Infancias frente a las pantallas

“La tecnología da y la tecnología quita, y no siempre en la misma medida.”— Neil Postman

El tiempo que niñas, niños y adolescentes permanecen frente a dispositivos digitales dejó de ser un asunto exclusivamente familiar. Las redes sociales, los videojuegos, las plataformas de video y los sistemas de inteligencia artificial influyen en la salud, la privacidad, la convivencia, la educación y el desarrollo de la personalidad. Por ello, el análisis que desarrollará el Congreso representa una oportunidad para construir una respuesta pública que proteja a las nuevas generaciones sin desconocer los beneficios de la tecnología.

La discusión no debería limitarse a prohibir o permitir teléfonos celulares en las escuelas. Tendrá que considerar la edad de acceso a determinadas plataformas, la protección de datos personales, la publicidad dirigida, la transparencia de los algoritmos y los mecanismos diseñados para prolongar la conexión, como las notificaciones constantes, la reproducción automática y el desplazamiento infinito. Estas prácticas resultan especialmente delicadas durante etapas en las que todavía se forman la identidad, la autoestima, la autorregulación y la capacidad para anticipar consecuencias.

La regulación deberá evitar tanto la indiferencia como la prohibición absoluta. Internet permite aprender, crear, comunicarse y acceder a información, pero su uso intensivo puede desplazar el sueño, la lectura, el juego, la actividad física y la convivencia. Diversos países han establecido restricciones escolares, edades mínimas para redes sociales y obligaciones de seguridad para las plataformas, mostrando que la protección de las infancias no puede descansar únicamente en las familias.

En la educación, el problema afecta condiciones esenciales para aprender. Las interrupciones constantes fragmentan la atención; el uso nocturno perjudica el descanso y la memoria; la exposición continua a estímulos breves dificulta la concentración, y la comparación social puede afectar la autoestima. Sin embargo, la escuela tampoco puede renunciar a enseñar ciudadanía digital, pensamiento crítico, protección de la privacidad y uso responsable de la inteligencia artificial.

En este esfuerzo, la experiencia, los estudios y la capacidad de maestras y maestros son indispensables. Ellos observan diariamente los efectos de las pantallas en el lenguaje, la convivencia, el rendimiento y la regulación emocional, pero también conocen sus posibilidades pedagógicas. Cualquier normatividad deberá incorporar su voz, ofrecer formación, establecer protocolos y diferenciar entre el uso educativo y la conexión recreativa.

Lo que está en juego no es solamente el rendimiento escolar, sino la formación de personas autónomas, reflexivas y capaces de relacionarse con los demás. Regular con equilibrio no significa rechazar el futuro, sino asegurar que la tecnología permanezca al servicio del desarrollo integral, la libertad y la dignidad de las futuras generaciones. Porque la educación es el camino…

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