La humildad directiva: liderar reconociendo el valor de los demás

Dirigir una escuela no significa tener siempre la respuesta, decidir en solitario ni convertirse en la única voz autorizada. Por el contrario, una de las mayores fortalezas de quien ejerce la función directiva consiste en reconocer que la escuela se construye todos los días con los saberes, experiencias, capacidades y compromisos de muchas personas.

Francisco Javier Murillo (2007) nos acerca a una idea particularmente relevante: la humildad directiva permite reconocer el valor del equipo, escuchar con atención y compartir la responsabilidad de hacer escuela juntos. Esta perspectiva transforma profundamente la manera de ejercer el liderazgo educativo.

La humildad no significa falta de autoridad ni renunciar a las responsabilidades propias del cargo. Significa ejercerlas con madurez: saber escuchar antes de responder, reconocer una buena propuesta independientemente de quién la formule, aceptar cuando es necesario reconsiderar una decisión y generar espacios donde docentes y demás integrantes de la comunidad puedan expresarse con confianza.

Cuando las personas perciben que su experiencia cuenta, aumenta la disposición para colaborar. Se fortalecen las relaciones laborales, mejora la comunicación, disminuyen tensiones innecesarias y se construye un clima escolar basado en el respeto y la corresponsabilidad. Un equipo que puede dialogar también tiene mayores posibilidades de afrontar conjuntamente los problemas cotidianos y sostener procesos de mejora continua.

Para quienes ejercen la función directiva, esto supone comprender que liderazgo y humildad no son conceptos opuestos. La autoridad educativa puede fortalecerse precisamente cuando quien dirige sabe reconocer las capacidades de los demás, distribuye responsabilidades y convierte las diferencias de opinión en oportunidades para aprender colectivamente.

Y todo ello tiene un destinatario fundamental: las niñas, niños y adolescentes. Cuando los adultos trabajan en mejores condiciones de convivencia, confianza y colaboración, también construyen un ambiente más favorable para enseñar, aprender y desarrollarse.

Tal vez una pregunta necesaria para toda directora o director sea: ¿mi manera de dirigir permite que las personas que trabajan conmigo se sientan escuchadas, reconocidas y parte de las decisiones que construyen nuestra escuela?

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Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann

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