Apreciable Maestra Delfina

Llega Usted a la Secretaría de Educación Pública en un momento complicado para el Magisterio Nacional. El cansancio es evidente, solo hace falta ver sus rostros para saber que es necesario hacer algo al respecto.

El estrés causado por la emergencia sanitaria y la eliminación tácita de los límites de los horarios, la carga de buscar incansablemente los medios para localizar a sus estudiantes, pero también el desgaste por las decenas de mensajes para responder a las dudas de estudiantes y familias sobre las actividades a desarrollar, amén de las incontables solicitudes de evidencias por parte de las autoridades para ver “como van” los aprendizajes.

Por ello, no deja de darme gusto sus antecedentes, egresada de una Institución tan respetable como la Universidad Pedagógica Nacional, el haber estado en grupo por más de 16 años, tuve el gusto de cursar al igual que Usted la Maestría en Administración de Instituciones Educativas en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y creo que brinda por demás elementos para, acompañada de su experiencia en la Presidencia Municipal de Texcoco, así como tener la experiencia como Diputada y Senadora, desarrollar un trabajo que marque de manera importante la diferencia con sus antecesores.

Por favor no deje que la burocracia le nuble su perspectiva docente, sin duda alguna está Usted en un espacio privilegiado, en donde las políticas públicas entendidas como lo que un gobierno hace, pero sobre todo deja de hacer, pueden marcar la diferencia pensando precisamente en aquello que hace falta para que el magisterio vuelva a creer en el futuro de un país que ha emprendido reformas educativas más allá de lo que cualquier docente del mundo puede asimilar para llevar a su grupo.

Rodéese de personas de las cuales pueda no perder de vista el objetivo principal de una dependencia cuya esencia se encuentra en cada una de las aulas de las más de un cuarto de millón de escuelas en nuestro país, de las cuales casi la mitad no tienen una organización completa y que históricamente no se les ha visibilizado adecuadamente.

Si mi estimada Maestra Delfina, el reto no es menor y me parece que lo sabe. Su paso por este espacio tan privilegiado estará marcado por la manera en que pueda ver la educación desde ese escritorio. Salga, que no le platiquen, llévese ahí junto a Usted su cuaderno de planeaciones que más recuerde con cariño y recuerde con él a los casi dos millones de docentes que hay en nuestro país en todos los niveles, en escuelas públicas y privadas que estaremos atentos a esas decisiones que sin duda habrá de tomar.

Me parece que lo mejor que el magisterio podemos ofrecerle, es una crítica constructiva al trabajo de la Secretaría, porque solamente de esta manera, señalando lo que puede mejorarse, nuestras autoridades, de todos los niveles, tendrán la oportunidad de darse cuenta de muchas cosas que difícilmente, de otra manera podrían conocer. Éxito en su nueva encomienda, porque si le va bien a Usted, nos va bien a todo México.

Para mis amables lectores, que sea este 2021 un año lleno de paz, amor, armonía y mejores tiempos de este año que recién termina.

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Respuesta institucional responsable

Esta semana pasada, tuve oportunidad de ser invitado por parte de la Autoridad Educativa Estatal en la materia, para escuchar cómo las Instituciones de Educación Superior para Profesionales de la Educación en Chihuahua que ofertan posgrados han dado respuesta institucional ante la emergencia sanitaria, misma que se transmitió por diferentes canales y plataformas digitales.

Las líneas transversales de trabajo de cada una las Instituciones, presentan esfuerzos por demás destacables en la búsqueda de dar continuidad a la oferta educativa, en el sentido de incrementar la capacidad reflexiva, desarrollar y fortalecer la posibilidad de impulsar las publicaciones, la interacción permanente y activa tanto de sus estudiantes, como de sus docentes, el adecuado uso de las tecnologías de la información y la comunicación, la permanente innovación educativa, el tratar de no dejar a nadie atrás, el fortalecer la diversidad, la posibilidad de ampliar las redes de investigación intra e interinstitucional, el seguimiento al trabajo de investigación, docencia e investigación, y por supuesto, el acompañamiento de estudiantes en su práctica educativa.

Además de reconocer lo anterior expuse que, en derredor de ese evento, deberíamos de reconocer, en el futuro inmediato, al menos cinco retos que, a la vista, enfrentan, no solamente las Instituciones de Educación Superior de Formación Docente en el Estado de Chihuahua, sino de México y el mundo.

El primero tiene que ver con el reto de la formación, tanto de sus estudiantes, pero también el del fortalecimiento de sus propios docentes en materia de los nuevos retos emergentes que se presentan en el futuro inmediato. El segundo tiene que ver con el reto del nuevo modelo educativo que se presenta ante nuestros ojos y en donde debemos de plantearnos como eje central, la pregunta sobre el tipo de hombre al que aspiramos como sociedad.

El tercer reto que les plantee es el reto de la incertidumbre, aspecto por el cual emergen nuevas y complicadas categorías de análisis, por el dolor y sensibilidad que aflora en el proceso educativo. El cuarto, es el reto de la identidad profesional y ética, en donde me parece que todos los esfuerzos, especialmente los que tienen que ver con las funciones sustantivas de docencia, investigación y difusión, han de encaminarse a explicar aquello que sucede en la actualidad y en donde, los Cuerpos Académicos Institucionales pueden ser un factor especialmente importante para dilucidar nuevos enfoques de respuesta.

Finalmente, y no menos importante, el reto del acceso y la cobertura, en donde debemos de tener especial interés en aquellas y aquellos estudiantes que, por su condición socioeconómica se les dificulte seguir adelante en sus estudios, con el consiguiente esquema de flexibilidad, tanto académica como administrativa. 

Es grato ver la gran responsabilidad y compromiso con el que las Instituciones educativas, especialmente las de formación docente, asumen los retos que se les presentan, porque significa que tenemos grandes retos, pero también existen grandes anhelos por salir adelante aun y a pesar de las circunstancias que se presentan en este complejo tiempo que nos toca vivir.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Hacia un nuevo modelo educativo

Con los recientes acontecimientos en donde el planeta entero se encuentra sumido en una transformación en prácticamente todos los sectores por el impacto de la llegada del COVID-19, en donde por supuesto, la educación ha sufrido severos cambios, podemos apreciar ante nuestros ojos, el nacimiento de un nuevo modelo educativo.

Los modelos, como representaciones de la realidad, asumen diferentes características en las que se puede apreciar la forma en que una sociedad, en este caso, a través de la educación, intenta formar un tipo específico de ser humano y, por supuesto el futuro de la sociedad.

Pocas dudas podemos tener sobre la manera en que han cambiado las características de la participación de los diferentes sujetos educativos que intervienen en el proceso de enseñanza – aprendizaje. 

Por una parte, el propio personal docente, ha tenido que modificar diferentes actividades, como es el caso de la respuesta con sus propios recursos para aportar al sistema educativo sus elementos tecnológicos, la manera de comunicarse con sus estudiantes, la llegada de infinidad de estímulos y distractores en derredor de éstos, el tiempo de capacitación y recursos de conectividad, así como la necesaria y forzada necesidad de adaptar sus prácticas pedagógicas para responder a las nuevas condiciones en que se desarrolla el proceso educativo, situación que le ha traído extenuantes y estresantes jornadas ampliadas de trabajo

Por otra parte, la inmersión de la escuela en cada uno de los hogares, o de los hogares en la escuela, como quiera apreciarse,  ha generado cambios importantes en las familias. En el caso de los padres y madres de familia, su coparticipación en el proceso educativo se ha hecho más vivible y ha representado no solo un reto para ellos, sino para el propio docente, en donde ahora debe de quedar claro no solo para su estudiante, sino para la propia familia o personas de apoyo, la ruta de aprendizaje.

Y por supuesto la complejidad para las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, no solo por el reto que plantea en sí la falta de elementos tecnológicos y conectividad para dar seguimiento a su educación, sino el modelo educativo de la propia educación a distancia que plantea sus propios retos, el aislamiento social de sus compañeros, así como la carga de violencia en el hogar que se ha incrementado, que sin duda todo ello, además de otros factores, han contribuido a la sensible baja de estudiantes que siguen adelante en el Sistema Educativo, misma situación que nos debe de preocupar pero más que todo de ocupar.

Todo lo anterior, debe de generar una profunda reflexión, sobre los aprendizajes que son prioritarios, eliminar la carga enciclopédica, privilegiar el aprendizaje basado en el propio contexto de las y los estudiantes, el rápido desarrollo de metodologías que, basadas en competencias, permitan enfrentar esta nueva realidad que ya supera los nueve meses y cuyo desenlace en el corto y mediano plazos parecen integrar elementos propios de una educación que incorporará elementos del ayer, pero sobre todo, del mañana…

El autor es parte de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Mejorar la formación docente

La formación y el desarrollo del personal docente, a partir de la propia educación inicial y a lo largo de su trayecto profesional, son aspectos fundamentales cuyos elementos, en mayor o menor medida, conforman, cuando se le otorga la importancia debida, junto con el respeto por el magisterio, la estrategia base de aquellas naciones que hoy en día tienen los mejores sistemas educativos del mundo.

Cierto es que nuestro sistema educativo pasa, junto con el resto de la estructura de nuestro país,  por circunstancias atípicas debido al agresivo impacto de la emergencia sanitaria, al igual que muchos países en el mundo, sin embargo, los problemas que tienen que ver con el respaldo a la trayectoria profesional docente han sido prácticamente los mismos en los últimos 30 años, agudizados ahora por la drástica disminución de presupuestos, tanto para las Instituciones Formadoras de Docentes, como para la capacitación y la formación continua, cuyos niveles marcan límites mínimos históricos.

Por una parte, los problemas que enfrentan las Escuelas Normales desde tiempos lejanos, tienen que ver con una marcada dependencia administrativa, legal, económica e incluso académica, que les atan cualquier posibilidad de impulso a la innovación y el desarrollo profesional sin posibilidad alguna de adecuar los planes de estudio y con fuerte centralismo y ceguera administrativa a la hora de poder seleccionar la plantilla de personal, pues en muchos casos sus normas datan de hace más de 40 años, cuando las circunstancias educativas eran por demás diferentes.

Por otra parte, cuando se habla de la formación y el desarrollo profesional a lo largo de su trayecto de vida en el servicio, existen fuertes aberraciones que se necesitan revisar por parte de los diferentes niveles educativos. Durante muchos años, han sido los gobiernos de las entidades federativas los que han seleccionado cuáles deben de ser los cursos que el magisterio “necesita”, olvidando los problemas de aula con las propias necesidades a las que se enfrentan las y los docentes, acotadas por las exigencias de las normas administrativas y no académicas, generando una oferta por demás limitada cuyo alcance no rebasa anualmente el 10% del total de Profesionales de la Educación en cada Entidad, amen de un estrecho y muy limitado catálogo que sólo en escasas ocasiones se tiene posibilidad de seleccionar.

Definitivamente ya es tiempo de una nueva etapa para la formación y el desarrollo profesional para las y los profesionales de la educación, y no me refiero al lógico y pronunciado incremento en el presupuesto para ello, sino que deberíamos de pensar en un sistema en donde cada docente tuviera acceso permanente a un catálogo no solamente amplio y de calidad, acorde a sus propios requerimientos, sino con la posibilidad de poder seleccionar tantos cursos desee y que le sean reconocidos por el sistema para su promoción, tanto horizontal para incrementar su salario desarrollando su misma tarea, como vertical, para ascender de puesto en la estructura educativa de nuestro país.

Definitivamente hay ocasiones que las autoridades educativas necesitan ponerse en los zapatos de las y los profesionales de la educación para entrar en una nueva faceta de mejora continua de nuestro Sistema Educativo Nacional.

El autor es parte de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Los apoyos esperados

Hasta el momento, ha quedado demostrada la capacidad de adaptación docente ante una situación como la que se presenta ante la emergencia sanitaria, pues en un tiempo extraordinario, todo un sistema educativo fue instalado sobre sus habilidades, recursos y posibilidades personales, quienes pusieron a disposición del Sistema Educativo Nacional sin poner jamás a discusión de donde saldrían los recursos para la infraestructura tecnológica, para la capacitación o para los equipos que hicieren falta para desarrollar una labor que aun en estas condiciones ha significado la diferencia para que siga operando con esta denominada nueva normalidad.

Bajo esta perspectiva, es fundamental entender esta realidad, en donde el dolor, el cansancio, la incertidumbre, el horario extendido, la capacitación emergente, la atención a la familia en estas condiciones, así como las tensiones provocadas por las múltiples y complejas condiciones de sus estudiantes, proporcionan un entorno por demás complicado y en donde se requiere de un sistema igualmente sólido de apoyo y respaldo que permita atenuar, en la medida de lo posible, las consecuencias que nadie desea para esta etapa, la cual no parece tener un final cercano.

Hasta este momento, las autoridades de los diferentes niveles educativos, se han preocupado por apoyar con ciertas condiciones básicas como lo es el micro sitio “Aprende en casa”, la plataforma tecnológica, la creación y recopilación de contenido pedagógico y hasta un número telefónico de apoyo psicológico, sin embargo, el estado de ánimo del personal docente parece no mejorar, pues, dadas las problemáticas mencionadas en el párrafo anterior, existe un enorme estrés, insatisfacción y deseo por un mayor respaldo para el desarrollo de sus actividades.

En este sentido, y retomando otras experiencias que se han impulsado en otros países, vale la pena retomar dichos esfuerzos, porque pueden ser ejemplos que sin duda alguna serían un gran apoyo para el magisterio nacional, más ahora que el propio Secretario de Educación ha manifestado que el Sistema Educativa ha de transitar a un modelo de aprendizaje mixto, en el que continuará el uso de las tecnologías en la educación.

En la República del Kirguistán, por ejemplo, se repartió a los maestros tarjetas SIM gratuitas para que pudieran acceder a material educativo en línea y WhatsApp, por otra parte, en Perú, el ministerio de educación, entregó 1 millón 56,430 tabletas que serán destinadas a estudiantes y docentes de instituciones educativas focalizadas de zonas vulnerables, de igual manera, 400 mil docentes ya cuentan, además con planes gratuitos de telefonía y datos para responder a la enseñanza en el marco de la emergencia sanitaria de una mejor manera.

Es así, como deberíamos esperar que, no solo de los diferentes niveles de gobierno, sino también de las grandes compañías de telecomunicaciones, que se implementen acciones que amortigüen el gasto que en estos momentos el personal docente enfrenta para que el sistema educativo continúe en operaciones, al reconocer, de esta manera, el valioso aporte que ya de por sí ha dado el magisterio a nuestro Sistema Educativo Nacional.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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¿Regreso a clases presenciales?

De manera lenta pero insistente, la disminución de la cantidad semanal de personas infectadas o lamentablemente fallecidas, ha abierto una discusión impulsada por las autoridades educativas, orientada hacia la posibilidad de un eventual regreso a clases presenciales, lo que ha despertado un debate sobre los tiempos y en todo caso las formas en que habría de darse éste, sobre todo ante la amenaza latente de un rebrote de la emergencia sanitaria, como ocurre en otros países en estos momentos.

Y es que los efectos de la pandemia en los diferentes órdenes de la vida social, educativa y económica de nuestro país no han sido menores, tan solo hace falta ver la cantidad de robos a los edificios escolares, las complicaciones para las familias que ahora han apreciado de manera cercana cuáles son las labores que se realizan en la escuela, especialmente aquellos que tienen menores con necesidades educativas especiales, la carencia de equipos computacionales de docentes que utilizan sus datos móviles y equipos de telefonía celular para enfrentar sus clases, o el caso de quienes están en instituciones de educación superior, como es el caso de las estudiantes de la Escuela Normal Rural “Ricardo Flores Magón” de Saucillo en Chihuahua, en donde un 60% de ellas carece de acceso a internet para llevar a cabo sus clases.

Y es precisamente este último ejemplo, el que nos debe de preocupar, y no por que suceda en esa estupenda institución formadora de docentes, sino por el origen de sus docentes en formación, que coincide con las características socioeconómicas de un porcentaje muy importante de estudiantes en México, a quienes los efectos de la falta de acceso a las medidas que se han implementado por parte de las autoridades educativas, por lo que la brecha de aprendizaje se vuelve cada día más grande para esta población que sin duda debemos de tomar en consideración, sobre todo por el olvido histórico al que se han enfrentado siempre.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) ha planteado un posible regreso a clases presenciales que plantea voluntario en 14 entidades, sin embargo, vale la pena explorar algunos elementos que se sugieren a fin de generar una mayor certeza para todos los actores del proceso educativo.

Tal es el caso de las recomendaciones que ha emitido la UNESCO en el sentido de que, para que se pueda pensar en una reapertura de escuelas, se necesita de cuatro aspectos fundamentales: Funcionamiento seguro de las escuelas (prioridad a primeros grados, capacidad y recursos suficientes incluida para la higiene); foco en los aprendizajes (planificación proactiva, simplificación de programas de estudio, apoyo a docentes y cancelar exámenes menos importantes);  Bienestar y protección (comunicación con todos los actores, vacunas y alimentación) y llegar a los más vulnerables (financiamiento adicional a comunidades mas desprotegidas, apoyo especial a las niñas y medidas especiales para el personal que les atiende).

Tal vez debemos pensar en el regreso a las escuelas presencial en algún momento, sin embargo, es fundamental entender que se requiere de un acondicionamiento, preparación, inversión de recursos, apoyo y fortalecimiento de lo que se tiene hasta el momento antes de aventurarnos en otro tipo de posibilidades, pero siempre pensando en la población más vulnerable como guía de nuestras acciones.

El autor es parte de la Asociación de Editorialistas del Estado de Chihuahua

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Día del docente

El 5 de octubre de 1966, en la ciudad de Paris, Francia, la Conferencia intergubernamental especial sobre la situación del personal docente de la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés) emitió 146 recomendaciones organizadas en 8 capítulos que integran en su conjunto, lo que se ha denominado la suscripción de la “Recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la UNESCO relativa a la Situación del Personal Docente” en el mundo.

En dicho marco y desde el 5 de octubre de 1994 hasta la fecha, este día se conmemora el “Día mundial de las y los docentes en el mundo”, pues esta recomendación señala de manera muy puntual, criterios de referencia en cuanto a derechos y obligaciones del personal docente y normas para su formación inicial y perfeccionamiento, la contratación, el empleo, y las condiciones de enseñanza y aprendizaje.

Este reconocimiento debe de ser siempre un llamado para retomar el foco necesario en esta fundamental figura educativa, y no olvidar la esencia por lo cual fue instituido, por tanto, resulta conveniente algunos de los puntos principales que dieron origen a su instauración y que nunca debemos perder de vista, porque a 54 años de su pronunciamiento, las recomendaciones siguen más vigentes que entonces.

Una de las más importante, es la recomendación 45, que establece que la estabilidad profesional y la seguridad del empleo son indispensables tanto para el interés de la enseñanza como para el personal docente y deberían estar garantizadas incluso cuando se produzcan cambios en la organización tanto del conjunto como de una parte del sistema escolar, aspecto que en el sexenio anterior fue un punto que siempre se dijo en contra del magisterio nacional.

Otra, es la recomendación 61, que establece que “en el ejercicio de sus funciones, los educadores deberían gozar de libertades académicas. Estando especialmente calificados para juzgar el tipo de ayudas y métodos de enseñanza que crean mejores y más adaptables a sus alumnos, son ellos quienes deberían desempeñar un papel esencial en la selección y la adaptación del material de enseñanza así cómo en la selección de los manuales y aplicación de los métodos pedagógicos dentro de los programas aprobados y con la colaboración de las autoridades escolares”, que debe de ser un eje de desarrollo para el impulso de la educación en nuestro país y no estar acotado a ser un mero instrumentador de planes y programas de estudio, especialmente en una época como la actual en el que se requiere de ello para que la educación llegue de la mejor manera posible.

Las y los docentes en nuestro México hacen la diferencia de manera sensible, especialmente con las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que pertenecen a las familias que tienen carencias económicas, culturales, sociales y políticas más importantes, cuya brecha se ha hecho más evidente a partir de la emergencia sanitaria, por lo que es momento de reconocer su labor al frente de cada uno de los procesos áulicos en nuestro país.

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Los daños colaterales

En tiempos de la emergencia sanitaria en la que nos encontramos, son ya seis meses cumplidos en que toda forma de relación, convivencia, actividad y procesos que se llevaban a cabo sufrieron una completa transformación, siendo la incertidumbre una categoría de análisis que es común para todas las personas, independientemente de la actividad en la que se desenvuelva, lo cual se puede ver reflejado en los rostros en los espacios comunes de esa nueva normalidad que se empieza a asomar en nuestras vidas.

Para el caso específico del sector educativo, aparte de la incertidumbre que se ha generado en torno a las acciones emprendidas para responder a la contingencia y tratar de evitar lo más que se pueda los daños colaterales, como es el caso de la deserción escolar, la ampliación de las brechas cada vez más evidentes y el rezago en el aprendizaje por mencionar algunas, se tienen una serie de consecuencias que se han dejado sentir de manera permanente en las comunidades educativas.

En el caso del personal directivo y docente de las instituciones de educación básica, existe un evidente cansancio por la ampliación de las jornadas laborales, pues anteriormente las diferentes acciones de contacto con sus estudiantes, padres de familia y autoridades educativas, se acotaban en mayor o menor medida al horario correspondiente a la actividad del centro escolar, sin embargo, ante el cierre físico de las escuela y a partir de la utilización de elementos adicionales para responder a la emergencia, como lo son el uso de redes sociales, los mensajes SMS o por WhatsApp, o las mismas plataformas que se usan para las clases, cada vez en mayor medida, se “ha ido aprovechando el día” de tal manera que se empieza a difuminar la ya de por sí delgada línea entre la vida personal y profesional, ocasionando que desde muy temprana hora en la madrugada hasta altas horas de la noche, se tenga que estar posponiendo la relación familiar por responder mensajes que refieren alguna necesidad específica de alguna familia o autoridad educativa, o por el llenado de los incontables “formatos” que hay que estar llenando a cada momento.

Por otra parte, en no menores proporciones, se tienen los efectos que se han generado en las niñas y niños, quienes por muy diferentes motivos enfrentan el duelo de no poder acudir a su centro escolar, en donde el desarrollo del contacto social, las amigas y amigos, el recreo, así como las tensiones propias de los ajustes por las “adaptaciones tecnológicas”, están provocando molestias específicas a las que se enfrentan por las nuevas situaciones que les alejan de la posibilidad de todo contacto y sobre todo, el aprendizaje social tan importante para su propio desarrollo.

Finalmente, los daños que presentarán lo que no están, los que están en la lejanía geográfica, en la pobreza tecnológica, en el olvido de quienes, planteando una solución posible, se alejan de lo deseable, en donde se incrementan las brechas sociales, económicas y culturales que excluyen aun más en quienes menos tienen, dejando de lado la posibilidad de obtener un pase para concretar su derecho constitucional a una educación en nuestro país.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Repensar el sistema educativo

En días pasados, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó el informe Education in the time of COVID-19 and beyond (La educación en tiempos de Covid-19 y más allá) estudio en el que la organización brinda un panorama por demás complejo de lo que ha significado y, más que todo, puede significar para millones de estudiantes esta contingencia sanitaria para nuestros países.

El informe centra sus recomendaciones en cuatro aspectos principales: Eliminar la propagación del virus y formular planes integrales para la reapertura de los centros escolares, el proteger la financiación de la educación y colaborar para atenuar las repercusiones negativas, el incrementar la resiliencia de los sistemas educativos con miras al desarrollo justo y sostenible y el replantear la educación y dinamizar el cambio positivo en materia de enseñanza y aprendizaje.

Dentro de los grandes problemas que se avizoran, se encuentra el abandono de estudiantes en los diferentes niveles educativos, fundamentalmente aquellos que se encuentran dentro de las clases más desprotegidas, situación que provoca, tanto la lejanía geográfica, como la falta de acceso a medios tecnológicos para poder seguir la propuesta oficial en cuanto a la señal de internet o televisión, en cuyo caso el mayor riesgo es que se amplíen las ya de por sí fuertes brechas que separan a quienes tienen y no posibilidad de llevar a cabo con éxito sus estudios.

Específicamente, para el caso nacional, existen retos específicos que se plantean para el personal docente a lo largo y ancho del territorio nacional, puesto que, a la par de la propuesta oficial en los diferentes niveles que utiliza el internet y la televisión como marco para el resto de las actividades académicas, en donde con sus propios recursos y sin apoyo evidente -al menos en el corto o mediano plazos- en cuanto a servicios de internet o equipos tecnológicos, se ha montado todo un sistema educativo que ha incrementado la presión que ya de por sí existía por el confinamiento, debiendo ahora sumar la falta de conectividad y la pobreza de sus estudiantes como un ingrediente adicional para resolver en tiempos estos tiempos de contingencia ambiental.

Nadie duda que la respuesta no ha sido la deseable sino la posible en el marco de la emergencia sanitaria y que, en el marco de lo que se esperaba, sin duda existe un avance significativo -aunque insuficiente-, porque el tema de la emergencia educacional no inicia con el aislamiento forzado, pero si hace más evidente las inequidades sociales en todos los niveles educativos.

Sin duda alguna como lo ha expresado la comisionada presidenta de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación Etelvina Sandoval Flores, es el momento de repensar el sistema educativa, sobre todo para quienes más riesgo presentan en este periodo. Un ejemplo claro de ello, son los estudios a nivel internacional que han explicado el impacto que cierres escolares prolongados -producidos por guerras u otras pandemias anteriores- tienen en la interrupción de las trayectorias educativas en otros países, sobre todo de niñas y mujeres jóvenes que, en nuestro país siguen representando un punto de inflexión cuando se trata de hablar de los grandes retos de nuestro Sistema Educativo Nacional.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.

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Particular inicio de clases

Esta semana, 36 millones de estudiantes, de los cuales 25.4 corresponden a la educación básica inician un ciclo escolar inédito. Hoy como nunca la incertidumbre es una parte importante de la carga horaria que comparte no solamente el personal docente y estudiantes, sino que llega, en diferentes momentos y tensiones, a cada uno de esos hogares, pues las familias, de alguna manera, deben de apoyar, mediante un proceso de acompañamiento que, dadas las circunstancias, resultará fundamental para evitar en todo lo que se pueda, se detenga el proceso de aprendizaje de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Ante la imposibilidad de un reinicio de clases de manera presencial, incluso de manera parcial o en horarios alternos, la autoridad Educativa h definido que será la televisión el medio por medio del cual, habrá de enfrentar la problemática, buscando incorporar al iniciado al término del ciclo escolar pasado con las clases en línea, las cuales, dadas las características de alcance de la red de internet en las zonas vulnerables, resultó a todas luces insuficiente.

La televisión por sí sola sin duda es una mala compañía, sin embargo, vale la pena explorar, aunque sea de manera superficial, las implicaciones que ello tiene en el sector educativo, sobre todo en las tres dimensiones que comúnmente se toman en consideración, que son el contenido, el medio y el lenguaje que se utiliza con frecuencia en este para nada discutible medio popular de comunicación.

Por una parte, el sentido de la comunicación unidireccional, la publicidad, los intereses ocultos y el formato en que se presentan la mayoría de los programas que son “para toda la familia” representan algunos de los elementos que son nocivos y poco defendibles en una situación como la que se presenta en estos momentos de vinculación con el Sistema Educativo Nacional.

Por el otro, a pesar de lo anterior, existen situaciones que pueden tomarse en consideración como puntos a favor de su utilización en estos momentos, por ejemplo, que los contenidos no van a ser definidos por las televisoras, aparecerán profesionales de la educación a la par de presentadores populares del medio, como vía de “popularizar” los contenidos educativos, mismos que, podrán ser manejados y retroalimentados por el personal docente en los diferentes medios que se han preparado para ello en las entidades de la república.

La situación no está sencilla de ninguna manera, es más, se puede decir que, como lo menciona la UNESCO, “muchos países han tenido que encontrar rápidamente soluciones eficaces a esta situación, y la televisión y la radio han demostrado ser una buena alternativa”, que permita llegar lo más lejos posible hablando de cobertura, en sincronía con otros medios que permitan matizar y mejorar lo que se ofrece ahí.

Sin duda alguna el factor que en mayor medida hará la diferencia a lo largo de este complejo periodo en el que nos encontramos, es el esfuerzo, la imaginación, la creatividad y la singularidad de los y las Trabajadoras de la educación, quienes con el conocimiento de sus estudiantes y los mecanismos que ya se han intentado, más allá de lo que les inviten e indiquen sus autoridades educativas.

El Autor es parte de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Exclusión educativa

El 23 de diciembre de 1994, durante el llamado Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (DIPIM), la Asamblea General de la organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió, a través de su resolución A/RES/49/214 que se celebrara cada año el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas cada 9 de agosto, a propósito de la celebración de la primera reunión, en 1982, del grupo de trabajo sobre poblaciones indígenas de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías.

A propósito de ello, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) emitió información específica al respecto, en donde establece que en México, existen 6,695,228 personas de cinco años de edad o más que hablan alguna lengua indígena, pero también, que entre 1930 y 2015, esta población se redujo de un 16 a un 6.6 por ciento, por lo que es urgente visibilizar esta importante población, pues, como reconoce la propia ONU, las poblaciones autóctonas han buscado durante años el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida y el derecho sobre sus territorios tradicionales y recursos naturales. Pese a ello, a lo largo de la historia, sus derechos han sido siempre violados. En la actualidad, se encuentran sin duda entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo.

Es precisamente en el marco del el día Internacional de las Poblaciones Indígenas, en el que es preciso, a propósito de la contingencia ambiental por la que pasamos, en donde se han suspendido las labores presenciales en los centros educativos, en el que se debe de visibilizar el olvido en el que se han tenido, desde siempre, los pueblos originarios, a expensas del olvido intencional del cual han sido objeto por décadas desde la mirada institucional de los diferentes niveles de gobierno.

Este olvido, la migración, los problemas en los hábitos alimentarios, el pisoteo cultural,  las carencias económicas y la marginación social de que son objeto, han dado como consecuencia fuertes problemáticas concurrentes como lo son el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución, la diabetes, la hipertensión entre muchas otras problemáticas que hacen más grande su exclusión.

Para poner un ejemplo, en el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, revela que de los 130 mil rarámuris que viven en la entidad, un 40 por ciento sufre anemia y/o desnutrición y quienes sufren una mayor afectación, sin las mujeres menores e 30 años, así como las niñas y los niños de los seis a los doce años de edad.

Esta población, marginada y vulnerada, se incorpora a las cifras oficiales de aquellos excluidos del sector educativo que carecen de las oportunidades más elementales para poder ejercer su derecho a la educación. La emergencia sanitaria por el COVID19 ha trastocado cualquier aspecto en la vida de nuestra sociedad y en el sector educativo las cosas no parecen alentadoras pues, a la fecha, uno de cada diez estudiantes de educación básica en México ha dejado la escuela, por lo que esperemos que las acciones que se están emprendiendo, en realidad aporten un beneficio, específicamente para este sector que no es que dejen la escuela, sino que son excluidos dadas las circunstancias y falta de apoyo para que sigan adelante.

Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

manuelnavarrow@gmail.com

https://manuelnavarrow.com/2020/08/12/exclusion-educativa/

La confianza pública en la educación

De acuerdo con lo establecido por la Organización de las Naciones Unidas, la mayor amenaza para la buena gobernanza viene de la corrupción, la violencia y la pobreza, todo lo cual debilita la transparencia, la seguridad, la participación y las libertades fundamentales.

En este sentido, una de las banderas que llevaron a obtener el triunfo del actual presidente de la República, fue la promesa de hacer un frente directo y puntual hacia los actos de corrupción que se llevan a cabo en nuestro país, como él ha dicho en innumerables ocasiones, barriendo como se barren las escaleras, de arriba hacia abajo, y a pesar de que 19 meses que lleva la actual administración puede resultar un tiempo corto para evaluar dichas acciones, siempre es importante no dejar de mostrar lo que existe en cuanto a ello que nos permita apreciar la percepción de la comunidad en el tema.

Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, (INEGI), presentó los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) correspondiente al año 2019, cuyo propósito, es dar a conocer a la sociedad en general, la información obtenida sobre la evaluación que la población de 18 años y más otorga a los trámites, pagos, servicios públicos y otros contactos con autoridades, de acuerdo con su experiencia y así, aportar elementos que ayuden a la toma de decisiones de política pública en materia de calidad de los tres niveles de gobierno.

En este instrumento, entre otras, se busca generar estimaciones sobre la prevalencia de actos de corrupción, la percepción sobre el grado de confianza en las instituciones, así como generar estimaciones sobre el grado de interacción de la población con las autoridades gubernamentales a través de medios electrónicos, la cual se aplicó del 4 de noviembre al 20 de diciembre de 2019 en todas las entidades federativas en una muestra nacional de 46,000 viviendas

Como parte de los sectores en los que la población y su porcentaje perciben en mayor medida la corrupción, son, en ese orden: la policía, los partidos políticos, el Ministerio Público, la Cámara de Diputados y Senadores, los gobiernos de los estados y los gobiernos municipales.

En el otro extremo, los sectores que son percibidos con un menor grado de corrupción, son los Organismos Autónomos, el ejército y la Marina, las Escuelas Públicas de nivel básico, la Guardia Nacional y las Organizaciones No Gubernamentales.

No cabe duda de que a pesar de que la Educación Pública, a pesar de ser el de mayor alcance y contacto con la población, con sus más de 25 millones de estudiantes, más de 1’200,000 de docentes, que se distribuyen en 232,876 escuelas en todo el territorio nacional, el estar dentro de los servicios públicos con menor grado de corrupción, es un gran indicador del trabajo que día a día se realiza por parte del magisterio nacional. 

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Confianza y educación

En días pasados se dio a conocer, por parte del gobierno federal, de la emisión del Programa Sectorial de Educación (PSE) 2020 – 2024, en el que se dan a conocer, tanto el diagnóstico, como las prioridades de la administración gubernamental en dicho sector.

La propuesta, parte de tres premisas básicas, ciertas a mi juicio, y que coinciden con la perspectiva en general del gobierno para implementar las políticas públicas en otras áreas de la administración pública como son: la corrupción, la corrección de un crecimiento económico que sólo ha beneficiado a pocas personas, el combate a las condiciones socioeconómicas de las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad y la reconstrucción del tejido social.

En este sentido, se establece que la finalidad del PSE 2020-2024 es contribuir a un nuevo modelo de desarrollo basado en el bienestar de las personas, a partir de garantizar el disfrute pleno del derecho a la educación como catalizador para el logro de un desarrollo nacional sostenible, el cual intenta dar respuesta a los seis problemas públicos que identifica que se pueden resumir como: falta de oportunidades educativas, equitativas e inclusivas; falta de una educación de calidad para las y los estudiantes; falta de reconocimiento, formación y apoyo para el personal docente y directivo; la carencia de entornos favorables de las instituciones; el sedentarismo y falta de cultura física desde la primera infancia y la verticalidad y desarticulación de las decisiones públicas en materia educativa.

Como suele ser en los ejercicios de planeación estratégica de este tipo, a cada una de las problemáticas identificadas como fundamentales, se les asigna un Objetivo Prioritario (OP) y de ellos, se desprenden Estrategias Prioritarias (EP) y Acciones Puntuales (AP), dentro de los cuales, me gustaría destacar, por su importancia, lo establecido en el OP 3, que cuenta con 4 EP que se subdividen a su vez en 37 AP, ya que se refieren la formación inicial, la continua, los procesos de selección pertinentes para la admisión, promoción y reconocimiento, así como la evaluación diagnóstica que favorezcan el desarrollo profesional, así como el apoyo para la la gestión del personal docente, directivo y de supervisión en los centros educativos.

En el PSE, se habla entre otros, de temas que han sido poco más que retórica en los últimos años, del fortalecimiento de las escuelas normales, su autonomía de gestión, actualización de sus mallas curriculares, el diseño de un diagnóstico integral de las necesidades del magisterio, un sistema de promoción horizontal real y eficiente, que esperemos se conviertan -ahora si- en realidad.

Sin embargo, en el punto 3.4.7, se habla específicamente de apoyar el fortalecimiento de redes colaborativas de personal docente, directivo y de supervisión que faciliten el intercambio de experiencias en materia de gestión e innovación para la mejora continua de las escuelas, aspecto sin duda interesante, tomando en consideración de que todas las acciones efectuadas en el pasado, se han tomado a partir de la desconfianza, tomando decisiones verticales sobre sus necesidades y sin tomar consideración los saberes docentes y directivos que se construyen precisamente en el servicio y que son fundamentales para el fortalecimiento de la labor que día a día se realiza en los centros educativos.

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COVID 19 y Género

La experiencia generada a partir de las acciones relacionadas con la emergencia sanitaria, ha propiciado diferentes efectos de acuerdo con la actividad que cada persona desarrolle en su vida personal, familiar o profesional, así, la emergencia ha sido un parteaguas muy importante que nos permite visibilizar lo que realmente sucede detrás de lo que hemos denominado como nuestra “normalidad”.

La educación, como un ámbito netamente social, recibe, en todos los sentidos, los efectos de lo que sucede en la comunidad, de tal manera que la emergencia sanitaria no ha sido la excepción, así, como señala el documento de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) “Desigualdades educativas y la brecha digital en tiempos de Covid-19”,  entre los factores que condicionan el acceso a una enseñanza de calidad en línea son: la clase social, la raza, la etnia, el género, la ubicación geográfica y el tipo de institución a la que pertenecen los estudiantes.

De entre estos factores, uno de ellos, en donde se ha visibilizado dicha realidad, tiene que ver con las problemáticas y desequilibrios en materia de género, en donde claramente se ha trasladado el peso de muchas de las acciones dentro del confinamiento a la mujer, quien por “costumbre” y machismo, se constituye en el pilar de las principales acciones que se dan en el hogar.

De acuerdo con Javier Enrique Díez (2004: P.5), toda la historia humana desde sus inicios está marcada profundamente por el patriarcado. Todas las culturas, todas las civilizaciones, todas las organizaciones lo han sufrido de una forma o de otra, sin embargo, al normalizarse se mezcla con otro tipo de actividades y disminuye su aspecto evidente, por lo que, es a raíz de circunstancias especiales como es el caso de la emergencia sanitaria, en el que se hace por demás visible.

A mediados del mes de abril, la doctora Elizabeth Hannon, Directora Asistente en The British Journal for the Philosophy of Science, comentó públicamente en Twitter sobre una dramática disminución en la presencia de artículos enviados por académicas mujeres, el cual fue uno de los primeros llamados de atención sobre el particular, sin embargo, conforme pasa el tiempo, más se hace evidente, como es el caso de las Trabajadoras de la Educación, quienes han visto sobrecargadas sus actividades al intentar desarrollar sus actividades laborales desde el hogar.

Más allá de eso, llama poderosamente la atención en los datos duros que tiene a la vista del público en general la propia UNAM en el sitio “Datos duros sobre la violencia de género”, en donde se incrementó la ocurrencia de presuntos delitos registrados en averiguaciones previas contra mujeres en más e un 13%, las llamadas de emergencia por violencia contra las mujeres en más de un 22% y en donde de acuerdo con la Red Nacional de Refugios A.C., se ha incrementado más de un 37% la violencia física contra ellas.

Vivimos en una sociedad compleja y en donde impera fuertemente el machismo y las actitudes de violencia y discriminación hacia la mujer, por lo que los tres niveles de gobiernos deben de establecer acciones afirmativas para su protección, es establezcan protocolos especiales para su defensa y sobre todo, cada una y cada uno de nosotros, aportar lo que esté de nuestra parte para visiibilizar el problema.

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El aporte del magisterio

De acuerdo con lo establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la tecnología ha demostrado ser una herramienta útil y necesaria para ayudar a garantizar que los gobiernos locales y regionales respondan en la primera línea de la emergencia, situación que se convirtió en el primer elemento de respaldo a las acciones gubernamentales generando una estrategia, que luego se convirtió en un proceso que en su conjunto se le denominó educación a distancia porque incluyó otros factores como cuadernillos impresos, radio, televisión, entre otros medios alternos para poder llegar al estudiantado.

Por otra parte, mucha tinta se ha trazado en los diferentes medios y redes sociales sobre las perspectivas negativas que tienen que ver con el alcance de dichas medidas sobre todo en los hogares de menores ingresos, que decir eso en nuestro país, equivale a casi la mitad de la población, con los efectos que ello tiene en el impacto del derecho a la educación de nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

El derecho a la educación, el derecho a la información, al igual que el derecho al acceso a internet, son pieza fundamental si es que estamos ciertos que nuestro pais debe de transitar por caminos en los que dichos derechos se lleven a quienes más lo necesitan, sin embargo, el atraso y la falta de inversión en muchos años, hace que dicho planteamiento no se encuentre previsible en el corto o mediano plazos.

En este sentido, es necesario que se tome en consideración el esfuerzo desarrollado por el magisterio para generar, en un tiempo por demás breve, la adaptación que tuvo que hacer para migrar no solo al aprendizaje de tecnologías, en donde, una vez más, la capacitación docente, corre por su propia cuenta, sin embargo en esta ocasión, además, fue a costas de su propia persona, de su presupuesto y de sus pertenencias, puesto que para los diferentes niveles de gobierno, la forma más sencilla de resolverlo, fue pedirle que, a partir de que se dictaron las medidas de distanciamiento social, debería de contar con herramientas tecnológicas, con elementos para su aplicación, además de tener que aplicar otra serie de medidas al interior del hogar para resolver las problemáticas que surgieron a la par de tener que contar con aparatos para que el resto de las y los integrantes de la familia respondieran a la emergencia en el trabajo, escuela, etc.

En este sentido, vale la pena hacer un reconocimiento al esfuerzo desarrollado por el magisterio, que haciendo uso de sus equipos tecnológicos, buscando su capacitación, pagando su electricidad, su servicio de internet, su equipo y plan de servicio telefónico, adaptar el plan de estudios, exceder sus horas de trabajo, el estrés, etc. con lo que ha respondido y con la frente muy en alto a la emergencia, y que decir con lo que ha hecho para hacer llegar a quienes no cuentan con dicho servicio y se ha buscado hacer llegar para sostener el derecho a la educación que está establecido en nuestra legislación nacional.

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https://manuelnavarrow.com/2020/06/17/el-aporte-del-magisterio/