La metacognición

«Aprender sin pensar es esfuerzo perdido; pensar sin aprender es peligroso.» – Confucio

En ocasiones se piensa que todo el trabajo educativo que va inmerso en las tareas, las actividades en clase, exposiciones o el resto de los trabajos escolares, tiene que ver con aprender solamente los temas que vienen en el programa de estudio o en los libros de texto. Por supuesto que es mucho más que eso. 

El trabajo en la escuela es por demás importante, no se trata solamente de sumas, restas y aprender conceptos, sino de cómo esos términos pueden ser utilizados a lo largo de la vida de las niñas, niños y adolescentes en su desarrollo, como es el caso del desarrollo de una habilidad esencial para ello como lo es la metacognición.

La metacognición es la habilidad de pensar sobre nuestro propio pensamiento. Es como observar cómo aprendemos, cómo resolvemos problemas y cómo recordamos información. Esto nos ayuda a entender mejor qué métodos de estudio nos funcionan mejor y cómo podemos mejorar en aprender nuevas cosas. En otras palabras, es como ser el juez de nuestro propio proceso de aprendizaje.

En el ámbito educativo, esto no solo mejora los procesos de aprendizaje, sino que también tiene un impacto significativo en el desarrollo integral de la personalidad de estudiantes. La metacognición, es fundamental para que niños, niñas y adolescentes desarrollen una comprensión más profunda de sí mismos y de su entorno.

Al enfocarse de esta manera, las niñas, niños y adolescentes desarrollan un mayor autoconocimiento. Este proceso les permite identificar sus fortalezas y debilidades, lo que es esencial para la autoaceptación y sobre todo en la autoestima. 

Además, les ayuda a desarrollar estrategias de aprendizaje más efectivas. Al ser conscientes de cómo aprenden mejor, pueden adaptar su enfoque a diferentes tipos de tareas y contenidos, lo que les permite enfrentar desafíos académicos con mayor habilidad y confianza. Esta adaptabilidad es crucial no solo en la escuela, sino en toda la vida, ya que les enseña a manejar y adaptarse a diversas situaciones y problemas.

La promoción de la autorregulación es otro aspecto crucial de la metacognición. Al aprender a monitorear y controlar su propio proceso de aprendizaje, se vuelven más autónomos y responsables. Esto contribuye al desarrollo de una personalidad más independiente y resiliente, capaz de enfrentar desafíos y recuperarse de los contratiempos.

En el contexto educativo, la implementación de estrategias para fomentar la metacognición, como el modelado por el personal docente, preguntas reflexivas, diálogo abierto, autoevaluación y uso de cuadernos de aprendizaje, crea un ambiente que promueve el crecimiento personal y académico. Este tipo de prácticas educativas no solo mejora el rendimiento académico, sino que también fortalece las habilidades sociales y emocionales de estudiantes, como la empatía, la comunicación y la colaboración.

Por lo tanto, el desarrollo de habilidades metacognitivas en el entorno escolar es esencial no solo para el éxito académico, sino también para formar individuos competentes, conscientes y capaces de navegar con éxito tanto en sus vidas personales como profesionales. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social.

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¿Para qué sirve la escuela?

«La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma.»John Dewey

Más allá de lo que muchas personas pudieran pensar, en la mayoría de los centros educativos de hoy, el enfoque pedagógico ha evolucionado considerablemente, alejándose de la simple memorización -que no deja de ser importante- de fechas, nombres, fórmulas o datos. En su lugar, se ha dado prioridad a la formación de habilidades esenciales para la vida, conocidas como habilidades del pensamiento, que buscan preparar a las niñas, niños y adolescentes para los desafíos de un mundo en constante cambio. Lo que muchas veces no se visibiliza es el trabajo arduo y consciente que realizan las escuelas para integrar estas competencias en el aprendizaje diario, más allá del conocimiento académico tradicional.

Estas habilidades permiten a sus estudiantes enfrentar problemas complejos con mayor flexibilidad, creatividad y análisis crítico. En lugar de limitarse solamente a la memorización -que es necesaria para ciertos procesos y aspectos-, los docentes ahora orientan a sus estudiantes hacia una comprensión más profunda, enseñándoles a cuestionar, evaluar y resolver situaciones de la vida cotidiana mediante herramientas que les serán útiles a largo plazo. En este sentido, la educación no solo busca impartir conocimientos, sino también dotar a los jóvenes de las competencias necesarias para desenvolverse con éxito en contextos que requieren pensamiento crítico, resolución de problemas y capacidad de adaptación.

Además, el desarrollo de estas habilidades cognitivas está profundamente conectado con la vida diaria de los estudiantes. A través de la comprensión de conceptos abstractos, la mejora en la capacidad de comunicación, el análisis de fuentes y la resolución de conflictos, los alumnos se preparan no solo para aprobar exámenes -que es como se hacía antes-, sino para tomar decisiones informadas, trabajar colaborativamente y enfrentar desafíos personales y profesionales en el futuro.

Es esencial que como sociedad comprendamos que la labor docente en este sentido trasciende el aula. El fomento de la creatividad, el razonamiento crítico y la adaptabilidad no son solo objetivos pedagógicos, sino herramientas que les permitirán a sus estudiantes convertirse en ciudadanos capaces de enfrentar y transformar su entorno. Estos esfuerzos se llevan a cabo cada día en las aulas, aunque muchas veces no son completamente reconocidos. Sin embargo, su impacto en la vida de las futuras generaciones es incalculable, ya que son las bases que les permitirán desarrollarse en un mundo que exige cada vez más competencia, flexibilidad y conciencia social.

Así, la educación actual no solo está formando estudiantes que puedan superar una evaluación académica, sino individuos que tendrán la capacidad de adaptarse, liderar y aportar de manera significativa a la sociedad. Estas habilidades contemporáneas del pensamiento son, sin duda, uno de los mayores legados que la escuela de nuestro tiempo puede ofrecer a las niñas, niños y adolescentes, preparándoles para ser los arquitectos de un futuro mejor. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 
Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 
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Feliz día Directoras y Directores escolares

«El liderazgo escolar es el factor más importante para el éxito escolar. Los directores son los encargados de marcar el tono y la cultura de una escuela, lo que afecta directamente el aprendizaje de los estudiantes.»Michael Fullan

En el marco del Día de las Directoras y Directores Escolares, es fundamental reflexionar sobre el rol crucial que desempeñan en el sistema educativo. Su labor, muchas veces invisible para la sociedad, es el cimiento sobre el cual se sostiene el funcionamiento diario de las escuelas y, más allá de las tareas administrativas, su impacto directo en el desarrollo y bienestar de estudiantes, docentes y familias es invaluable. Sin embargo, este esfuerzo, que requiere liderazgo, compromiso, resiliencia y una visión estratégica, rara vez es reconocido con la importancia que merece.

Los directores y directoras escolares son los encargados de guiar y coordinar el trabajo de los docentes, asegurando que las estrategias pedagógicas se implementen de manera adecuada, fomentando un ambiente de aprendizaje propicio para que las niñas, niños y adolescentes puedan alcanzar su máximo potencial. No se limitan a gestionar horarios o presupuestos; son el alma de las escuelas, responsables de crear un clima escolar positivo y de fomentar la colaboración entre los diferentes miembros de la comunidad educativa. A través de su liderazgo, logran que las escuelas funcionen como un espacio seguro, inclusivo y dinámico, donde cada estudiante se sienta valorado y motivado.

A pesar de esta inmensa responsabilidad, la sociedad pocas veces es consciente de las múltiples facetas del trabajo de un director escolar. Se asume que su rol se limita a tareas administrativas, cuando en realidad su labor abarca mucho más: desde la gestión de conflictos, la mejora de la infraestructura, hasta la creación de una cultura escolar que promueva el respeto, la convivencia y el aprendizaje. Son ellos quienes, en muchos casos, deben buscar soluciones a problemas complejos, desde la falta de recursos hasta la atención de situaciones de vulnerabilidad social que afectan a los estudiantes. La capacidad de un director para gestionar estos desafíos es lo que marca la diferencia en el día a día de una escuela.

En tiempos de cambios rápidos y constantes en el sector educativo, los directores también son los encargados de liderar la transformación en sus instituciones, adaptando las políticas y metodologías educativas a las nuevas realidades. Sin embargo, esta capacidad para gestionar el cambio y para enfrentar los retos del presente y del futuro rara vez se valora en su justa medida. La sociedad muchas veces desconoce el nivel de dedicación que implica este rol, las largas horas de trabajo, la toma de decisiones difíciles y la presión constante por mejorar los resultados académicos y mantener un ambiente escolar positivo.

Es necesario que como sociedad reconozcamos y revaloremos el trabajo de las directoras y directores escolares. Su esfuerzo diario no solo tiene un impacto en el presente, sino que moldea el futuro de las generaciones que hoy se forman en las escuelas. Debemos entender que su liderazgo es esencial para el éxito de cualquier sistema educativo y que, sin su dedicación, sería imposible garantizar una educación de calidad. Honrar su labor no solo significa celebrar su día, sino también reconocer de manera constante la importancia de su papel en la formación integral de nuestros jóvenes.

El compromiso de las directoras y directores escolares es un reflejo de su profundo sentido de responsabilidad hacia la educación y el bienestar de sus comunidades. Por ello, debemos elevar su figura, darle visibilidad y, sobre todo, brindarles el apoyo que necesitan para seguir desempeñando este papel tan fundamental en la sociedad. Revalorizar su trabajo es un acto de justicia hacia quienes día a día trabajan incansablemente por el futuro de la educación en México. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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El diagnóstico socioeducativo

«Comprender el entorno en toda su complejidad es fundamental para la toma de decisiones informadas. Sin esta comprensión, cualquier intento de mejora educativa estará condenado a la superficialidad.» Edgar Morin

En el contexto actual de la educación, los centros educativos enfrentan la necesidad de adaptarse a las realidades específicas de sus comunidades para garantizar una enseñanza relevante y efectiva. Una herramienta fundamental para lograr este objetivo es el diagnóstico socioeducativo, un proceso voluntario que permite a los colectivos escolares comprender de manera integral las condiciones que impactan la enseñanza y el aprendizaje. Este diagnóstico no solo beneficia a las escuelas en su planificación y toma de decisiones, sino que también involucra a la sociedad en la tarea de mejorar la calidad educativa.

El diagnóstico socioeducativo es una evaluación comprensiva que examina múltiples aspectos de la realidad escolar, incluyendo factores académicos, sociales, culturales y organizativos. Este análisis detallado permite identificar tanto las barreras como las oportunidades que afectan el desarrollo educativo de los estudiantes. En lugar de aplicar soluciones generales o estandarizadas, el diagnóstico permite que las acciones educativas sean específicas y contextualizadas, atendiendo las particularidades de cada comunidad.

Para desarrollar un diagnóstico socioeducativo efectivo, el primer paso es la identificación de ámbitos relevantes. Esto implica seleccionar las áreas clave que impactan la educación, como el ambiente académico, social y familiar. Al focalizar el análisis en estos aspectos, se puede tener una comprensión más profunda de los factores que influyen directamente en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Una vez identificadas las áreas clave, es crucial llevar a cabo un análisis exhaustivo de estos ámbitos. Este análisis se realiza a través de preguntas dirigidas que permiten profundizar en cada área seleccionada, obteniendo un entendimiento claro de las condiciones actuales del aula, la escuela y su comunidad. Es importante que este análisis sea riguroso y detallado para que las conclusiones que se extraigan sean útiles para la planificación educativa.

El siguiente paso en el diagnóstico es la recopilación de información. Aquí, se recogen datos específicos que validan percepciones y llenan vacíos de información. Esta fase puede incluir encuestas, entrevistas y el análisis de registros escolares. La información recopilada debe ser evaluada de manera crítica para identificar y priorizar las problemáticas que requieren intervención inmediata, así como aquellas que pueden servir para enriquecer los contenidos educativos y mejorar las prácticas docentes.

Finalmente, el diagnóstico culmina en la priorización de acciones. Una vez identificadas las problemáticas más relevantes, es esencial decidir cuáles se abordarán primero, basándose en su impacto potencial en el aprendizaje y bienestar de los estudiantes. Este enfoque estratégico asegura que los esfuerzos educativos estén alineados con las necesidades más urgentes de la comunidad escolar.

Los beneficios de realizar un diagnóstico socioeducativo son numerosos. No solo proporciona a los centros educativos una hoja de ruta clara para mejorar la calidad de la enseñanza, sino que también involucra a toda la comunidad en el proceso de mejora continua. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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¿Solo se la pasan jugando?

«El juego es la forma más alta de investigación.»Friedrich Froebel

En la educación infantil, particularmente en el preescolar y los primeros años de la primaria, el juego ocupa un lugar central en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, como sociedad, a menudo subestimamos el valor pedagógico del juego, reduciendo su importancia con expresiones como «solo se la pasan jugando». Esta percepción no solo es equivocada, sino que además ignora las múltiples y profundas finalidades que el juego tiene para el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños.

El juego es, en realidad, una de las formas más efectivas de aprendizaje en las primeras etapas de la vida escolar. A través del juego, los niños exploran el mundo que los rodea, experimentan con diferentes roles y situaciones, desarrollan habilidades motrices, y aprenden a interactuar con otros de manera constructiva. No se trata simplemente de «pasar el tiempo», sino de un proceso intencionado y cuidadosamente diseñado para fomentar el crecimiento integral de los niños.

Existen diferentes tipos de juegos que cumplen funciones específicas en el desarrollo de los niños. Por ejemplo, los juegos que implican manipulación de objetos permiten a los niños desarrollar habilidades motoras finas, comprender conceptos básicos de causa y efecto, y explorar la relación entre diferentes objetos. Estos juegos son fundamentales para el desarrollo de la coordinación y la percepción espacial, habilidades que son esenciales para el aprendizaje de la escritura, la lectura y las matemáticas.

Además, los juegos que implican la construcción de objetos o la resolución de problemas, como armar bloques o resolver rompecabezas, ayudan a los niños a desarrollar habilidades de pensamiento crítico y resolución de problemas. Estos juegos también fomentan la creatividad y la capacidad de los niños para planificar y ejecutar tareas, habilidades que serán esenciales a lo largo de su vida académica y personal.

El juego simbólico, en el cual los niños representan roles o situaciones de la vida real, les permite explorar y comprender el mundo que los rodea de manera profunda. A través de estos juegos, los niños no solo desarrollan su imaginación, sino que también aprenden a comprender y expresar emociones, a resolver conflictos, y a establecer y seguir reglas. Este tipo de juego es crucial para el desarrollo de la empatía y la inteligencia emocional, competencias que son fundamentales para el éxito en la vida social y académica.

Por todo lo anterior, es esencial que como sociedad reconozcamos y valoremos el papel del juego en la educación infantil. Lejos de ser una actividad trivial, el juego es un vehículo poderoso para el aprendizaje y el desarrollo integral de los niños. Ignorar su importancia o reducirlo a una mera actividad recreativa es privar a los niños de una de las herramientas más valiosas para su crecimiento y desarrollo. En lugar de desestimar el juego, debemos apoyarlo y promoverlo como una parte esencial del currículo escolar, asegurando que todos los niños tengan la oportunidad de aprender y crecer a través del juego. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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La evaluación diagnóstica

“La evaluación diagnóstica no es una herramienta para sancionar o clasificar, sino un proceso que permite al docente conocer el punto de partida de los estudiantes y ajustar la enseñanza para favorecer su aprendizaje” Neus Sanmartí

Desde fuera de las instituciones educativas, existe una notable brecha de conocimiento acerca de los múltiples procesos pedagógicos que se implementan dentro de las aulas. Uno de estos procesos fundamentales al inicio del ciclo escolar, es la evaluación diagnóstica, un mecanismo que a menudo pasa desapercibido, pero que resulta crucial para establecer las bases de aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.

Ésta no solo implica la revisión de conocimientos previos, sino que es un proceso integral que guía a docentes a ajustar sus estrategias pedagógicas de acuerdo con las necesidades individuales de cada estudiante. Primero, es necesario realizar un análisis reflexivo de las prácticas evaluativas actuales. Este análisis no solo permite identificar fortalezas y áreas de mejora en la enseñanza, sino que también invita a la prospección de cómo ajustar la evaluación diagnóstica para asegurar que la evaluación sea más pertinente y enfocada en los aprendizajes esperados.

Posteriormente, se argumenta sobre las características de los instrumentos de evaluación y cómo se deben utilizar de manera adecuada. En esta fase, se revisa la estructura de estos instrumentos y el uso de herramientas como las rúbricas, que permiten una evaluación más objetiva y detallada de los estudiantes y así evitar evaluaciones superficiales y asegurar que se valoren realmente las capacidades y habilidades que se buscan desarrollar en sus estudiantes.

Luego, se establecen rutas de trabajo que definen cómo se implementará la evaluación diagnóstica. Aquí, las decisiones técnicas y pedagógicas juegan un papel crucial, ya que no todas las instituciones educativas ni todos los grupos de estudiantes son iguales. Las rutas deben ser flexibles, adaptándose al contexto específico de cada comunidad educativa y garantizando que la evaluación sea accesible para todos los estudiantes, independientemente de sus circunstancias.

Un componente fundamental de este proceso es la creación de diagramas que visualicen los beneficios de la evaluación diagnóstica con un enfoque formativo. Estos diagramas permiten que los docentes no solo entiendan el proceso, sino que también reconozcan cómo las técnicas de observación y registro pueden proporcionar información invaluable sobre el desarrollo de los estudiantes. A partir de esta información, los docentes pueden realizar ajustes inmediatos a sus estrategias de enseñanza, promoviendo un entorno de aprendizaje más inclusivo y eficaz.

Asimismo, se llevan a cabo análisis detallados que permiten visualizar los hallazgos sobre el aprendizaje de sus estudiantes. En esta fase, se exploran las dimensiones de aprendizaje, el contexto y la enseñanza, lo que facilita la toma de decisiones más informadas. Este análisis no solo beneficia a docentes en su práctica diaria, sino que también permite diseñar intervenciones específicas que potencien el aprendizaje de sus estudiantes, buscando que ninguno quede rezagado. Finalmente, se comparten los hallazgos con las familias, lo cual fortalece la relación entre escuela y hogar. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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Programa Analítico o de Mejora Continua

«La planificación no es el resultado final, sino el inicio del proceso continuo de desarrollo y ajuste.» Henry Mintzberg

Para la socedad en general, o para quienes no conocen los procesos al interior de las instituciones educativas, pareciera que no existe un proceso de planificación al interior de estas, o que el personal directivo o docente, simplemente acude cada día a ir desarrollando lo que va surgiendo día a día. Nada más falso que ello. Existen procesos serios y complejos que implican una gran capacidad de analisis del entorno para integrarlo a los procesos internos institucionales.

En el contexto educativo actual, con la implementación de la Nueva Escuela Mexicana, es fundamental entender los roles y diferencias entre dos herramientas clave en la planeación y desarrollo escolar: el Programa de Mejora Continua y el Programa Analítico. Ambos programas, aunque complementarios, cumplen funciones distintas y están diseñados para abordar diferentes aspectos del proceso educativo en las escuelas de nivel básico.

El Programa de Mejora Continua se centra en la mejora integral de la institución. Su desarrollo es coordinado por un comité especializado y se basa en un diagnóstico socioeducativo que permite identificar las problemáticas prioritarias que afectan el entorno escolar. Este programa se enfoca en nueve rubros fundamentales que incluyen desde la infraestructura escolar hasta el desempeño académico y la formación docente, asegurando que cualquier aspecto relevante que pueda mejorar el servicio educativo sea atendido. Su enfoque es amplio y busca un impacto sostenido en el avance educativo a través de la mejora continua de las condiciones de la escuela.

Por otro lado, el Programa Analítico se enfoca en el proceso de enseñanza-aprendizaje, estructurando y organizando los contenidos educativos de manera adecuada. Este programa se elabora por ciclo escolar y se ajusta periódicamente en las sesiones del Consejo Técnico Escolar. El Programa Analítico se desarrolla en tres planos: un análisis inicial del contexto socioeducativo que permite una lectura de la realidad del entorno escolar, seguido por la contextualización de los contenidos, y finalmente, la formulación de la secuenciación y temporalidad de los mismos. Este enfoque asegura que los contenidos se adapten y respondan de manera precisa a las necesidades y realidades de sus estudiantes.

Es crucial que tanto la comunidad educativa como los padres de familia comprendan que, aunque ambos programas tienen objetivos distintos, se interrelacionan para garantizar un entorno escolar más equitativo y adaptado a las necesidades reales de la comunidad. El Programa de Mejora Continua actúa como un pilar fundamental para garantizar que las condiciones generales de la escuela estén alineadas, mientras que el Programa Analítico asegura que la enseñanza impartida sea pertinente y contextualizada.

Esta dualidad en los programas refleja la importancia de una gestión educativa que no solo se preocupa por los contenidos curriculares, sino también por el entorno global en el que estos se imparten, buscando siempre el mejoramiento constante, por lo que vale la pena reconocer el trabajo realizado en las instituciones educativas en el día a día. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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En este nuevo ciclo escolar…

“Cada niño merece un campeón: un adulto que nunca renuncie a ellos, que entienda el poder de la conexión y que insista en que se conviertan en lo mejor que pueden ser.” Rita Pierson

Queridos y queridas maestras, al iniciar este ciclo escolar 2024-2025, quiero dedicarles unas palabras que resuenen en sus corazones y en su espíritu. Ustedes son los arquitectos del futuro, los guías que con sus manos, mentes y corazones forjan el camino del aprendizaje para las generaciones que vienen.

Sé que han trabajado arduamente, que han dejado preparadas sus clases, que han planeado con detalle cada actividad y cada lección, pero también sé que han hecho mucho más. Han transformado sus aulas en espacios acogedores, han puesto su creatividad y sus propios recursos al servicio del bienestar de sus estudiantes, y han enfrentado la adversidad con valentía, siempre pensando en lo mejor para aquellos que están a su cargo.

A aquellos que hoy se levantan temprano y dejan atrás a sus familias para dirigirse a su escuela rural, los acompaña mi más profundo respeto. A quienes comienzan en un nuevo centro escolar, con la incertidumbre de lo desconocido pero con la firmeza de quien sabe que tiene algo valioso que ofrecer, les extiendo mi admiración. A quienes asumen nuevas responsabilidades, quizá con más actitud que experiencia, quiero recordarles que la confianza en su capacidad y en sus conocimientos es lo que hará la diferencia.

Cada uno de ustedes es una pieza clave en la construcción del futuro de nuestras niñas, niños y adolescentes. Su esfuerzo, su dedicación, y su pasión por enseñar son el cimiento del aprendizaje de mañana. Felicidades por todo lo que han logrado hasta hoy y por todo lo que lograrán en este nuevo ciclo escolar. Su trabajo es invaluable y es la semilla que hará florecer un mañana lleno de posibilidades y esperanza.

Gracias por ser quienes son, por entregar lo mejor de ustedes, y por hacer de la educación un acto de amor y compromiso. ¡Que tengan un ciclo escolar lleno de éxitos, aprendizajes y momentos inolvidables!

Con todo mi respeto y admiración,

Manuel Alberto Navarro Weckmann

Una educación humanista

«El objetivo de la educación humanista no es solo transmitir conocimientos, sino también fomentar el desarrollo del carácter y la realización personal». Erich Fromm

En los últimos años, específicamente a la entrada de lo que se le ha denominado como La Nueva Escuela Mexicana, la educación en México ha experimentado una transformación significativa, marcada por un enfoque humanista, científico e inclusivo que busca desligarse de las políticas educativas anteriores. Esta transformación responde a la necesidad de replantear el papel de la educación en la sociedad, asegurando que ésta no sólo sea accesible para todos, sino que también respete y fomente la diversidad cultural, social y de capacidades de la población estudiantil y de la sociedad.

El enfoque humanista en la educación pone al estudiante en el centro del proceso educativo, considerando la educación como un medio para el desarrollo integral del ser humano. Esto implica una enseñanza que va más allá de la mera transmisión de conocimientos técnicos o prácticos; busca el desarrollo de capacidades críticas, éticas y emocionales que fomenten individuos más conscientes y comprometidos con su comunidad y entorno.

Por otro lado, el enfoque científico en la educación enfatiza la importancia de una base empírica y racional en los métodos de enseñanza. Esto no solo incrementa la mejora de la educación impartida, sino que también prepara a los estudiantes para enfrentar los desafíos de un mundo cada vez mas tecnológico y basado en el conocimiento. La integración de estas perspectivas asegura una educación más completa y adaptada a las necesidades del siglo XXI.

Sin embargo, ninguno de estos enfoques tendría el impacto deseado sin un compromiso genuino con la inclusión. Asegurar el derecho humano a la educación implica eliminar barreras que impiden el acceso y la participación plena de todos los estudiantes, especialmente aquellos en situaciones de vulnerabilidad. Esto requiere de políticas y prácticas que no solo aborden las necesidades educativas, sino que también reconozcan y valoren la diversidad como un recurso pedagógico vital.

El proceso de mejora continua emerge como una herramienta clave en este contexto. A través de la evaluación constante de prácticas y políticas educativas, se puede adaptar el sistema educativo para responder mejor a las necesidades cambiantes de los estudiantes y de la sociedad en general. Este proceso permite a los educadores reflexionar sobre su práctica, aprender de las experiencias y hacer los ajustes necesarios para mejorar la enseñanza y los resultados de aprendizaje.

Revisar el acceso inclusivo a la educación, por lo tanto, no es solo una cuestión de equidad; es también una estrategia esencial para el fortalecimiento de la educación pública. A través de la inclusión, se promueve una educación que es verdaderamente universal y capaz de adaptarse y responder a la diversidad de necesidades, aspiraciones y contextos de todos los estudiantes. En última instancia, una educación que es inclusiva, humanista y científica no solo forma mejores estudiantes, sino que también construye sociedades más justas y resilientes. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Profesor y Abogado. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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Inclusión, asignatura pendiente

«He tenido que pelear más abajo que sobre el ring. Lo he hecho toda mi vida. Estoy lista». Imane Khelif

El caso de Imane Khelif, que ha suscitado tanto admiración como repudio en el marco de las Olimpiadas de París 2024, pone en evidencia la complejidad y la diversidad del cuerpo humano. Su historia no solo resalta las capacidades excepcionales que pueden surgir en el ámbito deportivo, sino que también nos invita a reflexionar sobre los mecanismos de inclusión y exclusión que operan en nuestra sociedad. Este análisis, aunque centrado en el deporte, puede y debe extenderse a la educación, pues ambas esferas están intrínsecamente ligadas en la formación de una sociedad más integrada y de mejor convivencia.

Imane Khelif ha demostrado ser una atleta fuera de serie en el mundo del boxeo. Su desempeño no solo es producto de un cuerpo excepcional, sino también de un arduo trabajo y dedicación. Sin embargo, su caso ha generado controversia y rechazo por parte de aquellos que no logran ver más allá de las categorías tradicionales de género. Esta situación nos lleva a cuestionar por qué ciertos cuerpos, que deberían ser celebrados por su capacidad de superar los límites humanos, son en cambio motivo de desconfianza y exclusión.

La respuesta a este fenómeno puede encontrarse en la educación y en cómo esta moldea nuestras percepciones y actitudes. Una educación inclusiva y equitativa es fundamental para formar individuos que valoren la diversidad en todas sus formas, ya sea en el deporte, en el trabajo o en cualquier otro ámbito de la vida. La educación debe ser la herramienta que nos permita comprender y aceptar que la diversidad es una característica intrínseca del ser humano y que nuestras categorías tradicionales a menudo se quedan cortas para abarcar la complejidad de la realidad.

Para lograr una sociedad más justa y cohesionada, es imperativo que desde las etapas más tempranas de la educación se fomente el respeto y la admiración por las diferencias individuales. Esto incluye no solo el género y la orientación sexual, sino también las capacidades físicas y mentales, las culturas, las etnias y cualquier otra forma de diversidad. Solo así podremos formar individuos que no se sientan amenazados por lo que es diferente, sino que, por el contrario, se sientan enriquecidos por ello.

La experiencia de Imane Khelif en las Olimpiadas de París 2024 debería servir como una lección sobre la importancia de la inclusión. Sus logros nos muestran que nuestras categorías tradicionales a menudo son insuficientes y que debemos estar dispuestos a reevaluarlas a la luz de nuevas realidades. De igual manera, en el ámbito educativo, debemos estar dispuestos a adaptar nuestros métodos y contenidos para asegurar que todos los estudiantes, sin importar sus características individuales, tengan la oportunidad de desarrollarse plenamente y de ser reconocidos por sus capacidades únicas.

La educación, en su esencia, debe ser un espacio donde se promueva la equidad, la justicia y la inclusión. Debe ser un medio para que cada individuo descubra y desarrolle su potencial, sin temor a ser excluido o discriminado por ser diferente. Solo así podremos construir una sociedad donde todos, sin excepción, tengan un lugar y puedan contribuir a la convivencia armónica y al progreso colectivo.

En conclusión, el caso de Imane Khelif no solo nos invita a repensar nuestras categorías en el deporte, sino que también nos urge a reflexionar sobre cómo estamos educando a nuestras futuras generaciones. Una educación verdaderamente inclusiva es la clave para formar una sociedad más integrada, justa y capaz de convivir en paz y armonía. Al igual que en el deporte, donde cada cuatro años nos sorprendemos con nuevas hazañas, en la educación debemos estar abiertos a descubrir y valorar las capacidades excepcionales de cada individuo, contribuyendo así a un mundo mejor para todos. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Profesor y abogado. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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Habilidades socioemocionales

«Las habilidades socioemocionales son esenciales para el aprendizaje profundo y la educación de alta calidad. Los estudiantes necesitan estas habilidades para manejar sus emociones, establecer y mantener relaciones positivas, y tomar decisiones responsables». Linda Darling-Hammond

La reciente publicación de la UNESCO, «Aportes para la enseñanza de habilidades socioemocionales» (2024), representa un avance significativo en la integración de estas competencias en el ámbito educativo. Esta obra, desarrollada en el contexto del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE 2019), tiene como objetivo primordial proporcionar herramientas prácticas y conceptuales que permitan a los docentes incorporar el aprendizaje socioemocional en sus aulas de manera efectiva. La UNESCO subraya que las habilidades socioemocionales, como la empatía, la apertura a la diversidad y la autorregulación, son fundamentales no solo para el desarrollo personal, sino también para el éxito académico y la convivencia social armoniosa.

La publicación destaca que estas habilidades pueden ser enseñadas y aprendidas a lo largo de la vida, y son esenciales para desenvolverse en todos los ámbitos, desde lo interpersonal hasta lo laboral. En el ámbito educativo, promueven un entorno emocionalmente positivo, lo que facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje. La inclusión de estas competencias en los planes educativos responde a la necesidad de formar estudiantes capaces de enfrentar los desafíos de la vida moderna, con una perspectiva integral que va más allá de las competencias cognitivas tradicionales.

El estudio ERCE 2019 evaluó por primera vez estas habilidades en estudiantes de sexto grado en varios países de América Latina y el Caribe, revelando resultados alentadores. La mayoría de los estudiantes mostró una frecuencia moderada-alta en conductas empáticas y una actitud favorable hacia la diversidad. Estos hallazgos subrayan la importancia de fomentar un ambiente escolar inclusivo y seguro, donde las habilidades socioemocionales se cultiven de manera explícita y sistemática.

La UNESCO resalta que los docentes juegan un papel crucial en este proceso. La percepción de los estudiantes sobre el apoyo y la preocupación de sus maestros por su bienestar está directamente relacionada con un mejor desempeño en habilidades socioemocionales. Esto indica que la formación continua y el apoyo a los docentes son fundamentales para el éxito de cualquier iniciativa que busque integrar estas competencias en el currículo escolar.

Además, la publicación enfatiza la necesidad de abordar las desigualdades socioeconómicas que pueden influir en el desarrollo de estas habilidades. Los niños de entornos más aventajados tienden a mostrar puntajes más elevados, lo que sugiere la importancia de políticas educativas que aseguren un apoyo equitativo para todos los estudiantes, independientemente de su origen socioeconómico.

Así, «Aportes para la enseñanza de habilidades socioemocionales» de la UNESCO no solo proporciona una guía práctica para los docentes, sino que también reafirma la importancia de las habilidades socioemocionales en la educación básica. Al integrar estas competencias en la enseñanza diaria, las escuelas pueden contribuir significativamente al desarrollo integral de los estudiantes, preparando a futuros ciudadanos capaces de participar activamente y convivir pacíficamente en una sociedad cada vez más diversa y compleja. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

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El receso escolar

“En mis viajes a escuelas de Finlandia siempre he preguntado a maestros, directores y expertos: ¿cuáles son las razones de su éxito en educación? Respuesta frecuente, parte en broma y parte en serio: Dos y media razones. Junio, julio y la mitad de agosto”. Eduardo Andere

El receso escolar brinda una oportunidad única para reflexionar sobre cómo utilizamos el tiempo libre de nuestras niñas, niños y adolescentes. Los países con mejores resultados educativos han demostrado que el receso escolar puede ser mucho más que un periodo de descanso; es una oportunidad para el desarrollo integral de estudiantes. Durante estas semanas, es fundamental que se promuevan actividades que se les mantenga en actividad mental y física.

Investigaciones han demostrado que los niños que no continúan aprendiendo durante el verano pueden experimentar un retraso en su desarrollo cognitivo y habilidades lingüísticas en comparación con aquellos que se mantienen mentalmente activos. Esto subraya la importancia de fomentar la lectura y otras actividades intelectuales durante este tiempo. La lectura, en particular, no solo mejora las habilidades lingüísticas, sino que también expande su vocabulario y el conocimiento del mundo, preparándoles para el regreso a clases.

Además, es crucial que se mantengan físicamente activos. Las actividades al aire libre y los deportes no solo son beneficiosas para la salud física, sino que también mejoran el bienestar mental y emocional. El ejercicio regular puede ayudarles a liberar el estrés y la ansiedad, contribuyendo a un desarrollo más equilibrado. Por otro lado, los juegos educativos, como el ajedrez y los sudokus, pueden ser herramientas divertidas y efectivas para mantener el cerebro activo, mejorando habilidades de lógica y estrategia de una manera lúdica.

Las actividades artísticas, como la pintura, la música y la danza, también juegan un papel esencial en su desarrollo. Fomentan la creatividad y les permiten expresar sus emociones y pensamientos de maneras únicas y saludables. Del mismo modo, involucrarles en proyectos familiares, como cocinar juntos o realizar manualidades, puede fortalecer los lazos familiares y enseñar habilidades prácticas importantes.

La exploración del entorno es otra actividad enriquecedora. Animarles a explorar su jardín, vecindario museos o parques locales les permite aprender sobre la naturaleza y desarrollar un sentido de curiosidad y respeto por el mundo que les rodea. Recoger hojas, insectos y aprender sobre ellos puede ser una actividad educativa y divertida.

El voluntariado y el trabajo comunitario también ofrecen valiosas lecciones de vida. Participar en actividades de voluntariado no solo ayuda a la comunidad, sino que también enseña responsabilidad, empatía y la importancia de contribuir al bienestar colectivo.

Es esencial planificar estas actividades de manera flexible, evitando la sobrecarga y permitiendo que disfruten de sus vacaciones. Un equilibrio entre el tiempo libre y las actividades estructuradas asegurará que no solo se diviertan, sino que también desarrollen nuevas habilidades y conocimientos. Este enfoque equilibrado ayudará a las niñas, niños y adolescentes a regresar a la escuela con energías renovadas y una mente activa, lista para nuevos desafíos. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

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Sobrecarga administrativa

«Las escuelas deberían ser el lugar donde se fomente la curiosidad y el deseo de aprender. Sin embargo, la burocracia convierte a menudo estos espacios en fábricas de conformidad, donde los educadores están más preocupados por los trámites que por los estudiantes.» Seymour Papert

En el contexto de cierre de cursos, la demanda administrativa que enfrentan los equipos al interior de los centros educativos es una carga muy significativa que impacta negativamente en varios aspectos cruciales tanto de la vida profesional como personal de los docentes. La solicitud de documentos y evidencias detalladas, como encuestas, pruebas diagnósticas, rúbricas, programas analíticos y resultados trimestrales, representa una exigencia que sobrepasa la capacidad de gestión del tiempo disponible en una jornada laboral estándar.

La sobrecarga administrativa no solo genera estrés crónico, sino que también afecta la salud física y mental de educadores. La presión constante por cumplir con requerimientos burocráticos puede llevar a la aparición de trastornos relacionados con el estrés, como ansiedad, fatiga y problemas de sueño. Este escenario es particularmente preocupante en el ámbito educativo, donde la calidad de la enseñanza y la atención personalizada a los estudiantes se ven comprometidas debido al tiempo y energía que los docentes deben dedicar a tareas administrativas.

A lo largo del ciclo escolar, el tiempo invertido en la preparación y revisión de documentos administrativos es tiempo que se resta de actividades esenciales para el desarrollo integral de los estudiantes. La planificación de clases, la atención individualizada, el apoyo emocional y la creación de un ambiente de aprendizaje positivo son aspectos que se ven sacrificados cuando la carga burocrática es excesiva. Además, la repetitiva y extensa documentación puede llevar a la desmotivación y al desgaste profesional, afectando la vocación y la satisfacción laboral de los docentes.

Las consecuencias negativas no solo se limitan a la salud y el bienestar de docentes, sino que también impactan directamente en la calidad educativa. Un docente estresado y sobrecargado de trabajo administrativo tiene menos capacidad para innovar en sus métodos de enseñanza, para dedicar tiempo a la preparación de materiales didácticos creativos y para involucrarse en el desarrollo emocional y social de sus estudiantes.

En vista de estos desafíos, es fundamental reflexionar sobre la necesidad de encontrar un equilibrio que permita cumplir con las exigencias administrativas sin sacrificar su bienestar ni la calidad de la educación que imparten. La simplificación de procesos, la optimización tecnológica, la reducción de burocracia innecesaria y el apoyo administrativo adicional pueden ser estrategias efectivas para aliviar la carga de los docentes, permitiéndoles concentrarse en lo verdaderamente importante: el aprendizaje y el desarrollo integral de estudiantes.

Así, la sobrecarga administrativa en los centros escolares es un problema que requiere atención urgente. Es imperativo que las autoridades educativas y la sociedad en general reconozcan y valoren el esfuerzo de los docentes, promoviendo un entorno que favorezca su bienestar y, en consecuencia, la calidad educativa. Solo así se podrá garantizar que las escuelas sigan siendo espacios donde los estudiantes puedan desarrollar plenamente sus capacidades y talentos. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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Interculturalidad crítica

«La interculturalidad crítica implica una transformación profunda de las relaciones sociales y culturales, donde se cuestionan y reconfiguran las dinámicas de poder que históricamente han marginado a ciertas comunidades.» Catherine Walsh

La interculturalidad crítica en la educación básica es un enfoque que va más allá de la simple coexistencia de diversas culturas, promoviendo una interacción profunda y significativa entre ellas. Este modelo educativo, implementado en la Nueva Escuela Mexicana (NEM), no solo reconoce la diversidad cultural, sino que la utiliza como un recurso invaluable para enriquecer el proceso educativo. La interculturalidad crítica se basa en el respeto, la equidad y el diálogo intercultural, creando un entorno donde todas las voces son escuchadas y valoradas.

En la práctica, la interculturalidad crítica se manifiesta a través de un currículo que respeta y promueve la diversidad lingüística y cultural de los estudiantes. Esto incluye la enseñanza en lenguas indígenas y la incorporación de contenidos que reflejan las historias y tradiciones de diversas comunidades. Al integrar estas perspectivas en la educación, se fomenta un mayor entendimiento y aprecio por las diferencias culturales, lo que contribuye a la construcción de una sociedad más equitativa y respetuosa. La educación intercultural en la NEM también implica la implementación de métodos pedagógicos inclusivos que consideran las distintas capacidades, necesidades y contextos de los estudiantes. Esto se traduce en estrategias didácticas flexibles que promueven la participación y el aprendizaje colaborativo, asegurando que todos los estudiantes tengan la oportunidad de desarrollar sus potencialidades al máximo.

Los beneficios de la interculturalidad crítica en la educación básica son numerosos. En primer lugar, promueve un aprendizaje más profundo y significativo al conectar los contenidos educativos con las experiencias y conocimientos previos de los estudiantes. Esto no solo mejora la comprensión y retención de la información, sino que también fortalece la identidad cultural y el sentido de pertenencia de los alumnos. Además, al fomentar el respeto y la valoración de la diversidad, la educación intercultural contribuye a la formación de ciudadanos responsables y comprometidos con la justicia social y la igualdad.

Otro beneficio clave es la preparación de los estudiantes para vivir en un mundo globalizado e interconectado. La capacidad de comprender y apreciar diferentes perspectivas culturales es una competencia esencial en el siglo XXI, y la educación intercultural crítica dota a los estudiantes de las herramientas necesarias para interactuar de manera efectiva y respetuosa con personas de diferentes orígenes. La interculturalidad crítica también juega un papel crucial en la promoción de una cultura de paz. Al enseñar a los estudiantes a resolver conflictos de manera no violenta y a valorar la convivencia armónica, la educación intercultural contribuye a la construcción de un entorno escolar y comunitario más seguro y cohesionado.

Así, la interculturalidad crítica en la educación básica es un enfoque esencial para el desarrollo integral de estudiantes y la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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Liderazgo incómodo

“Un líder es aquel que se atreve a adentrarse en lo desconocido, que no teme al conflicto porque sabe que es a través de la incomodidad donde se encuentra el crecimiento.” Simon Sinek

Para promover el aprendizaje en el aula, las instituciones educativas necesitan de contar en su organización, con un clima escolar que beneficie las condiciones para que sus integrantes puedan alcanzar sus objetivos y en ello, una gran parte tiene que ver con la manera en que se ejerce la dirección escolar que, de acuerdo con algunos estudios, puede alcanzar hasta un 25% de la varianza en el aprendizaje escolar.

Para ello, ser directora o director de una institución educativa requiere en muchas ocasiones de constituirse en un liderazgo incómodo, que desafíe a veces el orden instituido por la costumbre, por los vicios o por los márgenes que el propio tiempo se ha encargado de instalar en la Institución, con cualidades que pueden ser particularmente valiosas en el contexto educativo. 

Quién está al frente de una institución educativa debe ser capaz de desafiar lo establecido. Al salir de la zona de confort y proponer nuevas acciones, enfoques pedagógicos y estructuras organizativas, la dirección puede estimular la innovación y adaptarse a las necesidades cambiantes de estudiantes y docentes, pero para ello necesita conocer, observar, puntualizar.

La resiliencia es una virtud indispensable. Frente a las inevitables incertidumbres y crisis, como pueden ser reformas educativas, cambios demográficos o crisis, quien ejerce un liderazgo en educación debe mostrar fortaleza y visión para sobreponerse y guiar a su comunidad a través de los tiempos complejos.

Ser analítico es igualmente crucial. Analizar el trasfondo de los problemas permite encontrar soluciones de raíz que mejoren la calidad del aprendizaje. Esto puede significar identificar y abordar problemas sistémicos en lugar de poner soluciones temporales a inconvenientes superficiales.

Cuestionar permanentemente es una forma de liderazgo que impulsa a los demás a reflexionar sobre sus prácticas y creencias. Es esta curiosidad y búsqueda de conocimiento la que mantiene a una institución educativa en constante crecimiento y desarrollo.

Promover la diversidad es esencial en un entorno educativo. Reconociendo que cada estudiante y docente aporta una perspectiva única, la dirección escolar puede enriquecer el proceso de aprendizaje y fomentar un ambiente inclusivo y enriquecedor.

La autenticidad, asumir la responsabilidad, fomentar la comunicación directa, saber manejar conflictos y generar ambientes de confianza completan el perfil de un líder incómodo, pero efectivo, en educación. Estas cualidades fomentan un clima de honestidad, respeto y confianza, donde todos los miembros de la comunidad escolar pueden sentirse seguros para expresar ideas, explorar y aprender.

Así, un liderazgo que eventualmente incomoda es aquel que impulsa a una institución a examinarse críticamente y avanzar hacia una mejora permanente que se refleja en el desarrollo del aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. A través de este liderazgo, se pueden diseñar y ejecutar estrategias que respondan a las demandas de una sociedad en constante cambio y prepare a sus estudiantes para ser ciudadanos capaces, creativos y críticos. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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