Día del docente

El 5 de octubre de 1966, en la ciudad de Paris, Francia, la Conferencia intergubernamental especial sobre la situación del personal docente de la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés) emitió 146 recomendaciones organizadas en 8 capítulos que integran en su conjunto, lo que se ha denominado la suscripción de la “Recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la UNESCO relativa a la Situación del Personal Docente” en el mundo.

En dicho marco y desde el 5 de octubre de 1994 hasta la fecha, este día se conmemora el “Día mundial de las y los docentes en el mundo”, pues esta recomendación señala de manera muy puntual, criterios de referencia en cuanto a derechos y obligaciones del personal docente y normas para su formación inicial y perfeccionamiento, la contratación, el empleo, y las condiciones de enseñanza y aprendizaje.

Este reconocimiento debe de ser siempre un llamado para retomar el foco necesario en esta fundamental figura educativa, y no olvidar la esencia por lo cual fue instituido, por tanto, resulta conveniente algunos de los puntos principales que dieron origen a su instauración y que nunca debemos perder de vista, porque a 54 años de su pronunciamiento, las recomendaciones siguen más vigentes que entonces.

Una de las más importante, es la recomendación 45, que establece que la estabilidad profesional y la seguridad del empleo son indispensables tanto para el interés de la enseñanza como para el personal docente y deberían estar garantizadas incluso cuando se produzcan cambios en la organización tanto del conjunto como de una parte del sistema escolar, aspecto que en el sexenio anterior fue un punto que siempre se dijo en contra del magisterio nacional.

Otra, es la recomendación 61, que establece que “en el ejercicio de sus funciones, los educadores deberían gozar de libertades académicas. Estando especialmente calificados para juzgar el tipo de ayudas y métodos de enseñanza que crean mejores y más adaptables a sus alumnos, son ellos quienes deberían desempeñar un papel esencial en la selección y la adaptación del material de enseñanza así cómo en la selección de los manuales y aplicación de los métodos pedagógicos dentro de los programas aprobados y con la colaboración de las autoridades escolares”, que debe de ser un eje de desarrollo para el impulso de la educación en nuestro país y no estar acotado a ser un mero instrumentador de planes y programas de estudio, especialmente en una época como la actual en el que se requiere de ello para que la educación llegue de la mejor manera posible.

Las y los docentes en nuestro México hacen la diferencia de manera sensible, especialmente con las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que pertenecen a las familias que tienen carencias económicas, culturales, sociales y políticas más importantes, cuya brecha se ha hecho más evidente a partir de la emergencia sanitaria, por lo que es momento de reconocer su labor al frente de cada uno de los procesos áulicos en nuestro país.

El autor es parte de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

manuelnavarrow@gmail.com

https://manuelnavarrow.com

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