A votar

El próximo domingo 6 de junio se habrá de celebrar la más grande jornada electoral de la historia de nuestro país. En una elección por demás importante, se renovarán casi 20 mil puestos de los diferentes niveles de gobierno, por lo que el salir a votar se convierte en un hecho histórico y fundamental para decidir o no por la consolidación de nuestra joven democracia.

En un proceso insólito en el que se habrá de renovar la Cámara de Diputados del Honorable Congreso de la Unión, las gubernaturas de Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas, los Congresos Locales de todo el país (salvo Coahuila y Quintana Roo), los ayuntamientos y alcaldías de 30 entidades (Menos Durango e Hidalgo), además de otros cargos (Juntas Municipales en Campeche, Sindicaturas en Chihuahua, Regidurías en Nayarit y Presidencias de Comunidad en Tlaxcala) que sin duda habrán de definir el rumbo que habrá de tener nuestro país para las próximas décadas.

En este sentido y por la importancia que este proceso tiene, resulta fundamental votar y animar a hacerlo, debido a que las acciones que se emprendan por parte de los tres niveles de gobierno tendrán efectos directos sobre todos y cada una de las personas que vivimos en México.

Por ello, no esté demás asegurar que, a pesar del momento que vivimos por la emergencia de la pandemia por la COVID-19, se habrán de tomar las medidas sanitarias y de logística suficientes y necesarias para garantizar -con su apoyo- que no habrá mayores problemas, por lo que no está demás recurrir y reiterar las apreciaciones y sugerencias que han dado las autoridades electorales para este próximo domingo.

Se han tomado las previsiones necesarias para asegurar que habrá desinfección frecuente de superficies al interior de las casillas; se colocarán carteles informativos sobre dichas medidas; se habrá de aplicar gel antibacterial al ingreso a la casilla; resulta obligatorio el uso de cubrebocas; habrá una toalla sanitizante para limpiar los espacios de contacto; se promoverá la sana distancia entre quienes estén permanentemente al interior de la casilla, a quienes se les dotará de cubrebocas y careta; se hará limpieza al menos cada tres horas; sólo se permitirán dos votantes simultáneos por casilla; las y los electores podrán llevar su propio marcador o bolígrafo y se retirarán las cortinillas de la mampara de votación.

Por lo anterior, resulta importante saber que no se trata de una elección más, que se hace necesario y urgente hacer un llamado a tomar el futuro del país en nuestras manos, a salir a ejercer nuestro derecho al voto y decidir entre las diferentes opciones que se nos han presentado y tomar la decisión, ya que después puede ser muy tarde para arrepentirse de no haberlo hecho.

Cada voto cuenta, y en esta elección representa aquello sobre lo que habremos de dar cuentas a las generaciones que vienen sobre lo que hicimos o dejamos de hacer por el bien de nuestro país. No lo dudes… Vota…

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

manuelnavarrow@gmail.com

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Las cifras de la desigualdad

Las condiciones bajo las cuales se llevan a cabo las actividades educativas han demostrado en este tiempo de emergencia sanitaria, que no solamente han sido injustas, sino que han dejado ver y han incrementado las brechas sociales y económicas que nuestro país presenta de hace al menos 30 años.

La urgencia por el regreso a clases luego de que el sector magisterial sea vacunado no se encuentra solamente en la idea romántica de volver a las aulas luego de más de un año de que se han cerrado las instalaciones físicas de los centros escolares, sino en los más de 3 millones de estudiantes de educación básica que este año no se inscribieron al presente ciclo escolar por diversas razones, principalmente las relacionadas al ámbito económico.

De acuerdo con la Encuesta para la medición del Impacto Covid-19 (ECOVID-ED) 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las inequidades que se presentan en el sistema educativo trascienden a las que pueden tener que ver con el conocimiento, que es lo que corresponde a la escuela, sino que abarcan aspectos por demás injustos y que se encuentran en el campo de la inequidad de un sistema económico excluyente.

En este sentido, el derecho a la educación consagrado en la Constitución se ha visto mermado en millones de niñas, niños y adolescentes (NNA) que verán la repercusión de ello en sus vidas y nuestra sociedad habrá de recibir sus efectos en el corto, mediano y largo plazos a manera de las diferentes violencias que han sido normalizadas en los últimos años.

De acuerdo con la ECOVID-ED, el 35% de quienes se ausentaron del sistema educativo nacional, fue por falta de recursos económicos para poder pagar un servicio de internet que les permitiera el acceso a seguir estudiando, mientras que un 26% carecía de un equipo de cómputo o televisión en su hogar para seguir las clases en línea. La situación fue grave para 210 mil NNA, para quienes no fue accesible el horario de las clases, 180 mil no contaban con una persona mayor que les apoyara en sus clases en línea, mientras que 150 mil no contaron con información, menos con el apoyo para saber como ingresar a las clases en esta modalidad.

La situación para quienes si tuvieron alguna manera de tomar clases en línea no fue una luna de miel, pues el estudio reporta, además, que más 7 de cada 10 lo hicieron desde un teléfono celular, 5 de cada 10 no ha tenido alguien mayor que les acompañe en sus actividades y trabajos escolares, mientras que la mitad de los hogares reportaron problemas para poder avanzar en las clases, lo cual incluye la capacidad económica, la falta de infraestructura tecnológica así como la falta de materiales para el seguimiento adecuado del aprendizaje.

La situación de quienes históricamente han sido vulnerados se agravó a partir de las condiciones generadas por la pandemia, refleja la gravedad de la situación de una situación económica de la más grave crisis de los últimos 100 años en el mundo, pero, sobre todo, refiere el tamaño del reto para los tiempos que vienen.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Los retos que vienen

Poco a poco, de manera paulatina, el mundo empieza a retomar muchas de sus actividades que antes de la pandemia se consideraban como normales, ahora con elementos de la llamada nueva normalidad, incluidas por supuesto las educativas.

A pesar de que en el mundo más de 1500  millones de estudiantes (nueve de cada diez) resultaron afectados por el cierre de las instalaciones físicas de las escuelas y estuvieron a expensas de otro tipo de esfuerzos para hacer llegar la educación, como es el caso del uso de medios tecnológicos como es el caso de la red de internet con las plataformas digitales, además de las redes sociales, la televisión, el apoyo de cuadernillos de apoyo entre otros, el promedio de cierre de escuelas fue, de acuerdo con la UNESCO, de apenas 17.4 semanas (158 días) de cierre de sus instalaciones. En la Unión Europea (UE), casi ningún país cerró sus escuelas por más de 35 semanas. A manera de ejemplo, Alemania cerró 28, España 15, Italia 35 y Francia 10.

Como tal, nuestro país, al igual que las naciones de América Latina, fueron de los más afectados considerando el tiempo en que las escuelas estuvieron parcialmente cerradas, lo cual rebasó el año en que permanecieron cerradas a la convivencia y clases presenciales.

Muchos son los retos que se presentan ante un eventual regreso a las actividades escolares, tomando como ejemplo la enorme cantidad de escuelas vandalizadas, el equipamiento de las escuelas con material suficiente para la higiene y seguridad de la comunidad educativa, el reto de quienes enfrentan mayores obstáculos como lo son las comunidades más alejadas, la educación especial, así como los pueblos y comunidades originarias.

En este sentido, la pandemia y la educación que se emprendió bajo diferentes modalidades, nos dejaron diversas problemáticas luego de este tiempo de emergencia sanitaria, como es el caso del incremento de la trata de menores, la noticia de que más de 800 mil niñas y niños trabajan y, de acuerdo con un estudio que llevaron a cabo El British Council junto a Fundación Varkey realizada en el 2020, que incluye 11 países, 5218 docentes encuestados y 63 voces expertas.

En dicho estudio sobresalen, en sus principales resultados aspectos sobre infraestructura, conectividad y recursos, estrategias pedagógicas y desarrollo profesional docente, gestión escolar, currículum y evaluación, los actores de la comunidad educativa entre otros, siendo el comñun denominador la falta de previsión de las diferentes entidades gubernamentales para enfrentar una problemática como la que enfrentamos que concluye con que “Como resultado de más de un año de confusión y cambios en la educación tal como la conocemos, ha habido una prisa sin precedentes por improvisar y generar soluciones a un nuevo mundo de problemas”, lo que nos debe de impulsar a hacer un esfuerzo adicional por integrar los aprendizajes generados en este tiempo para favorecer, y sobre todo para proteger a los diferentes actores del sistema educativo nacional.

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El peso de la pandemia

Conforme suceden acontecimientos importantes en la sociedad, se llevan a cabo diferentes instrumentos que dan cuenta de los efectos que éstos tienen en nuestra vida, máxime en situaciones como lo es la emergencia sanitaria, en donde nadie puede tener duda con respecto a la importancia e impacto en nuestras vidas. 

En este sentido, de los diferentes instrumentos que han tomado percepción de nuestra realidad en este tiempo, hay dos en especial que han llamado poderosamente mi atención, las cuales ponen el foco en la educación y en los esfuerzos que se han desarrollado desde el hogar, tomando en consideración el nuevo rol que han tomado las familias en el marco de la propuesta mayoritaria que se ha implementado para llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje tomando como eje el apoyo de la red de internet y en donde se necesita un respaldo por demás importante en casa para favorecer los aprendizajes.

En ambas encuestas, se hace evidente algo que se dice desde la voz de la experiencia, sin embargo, ambas dejan en claro que el mayor peso, independientemente del grado que se trate en educación básica, lo ha tenido la mujer.

La primera, que se llevó a cabo en Alemania, España, Francia, México, Nigeria, Reino Unido y Tailandia, se denominó On the frontline: the global economic impact of Covid -19, desarrollada en conjunto por el grupo AXA y el grupo Ipsos, la cual coloca a nuestro país como el que más presión han tenido las mujeres a partir de la pandemia, en donde se señala que más de la mitad de las mujeres en nuestro país han tenido que cuidar a otros (niñas, niños, adolescentes, jóvenes, enfermos, adultos mayores, etc.) durante la emergencia sanitaria, lo que ha repercutido fuertemente en su salud mental. 

La otra encuesta que aborda datos importantes al respecto, es la del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), la cual señaló la semana pasada, que las mujeres no solo tienen una múltiple jornada entre el hogar y su trabajo, sino que son quienes asumieron la tarea de guiar las actividades en lo que corresponde al hogar en el proceso de enseñanza – aprendizaje escolar.

De acuerdo con este último instrumento, de acuerdo con la distribución porcentual de la población de 3 a 29 años inscrita en el presente ciclo escolar que recibe apoyo en sus actividades escolares o tareas según el nivel de escolaridad es la figura materna quien hace fuerte las tareas de aprendizaje de sus hijos e hijas siendo en preescolar, la madre (88.4) y el padre (5.9%), para el caso de la educación primaria, la madre (77.0%) y el padre (7.9%) y en secundaria, la madre (60.2%) y el padre (10,2%).

Es clara la diferencia abismal que existe en la sociedad con respecto al peso que significa la figura materna en los tiempos de crisis sanitaria que vivimos, los cuales, como en el caso de las maestras que son a la vez madres de familia, especialmente quienes son educadoras y el día de ayer se celebró su día y felicito, a quienes se les ha multiplicado el trabajo en el hogar y en la escuela, en donde se deja claro que se requiere de políticas públicas con perspectiva de género y de fortalecimiento de la salud mental para atender las problemáticas que, de no atenderse, veremos sus consecuencias en el corto, mediano y largo plazos.

El autor es miembro de la Asociación Estatal de Editorialistas

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La nueva realidad educativa

A partir de que la emergencia sanitaria empezó a mostrar el impacto de su paso en los diferentes sectores de nuestra sociedad, los números que tienen que ver con la generación de aspectos que tienen que ver con nuestra vida diaria han ido aumentando de manera aparentemente lenta, pero también imperceptiblemente rápido, dada la trascendencia que tendrán para las siguientes generaciones.

La nueva realidad ha sido brutal; de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la única economía en el mundo que no está en recesión es la China, que apenas ha crecido un 2.3%, de ahí en fuera, las economías han caído en recesión hasta en un 70%, lo que se anticipa, traerá consecuencias importantes para la sociedad contemporánea. 

De esta manera, la economía, en el turismo, en la alimentación, en las ciudades, en el desempleo, en la igualdad de género, en la salud mental, en el incremento de las brechas sociales, en el dolor provocado en las familias sin algún integrante, en la migración, en la incertidumbre y por supuesto, en la educación los efectos se dejan ver a simple vista.

El impacto en los factores asociados a la realidad educativa es muy fuerte. Para el caso de nuestro país uno de los más importantes ha sido el abandono del sistema educativo de más de 5.2 millones de estudiantes de entre 3 y 29 años, de los cuales 2.3 millones desertaron por causas atribuibles a la pandemia, mientras que 2.9 millones dejaron de asistir por falta de recursos económicos, de acuerdo con los datos que arrojó la Encuesta para la Medición del Impacto Covid-19 en la Educación (ECOVID-ED) 2020 del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

De acuerdo con este instrumento estadístico, el impacto ha sido muy importante en los niveles educativos, pues, de acuerdo con la distribución porcentual, los motivos asociados a la emergencia sanitaria han sido: Un 94.7% en preescolar, 73.2% en primaria, 57.7% en secundaria, 35.9% en media superior y un 44.6% en la educación superior.

Así, el reto para el sector educativo es mayúsculo en el corto plazo, pues para el regreso a las aulas, se necesita no solo la vacunación masiva de la comunidad educativa como ya ha sido anunciado, sino de la reparación de los planteles educativos, cuya cifra ronda, de acuerdo con cifras conservadoras, los 1,600 millones de pesos, además de los recursos necesarios para la dotación de infraestructura básica sanitaria, como el equipamiento de factores básicos de higiene como sanitarios y agua potable del cual aun carece un número muy importante de escuelas en nuestro país.

Es una gran realidad el que se hace necesario el regreso a las aulas, aún más en las regiones y con los sectores más desprotegidos, pero para que ello suceda, es necesario coordinar los esfuerzos de los diferentes niveles de gobierno y del sector privado para garantizar la salud de personal docente, administrativo y estudiantes, pero más que todo, que ello no impacte en sus familias.

El autor es miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Hacia un semáforo educativo

Se ha cumplido un año desde que la emergencia sanitaria provocó el cierre de los centros educativos no solo en México, sino en la mayor parte del mundo, y, en un tiempo de inestabilidad de dos oleadas de rebrotes de la pandemia y en donde nos encontramos a la puerta de una tercera bien vale la pena tener las debidas precauciones a la hora de pensar en abrir de nueva cuenta los centros educativos.

Es claro que existen fuerte presiones para la apertura física de los centros educativos, en principio, por los alarmantes datos sobre la gran cantidad de estudiantes que el sistema educativo ha “perdido” a partir de la utilización de métodos alternativos como es la radio, la televisión, el internet o el uso de cuadernillos como mecanismos de apoyo para buscar avanzar aun y en la emergencia en que nos encontramos.

Asimismo, las presiones de los centros educativos particulares, provocados por las consecuencias económicas que han sufrido, así como la masiva migración a las escuelas públicas prácticamente en todos los niveles. 

Por otra parte, la exigencia de organizaciones como es el caso de Mexicanos Primero, quienes urgen a la Secretaría de Educación Pública a regresar a las aulas sin importar el semáforo, lo cual ha generado una inusitada movilización de entidades para explorar opciones, como es el caso de Querétaro y San Luis Potosí, quienes exploran reanudar clases aun en amarillo.

A pesar de lo anterior, resulta conveniente pensar en la implicación por sí misma que tendría que estudiantes regresaran a la escuela, es decir, más de 26 millones de estudiantes, que no acuden solos, sino que generan una movilización mayor por las personas que les llevan.

Es por ello, que se tiene que explorar alternativas que vayan más acorde a un nivel de decisión prácticamente del centro escolar, pues existen múltiples regiones a nivel micro, en donde las estadísticas de la emergencia sanitaria son ya prácticamente superadas y que por la cantidad de habitantes en dichas poblaciones, puede generarse un “semáforo educativo” que sea alterno al del sistema de salud y que permita un eventual retorno a las aulas y ello, además, podría darse en las zonas más alejadas, que son precisamente, las que más se han visto afectadas por la lejanía geográfica y la falta de acceso a medios digitales.

Sin embargo, la exigencia de los cuidados sanitarios, así como la vacunación del personal magisterial debe de ser una prioridad, pues no es casual que países como Chile, Estados Unidos, Alemania y Portugal, han hecho caso a la UNICEF, en su recomendación de una vacunación prioritaria a los maestros para que se pueda dar un retorno a las aulas, lo cual debe de ser tomado muy en cuenta en nuestro país.

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A un año…

Esta semana que viene, se habrá de cumplir un año de que se anunció el cierre físico de los centros escolares de prácticamente todos los niveles educativos en nuestro país, el cual se sumó a casi todas las naciones, en donde más de 1500 millones de estudiantes, es decir, nueve de cada diez en el mundo tuvieron que dejar la escuela y buscar otra manera de continuar sus estudios. 

A ese tiempo de distancia, se constituye en un excelente momento para valorar lo realizado, en los diversos órdenes, específicamente, por el tema de esta columna, con lo que tiene que ver con la educación. 

En aquel momento, todo parecía que se repetía solamente aquella breve experiencia cuando, precisamente un 17 de marzo pero de 2009 llegaba a nuestro país el virus de la influenza A(H1N1) y se cerraron las escuelas del 23 de abril al 11 de mayo de aquel año, sin embargo, la realidad fue mucho más fuerte de lo que se esperaba, y, a un año de distancia nuestros centros educativos continúan cerrados, no así el trabajo del personal que los integra y que sigue adelante, con esfuerzo, dedicación y no pocas dificultades para enfrentar la emergencia con sus propios recursos.

A un año de distancia el costo ha sido muy fuerte en muchos sentidos, la línea que ha trazado la incertidumbre como categoría de análisis transversal en toda la sociedad, ha estado permanentemente marcado por la muerte, el dolor, la angustia, la tristeza y la distancia que se ha interpuesto como elemento clave para entender el verdadero papel de la escuela como espacio de socialización y construcción colectiva de sociedad.

Otro aspecto fundamental, es entender que ningún esfuerzo desarrollado por la iniciativa de organizaciones particulares o gubernamentales, hubiera siquiera pensarse si no es con la colaboración siempre proactiva del magisterio en su conjunto, no solamente porque el personal docente fue capaz de enfrentar con sus propios recursos como es la señal de internet, la electricidad, sus equipos informáticos, etc., sino que la capacitación que durante más de 30 años jamás se dio por parte de las instancias oficiales, fue tomado con la seriedad que corresponde para ponerse en la línea de trabajo, en el frente, asumiendo su propia capacitación.

Por supuesto ningún análisis estaría completo sin el apoyo y participación en esta nueva etapa por parte de los padres y madres de familia que han apoyado el proceso de la mejor manera posible. Es claro que existen muchas niñas, niños, adolescentes y jóvenes que carecen de este apoyo y a quienes el sistema les ha negado el derecho a la educación, en un número que fácilmente supera los tres millones de estudiantes y que deben de convertirse en la principal preocupación y ocupación de los esfuerzos en el corto plazos, pues dicha cifra, tan solo con preguntarle a cualquier docente de la periferia o del medio rural, sabrá que es. Mucho mayor el impacto, por las lamentables condiciones de conectividad, de pobreza, de cultura digital y por supuesto en algunos casos, del capital cultural de las familias.

Es grave el problema que enfrentamos a un año de distancia, pero solamente con políticas públicas que estén orientadas a su solución podremos ver resultados que mitiguen las problemáticas que ahora nos aquejan.

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Juventud y educación superior

Esta semana participé como coordinador del seminario “La Calidad de la educación superior: caracterización, análisis y dimensiones”, invitado en el marco de la Escuela Internacional de Verano por parte de la Facultad de Administración Pública de la Universidad de Panamá, en donde tuve la oportunidad de conversar con catedráticos no solo de la Universidad anfitriona, sino de otras facultades y universidades, tanto públicas como privadas, lo cual no solo ha resultado interesante, sino muy enriquecedor por las experiencias compartidas.

Tuve la fortuna de conocer esta Universidad cuando formaba parte del Comité Ejecutivo de la Red de Liderazgo de la UNESCO que coordinaba mi estupendo amigo de Chile Alfredo Rojas Figueroa junto con personas de El Salvador, Argentina, Nicaragua y un servidor por parte de México, que a la postre pude, como director de la Escuela Normal Superior de Chihuahua, firmar un convenio de colaboración con dicha institución y desde entonces conservo un especial aprecio por esas tierras centroamericanas.

Debido a las diferentes temáticas que tienen que ver con el seminario, sin duda alguna se deben de tocar aspectos que tienen que ver no solamente con el tema universitario, sino que se relacionan con la vida social, cultural, política y económica del país. En este sentido, parte de las reflexiones vertidas, tienen que ver con la forma en que se ha desarrollado la Educación Superior y como ésta se tiene que adaptar a las condiciones del entorno que, siempre cambiante, no siempre es posible seguir con la misma velocidad con la que ocurren los acontecimientos, descubrimientos y opciones de desarrollo en el país.

Otro aspecto relevante, tiene que ver con la formación docente y las competencias que se deben de desarrollar en el marco de la búsqueda de una mejor educación para una mejor formación profesional de sus estudiantes, lo cual siempre se ve obstaculizado por las grandes problemáticas que vive este importante sector de la educación nacional.

En este sentido, algunos de los aspectos que considero compartimos como problemática, tiene que ver con la ya histórica tendencia de los últimos años en que se ha dado una reducción de los recursos económicos que les son asignados, que, en el caso particular de nuestro país, se ve presionado, además,  por las constantes exigencias que se hacen a las Instituciones de Educación Superior en lo general y al personal docente en lo particular, de titánicas y burocráticas tareas que les llevan a descuidar lo que realmente importa que es la docencia, la investigación y la extensión universitaria.

Por las presiones internacionales, por la emergencia sanitaria, así como la tendencia a exigir más con menos, quienes al final resultan perjudicados, son los y las jóvenes universitarias quienes deberían de ser el centro de la política de este importante nivel educativo.

Pasamos por una circunstancia realmente especial, en donde se ha buscado responder con herramientas virtuales de la mejor manera posible, sin embargo, las brechas sociales hoy nos dicen que hay una juventud que no está en la escuela, no porque no quiera, sino porque no cuenta con la posibilidad económica o tecnológica para seguir adelante en el camino del estudio que, puede ayudar en sus circunstancias de vida, tanto personal como familiar y profesional.

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Motivación docente

Existe, en derredor del fenómeno educativo, diferentes investigaciones que tienen que ver con las formas en que una escuela puede tener éxito, de esta manera, existe, como una de las características más importantes, que todas las actividades del centro escolar, tengan como centro del foco el aprendizaje de sus estudiantes.

En este sentido, se ha encontrado también, que uno de los factores más importantes para que se dé el aprendizaje, es que la niña o el niño vaya con gusto, que exista un clima emocional que permita que fluya de una mejor manera dichos procesos.

Es por ello, que uno de los factores en los que no solo el sistema educativo en su conjunto, sino la sociedad en pleno debe de poner especial atención, es en la salud emocional y la motivación de las y los docentes, máxime ahora en un tiempo en el que el cansancio y el agobio hacen de las suyas en el marco de la emergencia sanitaria en el que mucho se han complicado las circunstancias con estudiantes y padres de familia.

A pesar de que se han desarrollado investigaciones respecto a la motivación de estudiantes, en realidad es muy poca la investigación que existe sobre la motivación o la ausencia de ella de las y los docentes, por lo que investigando, me encontré con una tesis doctoral de la Universidad de Essex, que pertenece a Lorena Gadella Kamstra denominada “Analysis of EFL teachers’ (de)motivation and awareness in Spain” que, traducido al español, es “Análisis de la (des) motivación de los profesores de EFL y sensibilización en España”, la cual trata precisamente aquellos factores que demeritan la motivación docente y que debemos de tener muy en cuenta.

Aspectos como el seguir aprendiendo, encontrar maneras para resolver los problemas en el aula, la oportunidad de mostrar acciones altruistas, desinteresadas o de ayuda a sus estudiantes, la buena interacción son algunos de los aspectos que se mencionan como centrales para la motivación docente

Por otra parte, factores como el comportamiento disruptivo de sus estudiantes, su falta de progreso, la falta de interés en el trabajo colaborativo de éstos, son aspectos que, al contrario, desmotivan su trabajo. 

Sin embargo, algo que sin duda es central en lo que está pasando, tiene que ver con la excesiva carga laboral, la falta de apoyo y los problemas con la tecnología, aspectos que dejan ver un magisterio cansado, buscando soluciones que, en aspectos prácticos, deberían de traducirse en no pedirle los excesivos informes que recurrentemente se le solicita, la falta de un proceso de capacitación acorde a sus necesidades y, sobre todo, la carga de llevar a cuestas la responsabilidad de completar un curriculum, que solamente a nuestras autoridades se les puede ocurrir que deba de privilegiarse por encima de aprovechar el momento, para generar espacios de reflexión en torno a lo que está pasando y que debiera de ser una prioridad permanente para la salud emocional de las y los docentes.

Aun falta mucho por recorrer, pero si centramos los esfuerzos en hacer más sencilla la vida de quienes tienen la responsabilidad al frente de un grupo, podremos avanzar más rápido hacia el futuro que deseamos para las nuevas generaciones y, por supuesto, para el beneficio de nuestra sociedad.

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Prioridad en la emergencia

Existe, en derredor de la emergencia sanitaria, una numeralia por demás impresionante que ha dejado a su paso, una estela de dolor, muerte e incertidumbre en todo el mundo, dejando ver, entre otras cosas, la situación lamentable en que se encuentran los sistemas de salud luego de más de treinta años de un neoliberalismo voraz.

De acuerdo con el Centro de Recursos para el seguimiento del coronavirus de la Universidad Johns Hopkins, a la fecha de escribir este artículo, el mundo supera los dos millones cien mis muertes, de los cuales nuestro país llega ya a los ciento cincuenta mil fallecidos, espacio en donde es cada vez más evidente la cercanía en familiares, amigos y conocidos que han pasado por sus efectos nocivos.

En el ámbito educativo, los problemas parecen tener varias aristas, por una parte, el dolor que provoca el efecto directo en las familias de los más de 32 millones de estudiantes de todos los niveles y, específicamente en la educación básica, del millón 225 mil 341 docentes que viven día a día situaciones a las que se enfrentan para tratar de mitigar los efectos emocionales que impactan sin duda en el aprendizaje.

Hablando del dolor en el magisterio, la situación no ha sido menor, pues, de acuerdo con datos dados a conocer la semana pasada por parte del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), casi tres mil docentes han fallecido y más de 30 mil contagiados por el virus.

Por otra parte, los casi tres millones de estudiantes que han “desaparecido” de las aulas virtuales en el país, nos brindan la sensación de una lamentable realidad que sucumbe nuestro Sistema Educativo, la pandemia ha trastocado con mayor medida a quienes menos tienen, quienes además, pierden cualquier oportunidad de avanzar en cualquier sentido por el aislamiento que, si añadimos que el 10% de las niñas y niños tuvieron que trabajar, aumenta el grado del daño que se presenta en este segmento de la población.

En este sentido, con la llegada de la vacuna presenta una esperanza importante no solamente para la sociedad en pleno, sino para la educación en particular, de empezar a paliar los efectos nocivos de la pandemia que no solo se reducen a los efectos directos, sino a los colaterales que tienen un gran peso, sobre todo cuando pensamos en el futuro de la sociedad, de tal modo que resulta imprescindible que,  como está ocurriendo con las y los docentes de Campeche, una vez que estén dadas las condiciones sanitarias, de riesgo y epidemiológicas, se contemple al magisterio como un sector prioritario fundamental en el proceso que viene en el corto y mediano plazos.

Hoy más que nunca se requiere contar en el magisterio con las condiciones de seguridad mínimas si es que se visualiza en el corto o mediano plazo un eventual regreso a las aulas, y ello solo ocurrirá si se privilegia adecuadamente los esfuerzos para que ello ocurra en el marco de una certeza sanitaria para que se den dichas condiciones.

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