La urgente ley Tere

«En tiempos de crisis, la justicia se torna frágil frente a la presión de las masas y los juicios apresurados.» Hannah Arendt (1963)

En un país donde la opinión pública se enciende con facilidad y las redes sociales fungen como juez y verdugo, el caso de la maestra Tere en Querétaro, se ha convertido en un símbolo alarmante de lo que ocurre cuando la desinformación, los intereses personales y la falta de rigor jurídico se combinan peligrosamente. Lo que inicialmente parecía una denuncia legítima de padres de familia por supuestos malos tratos hacia estudiantes, ha desembocado en una situación de profunda injusticia.

La historia comenzó con una acusación lanzada por una madre de familia, quien, desde su posición como tesorera del comité de padres, utilizó plataformas digitales para denunciar a la maestra Tere por faltas laborales que, según lo confirmado por autoridades educativas, estaban plenamente justificadas por razones médicas tras un proceso quirúrgico. Sin embargo, éstas fueron aprovechadas como pretexto para movilizar una campaña de desprestigio que tomó fuerza con el uso de redes sociales y presiones mediáticas. La comunidad escolar no tardó en polarizarse y, bajo el peso del escándalo, surgieron señalamientos más graves sin evidencia suficiente: la presunta violencia de género en contra de estudiantes.

La situación alcanzó un punto crítico cuando se detuvo a la maestra, a pesar de que no existían elementos probatorios contundentes que acreditaran algún tipo de maltrato. Las propias autoridades educativas habían avalado que la docente actuó conforme a la ley, solicitando incluso su reubicación temporal para no afectar el desarrollo del grupo, respetando siempre sus derechos laborales y de salud. No obstante, la presión ejercida por un pequeño grupo de madres, encabezado por la quejosa, fue creciendo. En redes sociales se convocó incluso a una denuncia colectiva que pretendía forzar su destitución. La misma madre de familia que inició esta denuncia, y quien cuenta con vínculos cercanos con la fiscalía según versiones de la comunidad, nunca habló directamente de violencia en las entrevistas concedidas, lo que agrava aún más la sospecha sobre la legitimidad de sus acusaciones.

Este caso pone sobre la mesa un problema estructural que requiere atención inmediata: la indefensión del personal docente frente a denuncias sin fundamentos. En México, la Constitución establece que toda persona es inocente hasta que no se demuestre lo contrario, sin embargo, situaciones como esta evidencian lo contrario. Se ignora el principio del debido proceso y se sustituye por juicios paralelos que no requieren pruebas, solo indignación digital. ¿Cuántos maestros y maestras están atravesando, desde la invisibilidad, momentos de angustia, incertidumbre y profundo dolor por acusaciones infundadas que alteran sus vidas, dañan su reputación y afectan sus proyectos personales y profesionales?.

Así, ha surgido una iniciativa ciudadana conocida como “Ley Tere”, que busca establecer un marco jurídico para sancionar las denuncias falsas que se hagan con dolo y sin evidencia, y que pretende reparar el daño causado a docentes afectados, mediante acciones como la limpieza de su imagen profesional, apoyo emocional y legal, y el resguardo de su dignidad durante los procesos legales. Esta ley no busca frenar el derecho legítimo a denunciar, sino obligar a que las acusaciones se sustenten en pruebas reales, y que quienes abusan del sistema para saldar cuentas personales enfrenten consecuencias proporcionales.

Estamos llamados a reflexionar profundamente sobre lo ocurrido. ¿Qué clase de mensaje enviamos cuando permitimos que el escarnio sustituya al debido proceso? ¿Qué consecuencias sociales, familiares y psicológicas cargará una maestra cuya única falta fue enfermarse y exigir sus derechos laborales? ¿Cuántos más deberán vivir esta pesadilla para que entendamos que las aulas no pueden ser campo de batalla para venganzas personales? Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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México, las pensiones y la ruta hacia una protección social incluyente

“Los sistemas universales de protección social no son caridad, son el ejercicio institucional de derechos que contribuyen a construir ciudadanía.” Juliana Martínez Franzoni

En los últimos años, México ha dado un paso decisivo en su política social al incrementar de manera sustantiva el monto de las pensiones para las personas adultas mayores. Este esfuerzo, que ha llevado a un aumento del 471% en el monto bimestral asignado entre 2018 y 2024, no debe analizarse como una simple decisión administrativa, sino como parte de una transformación estructural en el enfoque del Estado mexicano hacia la protección social. Este cambio se inscribe en una lógica que, aunque con sus particularidades nacionales, converge de manera clara con las líneas de acción que propone el Banco Mundial en su Informe sobre el estado de la protección social 2025: El desafío de 2 mil millones de personas.

El documento del Banco Mundial plantea cuatro grandes áreas de intervención para fortalecer los sistemas de protección social a nivel global: ampliar la cobertura, asegurar su adecuación, construir sistemas a prueba de crisis y optimizar el financiamiento. Bajo esta mirada, la expansión del programa de pensión para personas adultas mayores en México no sólo representa un incremento presupuestal, sino un avance en la construcción de un sistema de protección social más justo, inclusivo y resiliente. Al garantizar un ingreso básico a un grupo tradicionalmente vulnerable, se reconoce su dignidad y se les incorpora como sujetos activos de derechos.

En este sentido, el fortalecimiento de la pensión para el bienestar no es solo un acto de reparación histórica para millones de personas que enfrentaron largos años de desigualdad y exclusión. También se convierte en una herramienta eficaz para atacar las causas estructurales de la pobreza en la vejez, un periodo de la vida en el que las oportunidades laborales son limitadas y la dependencia económica se incrementa. Como lo indica el informe del Banco Mundial, muchas de las transferencias monetarias en países de ingresos bajos o medios resultan insuficientes para generar un verdadero impacto en la calidad de vida de los beneficiarios. Por ello, el aumento de la pensión en México puede entenderse como un intento de superar esta limitación, elevando el monto hasta un umbral que sí permite aliviar carencias y brindar cierta estabilidad económica.

Es relevante destacar que, en el caso mexicano, este programa fue constitucionalizado, lo que implica que no podrá ser eliminado por criterios políticos o presupuestales coyunturales. Esta decisión, sin duda, fortalece la institucionalización del derecho a la seguridad económica en la vejez y lo convierte en una obligación permanente del Estado. Este paso coincide con el llamado del Banco Mundial a establecer sistemas adecuados y sostenibles, que no dependan exclusivamente del ciclo político, sino que respondan a una lógica de política pública de largo plazo.

Sin embargo, y como también lo advierte el informe internacional, aún queda camino por recorrer. Uno de los principales desafíos está en asegurar que la expansión de la cobertura no se limite a una acción aislada, sino que se inserte en un ecosistema coherente y articulado de protección social. Por ejemplo, resulta fundamental consolidar los sistemas de implementación: contar con registros sociales integrados, plataformas digitales de gestión, mecanismos de evaluación y seguimiento, y coordinación interinstitucional eficaz. También es indispensable generar criterios de evaluación que no se enfoquen sólo en la cantidad de recursos transferidos, sino en el impacto real en la calidad de vida de las personas beneficiarias, su acceso a otros servicios y su participación activa en la vida social y comunitaria.

Además, esta política debe considerar la interseccionalidad de las vulnerabilidades. No es lo mismo envejecer siendo hombre que mujer, viviendo en una ciudad que en una comunidad rural, teniendo redes familiares de apoyo que enfrentando la soledad. El informe del Banco Mundial señala que, incluso dentro de los programas que favorecen a mujeres en porcentaje, persisten brechas en los montos recibidos y en la atención que se brinda. México debe atender estas desigualdades para asegurar que el envejecimiento no se traduzca en una experiencia fragmentada por el género, la clase social, la geografía o la pertenencia étnica.

La implementación de esta pensión también debería articularse con otras acciones de política pública. No basta con entregar un ingreso regular: es necesario vincular esta pensión con el acceso garantizado a servicios de salud, atención geriátrica, inclusión digital, espacios culturales y comunitarios, y programas de cuidado. Esta perspectiva multidimensional permite que la protección social cumpla con su propósito más amplio: no sólo proteger ante las adversidades, sino ampliar las libertades reales de las personas para vivir una vida digna y plena.

Finalmente, en cuanto al financiamiento, el Banco Mundial advierte que ningún sistema de protección social será sostenible sin recursos suficientes. En este sentido, México deberá seguir explorando vías para fortalecer su base fiscal, priorizando el gasto social en los presupuestos públicos y evaluando la eliminación de subsidios regresivos o gastos fiscales ineficientes. También se abre la oportunidad de avanzar hacia un sistema mixto que combine transferencias no contributivas con esquemas contributivos adaptados al sector informal, de modo que se extienda la protección sin desincentivar la incorporación al empleo formal y productivo.

Reflexionar sobre el caso mexicano en el contexto de las orientaciones del Banco Mundial nos permite visualizar la relevancia de una política pública que ha dejado de ser marginal para convertirse en pilar del sistema de bienestar. Esta transformación, si se mantiene con visión de futuro, puede sentar las bases para una nueva generación de políticas sociales centradas en la dignidad, la justicia y la equidad. En un país marcado históricamente por profundas desigualdades, decisiones como estas tienen la capacidad de redefinir el pacto social y reorientar el rumbo de la nación hacia un desarrollo verdaderamente incluyente.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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El bullying en los centros escolares

«La violencia escolar no es solo un problema de los estudiantes. Es una falla de toda la comunidad educativa para construir relaciones basadas en el respeto y la dignidad.»— Catherine Blaya

Las escuelas, esos espacios que nos evocan aprendizaje, alegría, amistades y desarrollo, también son escenarios complejos donde la convivencia entre niñas, niños y adolescentes se convierte en un reto cotidiano. Más allá de los libros de texto, de los exámenes y de los patios llenos de risas, se libra otra batalla silenciosa: la de proteger la dignidad, la integridad y el bienestar emocional de cada estudiante. Una batalla que muchas veces pasa desapercibida, pero que consume energías, decisiones y compromisos por parte de quienes forman parte de la comunidad educativa.

Hablar del acoso entre estudiantes es tocar una fibra sensible del entramado social. No se trata de un conflicto simple entre menores ni de una serie de “bromas pesadas” que se deben dejar pasar. Se trata de una dinámica violenta que se expresa de muchas formas: con golpes o empujones reiterados, con burlas constantes, con la exclusión deliberada de un grupo, con amenazas, chantajes emocionales o incluso con la difusión de imágenes humillantes a través de redes sociales. Cada forma tiene rostro y consecuencias; cada acto puede dejar una huella indeleble en la historia personal de quienes lo sufren.

Un hecho aislado puede ser parte de una diferencia natural entre niñas, niños o adolescentes. Pero cuando una conducta es intencional, repetitiva y se da en un contexto de desigualdad de poder, estamos ante un patrón de acoso que avanza hacia el ámbito legal y que no se puede ignorar. En estos casos, se activa un proceso de atención que involucra la documentación cuidadosa de los hechos, la escucha a las partes involucradas, la aplicación de medidas de protección y la búsqueda de soluciones restaurativas que permitan reparar el daño y reconstruir vínculos sociales. Documentar no es solo un trámite: es una necesidad, es un acto de justicia, una forma de proteger a la víctima, al personal de la institución y de garantizar la transparencia del proceso.

Sin embargo, este esfuerzo desde el interior de la escuela no puede prosperar si no hay un respaldo sólido desde el entorno familiar. El papel de madres, padres o tutores es crucial. Su involucramiento no solo aporta información valiosa sobre lo que ocurre fuera del aula, sino que refuerza en sus hijas e hijos la importancia de expresarse, de pedir ayuda y de no quedarse callados. Pero también implica asumir responsabilidades cuando su hijo o hija ha ejercido violencia: escuchar, reconocer y colaborar en el proceso de restauración y aprendizaje.

Las escuelas están obligadas legal y éticamente a actuar. Es fundamental entender que lo que ocurre entre niños y adolescentes en las escuelas no es un mundo aparte. Es el reflejo de lo que como sociedad permitimos, alimentamos o corregimos. Cada omisión adulta, cada mirada que se aparta, cada silencio que evita incomodidades, puede reforzar una situación de acoso que deja marcas profundas. Pero también, cada acción informada, cada gesto de cuidado, cada palabra justa y cada intervención oportuna, puede marcar la diferencia y cambiar una historia.

Por eso, cuando se habla de bullying o acoso, no se trata solo de estadísticas o de noticias alarmantes. Se trata de niñas, niños y adolescentes que viven, aprenden y se forman todos los días en nuestras escuelas. Se trata de honrar su derecho a crecer sin miedo, a ser respetados por quienes son, y a saber que hay adultos que sí los ven, sí los escuchan y sí los protegen. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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El currículum integrado

“Lo que realmente importa en la educación es la comprensión profunda, no solo la memorización superficial.” David Perkins

La educación es un proceso complejo que requiere un conocimiento profundo de las estrategias pedagógicas más efectivas para potenciar el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. A menudo, quienes no están directamente involucrados en el ámbito educativo desconocen la riqueza de enfoques y metodologías que se implementan en las aulas para garantizar una educación significativa y pertinente. Uno de estos enfoques es el currículum integrado, una estrategia que busca superar las limitaciones de la enseñanza tradicional y fomentar una formación más holística y conectada con la realidad.

En la educación tradicional, el conocimiento suele impartirse de manera fragmentada, dividiendo las materias en asignaturas aisladas, lo que puede dificultar la comprensión profunda de los temas. Se prioriza la memorización de contenidos sobre la construcción de aprendizajes significativos, lo que genera una desconexión entre lo que se aprende en la escuela y los problemas reales de la sociedad. Esto ha llevado a una necesidad urgente de replantear la manera en que se diseña e imparte la enseñanza, buscando alternativas que permitan un aprendizaje más integral y aplicable a la vida cotidiana.

El currículum integrado responde a esta necesidad al proponer un modelo de enseñanza en el que los conocimientos de distintas disciplinas se relacionan y se contextualizan dentro de situaciones reales. No se trata solo de acumular información, sino de desarrollar habilidades críticas, fomentar la autonomía en el aprendizaje y conectar el conocimiento con la realidad de los estudiantes. Esta estrategia busca que los contenidos no sean vistos como elementos aislados, sino como piezas de un mismo rompecabezas que ayudan a comprender mejor el mundo en el que vivimos.

Para llevar a la práctica un currículum integrado, se requieren métodos de enseñanza innovadores que rompan con la rigidez de la educación convencional. Los proyectos interdisciplinarios, el estudio de casos reales, la resolución de problemas, los espacios de debate y la conexión con la comunidad son herramientas fundamentales para consolidar este enfoque. No se trata solo de enseñar desde el aula, sino de llevar el aprendizaje a otros contextos, generando experiencias significativas que permitan a los estudiantes aplicar lo aprendido en su entorno.

Los beneficios de este enfoque son múltiples. Al favorecer una mayor comprensión de los temas, los estudiantes logran aprendizajes más duraderos y útiles para su desarrollo personal y profesional. Además, el trabajo en equipo y el desarrollo de habilidades sociales se ven fortalecidos, preparando a las y los estudiantes para enfrentarse a los desafíos de una sociedad en constante cambio. Asimismo, el currículum integrado fomenta la creatividad, la resolución de problemas y una educación conectada con el entorno, promoviendo un aprendizaje más dinámico y pertinente.

Sin embargo, para que este modelo educativo sea efectivo, es imprescindible reconocer la importancia del conocimiento, la experiencia y la capacidad del personal docente. La aplicación de un currículum integrado no es improvisada, sino el resultado de estudios pedagógicos, capacitación continua y un profundo entendimiento de las necesidades de los estudiantes. La labor de los docentes no se limita a impartir información; su papel es el de diseñar, adaptar y aplicar estrategias que realmente impacten en el aprendizaje y formación de los alumnos.

En este sentido, es fundamental que la sociedad valore y reconozca el esfuerzo y la preparación que implica la labor educativa. La enseñanza no es una actividad mecánica ni improvisada, sino un ejercicio profesional que demanda actualización constante y un compromiso genuino con el desarrollo de las nuevas generaciones. La implementación de enfoques innovadores, como el currículum integrado, es una muestra del trabajo que día a día realizan los docentes para ofrecer una educación de calidad, centrada en el aprendizaje significativo y en la formación integral de cada estudiante.

Reflexionar sobre estos aspectos permite comprender que la educación va más allá de los muros del aula. Requiere una visión amplia, estrategias bien fundamentadas y, sobre todo, un reconocimiento del valor de la labor docente. Apostar por modelos pedagógicos como el currículum integrado no solo beneficia a los estudiantes, sino a toda la sociedad, ya que contribuye a la formación de ciudadanos críticos, autónomos y preparados para afrontar los retos del mundo actual. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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Las próximas elecciones del poder judicial

«Las redes digitales se han convertido en nuevas formas de ágora, donde la ciudadanía construye significados, apoya causas y redefine el poder» (Castells, 2012).

La reciente modificación constitucional que transforma la manera en que se elige a los jueces y magistrados en México ha generado un movimiento sin precedentes en la historia democrática del país. Se trata de un giro radical en la forma de acceder a uno de los poderes más herméticos del Estado: el Poder Judicial. Durante décadas, su integración estuvo reservada a élites jurídicas que operaban bajo esquemas de cooptación, selección cerrada, méritos controlados y mecanismos opacos que alejaban a la ciudadanía del sistema de justicia. 

En ese sentido, la resistencia natural que surgió desde diversos sectores —académicos, políticos, judiciales, empresariales e incluso ciudadanos— no fue extraña ni injustificada. Se argumentó, con insistencia, que el voto popular no debía extenderse a espacios que requieren tecnicismo, experiencia y formación especializada. Que elegir jueces era un riesgo, que la calidad jurídica se vería comprometida, que el populismo judicial podía instaurarse y que la justicia debía preservarse de la voluntad de las masas.

Sin embargo, más allá de los discursos técnicos, del debate constitucional y de los marcos teóricos que advertían sobre la erosión de la división de poderes, lo que ha ocurrido una vez que se han dado inicio a las campañas es un fenómeno profundamente humano y social que exige una lectura desde otra perspectiva. Lo que parecía ser una contienda institucional se ha convertido en una movilización ciudadana inesperada, impulsada no tanto por ideologías políticas sino por vínculos afectivos, personales y comunitarios. Las personas comenzaron a recibir mensajes directos de conocidos, de amistades, de antiguos compañeros de estudio, de familiares cercanos y lejanos, solicitando apoyo, compartiendo biografías, difundiendo logros académicos y profesionales, apelando a la confianza construida a lo largo del tiempo. Una ola de mensajes circula hoy por redes sociales, cadenas de WhatsApp, correos electrónicos y publicaciones en todas las plataformas digitales. Cada mensaje lleva consigo no solo una propuesta, sino una historia, un rostro, una narrativa que busca tocar fibras personales para ganar simpatías y, sobre todo, votos.

Así, el proceso electoral ha generado una especie de «nacionalización del Poder Judicial» desde abajo, desde la calle, desde los hogares, desde las conversaciones íntimas. Personas que hace apenas unas semanas o meses manifestaban su desinterés en la jornada electoral, bajo el argumento de que no comprendían el proceso o que no confiaban en su legitimidad, hoy se encuentran reflexionando seriamente sobre su participación. No porque hayan cambiado repentinamente su postura ideológica, sino porque han sido interpeladas por alguien de su entorno, por alguien que les pide, con nombre y apellido, que le otorguen su confianza. Esta personalización del proceso ha generado una nueva forma de acercamiento a la democracia: ya no desde la abstracción del deber cívico, sino desde la emoción de acompañar a alguien conocido, de sentirse parte de un momento histórico, de creer que su voto puede marcar una diferencia concreta.

Este fenómeno pone sobre la mesa cuestiones complejas. Por un lado, se fortalece la noción de participación ciudadana, tan anhelada en otros procesos; por otro, se cuestiona si el voto estará guiado por criterios de idoneidad profesional o simplemente por cercanía afectiva. Sin embargo, incluso dentro de esa tensión, hay un valor indiscutible: la ciudadanía ha tomado conciencia de que el Poder Judicial ya no es un espacio inaccesible. Por primera vez, se percibe como un espacio en disputa legítima, en el que se puede incidir. Esta democratización del interés, este despertar social, tiene el potencial de transformar las dinámicas del poder en México si se encauza con responsabilidad, crítica y sentido ético.

Es necesario, entonces, reconocer que estamos ante una experiencia inédita a nivel mundial. La elección directa de jueces y magistrados por voto popular no tiene precedente en sistemas comparables al mexicano, lo que convierte este proceso en un laboratorio democrático de enormes implicaciones. México se convierte en pionero de una apuesta que, aunque controvertida, pone en el centro de la reflexión el equilibrio entre la legitimidad democrática y la técnica jurídica. Y en ese tránsito, el país debe cuidar no perder los elementos esenciales que dan sustento a un verdadero Estado de derecho: la independencia judicial, la imparcialidad, la formación rigurosa, la ética pública y el compromiso con el bien común.

La movilización actual, sostenida por la tecnología, la comunicación inmediata y las redes de confianza social, es una expresión de que la ciudadanía ha decidido no quedarse al margen. Pero esa energía debe traducirse no solo en participación, sino en discernimiento. Que la emoción no sustituya a la razón, que la simpatía no anule el juicio crítico, que el afecto no desplace la reflexión profunda sobre el perfil y las trayectorias de quienes se postulan. Porque si bien es cierto que todos tenemos derecho a buscar el servicio público, también es cierto que el país necesita, hoy más que nunca, un sistema de justicia fortalecido, con actores capaces de resistir las presiones del poder, de garantizar derechos y de operar con absoluta probidad.

En ese sentido, la reflexión debe centrarse no en si el proceso es perfecto —pues no lo es—, sino en cómo cada persona, desde su espacio, puede contribuir a que esta elección no sea simplemente una contienda de nombres y afectos, sino una oportunidad histórica para transformar la justicia desde una base más representativa, más diversa y, ojalá, más justa. La historia no será indulgente con quienes desperdicien esta oportunidad por apatía o por ligereza. Este momento exige altura de miras, ejercicio ético de la ciudadanía y una firme convicción de que, aún con todas sus imperfecciones, participar críticamente en este proceso puede marcar un parteaguas en la historia de México.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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La reflexión sobre la práctica

“El aprendizaje profesional auténtico exige una práctica reflexiva constante, no la mera acumulación de conocimientos.”Donald Schön

Lo que ocurre dentro de las instituciones educativas suele permanecer velado para una gran parte de la sociedad. A menudo se desconoce que, detrás del aprendizaje de cada niña, niño o adolescente, existe una profunda red de estrategias, decisiones, análisis y procesos que tienen como fin último garantizar no sólo el acceso al conocimiento, sino la construcción integral del ser humano.

Uno de los pilares menos visibilizados, pero de mayor impacto, es el ejercicio constante de reflexión profesional que realiza el personal docente. Esta práctica, más allá de ser una acción espontánea o superficial, constituye un proceso metacognitivo riguroso mediante el cual el personal educativo analiza críticamente su quehacer diario. Se revisan las estrategias aplicadas, los resultados obtenidos, las emociones involucradas y, sobre todo, las necesidades reales del alumnado. Reflexionar sobre la práctica no es un acto de evaluación individual, sino una acción colectiva que busca ajustar el rumbo, mejorar las decisiones pedagógicas y responder con pertinencia a los contextos específicos en los que cada escuela se encuentra.

Pero, ¿por qué este tipo de procesos suele permanecer en la sombra del imaginario social? Quizás porque el trabajo docente ha sido históricamente simplificado, limitado a la imagen de quien “explica” frente al grupo. Esta visión reduccionista omite la enorme carga intelectual, emocional y estratégica que implica dirigir una escuela, acompañar un proceso de aprendizaje o generar entornos protectores y equitativos para cada estudiante. Hoy, más que nunca, es urgente poner en el centro de la conversación el papel esencial que desempeñan las y los profesionales de la educación, no sólo como transmisores de saber, sino como artesanos del pensamiento, del vínculo humano y de la transformación social.

En este sentido, la transformación educativa que se vive actualmente en México propone un cambio de paradigma que replantea la forma en que concebimos el aprendizaje. Esta visión se sustenta en valores como la justicia social, la equidad, la inclusión, la paz y el respeto a la dignidad humana. Bajo este enfoque, se hace evidente que la experiencia, el conocimiento y la formación del personal escolar no son solo elementos decorativos en la estructura educativa, sino componentes esenciales que permiten entender, adaptar y aplicar con eficacia las herramientas pedagógicas que responden a las necesidades actuales.

Conocer dichas herramientas, interpretarlas en función del contexto, y sobre todo, saber cuándo y cómo utilizarlas, es una habilidad que se construye con años de estudio, de práctica reflexiva y de compromiso ético con la infancia y la juventud. No se trata de aplicar modas educativas, sino de leer el entorno, identificar las barreras para el aprendizaje y construir estrategias que respondan de manera concreta y sensible a cada realidad escolar. La profesionalización del magisterio no es una opción, es una exigencia ética ante el reto de formar generaciones que no sólo aprendan a resolver problemas, sino a vivir con dignidad, a pensar críticamente y a transformar su mundo.

En esta tarea, cada docente actúa como un investigador de su propia práctica que dialoga con sus pares, como un generador de cultura escolar. Esta dimensión del trabajo educativo requiere ser reconocida, respaldada y valorada por la sociedad en su conjunto. Porque cuando hablamos de mejora de la educación, no hablamos solo de infraestructura o de tecnologías, hablamos de la capacidad humana de observar, cuestionar, ajustar y evolucionar en favor de quienes más lo necesitan: nuestras niñas, niños y adolescentes.

Por ello, es momento de que como sociedad asumamos una mirada más amplia y respetuosa hacia el quehacer educativo. No podemos permitirnos desconocer que en cada escuela se libra una batalla cotidiana contra la indiferencia, las redes, los medios, el rezago, la violencia y la desigualdad, y que quienes lideran esas luchas son profesionales que merecen todo el reconocimiento. La educación no se improvisa: se construye con conocimiento profundo, con vocación lúcida y con una práctica sostenida por el pensamiento crítico y la colaboración. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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El reto de la convivencia escolar

«Es en el hogar donde los niños deben aprender las mejores lecciones de la vida: amor, respeto, empatía y disciplina.» – Anónimo

El proceso de enseñanza y aprendizaje en los centros educativos va mucho más allá de la simple transmisión de conocimientos. En cada aula, se desarrollan dinámicas sociales que influyen en la formación académica, emocional y social de los estudiantes. Sin embargo, existen factores que pueden obstaculizar este proceso, como es el caso de las conductas disruptivas, las cuales generan un impacto no solo en quienes las protagonizan, sino también en sus compañeros y en el ambiente escolar en su totalidad.

Las conductas disruptivas pueden manifestarse de diversas maneras, desde la falta de interés y participación en las actividades escolares hasta problemas graves de disciplina que afectan el orden y la convivencia en el aula. Estas actitudes, cuando no se atienden de manera adecuada, crean un clima adverso que repercute en la calidad del aprendizaje y en la estabilidad emocional tanto del alumnado como del profesorado. No se trata únicamente de cuestiones de disciplina, sino de situaciones que reflejan realidades más profundas que requieren un abordaje integral.

Uno de los mayores desafíos que enfrenta el personal docente es equilibrar la enseñanza de contenidos curriculares con la gestión de la convivencia en el aula. Los maestros no solo imparten conocimientos, sino que también desempeñan un papel clave en la formación socioemocional de sus estudiantes. Para ello, cuentan con herramientas pedagógicas diseñadas para manejar este tipo de problemáticas de manera efectiva, buscando estrategias que promuevan el respeto, la responsabilidad y el sentido de comunidad dentro de la escuela.

Es importante destacar que la labor docente en estos casos no se limita a imponer normas o corregir comportamientos, sino que implica un conocimiento profundo del desarrollo infantil y adolescente, así como de metodologías que fomenten la motivación, la inclusión y el trabajo en equipo. A través de años de formación y experiencia, los docentes aprenden a identificar los factores que pueden estar generando las conductas inadecuadas y a intervenir de manera oportuna para prevenir su escalamiento.

Sin embargo, el trabajo del personal escolar no puede ni debe realizarse de manera aislada. Para que las estrategias educativas sean verdaderamente efectivas, es imprescindible la colaboración de las familias. La comunicación entre la escuela y el hogar es un elemento clave en la prevención y el manejo de conductas disruptivas. Cuando los padres y cuidadores están informados sobre lo que ocurre en el aula, pueden reforzar desde casa valores como la responsabilidad, la empatía y el respeto por los demás.

Es necesario que las familias comprendan que los llamados de atención por parte del personal docente no deben interpretarse como críticas o confrontaciones, sino como oportunidades para trabajar en conjunto en la formación de sus hijos. Muchas veces, los problemas de conducta en la escuela son reflejo de necesidades emocionales no resueltas, de dinámicas familiares complejas o de dificultades en el desarrollo personal del estudiante. En este sentido, el apoyo de los padres es fundamental para implementar estrategias que permitan abordar estas situaciones de manera integral.

Los centros educativos están comprometidos con la construcción de ambientes de aprendizaje positivos y seguros, pero este esfuerzo solo puede dar frutos si es respaldado por la sociedad en su conjunto. La convivencia escolar no es responsabilidad exclusiva del profesorado, sino un reto compartido que involucra a estudiantes, familias, autoridades y comunidad en general. Cuanto mayor sea la conciencia sobre la importancia de la educación emocional y disciplinaria, más posibilidades habrá de lograr un entorno donde todos los niños y adolescentes puedan desarrollarse en condiciones óptimas.

Por ello, es crucial que como sociedad valoremos el trabajo que se realiza en las escuelas, reconociendo el esfuerzo de los docentes por manejar situaciones complejas y brindando el apoyo necesario para fortalecer la educación desde casa. La educación no es solo un derecho, sino un compromiso colectivo. Apostar por la colaboración entre familias y docentes es apostar por un futuro donde la formación académica y humana de los estudiantes sea verdaderamente integral y transformadora. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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Repensar la educación

«La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado, mientras que la imaginación abarca el mundo entero, estimula el progreso y da lugar a la evolución.» Albert Einstein, 1931

Releyendo el libro Einstein: su vida y su universo de Walter Isaacson, me encontré reflexionando profundamente sobre el propósito y la verdadera esencia de la educación en el mundo contemporáneo. La biografía de Albert Einstein no solo revela la genialidad de su pensamiento científico, sino que también nos invita a cuestionar los fundamentos sobre los cuales se construyen nuestros sistemas educativos actuales.

Einstein concebía la educación no como un proceso meramente mecanicista de acumulación de información o dominio de herramientas tecnológicas, sino como un ejercicio que debe priorizar la imaginación, la creatividad y el desarrollo de la individualidad. Para él, la «ventaja competitiva de una sociedad no vendrá de lo bien que se enseñe en sus escuelas la multiplicación o las tablas periódicas, sino de lo bien que se logre estimular la imaginación y la creatividad». Este planteamiento desafía la estructura tradicional de muchas instituciones educativas, que a menudo enfatizan la memorización y la repetición sobre el pensamiento crítico y la innovación.

Además, Einstein resaltaba la importancia del estudio de la historia y del análisis de las personalidades que han moldeado la humanidad, enfatizando la necesidad de fomentar la independencia de criterio y la capacidad de juicio. La educación, en su visión, no debía limitarse a la transmisión de conocimientos técnicos, sino que tenía que desempeñar un papel fundamental en la formación de ciudadanos críticos, autónomos y capaces de enfrentar los desafíos sociales y políticos de su tiempo.

Hoy, en una era caracterizada por la acelerada globalización y el dominio de la tecnología, la educación parece haber caído en la trampa de centrarse excesivamente en habilidades medibles y cuantificables. Se priorizan las competencias en matemáticas, programación y el uso de herramientas digitales por encima del desarrollo de la creatividad y la capacidad de interconectar ideas. Sin embargo, Einstein nos recuerda que la verdadera genialidad no radica en la mera reproducción de datos o procesos preestablecidos, sino en la posibilidad de imaginar nuevas realidades y perspectivas. Su famosa frase, «la imaginación es más importante que el conocimiento», resuena más que nunca: el conocimiento puede ser limitado, pero la imaginación abre un universo infinito de posibilidades.

En este sentido, la educación debe transformarse en un espacio que inspire a los estudiantes a cuestionar, explorar y experimentar con libertad. No basta con preparar individuos para un mercado laboral altamente competitivo; es imperativo formar seres humanos con una visión integral del mundo, con sensibilidad social y con la valentía de desafiar estructuras obsoletas. Como el propio Einstein señaló, «para castigarme por mi desprecio a la autoridad, el destino ha hecho que me convierta en autoridad yo mismo». Esta reflexión subraya la importancia de un modelo educativo que fomente el pensamiento independiente, la curiosidad intelectual y la capacidad de innovación, en lugar de limitarse a la obediencia de normas impuestas.

El despertar de la educación debe ser un llamado a replantear nuestras prácticas pedagógicas y a rescatar la esencia transformadora del aprendizaje. La educación del futuro no puede ser una simple extensión de los sistemas tradicionales; debe ser una revolución que coloque la creatividad y la libertad de pensamiento en el centro del proceso formativo. Solo así lograremos una sociedad en la que la innovación, la empatía y la inteligencia colectiva sean los verdaderos motores del desarrollo humano. Porque la educación es el futuro…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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8M… ¿Festejo o conmemoración?

«Existen dos maneras de enfrentar la injusticia: puedes aceptar las condiciones en las que vives o asumir la responsabilidad de cambiarlas.» – Gloria Steinem

El 8 de marzo no es un día de celebración, sino de conmemoración y lucha. A lo largo de la historia, las mujeres han tenido que pelear por derechos fundamentales que deberían haber sido reconocidos desde siempre. La equidad de género no ha sido un regalo, sino el resultado de innumerables esfuerzos colectivos, movilizaciones, sacrificios y vidas perdidas. La historia de esta fecha se remonta a principios del siglo XX, cuando mujeres de diferentes países alzaron la voz para exigir condiciones laborales justas, el derecho al voto y la participación en la vida pública en igualdad de condiciones. No se trata de un simple recordatorio, sino de una oportunidad para reflexionar sobre cuánto falta aún por avanzar.

Desde entonces, la lucha ha continuado, y aunque se han conseguido avances en algunos ámbitos, la desigualdad persiste. El acceso a la educación, la representación en cargos de liderazgo, la eliminación de la brecha salarial y la erradicación de la violencia de género siguen siendo temas urgentes. En muchos países, las mujeres aún tienen que justificar su presencia en espacios históricamente dominados por hombres y demostrar, una y otra vez, su valía. La discriminación y los prejuicios continúan siendo barreras estructurales que limitan su desarrollo. Es un error pensar que la lucha terminó con la obtención del voto o con la promulgación de leyes de igualdad; la realidad sigue demostrando que falta mucho por transformar.

La violencia contra las mujeres es una de las manifestaciones más brutales de esta desigualdad. No solo se trata de agresiones físicas o feminicidios, sino de toda una estructura de violencia sistémica, simbólica, económica y psicológica que se sostiene a través del machismo cotidiano. La falta de oportunidades, el acoso laboral, la objetivización en los medios de comunicación y la doble jornada de trabajo son formas de violencia que muchas veces pasan desapercibidas o se consideran «normales». Mientras existan mujeres que teman por su seguridad en el espacio público, en el transporte o en sus propios hogares, la lucha seguirá siendo necesaria.

Es indispensable cambiar la forma en que se percibe el 8 de marzo. No es un día para felicitar a las mujeres ni para regalar flores o chocolates. No es una festividad, sino una jornada de visibilización, resistencia y memoria. Convertirla en un evento comercial o en una simple formalidad es ignorar la historia y las razones por las que se estableció. Es fundamental que las empresas, instituciones y gobiernos no solo «reconozcan» la fecha con discursos vacíos, sino que asuman compromisos reales para garantizar la equidad en todos los niveles. La igualdad de género no puede ser solo un tema de conversación en marzo; debe ser una prioridad constante.

Las mujeres han estado en la base del desarrollo de la humanidad, muchas veces en silencio y sin reconocimiento. Han sido científicas, escritoras, líderes, educadoras y trabajadoras incansables que han construido la historia mientras el mundo les negaba su lugar. A pesar de ello, su presencia ha sido minimizada o borrada de los relatos oficiales, para ello solo un dato ¿Sabía Usted que uno de los restos humanos más antiguos de nuestro país el llamado «Hombre de Tepexpan» se trata de una mujer? La lucha feminista no busca privilegios ni superioridad, sino justicia. Es una batalla por el derecho a existir sin miedo, a desarrollarse plenamente y a vivir en un mundo donde ser mujer no implique desventajas o riesgos.

El 8 de marzo debe ser un recordatorio de que aún hay mucho por hacer. No es una fecha para la complacencia, sino para la acción. Para transformar la realidad se necesita más que discursos bienintencionados; se requieren políticas públicas efectivas, educación con perspectiva de género, sanciones reales para la violencia y la discriminación, y, sobre todo, un cambio cultural profundo. La igualdad no es un favor, es un derecho. Y mientras este no sea una realidad para todas, la conmemoración del 8 de marzo seguirá siendo una exigencia y un llamado a la acción. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

De nada sirve conocer si no se sabe llevarlo a cabo

En el ámbito educativo, el conocimiento es solo el punto de partida. Lo que realmente marca la diferencia en los centros escolares es la capacidad de aplicarlo y analizarlo para fortalecer el trabajo directivo, mejorar el clima escolar y fomentar una cultura de colaboración.

Las y los directivos escolares desempeñan un papel clave en la creación de entornos donde el aprendizaje florezca. La manera en que gestionan los equipos, resuelven conflictos y promueven relaciones laborales positivas impacta directamente en la calidad de la enseñanza y en el bienestar de niñas, niños y adolescentes.

Como bien señala Benjamin Bloom, el verdadero valor del conocimiento radica en su aplicación. En este sentido, quienes ejercen la función directiva tienen la gran responsabilidad de transformar el conocimiento en estrategias concretas que favorezcan la mejora del ambiente escolar y el aprendizaje.

¿Qué acciones consideras esenciales para fortalecer el trabajo directivo en tu comunidad educativa? ¡Leemos tus ideas!

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Conflicto. ¿Problema u oportunidad?

🔹 En la función directiva, saber manejar las diferencias y tensiones dentro de un equipo de trabajo no solo fortalece la labor del liderazgo, sino que también permite la mejora del clima escolar y de aprendizaje. Las dificultades no son el problema en sí mismo, sino la manera en que se abordan.

🔹 Un equipo donde se fomenta el diálogo y la escucha activa es un equipo que avanza. Cuando las personas que lideran los centros educativos logran transformar los desacuerdos en oportunidades de crecimiento, se construyen relaciones laborales más sanas, se fortalece la colaboración y, sobre todo, se generan ambientes propicios para el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.

📌 Como bien menciona Patrick Lencioni, lo que puede dañar un equipo no es el conflicto en sí, sino la incapacidad de encaminarlo hacia una solución que beneficie a todos.

✍🏼 ¿Cómo fomentas el trabajo colaborativo en tu equipo? ¡Te leo en los comentarios! ⬇️

La resolución de conflictos

«El conflicto no es necesariamente destructivo; bien manejado, puede ser una oportunidad para el cambio y el crecimiento.» Fisher, R., Ury, W., & Patton, B.

Al igual que en otras organizaciones, los centros educativos poseen características y condicionamientos que influyen en la dinámica de interacción humana. La diversidad de características, intereses y formación personal de sus integrantes puede dar lugar a situaciones y conflictos que demandan la audacia y experiencia del personal directivo para su adecuada resolución.

El trabajo directivo en las instituciones educativas enfrenta desafíos constantes que exigen competencias específicas para la gestión de conflictos, una tarea inherente al liderazgo escolar. Comprender las diversas respuestas que pueden surgir ante un conflicto no solo permite una gestión más efectiva, sino que también fomenta un clima organizacional favorable, esencial para el aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes. En este sentido, analizar las actitudes que adoptamos frente a los conflictos resulta imprescindible para mejorar el desempeño directivo.

La evasión, la difusión y la confrontación son tres enfoques posibles frente a un conflicto, cada uno con sus implicaciones en el ambiente escolar. Aunque la evasión puede parecer una solución inmediata, puede dejar problemas sin resolver, acumulando tensiones que eventualmente afecten el clima escolar. Por otro lado, la difusión puede servir como una estrategia para ganar tiempo y analizar la situación con mayor claridad, pero si no se traduce en una resolución concreta, corre el riesgo de perpetuar la incertidumbre. Por otra parte, la confrontación, cuando es abordada de manera no violenta, permite afrontar directamente el problema, abriendo espacios para el diálogo y la búsqueda de soluciones conjuntas.

Para las y los directores escolares, desarrollar la habilidad de abordar los conflictos de forma no violenta no solo es un indicador de madurez profesional, sino también una herramienta clave para modelar comportamientos positivos entre estudiantes y docentes. La capacidad de escuchar activamente, discutir sentimientos y puntos de vista, así como encontrar acuerdos sin recurrir a ataques personales crea un entorno donde el respeto mutuo y la empatía prevalecen. Esto no solo mejora las relaciones interpersonales dentro de la institución, sino que también establece un precedente importante para sus estudiantes, quienes aprenden habilidades sociales cruciales al observar cómo se resuelven los conflictos en su entorno.

La labor directiva no se limita a la administración de recursos materiales o a la supervisión de procesos académicos. Incluye, de manera esencial, la gestión de las relaciones humanas dentro de la comunidad educativa. Reconocer el impacto que las estrategias de resolución de conflictos tienen en el aprendizaje de sus estudiantes transforma el liderazgo escolar en una función integradora. El personal encargado de la dirección que fomenta un ambiente positivo y constructivo promueve indirectamente mejores condiciones para la enseñanza y el aprendizaje, favoreciendo el desarrollo integral de sus estudiantes.

Así, el conocimiento y manejo adecuado de los conflictos se convierte en un puente hacia la mejora de los aprendizajes de niñas, niños y adolescentes. Esto, que constituye el núcleo de la función escolar, requiere que las y los directores cultiven competencias que les permitan actuar como mediadores efectivos. Así, el liderazgo directivo no solo cumple con sus responsabilidades inmediatas, sino que también fortalece las bases de una comunidad educativa más resiliente, comprometida y orientada hacia el desarrollo pleno de todos sus miembros. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

🔍📢 📚 Docentes y la desconexión digital: Un derecho que debemos respetar 📵

En la era digital, la comunicación entre padres, docentes y autoridades educativas se ha vuelto más accesible, pero ¿realmente sabemos cuándo y cómo establecer límites? 🤔

Tras la pandemia, muchos maestros y directivos han visto cómo su jornada laboral se extiende indefinidamente 📲💬. Mensajes en WhatsApp a cualquier hora, solicitudes urgentes en fines de semana o incluso en vacaciones, han creado la falsa idea de que deben estar disponibles 24/7. Sin embargo, la educación tiene horarios, y los docentes también tienen derecho al descanso, a la privacidad y a la desconexión digital.

📌 ¿Sabías que la legislación laboral protege a las y a los trabajadores de la educación de este tipo de exigencias? No pueden ser obligados a utilizar su celular personal para atender asuntos laborales fuera de su jornada, ni tampoco a responder de inmediato a cualquier mensaje fuera de horario.

🙌 Respetemos su tiempo y su esfuerzo. La educación es una profesión de vocación, pero eso no significa que deban trabajar sin descanso. Establecer horarios de comunicación claros, utilizar canales institucionales y fomentar el respeto hacia la desconexión digital beneficia a toda la comunidad educativa.

📢 ¡Hagamos conciencia! Si eres madre, padre, autoridad educativa o miembro de la comunidad escolar, recuerda que detrás de cada mensaje hay un maestro que merece su espacio. El equilibrio entre la vida laboral y personal es clave para una mejor educación.

📣 Comparte este mensaje para apoyar a nuestros docentes y directivos. ¡Respetemos su derecho a desconectarse!🙌💙✏️ #Docentes #RespetoLaboral #DesconexiónDigital #EducaciónConLímites

La construcción del clima escolar influye directamente en el aprendizaje

Para quienes desempeñan la función directiva en los centros educativos, comprender esta idea es clave. Promover un entorno donde los docentes puedan reflexionar y decidir sobre su labor no solo favorece el trabajo en equipo, sino que también contribuye a la mejora del clima escolar, el fortalecimiento del trabajo directivo y la construcción de relaciones laborales más sólidas. Todo esto, en última instancia, impacta de manera positiva en la mejora del ambiente de aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes.

Facilitar espacios de diálogo, confianza y profesionalización docente es una tarea fundamental para la mejora del clima de aprendizaje. ¡Construyamos juntos comunidades escolares más enriquecedoras y comprometidas con el desarrollo de sus estudiantes!

📢 El aprendizaje es un proceso social 📢

Quienes desempeñan la función directiva en los centros escolares tienen una gran responsabilidad en la construcción de un entorno donde el aprendizaje se potencie a través de la interacción y el uso de herramientas adecuadas. Como bien señala Lev Vygotsky, el aprendizaje ocurre en un contexto social y se fortalece cuando hay colaboración y apoyo mutuo.

💡 Un equipo bien coordinado, con relaciones laborales positivas y un clima escolar armonioso, favorece el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes. Cuando la dirección escolar impulsa espacios de comunicación efectiva y fomenta la participación activa de todos los actores educativos, se generan ambientes de aprendizaje más enriquecedores.

🔎 Reflexionemos sobre la importancia del trabajo conjunto: el fortalecimiento del trabajo directivo y la mejora del clima escolar no solo benefician a docentes y personal educativo, sino que impactan directamente en el bienestar y el éxito de las y los estudiantes.

✨ Construyamos comunidades de aprendizaje donde cada interacción sume al crecimiento de todos. ✨