¿Delegar autoridad o responsabilidad?

«Se puede delegar autoridad, pero no se puede delegar responsabilidad». Byron Dorgan

Al interior de las organizaciones como puede ser en un centro escolar, la falta de confianza y apoyo por parte de la dirección puede dementar la autonomía y la confianza al interior del equipo de trabajo. Esto es particularmente relevante en el contexto educativo, donde una dirección adecuada es crucial para construir un ambiente propicio para el aprendizaje, que es el principal objetivo de la escuela.

Cuando la dirección de una escuela cae en el patrón de una delegación ineficaz, los síntomas de una gestión problemática son evidentes: los docentes pueden sentirse menos empoderados y, por lo tanto, menos propensos a tomar iniciativa o innovar en su trabajo. Si la dirección escolar no confía en su personal, este sentimiento se transmite, haciendo que docentes dependan más de las instrucciones directas y sean menos creativos o proactivos. Este déficit de confianza puede llevar a la dirección escolar a intervenir excesivamente, dictando exactamente cómo deben hacerse las cosas, lo que a su vez disminuye aún más la autoconfianza del equipo de trabajo.

Sin embargo, el otro lado de la moneda revela el poder transformador de una delegación adecuada. Cuando la dirección deposita confianza en su equipo, estableciendo claridad en las expectativas y proporcionando apoyo sin gestionar a detalle cada cosa, las y los docentes tienden a asumir mayor responsabilidad y compromiso con su trabajo. Este acto de confianza alimenta su creencia en sus propias capacidades, lo que a menudo conduce a un desempeño mejorado y a la innovación dentro del aula, sin embargo, hay que tener en claro que, aunque se pueda delegar la autoridad, jamás será posible delegar la responsabilidad de lo que suceda por lo delegado.

Una delegación efectiva también promueve el desarrollo profesional de docentes, ya que les permite explorar nuevas estrategias de enseñanza y desarrollar sus propias habilidades de liderazgo. Quienes se sienten el respaldo para tomar decisiones son más propensos a experimentar con mejores métodos en muchos sentidos de su práctica profesional que pueden resultar en un aprendizaje más profundo y significativo para sus estudiantes.

Además, la delegación de autoridad fomenta la colaboración y el trabajo en equipo. Cuando docentes sienten que tienen voz y voto en las decisiones escolares, se crea una cultura de propiedad y responsabilidad colectiva. Esto no solo mejora la moral del equipo de trabajo, sino que también conduce a una mejor coordinación y cohesión al interior de la institución, factores que son fundamentales para el éxito de una organización educativa.

Una buena gestión en la delegación de autoridad deja en posibilidades a la dirección para enfocarse en la visión más a largo plazo y las estrategias institucionales. Al invertir confianza en su equipo, la dirección puede dedicar más tiempo entornos aspectos igualmente importante para el centro escolar, anticipando cambios y preparando a la institución para enfrentar nuevos desafíos.Así, una delegación ineficaz puede estancar el crecimiento y la mejora en un centro educativo, mientras que una delegación de autoridad adecuada puede construir una mejor institución, centrada en el aprendizaje y adaptada a las necesidades cambiantes de estudiantes y docentes. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Preparar para el aprendizaje

«El verdadero aprendizaje se logra mediante la experiencia, el intercambio y la reflexión.» Charles Jennings

El trabajo en la escuela no es casual, debe ser intencional y orientado para aprovechar las experiencias y el momento para promover el aprendizaje pues éste, es un proceso multifacético y dinámico que se nutre de diversas fuentes y métodos. Charles Jennings destaca cuatro maneras en las que aprendemos: experiencias desafiantes, oportunidades para practicar, conversaciones creativas y tiempo para la reflexión. Cada una de estas formas juega un papel crucial en el desarrollo del conocimiento y habilidades en las personas, particularmente en el contexto educativo de niñas, niños y adolescentes.

Las experiencias desafiantes nos permiten aprender profundamente cuando nos enfrentamos a situaciones que nos obligan a salir de nuestra zona de confort. Este tipo de experiencias estira nuestras capacidades y nos enseña a adaptarnos y superar obstáculos. En un entorno escolar, se pueden fomentar este tipo de aprendizaje mediante proyectos interdisciplinarios, actividades que requieran resolución de problemas y tareas que exijan un esfuerzo adicional. Así, estudiantes no solo aprenden el contenido curricular, sino también habilidades importantes como la resiliencia y la adaptabilidad.

La práctica es fundamental. Los conceptos teóricos se solidifican cuando se aplican repetidamente en diferentes contextos. En la educación, esto se traduce en la necesidad de proporcionar a estudiantes múltiples oportunidades para poner en práctica lo que han aprendido, a través de ejercicios, prácticas de laboratorio, actividades deportivas y artísticas. La práctica constante ayuda a estudiantes a internalizar el conocimiento y a perfeccionar sus habilidades, preparando el terreno para un aprendizaje permanente.

Las interacciones sociales y las conversaciones son el lubricante del aprendizaje y el desarrollo. A través de discusiones y debates, estudiantes pueden explorar diferentes perspectivas, articular sus ideas y aprender de los demás. El ambiente escolar debe fomentar un entorno en el que estudiantes se sientan cómodos para compartir sus pensamientos y experiencias y bloquear toda burla hacia quien pregunta es fundamental. 

La reflexión por otra parte es esencial para consolidar el aprendizaje. Permite a las personas considerar sus experiencias, identificar lo que han aprendido y planificar cómo aplicar ese conocimiento en el futuro. En el contexto educativo, los momentos de reflexión pueden integrarse en el aula mediante actividades como diarios de aprendizaje, discusiones reflexivas y evaluaciones formativas. Tanto la reflexión individual como la colectiva permiten a estudiantes tomar conciencia de su propio proceso y aprender de las experiencias de sus compañeros.

La conjunción de estas cuatro maneras de aprender subraya la importancia de una educación que no se limite a la transmisión de información, sino que promueva un entorno rico en experiencias variadas, práctica constante, diálogo significativo y reflexión profunda. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Los fines de la educación

«La educación es el pasaporte hacia el futuro. Los fines de la educación deben centrarse en preparar a las personas para enfrentar los desafíos que están por venir.» Malcom X.

La labor de la escuela va más allá de mapas, sumas, maquetas, experimentos, lectura,  y todo aquello que se hace en el aula, pues el proceso tiene una finalidad y se constituye en la piedra angular de cualquier sistema educativo como los son los fines de la educación.

En el contexto actual, los fines de la educación adquieren una relevancia aún mayor, ya que se enfrentan a los desafíos de una sociedad del conocimiento, la cuestionada vigencia del humanismo y sus valores, así como la valía de múltiples avances en el campo de la investigación educativa.

En la era de la información, la escuela no solo debe transmitir conocimientos, sino también formar personas capaces de adaptarse a un mundo en constante cambio. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) juegan un papel crucial en este proceso, ya que permiten la generación y el acceso a una cantidad ilimitada de información. La función de la escuela se extiende más allá de la simple enseñanza de contenidos, buscando, desarrollar en sus estudiantes habilidades para aprender a aprender, evaluar críticamente la información,  y aplicar el conocimiento de manera innovadora.

La filosofía humanista que guía actualmente el Sistema Educativo Nacional (SEN), enfatiza la formación integral de los estudiantes, considerando no solo el aspecto cognitivo, sino también el desarrollo físico, social y afectivo. Este enfoque busca educar a seres humanos completos, capaces de contribuir al bienestar de su comunidad y al progreso de la sociedad en general. Un planteamiento curricular con una mirada crítica, histórica y prospectiva es esencial para formar estudiantes con una conciencia plena de su contexto y su capacidad de transformar el mundo.

Por otra parte, los avances en la investigación educativa han cuestionado los métodos tradicionales de enseñanza, promoviendo enfoques más dinámicos y centrados en las niñas, niños y adolescentes. El constructivismo, por ejemplo, enfatiza la importancia de que los estudiantes construyan su propio conocimiento a través de experiencias significativas. Este enfoque fomenta la autonomía, el pensamiento crítico y la capacidad de resolver problemas, habilidades cruciales en el mundo actual.

Los fines de la educación, por tanto,  deben reflejar una visión de futuro que incorpore la tecnología, promueva la equidad y fomente el desarrollo integral de los individuos. Solo así, la educación puede ser un verdadero motor de cambio y progreso, preparando a los ciudadanos no solo para enfrentar los retos del presente, sino también para construir un futuro más justo, inclusivo y sostenible.

Es imperativo entonces, que como sociedad tomemos en cuenta que el papel de la escuela va más allá de lo que muchas personas aprecian desde afuera. Necesitamos que la educación no solo prepare a sus estudiantes para el mundo laboral, sino que también forme individuos críticos, comprometidos y capaces de contribuir a su comunidad a la paz, inclusión, equidad y de manera significativa al desarrollo social y económico de la nación. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Hacia una verdadera revalorización social

“Un maestro afecta la eternidad; nunca puede decir donde termina su influencia” Henry Adams

Está claro que en aquellos países que hoy en día han desarrollado culturas más avanzadas en lo económico, social y político, ha sido gracias a la educación, al papel prioritario que esta ha tenido en el desarrollo de las personas y un rasgo que les caracteriza en primer lugar, es el aprecio, la confianza y el respeto que la sociedad le manifiesta en lo público y en lo privado, lo cual genera por mucho, las condiciones para que su desarrollo profesional realmente construya mejores realidades.

En el marco del Día del Maestro, se nos brinda una oportunidad invaluable para reflexionar sobre el papel fundamental que desempeñan las maestras y los maestros en la sociedad. Más allá de su rol educativo, es esencial reconocer al docente como un ser humano integral, con sus propias necesidades, aspiraciones y desafíos personales.

Cada día, nuestras y nuestros docentes se presentan en las aulas no solo como transmisores de conocimiento, sino también como figuras de apoyo, guías y hasta como segundos padres para muchos estudiantes. Es fácil olvidar que detrás de esa entrega hay una persona real con una familia, con compromisos y sueños propios. Estos profesionales de la educación frecuentemente sacrifican tiempo valioso que podrían pasar con sus seres queridos para enriquecer y cuidar el desarrollo de otras niñas, niños y jóvenes de sus centros escolares.

Reflexionar sobre estas realidades es crucial, no solo para valorar su trabajo, sino para empujar a una mejora continua en las condiciones en las que desempeñan sus labores. Para entender el valor que tienen para generar un futuro no solo diferente sino mejor. Para aspirar a un sueldo digno, a prestaciones que le den certeza familiar. El contar con medios que no le demeriten, con un ambiente laboral respetuoso y con recursos adecuados que son esenciales para que puedan desarrollar su trabajo de manera adecuada y con la pasión que los caracteriza. El reconocimiento de estos factores no solo beneficia a las y a los docentes, sino que repercute directamente en la calidad de educación que reciben nuestras niñas, niños y adolescentes.

Es imperativo por tanto que, como sociedad, busquemos mecanismos que nos permitan ver y tratar a las maestras y maestros no solo como educadores en un centro educativo, sino como personas completas con necesidades complejas. Esto implica escuchar sus voces, entender sus retos, respetarles y responder de manera que se les permita crecer tanto profesional como personalmente.

Es necesario que como sociedad hagamos un fuerte compromiso para asegurarnos de que estos pilares de nuestra comunidad sean apreciados, reconocidos, valorados y compensados justamente. Recordemos que al cuidar de quienes educan a nuestras niñas, niños y adolescentes, estamos invirtiendo en el bienestar y futuro de toda la sociedad en su conjunto. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

La Hipersexualización infantil

«No hay revelación más clara del alma de una sociedad que la forma en que trata a sus niños.» Nelson Mandela

En las últimas décadas, el avance tecnológico y la omnipresencia de las redes sociales han reconfigurado significativamente las dinámicas sociales y familiares, especialmente en lo que respecta a la infancia y adolescencia. Este fenómeno ha contribuido notablemente a una tendencia preocupante: la hipersexualización de niños, niñas y adolescentes.

Las redes sociales y los medios de comunicación juegan un papel crucial en este proceso al exponer constantemente a los menores a imágenes y mensajes que promueven estereotipos y expectativas poco apropiadas para su edad. Esta exposición no solo se limita a la visualización pasiva; la interactividad de estas plataformas implica que los jóvenes no solo consumen contenido, sino que también lo crean y responden a él, lo que puede acelerar su deseo de imitar comportamientos y estéticas adultas antes de tiempo.

El impacto de esta hipersexualización en el aprendizaje y desarrollo de la personalidad de los jóvenes es profundo. Los niños y adolescentes están en una etapa crucial de formación de identidad y autoestima. La presión por adoptar roles adultos puede llevar a confusiones y conflictos internos que afectan su rendimiento académico y su comportamiento en la escuela. La necesidad de «encajar» o ser aceptados por sus pares puede fomentar la adopción de actitudes y comportamientos que no corresponden a su etapa de desarrollo, lo que a su vez puede afectar negativamente sus relaciones interpersonales y su bienestar emocional.

Para combatir esta tendencia, es fundamental fortalecer el tejido social comenzando por la familia y la educación. Los padres y educadores deben estar conscientes del contenido que consumen los menores y establecer límites claros y apropiados. Además, es crucial promover un diálogo abierto sobre los medios y su contenido para que los niños aprendan a cuestionar y analizar críticamente lo que ven y escuchan.

Las escuelas, por su parte, pueden incorporar acciones que fomenten la autoestima y la resiliencia, enseñando a sus estudiantes a valorarse por quiénes son y no por cómo aparentan. Además, la inclusión de educación mediática en el día a día puede equipar a sus estudiantes con las herramientas necesarias para navegar y procesar críticamente el bombardeo constante de mensajes mediáticos.

Mientras que las redes sociales y los medios de comunicación tienen el potencial de ser una fuente valiosa de información y conexión, su influencia también puede ser perjudicial si no se maneja con cuidado. Hay que cuidar lo que las niñas, niños y adolescentes reciben de los medios y es imperativo que todos los niveles de gobierno trabajen en conjunto con la sociedad y la familia para asegurar un entorno de desarrollo saludable y adecuado para nuestros estudiantes. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Hacia un aprendizaje significativo

 “Para que el aprendizaje sea significativo, el material debe ser relacionado de manera sustantiva y no arbitraria con lo que el alumno ya sabe.” David Ausubel.

En el panorama actual de la educación, existe una desconexión palpable entre la percepción pública del trabajo que se realiza en los centros educativos y la realidad de dicho trabajo. Comúnmente se subestima la complejidad y el esfuerzo requeridos para gestionar y contribuir al proceso de enseñanza-aprendizaje, relegando la tarea educativa a una mera transmisión de conocimientos. Sin embargo, esta visión ignora la multifacética y dedicada labor de docentes y directivos, quienes se esfuerzan diariamente por crear entornos propicios para un aprendizaje significativo para la vida de niñas, niños y adolescentes.

Por tanto, resulta fundamental entender la importancia de revalorizar el trabajo educativo, destacando la necesidad de una organización y coordinación eficaces dentro de las instituciones educativas para fomentar un aprendizaje que trascienda los confines de la mera memorización.

El aprendizaje significativo es un concepto educativo desarrollado por el psicólogo estadounidense David Ausubel que se centra en cómo el aprendizaje ocurre de manera más efectiva cuando se asocia de forma sustancial y no arbitraria con lo que el alumno ya sabe. La premisa es que los estudiantes comprenden y retienen mejor la nueva información cuando pueden vincularla con sus conocimientos y experiencias previas. Esta conexión no solo facilita la comprensión profunda, sino que también hace que el contenido sea relevante y útil para el alumno en contextos personales o académicos. 

En el aprendizaje significativo, los estudiantes participan activamente en integrar el nuevo conocimiento con el anterior, reorganizando y reformulando ambos aspectos en el proceso. Este enfoque contrasta con el aprendizaje memorístico, donde la información se aprende de manera aislada, lo que suele resultar en un olvido rápido y en dificultades para aplicar lo aprendido en situaciones nuevas o diferentes. A largo plazo, el aprendizaje significativo fomenta una mejor retención de la información y facilita la transferencia de conocimientos a nuevas situaciones.

La escuela, vista como una organización dedicada al aprendizaje, se enfrenta al desafío de desarrollar y configurar elementos clave que favorezcan las mejores condiciones para el aprendizaje. Esto incluye la contextualización de contenidos, la construcción activa del conocimiento, la interacción social, la integración del conocimiento, la motivación intrínseca, la evaluación formativa, el diseño curricular integrado y el uso adecuado de tecnologías. Tales elementos son esenciales no solo para adquirir conocimientos, sino para aplicarlos efectivamente en diferentes contextos, preparando a sus estudiantes para enfrentar los retos del mundo real.

Revalorizar el trabajo educativo es reconocer a la educación como un pilar fundamental para el desarrollo individual y colectivo. Este reconocimiento debe traducirse en un apoyo tangible y en políticas que promuevan una mejor educación para todos. Solo así podremos asegurar que las niñas, niños y adolescentes de nuestro país tengan la oportunidad de participar en experiencias de aprendizaje verdaderamente significativas, que les preparen para liderar y enriquecer la sociedad del futuro. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

El Bienestar docente

«Cuida de los maestros como la sociedad más preciada, pues de ellos dependerá la calidad del futuro.» – Helen Caldicott

No hace falta ser un genio para apreciar el desgaste y el cansancio evidente que se vive desde la vida del personal docente propiciado por múltiples y complejos factores que van desde el exceso de reformas educativas, pasando por las exigencias administrativas, los bajos salarios entre otros muchos más. 

Los países cuyo grado de avance económico, político y social se caracterizan vistos desde múltiples estudios, en su grado de mejora en la educación, que, a su vez, es el resultado de factores tan importantes como el respeto social del magisterio, lo que les permite que dicho cuidado se vea reflejado en los resultados educativos que sin duda son el factor que se desprende en el resto de los indicadores sociales, económicos y políticos.

El bienestar emocional de las y los docentes es un derecho fundamental, no es un lujo ni un aditamento opcional a su profesión. Se trata de un pilar que sostiene no solo su salud mental y física, sino también la calidad y eficacia de la educación que imparten. La labor docente trasciende la impartición de conocimientos; es una tarea que implica la gestión de emociones, conflictos y el fomento de un ambiente propicio para el aprendizaje.

Los diferentes niveles de gobierno, en su ámbito de competencia, tienen la responsabilidad de reconocer la importancia del bienestar docente y crear políticas que lo promuevan, tales como programas de apoyo psicológico, una carga laboral razonable y un salario digno que reconozca su valiosa contribución. La sociedad, por su parte, puede aportar valorando y respetando la profesión docente, entendiendo que detrás de cada clase hay una planeación detallada, horas interminables de revisión de trabajos, y un compromiso emocional muy considerable que con frecuencia implica restar horas de convivencia familiar y/o personal.

Las instituciones educativas son el espacio natural donde se debe cultivar este bienestar, por lo que es muy importante fomentar prácticas que incluyan tiempos y horarios adecuadamente distribuidos, oportunidades de desarrollo profesional y espacios para que los docentes compartan experiencias y estrategias. La creación de una cultura escolar que enfatice la colaboración, el respeto mutuo y el soporte entre colegas es esencial.

El personal docente también puede desempeñar un rol activo en su propio bienestar emocional. La autoconsciencia y el desarrollo de habilidades de manejo del estrés, la búsqueda de balance entre la vida laboral y personal, y la formación en inteligencia emocional son herramientas valiosas en este proceso.

El bienestar emocional de docentes impacta directamente en la atmósfera del aula y, por ende, en la experiencia educativa de estudiantes. Un educador emocionalmente sano es capaz de inspirar, conectar y facilitar un aprendizaje que va más allá de los libros de texto, uno que prepara a las niñas, niños y adolescentes no solo académicamente, sino también para la vida. Es, por tanto, una inversión en la calidad de la educación y en el futuro de la sociedad. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Los procesos educativos

«Todo el arte de enseñar es solo el arte de despertar la curiosidad natural de las mentes jóvenes con el propósito de satisfacerla después.» – Anatole France

La educación es una tarea profundamente humana, en la que convergen el conocimiento, la empatía y la ciencia para dar forma a las experiencias de aprendizaje de sus estudiantes. La fortaleza del personal educativo radica no solo en su comprensión de las materias que imparten, sino en su capacidad para reconocer y responder a las complejidades biológicas, sociales y psicológicas de cada estudiante. Al prepararse para entender estas características, se equipa para trascender el mero acto de transmitir información, transformándose en un facilitador de experiencias significativas y duraderas.

La formación del personal docente en teorías pedagógicas y su aplicación práctica es esencial en este proceso. Este conocimiento les permite identificar las etapas apropiadas para la implementación de estrategias educativas, diferenciando cuándo y cómo fomentar la curiosidad intelectual, el pensamiento crítico y la capacidad de resolución de problemas. Al estar familiarizados con las diversas teorías del aprendizaje, los educadores pueden diseñar intervenciones pedagógicas que se adaptan a las necesidades cambiantes de sus estudiantes, reconociendo que cada cerebro es único y que cada persona responde a estímulos distintos.

Los procesos pedagógicos, como la motivación, la recuperación de saberes previos y la metacognición, no son pasos arbitrarios; son fundamentales y deben ser cuidadosamente considerados y aplicados. Estos procesos reconocen que el aprendizaje es una actividad compleja que requiere de un enfoque estructurado y reflexivo. Cuando los educadores aplican estas estrategias de manera efectiva, no sólo mejoran los resultados de aprendizaje, sino que también fomentan el desarrollo de habilidades para toda la vida en sus estudiantes.

La labor en los centros educativos, por lo tanto, se revela no como una tarea rutinaria, sino como una profesión inteligente, exigente y sofisticada. Requiere de una continua actualización profesional, una reflexión constante y un compromiso con la excelencia educativa. Las y los docentes, como profesionales de la educación, se enfrentan al desafío de estar a la altura de las demandas siempre en evolución de una sociedad en constante cambio, lo que hace de su labor no solo una responsabilidad social sino también una pasión por el desarrollo humano.

Así, la preparación del personal docente para entender a sus estudiantes y aplicar teorías de aprendizaje específicas no es simplemente una ventaja; es la columna vertebral de una mejor educación. Los procesos pedagógicos se convierten en la herramienta a través de la cual el aprendizaje no solo ocurre, sino que prospera, asegurando que la enseñanza sea una profesión altamente especializada y crucial para el avance de nuestra sociedad. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

El «timing pedagógico»

«El arte supremo del maestro es despertar el placer de la expresión creativa y del conocimiento.» – Albert Einstein

Pasar una jornada de clase con un grupo de niñas, niños o adolescentes solo puede ser entendida por aquellas personas que lo viven en carne propia, así, quienes permanecen ajenos a la labor educativa, en mucho desconocen cómo es que funciona la construcción del aprendizaje, ya que no se trata solamente de conocer un tema a profundidad, sino que se tienen que desarrollar acciones específicas y oportunas para generar el interés hacia dicha temática.

A pesar de lo que algunas personas puedan suponer, la labor educativa trasciende el ámbito de las buenas intenciones y se materializa a través de acciones concretas que pueden marcar la diferencia en la experiencia de aprendizaje de sus estudiantes. En este contexto, el concepto de aprovechar una oportunidad educativa o el «timing pedagógico» como se le ha conocido más recientemente, emerge como un enfoque estratégico para potenciar el aprendizaje. Esta noción se refiere a la capacidad de docentes para identificar y aprovechar momentos clave dentro del proceso educativo, para fomentar la reflexión y el cuestionamiento colectivos con fines de aprendizaje.

Como en otros casos, la aplicación de este enfoque implica un alto grado de preparación, sensibilidad y percepción por parte de docentes, quienes deben prestar atención a las dinámicas del grupo para reconocer las oportunidades de aprendizaje que surgen espontáneamente. Estos momentos suelen presentarse cuando un proyecto o actividad revela una dificultad, un desinterés o una rutina que necesita ser examinada y entendida desde diferentes perspectivas.

El timing pedagógico, entonces, no es una técnica rígida sino se trata de un ejercicio de atención que permite detenerse en medio de la acción educativa para propiciar un espacio de diálogo y análisis crítico. Esto se traduce en la suspensión temporal de las tareas en curso para dedicar tiempo a la reflexión en equipo, lo que puede ser la chispa que encienda la motivación de sus estudiantes y les lleve a involucrarse más profundamente en su propio proceso de aprendizaje.

Estos espacios de reflexión grupal son cruciales, ya que ofrecen la oportunidad de abordar las dificultades de aprendizaje no como obstáculos, sino como escalones hacia una mayor comprensión. Permiten a sus estudiantes salir de la monotonía y enfrentarse a desafíos que estimulan su curiosidad y deseo de aprender. Asimismo, fomentan la colaboración y la construcción colectiva del conocimiento, aspectos fundamentales para el desarrollo de habilidades del siglo XXI.

Así, el trabajo en los centros educativos va más allá de la transmisión de conocimientos; es una práctica colectiva reflexiva que, a través de la implementación de acciones específicas como es el caso del timing pedagógico, para crear un ambiente donde el aprendizaje sea el resultado de la interacción, el cuestionamiento y la reflexión conjunta. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Trastorno Oposicionista Desafiante

«Cuando un niño da un paso fuera de la línea, necesitamos preguntarnos qué necesidad está tratando de satisfacer.» – Ross W. Greene

Existen múltiples elementos de corte social, psicológico, físico entre otros, que repercuten de manera muy importante en la conducta de las niñas niños y adolescentes a la hora del desarrollo de un trabajo académico en un centro educativo, uno de ellos tiene que ver con algo que se le ha denominado como Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD).

La presencia del TOD en el ámbito escolar plantea desafíos significativos tanto para el entorno educativo como para el hogar. Este trastorno, caracterizado por patrones persistentes de comportamiento desafiante, hostilidad y desobediencia hacia figuras de autoridad, impacta profundamente en el aprendizaje y la interacción social de niños y adolescentes. Su manejo requiere una estrategia integrada que involucre a educadores, padres y profesionales de la salud, poniendo en el centro un enfoque colaborativo y consistente entre la escuela y el hogar.

La importancia de abordar de manera efectiva el TOD radica en su potencial para afectar el desarrollo educativo y social del niño. Sin una intervención adecuada, los comportamientos asociados pueden obstaculizar el proceso de aprendizaje, no solo del estudiante afectado sino también de sus compañeros. Por ello, es esencial que tanto educadores como padres estén equipados con estrategias efectivas para enfrentar este desafío.

En el hogar, es crucial establecer rutinas claras y predecibles, fomentar una comunicación positiva que evite críticas y culpas, y establecer reglas y consecuencias claras y consistentes. El refuerzo de comportamientos positivos, la limitación de situaciones desencadenantes de comportamientos desafiantes y la práctica de estrategias de manejo del enojo son también fundamentales. Estas acciones ayudan a crear un entorno de apoyo que puede influir positivamente en el comportamiento de las niñas, niños y adolescentes.

En la escuela, la colaboración entre padres y docentes es esencial para garantizar una consistencia en el manejo del comportamiento. Las adaptaciones educativas pueden ser necesarias para proporcionar un entorno que favorezca el éxito del estudiante, junto con intervenciones conductuales en el aula que promuevan un comportamiento positivo. La educación y el entrenamiento del personal escolar sobre el TOD son clave para un manejo efectivo de los comportamientos desafiantes, al igual que el fomento del apoyo entre pares y el acceso a servicios de apoyo escolar.

En ambos entornos, la educación sobre el TOD, la consistencia en las expectativas y estrategias de manejo, el enfoque en las fortalezas del niño y el apoyo profesional externo son componentes críticos. Este enfoque holístico no solo atiende las necesidades del niño, sino que también valora y potencia la labor docente y directiva, subrayando la importancia de una detección oportuna y un manejo coordinado del trastorno.

La implementación de estas estrategias requiere de una comprensión profunda y compartida del TOD, así como de un compromiso con la cooperación y la adaptabilidad. Abordar el TOD de manera efectiva es un proceso dinámico que beneficia de la retroalimentación continua y el ajuste de estrategias. Al trabajar juntos, los padres, educadores y profesionales de la salud mental pueden crear un entorno de apoyo que facilite el desarrollo positivo y el éxito académico del niño, mitigando así las potenciales consecuencias negativas a largo plazo. Este esfuerzo conjunto no solo mejora la experiencia educativa del niño afectado por el TOD, sino que también enriquece el ambiente de aprendizaje para todos los estudiantes, destacando la importancia de una atención inclusiva y comprensiva dentro del sistema educativo. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Más allá del Autismo

La diversidad es la única cosa que todos tenemos en común. Celebremos nuestra diferencia.” – Winston Churchill

La comprensión y el reconocimiento de las características únicas de las niñas, niños y adolescentes en el espectro autista constituyen un pilar fundamental para su desarrollo integral y su inclusión efectiva tanto en el ámbito familiar como educativo. A medida que la sociedad avanza hacia una mayor inclusión y aceptación de la diversidad, es imperativo reflexionar sobre la importancia de adaptar nuestros entornos y actitudes para responder adecuadamente a las necesidades de esta población.

El espectro autista abarca una amplia gama de condiciones caracterizadas por desafíos en la comunicación y la interacción social, así como por patrones de comportamiento, intereses o actividades únicos. Reconocer estas características no solo es crucial para entender el mundo desde la perspectiva de la persona con autismo, sino también para identificar estrategias y apoyos específicos que faciliten su aprendizaje y su bienestar.

En la familia, conocer estas características permite crear un ambiente de amor, aceptación y seguridad, donde las niñas, niños y adolescentes se sientan comprendidos y valorados por sus seres queridos. Este entorno de apoyo es esencial para su desarrollo emocional y social, brindándoles la confianza necesaria para explorar el mundo a su alrededor y desarrollar al máximo su potencial.

En el ámbito escolar, una comprensión profunda de las necesidades educativas especiales asociadas al espectro autista es vital para adaptar los métodos de enseñanza y los entornos de aprendizaje. Esto incluye la implementación de estrategias pedagógicas flexibles y personalizadas, el uso de ayudas visuales y tecnológicas, y la promoción de un clima escolar inclusivo y respetuoso. Tales adaptaciones no solo benefician a los estudiantes en el espectro autista, sino que también enriquecen el ambiente educativo para todos, fomentando una cultura de empatía, respeto y solidaridad entre estudiantes y educadores.

Por lo tanto, fomentar la inclusión y la educación sobre el espectro autista en la sociedad es esencial. A través de la difusión de información precisa y la promoción de historias y experiencias personales, podemos desmantelar mitos y estereotipos, promover la aceptación y comprensión, y abogar por políticas y prácticas inclusivas. Esto no solo mejora la calidad de vida de las personas con autismo, sino que también enriquece la comunidad en su conjunto, celebrando la diversidad humana y fomentando una sociedad más justa y compasiva.

En este sentido, el conocimiento y la comprensión de las características de niñas, niños y adolescentes en el espectro autista son fundamentales para su inclusión y éxito en todos los aspectos de la vida. Al abrazar esta diversidad y trabajar juntos hacia la inclusión, podemos asegurar que cada individuo tenga la oportunidad de brillar con luz propia, contribuyendo a una sociedad más rica, más diversa y más empática. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

La dichosa disciplina

«No es el castigo sino la disciplina lo que evita la mala conducta.» — Plutarco

Es frecuente pensar que la labor docente en un centro escolar es algo sencillo y que solo se trata de tener el conocimiento académico de español, matemáticas o ciencia para poder transmitirlo, sin embargo, ello implica mucho más que solo saberlo, implica pararse al frente de un grupo con 20, 30 o más niñas, niños o adolescentes y conocer como desarrollar además estrategias efectivas que favorezcan el aprendizaje.

La labor de educar y mantener la disciplina en entornos familiares y escolares suscita preguntas relevantes sobre el porqué de la dificultad en casa, con un número reducido de hijos, en comparación con un docente que gestiona una cantidad muy importante de estudiantes. La habilidad para mantener la disciplina en la escuela no es una mera casualidad ni un rasgo innato; es el fruto de un profundo entendimiento del desarrollo social, biológico y psicológico de sus estudiantes, complementado con años de experiencia en la práctica.

Así, ser docente es una profesión que exige más que solo conocimientos académicos o la capacidad de dirigir una clase. Es un ejercicio de profesionalismo que abarca el desarrollo y la implementación de estrategias pedagógicas específicas. Estas estrategias incluyen la creación y mantenimiento de normas claras y consistentes, así como la promoción de una comunicación efectiva. La justicia y equidad en la evaluación formativa no solo fomentan un ambiente de aprendizaje justo, sino que también validan el esfuerzo y la dedicación de cada estudiante.

Adoptar una actitud positiva pero firme, ser un modelo a seguir y brindar reconocimiento y refuerzo positivo son aspectos fundamentales que conforman la columna vertebral de la práctica docente. La autoridad de un educador no debe ser sinónimo de temor o resentimiento, sino de respeto y confianza. La capacidad docente para resistirse a las presiones, saber cuándo y cómo decir que «no», y mantener una guía efectiva más que una búsqueda de popularidad son las cualidades que diferencian a un maestro competente de uno ordinario.

La esencia de la profesión docente radica en la capacidad de transmitir seguridad y confianza de manera constante, al establecer un clima de aprendizaje donde sus estudiantes pueden aprender. Este conjunto de «saberes explícitos» que se manejan en la docencia, y que se reflejan en cada decisión tomada dentro del aula, realza la importancia del profesionalismo en la enseñanza. Así, se clarifica que la tarea docente es una vocación altamente especializada, que requirie de un conjunto de habilidades y conocimientos que no son evidentes para todos y que desafían la lamentable noción de que cualquiera puede enseñar. La profesionalidad en la educación es una amalgama de arte, ciencia y humanidad, algo que se perfecciona con la dedicación y el compromiso a lo largo de una carrera dedicada al servicio de la enseñanza y el aprendizaje. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Liderazgo y gestión

“Gestión es hacer que las cosas sucedan”. Bernardo Blejmar

Como sociedad pocas veces nos detenemos a pensar sobre aquello que hace que una institución educativa logre aquello para lo cual está diseñada y no me refiero necesariamente a la infraestructura, los premios que ha ganado o la excelencia de sus grupos depresentativos, sino al logro de los aprendizajes de sus estudiantes.

Los nuevos tiempos han traído consigo una serie de cambios significativos en el ámbito educativo, incluyendo la actualización de los Libros de Texto y de los Planes y Programas de estudio. Sin embargo, un aspecto que ha recibido menos atención por parte de la sociedad pero que es fundamental para el éxito de la conducción de las instituciones educativas, es lo que tiene que ver con la gestión escolar. Se subraya la importancia de liderar y organizar de manera efectiva el colectivo docente y los recursos disponibles, con el fin de enfrentar los desafíos cotidianos y mejorar los resultados de aprendizaje de estudiantes.

La gestión escolar, según se define en los nuevos documentos oficiales, no es simplemente una tarea administrativa. Se trata de un proceso continuo y sistemático que implica diseñar y ejecutar diversas acciones de forma coordinada, acompañar su desarrollo, y monitorear su progreso con la participación activa de toda la comunidad educativa. Esto requiere una comprensión profunda de las dinámicas de funcionamiento de la escuela para asegurar que la gestión sea relevante y efectiva en su contexto específico.

Para lograr que «las cosas sucedan» en este nuevo rol, se sugieren una serie de estrategias prácticas: conocer en profundidad las formas de organización de la escuela, gestionar la mejora de las prácticas docentes, promover un ambiente de trabajo que favorezca la enseñanza y el aprendizaje, reflexionar sobre la propia práctica para identificar áreas de mejora, incentivar el apoyo y la retroalimentación entre docentes, acompañar el trabajo pedagógico, diseñar actividades que resalten la importancia de los aprendizajes de los estudiantes, y fomentar la participación de las familias en el proceso educativo.

El nuevo enfoque destaca por su énfasis en la colaboración, la reflexión continua y la participación comunitaria. Se reconoce que el liderazgo directivo no solo es crucial para la implementación efectiva de las políticas educativas, sino también para la creación de un entorno de aprendizaje en el que todos sus estudiantes puedan prosperar. Al centrar sus objetivos en el desarrollo de acciones que promueven y fortalecen el aprendizaje, se busca transformar la educación desde sus cimientos, asegurando que sea inclusiva, equitativa y de una mejora continua.

Así, el trabajo directivo es un componente esencial en la búsqueda de una mejor educación. La apuesta es integrar a la comunidad educativa en su conjunto, vinclularla con la realidad institucional, demostrando que el éxito educativo depende tanto de la calidad de la enseñanza y el aprendizaje en el aula, como de la gestión y liderazgo que los hacen posibles. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

Docente de la Universidad Regional del Norte

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Maestra, madre, alumna, directora… Mujer

“No soy libre mientras cualquier mujer sea esclava, incluso cuando sus cadenas sean muy diferentes a las mías”. Audre Lorde

El 8 de marzo, día en que se conmemora (que no festeja) el Día Internacional de la Mujer, nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre los múltiples roles que las mujeres desempeñan en la educación y cómo, a través de estos, contribuyen significativamente al desarrollo de una sociedad más igualitaria y justa. En este ámbito, las mujeres asumen una variedad de responsabilidades como madres, trabajadoras, docentes, directivas, supervisoras, asesoras técnico pedagógicas, funcionarias, alumnas, entre otras, todas las cuales son esenciales para el avance educativo y social.

Las mujeres en la educación son pilares fundamentales que sostienen y fomentan el crecimiento intelectual y emocional de las generaciones futuras. Como docentes y educadoras, modelan valores, inspiran curiosidad y fomentan un pensamiento crítico que desafía las normas y estereotipos de género arraigados. Su influencia va más allá del aula; es una fuerza transformadora que puede cambiar percepciones, actitudes y estructuras sociales.

Sin embargo, a pesar de su papel crucial, las mujeres en la educación enfrentan desafíos ancestrales que limitan su potencial y menoscaban su contribución. La brecha de género en posiciones, desigualdad, y la violencia de género son barreras persistentes que impiden que las mujeres alcancen su pleno potencial en el sector educativo. Estos obstáculos no solo afectan a las mujeres individualmente, sino que también tienen un impacto negativo en la calidad de la educación y en el desarrollo social en general.

La superación de estos retos requiere un enfoque multifacético que incluya políticas públicas inclusivas, programas de apoyo, y una reevaluación constante de las prácticas y estructuras institucionales para garantizar que promuevan la igualdad. Es imperativo que se reconozca y valore el trabajo de las mujeres en la educación, no solo como un derecho fundamental, sino como una necesidad crítica para el avance de nuestras sociedades.

Además, es fundamental abordar y desmantelar los estereotipos de género que limitan las oportunidades educativas y profesionales para las mujeres y las niñas. La educación debe ser una herramienta de empoderamiento que permita a todas las personas, independientemente de su género, explorar y desarrollar sus capacidades plenamente. Esto implica revisar los currículos, promover modelos a seguir que desafíen las normas de género y fomentar un ambiente de aprendizaje inclusivo y respetuoso.

El avance hacia una sociedad más igualitaria se logra no solo reconociendo los desafíos que enfrentan las mujeres en la educación, sino también celebrando sus logros y contribuciones. Es esencial alentar y apoyar la participación activa de las mujeres en todos los niveles del sistema educativo, desde el aula hasta las posiciones de toma de decisiones.

Así, mientras conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, reflexionemos sobre el papel vital que juegan las mujeres en la educación y reconozcamos que la igualdad en este sector no es solo un objetivo en sí mismo, sino también un medio indispensable para construir sociedades más justas, inclusivas y prósperas. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Un entorno para los aprendizajes

«Los mejores entornos de aprendizaje permiten a las personas explorar y descubrir sus pasiones y fortalezas”. Ken Robinson

El desarrollo de los aprendizajes esperados en niñas, niños y adolescentes es un proceso complejo que requiere una planificación cuidadosa y una estructura que permita abordar los desafíos educativos de manera efectiva. El programa analítico por escuela representa un marco estructural esencial en este sentido.

La importancia de este programa radica en su capacidad de ajustarse a las necesidades y contextos específicos de cada centro educativo. Al tomar en cuenta las condiciones académicas únicas y las realidades socioeducativas de los estudiantes, los docentes pueden diseñar estrategias de enseñanza más personalizadas y efectivas. Esto es crucial ya que la educación no es un proceso de talla única, y lo que funciona en una escuela puede no ser aplicable en otra.

El programa analítico por escuela favorece el logro académico al permitir que los docentes identifiquen y jerarquicen los problemas y situaciones específicas a abordar. Al trabajar a través de planes contextualizados y basados en proyectos, los estudiantes pueden involucrarse en su aprendizaje de una manera significativa, aplicando sus conocimientos a situaciones reales y pertinentes a su entorno. Esto no solo mejora la retención de la información, sino que también desarrolla habilidades críticas de pensamiento y resolución de problemas.

Además, la formulación del programa analítico permite la integración de diferentes métodos y enfoques pedagógicos, asegurando que los ejes curriculares sean abordados de manera integrada y coherente. Esto ayuda a construir una experiencia educativa continua y consolidada que refuerza los aprendizajes y facilita la comprensión holística de los temas tratados.

La evaluación formativa es otro aspecto beneficiado por este enfoque. Al alinearse con un programa que es específico para la escuela y sus estudiantes, los métodos de evaluación pueden ser más directamente relevantes para los objetivos de aprendizaje, proporcionando retroalimentación más precisa y útil tanto para estudiantes como para personal docente y directivo.

Así, la conformación de un marco estructural a través del programa analítico por escuela es un paso fundamental hacia la mejora de la calidad educativa. Permite a docentes ser más ágiles y receptivos a las necesidades de sus estudiantes y garantiza que la educación sea relevante, aplicable y profundamente arraigada en el contexto socioeducativo en el que se imparte. Por otra parte, permite al personal directivo tener mayores elementos de conocimiento para orientar los esfuerzos de gestión en pro de las necesidades reales detectadas tanto al interior de las aulas de su centro escolar, como de las necesidades desde la propia comunidad, que es la realidad de sus estudiantes. En última instancia, esto puede aumentar significativamente el logro académico y equipar a las niñas, niños y adolescentes con las habilidades y conocimientos necesarios para tener éxito en sus futuros académicos y profesionales. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com