El hombrecillo que se creía secretario

Aurelio, el soberbio, el arrogante, se transformó en su verdadero rostro: el Represor. Desde la jornada del domingo 19 de junio tiene las manos manchadas de sangre tras la represión en Oaxaca. Es probable que no dure en el cargo más allá de esta semana, pero también es claro que responde al instinto de mano dura de su jefe… Jenaro Villamil

Rumbo a las elecciones presidenciales del 2012 en México el hombre era poco visible periodísticamente hablando, siempre tuvo la habilidad de ser la mano que mecía la silla, de hablarle al oído al presidente, el más cercano, su amigo. Sombrío en las fotografías se cuidaba de aparecer lo menos posible, su habilidad era la comprensión, explicación, análisis y puesta en práctica de las políticas públicas desde la oficina de la presidencia de la república.

Su prioridad siempre fue la implementación de lo que en políticas públicas se conoce como la Nueva Gestión Pública (NGP), que ha sido aplicada en diversos países principalmente industrializados, de primer mundo donde él estudió, donde de acuerdo con Christensen & Laegreid en el tratado de 2005 de “El estado fragmentado: los retos de combinar eficiencia, normas institucionales y democracia” los principales componentes son una gestión pública práctica –que supuestamente permite un control activo, visible y discrecional de una organización por parte de personas que tienen libertad para administrar–, estándares explícitos de desempeño, un mayor énfasis en el control de resultados, mayor competencia, contratos, devolución, desagregación de unidades y técnicas gerenciales del sector privado.

La principal hipótesis de las reformas de la NGP es que más mercado, más gestión y más autonomía producirán más eficiencia, sin tener efectos secundarios negativos sobre otros valores del sector público, como el control político, por eso su gusto por desacreditar el normalismo, porque jamás le ha importado la formación docente.

Hábil siempre aparecía en los grandes momentos políticos, el único externo cuando se negoció el pacto por México con el secretario de gobernación y los presidentes de los tres partidos políticos que avalaron el acuerdo inicial. Luego, encargado de recibir todo lo concerniente al tema educativo en la transición política una vez electo el actual presidente. Lo mismo regañaba secretarios del gabinete que gobernadores, era el fiel de la balanza en muchas de las decisiones y que luego el presidente daba voz y sustento para convertirlo en realidad.

Inmisericorde con Elba Esther, pensó que haciendola un lado tendría el camino libre. Tuvo serios enfrentamientos con el Secretario Chuayffet, porque a la par que le ordenaba aplicar la reforma educativa, paralelamente vertía diálogo y grandes recursos económicos a la CNTE a través del Subsecretario de Gobernación Luis Enrique Miranda, del club de Toby del presidente.

Cuando finalmente decide entrar en escena, aun y a pesar de que jamás había pasado por la escuela pública, su amigo el presidente lo nombraba secretario de educación, un espacio que siempre admiró; era el momento perfecto, todo bajo control y podría darse el gusto de placearse tranquilamente por toda la república solo a recoger los frutos de su tan anhelado esfuerzo para que llegase el 2018 y ser el candidato “natural”, es más, los resultados electorales del 5 de junio fueron para él excelentes puesto que daban por sentado la salida de Manlio de la esfera de la competencia para el 2018.

Lo que no recordaba el secretario Nuño es que en su libro de cabecera, en la página 588, establece que las reformas de la NGP son especialmente vulnerables a los efectos secundarios negativos cuando se instalan en países donde las capacidades básicas y el debido proceso del servicio civil están ausentes y se carece de un alto capital ético y confianza en el gobierno, un escenario en el que lejos de poder implantar la estrategia neoliberal, habría de unir en lo fundamental al magisterio, por qué que jamás le ha importado un comino aquella oficina en la que le encanta tomarse fotos, emulando a Vasconcelos… Jamás estuvo tan lejos de parecerse a él.

Se dedicó a promover su imagen en los estados que visitaba, en donde a la par que suspendía labores exigía el derecho a los niños a recibir educación y despotricaba contra aquellos que utilizaban niños para fines políticos, siendo ésta su principal herramienta que lunes a lunes los medios nacionales que tanto le felicitaban transmitían con esmero para celebrar la “única y excepcional” reforma educativa. Una reforma carente de toda lógica académica, que refiere, en el mejor de los casos, a una política de contratación y ajuste administrativo de plazas laborales, desapareciendo de un plumazo la estabilidad del magisterio, porque él siempre estuvo detrás de la modificación de la legislación educativa en nuestro país.

Su afición a tener a su disposición toda la fuerza pública posible le hizo perder el piso y engreído asumió que cuanto definiera sería visto como la mano firme que todo mundo esperaba. Las cosas se le salieron de control, hoy se ha dado cuenta que la violencia engendra violencia y que el diálogo de sordos que encabezó desde su gestión solo hizo que se colocara en el mismo costal a aquellos que no compartíamos su patética definición de calidad educativa.

El 19 de junio fue una fecha que el país recordará tristemente, ha quedado marcada con sangre como la fecha en que se escucha la voz del magisterio como una sola exigiendo su renuncia. No puede ni debe seguir adelante porque ha quedado claro la incapacidad política, de interlocución y de operación. Desde mi humilde espacio exijo su renuncia y espero que se inicie una nueva etapa de diálogo y concertación, en donde se llame al magisterio para iniciar la reforma de la reforma, en donde gustoso estaremos, como siempre lo hemos hecho a lo largo de casi un siglo acompañando en la construcción del sistema educativo nacional que se encuentra en estos momentos en el mayor riesgo de su historia.

manuelnavarrow.com

2 comentarios en “El hombrecillo que se creía secretario

  1. Es una pena llegar hasta estos extremos, efectivamente cuando el dialogo se rompe (aún que aquí nunca lo ha habido) la violencia se desata y eso no lleva a nada productivo.
    Los docentes tienen mucho que aportar pero es una trizteza que sea a ellos a quienes menos se les toma en cuenta.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s