la emergencia sanitaria, así como el notable incremento de los jóvenes con trastornos emocionales que llaman para solicitar algún tipo de ayuda, nos hacen pensar en la urgencia de retomar una vida medianamente cercana a la normalidad que se tenía antes de la pandemia es urgente.

En una investigación, denominada “Educación en pandemia: los riesgos de las clases a distancia” desarrollada por el Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO), se muestra que durante la pandemia los mexicanos perdieron, en promedio, aprendizajes equivalentes a dos años de escolaridad. Para poner en contexto este impacto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que en los próximos 80 años este fenómeno le podría costar a México un monto acumulado de hasta 3.4 billones de dólares equivalente al 136% del PIB de 2019.

Es claro que, si el impacto de la pandemia en la educación no se atiende en el corto plazo, los estudiantes de hoy sentirán sus consecuencias durante el resto de su vida. Por ello resulta fundamental que el Estado mexicano establezca como prioridad el que el personal de los centros escolares, así como las niñas, niños y adolescentes, cuenten con los elementos mínimos necesarios para una estancia segura en clases. 

Tan solo por poner un ejemplo, en un ejercicio de revisión de centros que abarcó 48 mil 667 escuelas de todo el país, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, entregó el “Primer Informe de la Jornada Nacional en Apoyo al Regreso Seguro a las Escuelas”, reportó más de 31 mil escuelas sin agua potable, además de otras que la mitad de los centros escolares tienen carencias que ponen en riesgo al alumnado, como el mobiliario, contactos de luz, tinacos, ventanas, puertas y bardas en mal estado.

No hace falta ser un genio para saber que esas carencias se arrastran de muchas décadas atrás, sin embargo, lo que queda claro, es que hoy más que nunca se necesita de fortalecer las acciones de mejora de las condiciones escolares para que no tengamos problemas que lamentar en el futuro inmediato.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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17 meses después

Tras 17 meses de cierre de los edificios escolares e inicio de fuentes alternas para las actividades del proceso de enseñanza – aprendizaje, como lo fue la televisión, radio, internet, cuadernillos, entre otros, el pasado 30 de agosto se realizó por parte del Gobierno Federal y las Entidades de la República, la reapertura de centros escolares, abriendo un nuevo capítulo para el reencuentro presencial de las comunidades académicas a lo largo y ancho del país.

En medio de una fuerte polémica por la decisión tomada, la medida no fue acatada en todos los estados por muy diferentes motivos y razones. Baja California Sur, Baja California, Sinaloa, Sonora y Nayarit por el paso del huracán, así como Coahuila por falta de consenso con los padres de familia. De las entidades restantes, varias no abrieron completamente, por ejemplo Quintana Roo solo abrió 341 escuelas, Oaxaca el 25%, Michoacán el 50%, Ciudad de México el 90%, Chihuahua 70%, Tabasco 60%, sólo 123 escuelas en Nuevo León, Veracruz menos del 50% y en general en el resto del país por el vandalismo, destrucción, o porque los padres de familia optaron por no enviar a sus hijos a la escuela, lo que dio como consecuencia que de las más de un cuarto de millón de escuelas en el país, abrieron sus puertas para el regreso presencial cerca del 45% de las escuelas de acuerdo con lo señalado por la Maestra Delfina Gómez, Secretaria de Educación Pública (SEP).

Las consecuencias de la emergencia sanitaria por una u otra razón son devastadoras en la educación, de cerca de 36 millones de estudiantes en México, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) 5.2 millones de estudiantes no se inscribieron en este ciclo escolar, 2.9 millones por falta de recursos económicos y 2.3 millones por causa directa de la pandemia COVID-19.

No cabe duda de que detrás de las ausencias escolares provocadas por el no envío por parte de los padres de familia tienen que ver con el temor que no es menor, pues al cierre de la semana pasada la Secretaría de Salud Federal reportaba que en las últimas dos semanas se registraron en México 11 mil 923 contagios de COVID en niños, que sin duda se infectaron desde antes del inicio de las clases, pero cuyo efecto llega a las instituciones educativas, muchas de ellas asociadas a problemas con mucha raíz en nuestro país como lo es la obesidad.

No son pocos los lugares en los que la emergencia sanitaria ha obligado a las autoridades educativas a dar marcha atrás por el incremento de los contagios. En Estados Unidos al menos 80 distritos del país reactivarán la educación a distancia u otros modelos híbridos de aprendizaje en 12 Estados de la Unión Americana.

Sea cual fuere la decisión de las autoridades, lo cierto es que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) exhortaron a los países que se abran los centros educativos, a realizar mejoras en la infraestructura y específicamente en la ventilación de las aulas, a aplicar de manera regular pruebas de detección del virus a personal escolar y estudiantes,  a inmunizar a los niños y niñas de 12 años o más entre otras cosas, a fin de evitar problemas académicos, mentales y de violencia que se están suscitando en el hogar por el confinamiento. 

Muchas Gracias

El autor es miembro de la Asociación Estatal de Editorialistas

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La apertura de las escuelas

En mi entrega anterior, abrí un diálogo sobre la pertinencia sobre abrir o no abrir los centros escolares, comenzando por las razones que se esgrimen sobre que permanezcan cerrados y las clases como están hasta ahora, a 528 días de distancia del cierre de las escuelas, por lo que, en esta entrega, expondré las razones sobre la pertinencia del regreso presencial a clases y los cuidados que se deben de tener en consecuencia.

No hace falta mucho sentido común para reconocer que, en el marco de la emergencia sanitaria, se desarrollaron una serie de circunstancias, que ampliaron las brechas entre quienes tienen posibilidades sociales, culturales, económicas y tecnológicas para seguir adelante en sus estudios y quienes no las tienen, lo que provocó un mayor atraso de quienes ya presentaban problemas de rezago escolar.

Las cifras alarmantes sobre las elevadas cifras de obesidad, bulimia y anorexia entre adolescentes además del aumento de un 12% en suicidios entre niños, niñas y adolescentes, reflejan la urgencia de tomar en serio el retorno presencial de clases. Además de lo anterior, datos de la Universidad de Oxford, manifiestan que existe una disociación entre casos nuevos y aquellos países que han regresado a clases, puesto que manifiesta que la mayoría de las naciones no han esperado a la eliminación total del virus para el regreso a las aulas. Entre los 40 países con más casos, sólo 13 mantienen un cierre total de los centros escolares entre los que se encuentra México.

No es casual que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en México va a estar apoyando el retorno a las aulas en nuestro país, y señala de manera puntual las razones específicas por lo que las niñas, niños y adolescentes deben de volver a las escuelas, dentro de las que se destacan la evidencia de un menor impacto en los niños, niñas y adolescentes, así como una baja letalidad, incluso en relación a otras enfermedades existentes; la suspensión de las clases presenciales afecta de mayor manera a los niños y niñas más vulnerables; la capacidad de los niños de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas básicas se ha deteriorado el último año a raíz de la suspensión de las clases presenciales; las escuelas son espacios de socialización, desarrollo psicoemocional y prevención de la violencia para niños, niñas y adolescentes; y fuera de las escuelas, los niños y niñas tienen mayor riesgo de sufrir abusos y violencia, ya que los docentes suelen ser los primeros que detectan estos casos y los denuncian. En las escuelas están más protegidos de estos peligros.

Es claro que es una necesidad la reapertura de los centros escolares, sin embargo, también es cierto que se requiere de un apoyo especial de las autoridades para que el retorno sea organizado, planeado y estructuralmente orientado a la protección de las comunidades escolares para que se pueda actuar en el marco de la rapidez que el momento amerita.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Abrir o no abrir las escuelas…

Al inicio de la presente semana, de acuerdo con el centro de recursos de información sobre el coronavirus de la Universidad Johns Hopkins, en México, ya en plena tercera ola de la pandemia, los casos se acercan a los tres millones de infectados y ya se superan las 244 mil muertes. Así, En medio de la amenaza de la nueva variante delta de esta emergencia sanitaria, los países se debaten sobre la manera en que habrá de realizarse el regreso a los vulnerados centros escolares.

Existen algunos razonamientos que bien vale la pena tomar en consideración para posponer el inicio de las actividades presenciales en los centros educativos, como lo harán muchos de los Colegios de Bachilleres, así como algunas de las principales universidades de nuestro país, quienes han anunciado que regresarán hasta inicios del siguiente año o al menos en modelos híbridos. 

Otro aspecto importante, tiene que ver con la necesidad de un refuerzo en las vacunas por la nueva variante delta del virus que está penetrando fuerte en el mundo, en donde países que ya superan la mitad de su población vacunada se encuentran en planes de aplicación de un refuerzo adicional, como son los casos de Israel, Alemania, Francia, Chile, Uruguay y Estados Unidos.

En el caso de nuestro país, de acuerdo con el reporte del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), con datos de la propia Secretaría de Salud (SS), hubo al menos 1,637 contagios de niños en tan solo siete días, el cual señala que, aun y en vacaciones, se estaría dando un promedio de contagios de 9.74 cada hora, siendo las adolescentes las que más casos sumaron.

Ello coincide con la postura del Director de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) Luis Carlos Hinojos la semana pasada misma que fue ampliamente respaldada por el Consejo General del Colegio de Médicos, en el sentido de que aún no es el momento de regresar a las aulas, ya que “la declaración del pediatra neumólogo es un experto en la materia con amplio conocimiento científico, académico y profesional de la práctica médica”.

Además de lo anterior, la decisión podría ser alentadora con relación de las recientes declaraciones de la empresa farmacéutica internacional CANSINO, que fue la que se aplicó a las y a los Trabajadores de la Educación, sobre su recomendación para aplicar un refuerzo de su vacuna contra COVID-19 seis meses después de recibir la primera dosis, luego de un estudio realizado por la propia empresa, la cual logra que los niveles de anticuerpos neutralizantes se multipliquen por ocho, que sería entre octubre y noviembre y, en ese tiempo, avanzar en el proceso de vacunación de la mayor cantidad de niñas, niños y adolescentes en nuestro país.

Como bien afirmó a principios de esta semana el Doctor Scott Gottlieb, Ex comisionado de la Agencia de Alimentos y Medicinas (FDA por sus siglas en inglés) de aquel país con referencia a la cifra más alta de niños y niñas internadas por COVID en los Estados Unidos “Hemos visto que las escuelas pueden ser centros de contagio comunitario cuando estás lidiando con cadenas de transmisión”.

Sin duda es urgente la apertura de las escuelas, sin embargo, se puede iniciar en los 487 municipios que la pandemia no ha tocado o apenas se han registrado menos de diez casos en el país, situación que enfrentaría, además, a los lugares con mayor lejanía y mayor carencia de recursos de acceso a internet en nuestro país.

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Fortalecer a nuestras Instituciones Formadoras

Como se puede apreciar en los nombres, el tipo, la antigüedad y la consistencia interna de las instituciones oficiales de formación docente en nuestro país, cada una de ellas es producto de una etapa del desarrollo histórico en nuestro país.

Todas y cada una, en su organización, estructura, cultura, rutinas organizacionales y hasta en sus tradiciones, evocan la esencia de una época y con ello, el pensamiento pedagógico de una razón y de una filosofía educativa que, en su conjunto, nos dan el maravilloso recorrido de la base de la historia de la educación en nuestro país de los últimos siglos.

Cada una de ellas conserva en su interior, los sueños y los deseos no solo de los grandes pensadores de nuestro país, sino que, por sus aulas, pasillos y organización, han pasado las más grandes mentes que han formado a decenas de generaciones de docentes en nuestro país.

Con el paso del tiempo, cada una de ellas se ha tenido que adaptar a las decisiones de política pública que se han emitido por parte de la autoridad educativa, con ello, se ha conformado una compleja y muy heterogénea base de la formación docente en México.

Uno de los problemas que se presentan, más allá de la desastrosa política implementada en el ramo en el sexenio pasado, ha sido, tanto la inconsistencia  en las políticas educativas en el largo plazo, pasando por una débil articulación, tanto con el resto de instituciones de educación superior, como con las de educación básica, y por supuesto en la débil propuesta de financiamiento, en donde incluso este gobierno no ha atinado a una gestión que realmente brinde la importancia debida a estas instituciones, a pesar del discurso que dice lo contrario.

En este sentido, si hay algo que se necesita para estas Instituciones, es el hacer realidad el Sistema de Formación Docente establecido en la normatividad federal y estatales, su articulación para la estructuración de una oferta en el servicio, cuyo centro deben de ser las y los docentes de educación básica, la consolidación de un urgente financiamiento, el apoyo decidido para la investigación en sus Cuerpos Académicos, permitir el propio seguimiento, evaluación y decisiones de fortalecimiento académico, así como apoyar y estimular el cumplimiento de sus propios planes de desarrollo institucional para el largo plazo.

Si algo queda claro en los diferentes estudios internacionales que se han hecho en el mundo sobre aquellos sistemas educativos que han tenido resultados destacables, es que han retirado a los políticos del sector educativo y han dejado que los expertos en el tema tomen las decisiones en el corto, mediano y largo plazos, han revalorizado la función docente no solo con reconocimientos sino con salarios realmente destacados y han puesto en primerísimo lugar la formación docente y el sistema educativo que le soporta para seleccionar, formar y dar seguimiento a quienes habrán de formar las generaciones que habrán de engrandecer a nuestro país.

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Felices vacaciones

La llegada de las vacaciones, luego de un año escolar lleno de problemas, complejidades y circunstancias únicas en la vida de los actores educativos, representa un respiro para lograr tomar en consideración los elementos desde donde percibir lo sucedido hasta ahora.

Por una parte, para los padres y madres de familia (en mayor medida estas últimas) el trabajo -para quienes lo hicieron responsablemente- se incrementó en demasía, pues no solo el gasto de tener que contratar planes de internet para lograr responder a las necesidades planteadas por el propio sistema educativo, pues, de acuerdo con un estudio de la Organización Mexicanos Primero, el 42.6% no tenía internet o datos móviles y tuvieron que pagar para acceder a él.

Por otra parte, el problema de los propios estudiantes, quienes han sido el punto más sensible de las consecuencias de la emergencia sanitaria, no solo por aquellas niñas y niños que no tuvieron el apoyo familiar para salir adelante y tuvieron que darse de baja, así como aquellos que con problemas pudieron hacer su trabajo y presentan un rezago educativo en mayor o menor medida.

En otro orden de ideas, las autoridades educativas, quienes en su mayoría en mayor o menor medida tenían cierta experiencia educativa, lo habían hecho en contextos completamente diferentes a los que enfrentaron en este último año escolar, por lo que tuvieron y debieron que improvisar sobre la marcha para tratar d enfrentar la emergencia con el menor de los daños posible.

Finalmente, el caso del personal docente, quienes no solo tuvieron que adaptar sus conocimientos a un nuevo modelo pedagógico jamás explorado y nunca incluido en las capacitaciones de los últimos 30 años, sino que tuvieron que poner de su bolsa para adquirir equipos electrónicos, el pago de la electricidad, los planes de internet y los programas necesarios para responder a sus estudiantes, generando una estrategia por demás incluyente y poniendo su propio tiempo al ampliarse los horarios de atención para las familias y estudiantes y llevar a cabo un proceso de acompañamiento educativo.

Es claro que las vacaciones no serán suficientes para nadie, sobre todo ahora que se ha dado a conocer el nuevo calendario para el siguiente ciclo escolar, por lo que bien vale la pena el reflexionar en torno a la importancia de preparar el siguiente ciclo, ya con los aprendizajes obtenidos en el que recién termina, lo importante será buscar que las condiciones se mejoren para los apoyos que se habrán de dar para docentes y estudiantes en este nuevo escenario que se nos presenta.

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