Tecnología, escuela y regulación. Una decisión social impostergable

“Lo que la Red parece estar haciendo es mermar mi capacidad de concentración y contemplación.” – Nicholas Carr

La regulación del uso de dispositivos móviles en las aulas no es solo un debate pedagógico, sino un fenómeno social que refleja cómo la cultura digital está transformando la experiencia educativa de niñas, niños y adolescentes. La reciente aprobación de la Ley 21.801 en Chile que restringe su uso durante actividades curriculares evidencia una respuesta institucional ante un cambio profundo, la presencia permanente de la tecnología en la vida cotidiana y su impacto en la atención, la convivencia y el aprendizaje.

Las aulas han dejado de ser espacios protegidos del ruido informativo. El teléfono móvil, diseñado para captar y retener la atención, compite con el discurso pedagógico, especialmente en edades donde el autocontrol aún se encuentra en desarrollo. Diversos estudios internacionales han mostrado altos niveles de distracción asociados al uso de dispositivos digitales en clase. No se trata solo de mirar la pantalla, sino de la fragmentación constante de la atención y la dificultad para sostener procesos cognitivos profundos.

Sin embargo, la tecnología también es herramienta, acceso al conocimiento e instrumento de inclusión cuando se usa con intención pedagógica clara. El dilema no es prohibir o permitir de forma absoluta, sino establecer marcos normativos coherentes que reconozcan su complejidad. La experiencia internacional muestra dos tendencias: prohibiciones amplias o regulaciones internas diferenciadas por edad y finalidad. En ambos casos, se asume que la neutralidad normativa ya no es sostenible.

Entre los aspectos positivos de estas medidas destaca la recuperación del tiempo de atención, el fortalecimiento de la interacción social directa y la reducción de conflictos asociados al uso inadecuado de redes sociales. Además, el Estado envía una señal clara: la escuela no puede subordinarse a la lógica del consumo digital. No obstante, existen riesgos. Una regulación rígida sin acompañamiento formativo puede generar tensiones, aumentar la carga docente o contradecir la formación en ciudadanía digital. En contextos de desigualdad, el celular es a veces el único dispositivo disponible.

En nuestro país, posponer este debate implica mantener disparidades entre escuelas y dejar a directivos y docentes sin respaldo normativo. La urgencia no radica en copiar modelos externos, sino en diseñar una política contextualizada que articule regulación, formación y acompañamiento familiar. Cada ciclo escolar sin lineamientos claros consolida hábitos de hiperconectividad difíciles de revertir.

La cuestión no es si la tecnología permanecerá en la escuela, sino bajo qué reglas convivirá con el proyecto educativo. Regular no es negar el progreso, sino proteger el desarrollo integral y el aprendizaje profundo antes de que el costo social sea mayor. Porque la educación es el camino…

Docentes y tecnología en el siglo XXI

«El objetivo real de la educación es darle alas a la mente humana». William Butler Yeats

En pleno siglo XXI, con un sinfín de avances tecnológicos revolucionando nuestras vidas en todas las áreas, la escuela se encuentra en una encrucijada. Surge un debate sobre el rumbo que debe tomar en un contexto donde la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están transformando rápidamente nuestra sociedad. Algunos argumentan que la escuela debe abrazar estos avances y transformarse profundamente, mientras que otros creen que es el momento de repensarla y preservar su esencia humana, incluso alejándola de estas tecnologías.

Frente a este desafío, es crucial comprender que, en cualquier momento de la historia, es propicio reflexionar sobre nuestro camino y buscar opciones que nos acerquen a nuestras aspiraciones. En este contexto, resulta esencial reconocer que la presencia de los docentes frente a las aulas sigue siendo más relevante que nunca. En un mundo en constante evolución tecnológica, es su cercanía humana la que nos permite atender a nuestra naturaleza y comprender que somos la razón de nuestra existencia.

En estos tiempos de avances y retos tecnológicos, el papel del personal docente adquiere una importancia fundamental. Son ellos quienes nos invitan a la reflexión, al entendimiento y a la comprensión, guiándonos en nuestro aprendizaje social. Su cercanía y dedicación nos permiten establecer vínculos comunitarios que fomentan el desarrollo individual y colectivo.

La presencia de los docentes en el aula trasciende la simple transmisión de conocimientos. Su labor abarca la formación de ciudadanos críticos, creativos y éticos, capaces de enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio. Ellos nos enseñan a analizar, cuestionar y colaborar, dotándonos de herramientas para comprender y dar sentido a la información que nos rodea.

Si bien las tecnologías pueden brindarnos acceso a una gran cantidad de información y recursos educativos, es el docente quien nos guía en el proceso de filtrar, analizar y aplicar dicho conocimiento de manera significativa. Su experiencia y sensibilidad nos permiten entender la relevancia de los contenidos académicos en el contexto de nuestras vidas y de la sociedad en la que vivimos.

En este sentido, el personal docente es fundamental para cultivar una educación humanizada que promueva valores como la empatía, la solidaridad y el respeto. Son ellos quienes nos inspiran a ser seres humanos conscientes, capaces de pensar críticamente y actuar de manera responsable en un mundo cada vez más interconectado.

Por tanto, en tiempos de avances y retos tecnológicos, no debemos olvidar la importancia del personal docente. Su presencia y compromiso son indispensables para aspirar a una mejor humanidad. La escuela debe ser un espacio de encuentro, diálogo y aprendizaje donde se cultive el desarrollo integral de las personas, combinando el potencial de la tecnología con la esencia humana que solo los docentes pueden transmitir. Solo a través de su dedicación y compromiso podremos construir un mundo mejor, donde la tecnología sea una herramienta al servicio de la humanidad y no un fin en sí misma. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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