El rol de la familia en la escuela

«Un sistema escolar que no tenga a los padres como cimiento, es igual a una cubeta con un agujero en el fondo». Jesse Jackson

La participación activa de los padres de familia en los proyectos educativos y en la vida escolar de sus hijos es un pilar fundamental para el éxito académico y el desarrollo integral de estudiantes. Este enfoque colaborativo entre la escuela y el hogar trasciende la tradicional visión de los padres como meros proveedores de recursos o asistentes ocasionales en la entrega de boletas o en actividades escolares, abriendo un espacio más amplio y significativo para su implicación.

Para los equipos de los centros escolares, es crucial reconocer y valorar la diversidad de experiencias, conocimientos y habilidades que los padres pueden aportar. La colaboración con las familias no solo enriquece el proceso educativo, sino que también fortalece la comunidad escolar, creando un ambiente de respeto y apoyo mutuo. La inclusión de los padres en la planificación y ejecución de proyectos educativos no solo mejora el rendimiento académico de los estudiantes, sino que también fomenta habilidades sociales, responsabilidad, y autoestima.

Por otro lado, para las familias, involucrarse activamente en la educación de sus hijos significa ir más allá del apoyo en tareas y la provisión de recursos. Significa estar presentes, interesados y comprometidos con su desarrollo académico y personal. Esta implicación directa tiene un impacto positivo no solo en el aprendizaje de los niños, niñas y adolescentes, sino también en la construcción de una relación más sólida. 

Además, al participar en los proyectos escolares, los padres se convierten en modelos a seguir para sus hijos, mostrando la importancia de la educación y el aprendizaje continuo, lo que fomenta la cercanía al interior de la familia, estimula los temas comunes de conversación y amplía las experiencias y los recuerdos de los menores y adolescentes sobre esta importante etapa en sus vidas.

Es esencial que tanto escuelas como familias trabajen juntas para superar los mitos y tradiciones que limitan la participación parental, promoviendo un diálogo continuo y constructivo. Los beneficios de una colaboración efectiva entre padres y escuelas son evidentes y múltiples: desde la mejora en el rendimiento académico y el desarrollo socioemocional, hasta la creación de un ambiente escolar más inclusivo y respetuoso.

La participación activa de los padres en los proyectos escolares no es solo un complemento deseable, sino un componente esencial para el éxito y el bienestar de estudiantes. Se enseña mucho más con el ejemplo que con las palabras. Al unir esfuerzos, las familias y las escuelas pueden construir una comunidad educativa más fuerte, inclusiva y efectiva, beneficiando no solo a los estudiantes, sino a la sociedad en su conjunto. Porque la educación es el camino…

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Las enseñanzas de Otis

«La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.» Eduardo Galeano

El devastador paso del huracán Otis por Guerrero ha dejado una estela de desolación, particularmente en Acapulco y sus alrededores. Las cifras trascienden los dígitos de un informe; relatan historias de vidas jóvenes interrumpidas, de educación en pausa, de futuros inciertos. Casi 300,000 niños, niñas y adolescentes han sido afectados directamente, y el cierre de escuelas ha impactado la educación básica de casi 178,000 estudiantes. Este impacto al sistema educativo resalta una verdad ineludible en todo México: la urgencia de prepararnos mejor frente a desastres naturales y de unirnos en la adversidad para construir una comunidad más robusta y cohesionada.

Las lecciones de otros huracanes como María y Katrina nos enseñan que las afectaciones psicosociales y educativas en los niños son profundas. La educación no es solo una transferencia de conocimiento; es un pilar de seguridad, un retorno a la normalidad, y una fuente de esperanza en tiempos de crisis. Las escuelas se convierten en santuarios en medio del caos, ofreciendo no solo aprendizaje académico, sino también apoyo emocional y social, elementos vitales para el bienestar infantil y juvenil.

Guerrero nos muestra que cada escuela debería tener un plan de emergencia que incluya evacuación, primeros auxilios y apoyo psicológico. La infraestructura debe ser revisada y fortalecida, y los gobiernos deben incorporar mecanismos para introducir la gestión de riesgos y la resiliencia como aspecto clave. Además, la formación de docentes en educación emocional, primeros auxilios psicológicos y la detección de signos de trauma en estudiantes son esenciales para cuando existan situaciones de emergencia en los centros educativos y las comunidades para una mejor recuperación luego de eventos catastróficos como éste.

La generosidad y solidaridad que surge tras un desastre natural son fundamentales. La movilización de la niñez y juventud para la recolección de víveres y apoyos solidarios en estos momentos son fundamentales. Esta solidaridad no solo alivia el sufrimiento a corto plazo sino que también contribuye a la formación de una mejor personalidad en nuestras niñas, niños y jóvenes.

La solidaridad vista en Acapulco y las acciones conjuntas para la recuperación tienen el poder de transformar. Al involucrar a niños y adolescentes en esfuerzos de ayuda y reconstrucción, estamos fomentando en ellos la empatía y la responsabilidad social. Estos jóvenes no solo aprenden a sobrevivir; se capacitan en el cuidado de los demás, en la construcción de comunidades resilientes y en liderar en medio de la adversidad.

Así, el huracán nos deja valiosas lecciones. La necesidad de estar preparados, la fuerza de la sociedad civil, la importancia de la educación como un eje de recuperación, y la fuerza de la solidaridad son claras. Debemos tomar estas enseñanzas y aplicarlas, no solamente en Guerrero sino en cada entidad de la República, para estar mejor preparados para el futuro. Porque si algo es seguro, es que no será el último evento catastrófico natural que tengamos, por lo que debemos estar más preparados. Porque la historia nos ha enseñado que este no será el último desafío natural que enfrentaremos. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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De Simitrio a Derbez

«La educación como práctica de la libertad; en contra de una educación que es práctica de la dominación.» – Paulo Freire.

La imagen del maestro en el cine mexicano ha evolucionado significativamente a lo largo de las décadas, reflejando las transformaciones socio-políticas y pedagógicas que ha vivido el país. En «Simitrio» (1960), dirigida por Emilio “El Indio” Fernández y protagonizada por José Elías Moreno que interpreta al maestro Don Cipriano, el docente emerge como figura central y guía, en un México rural que busca consolidar su identidad y unidad, llevando la educación a todos los rincones, especialmente a las zonas más alejadas. El maestro es visto como un agente de cambio y transformación para comunidades con limitado acceso a la educación, en una época en la que el país intentaba superar marcadas desigualdades y establecer un sistema educativo inclusivo y nacionalista.

En la película «El profe» (1971) que interpreta Mario Moreno “Cantinflas” como el Profesor Sócrates García continúa poniendo en relieve el papel del educador como pilar de la comunidad y agente transformador. En esta película, el maestro se presenta como una figura inspiradora, comprometida y dedicada, reflejando una sociedad que, aunque en proceso de modernización, aún enfrenta tensiones entre tradición y contemporaneidad.

Décadas después, «El último vagón» (2023) la actriz nominada al Óscar Adriana Barraza (Babel) que destaca en el rol de la maestra Georgina nos ofrece una representación matizada del docente en un contexto particular: la educación en movimiento. En esta historia, la maestra, en medio de la era dorada de las redes ferroviarias mexicanas, brinda educación a los hijos de ferrocarrileros en un vagón de tren adaptado como aula. La película subraya las tensiones políticas y sociales, en particular las amenazas gubernamentales de clausurar escuelas rurales, y refleja la dedicación y resistencia de los maestros que enseñan en circunstancias desafiantes.

En cartelera actualmente, «Radical» (2023) nos sumerge en el mundo de la pedagogía de Freire. La película desafía no solo las metodologías educativas tradicionales sino también las estructuras de poder en la sociedad. En medio de desafíos contemporáneos como la delincuencia y la marginación, Eugenio Derbez que encarna muy bien al maestro innovador Sergio Juárez Correa, intenta inspirar y transformar las vidas de sus alumnos. La película nos muestra que, incluso en contextos urbanos y tumultuosos, la figura del maestro sigue siendo esencial. La enseñanza no se limita simplemente a impartir conocimientos, sino que se convierte en un acto revolucionario que busca empoderar a los estudiantes y desafiar las estructuras existentes.

Las representaciones cinematográficas del maestro en México nos ofrecen una ventana para entender la evolución de la educación en el país, así como los desafíos y esperanzas que la han acompañado. Reflejan un modelo pedagógico y una sociedad en constante cambio, mostrando la inquebrantable relevancia del docente en la formación de generaciones. La figura del maestro ha evolucionado, pero su esencia como pilar de la sociedad permanece intacta. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La importancia de la educación inicial

«Los primeros años de vida del niño son fundamentales para su desarrollo futuro. Es el período en que la inteligencia del niño es más plástica y capaz de adaptarse, y es el período más importante de la vida.» María Montessori

La Educación Inicial, que abarca desde el nacimiento hasta antes de la educación primaria, se reconoce no solo como un derecho fundamental de niñas y niños, sino también como una piedra angular en el desarrollo humano. Durante esta etapa, se sientan las bases del aprendizaje, la inculcación de valores y el fomento de actitudes que promueven el diálogo y la tolerancia.

En México comienzan en 1928 con la Asociación Nacional de Protección a la Infancia. Luego, en 1937, cambiaron su nombre a Guarderías Infantiles. La Secretaría de Salubridad y Asistencia creó más guarderías y en 1943 se enfocaron en ayudar a madres e hijos. En 1943 se funda el IMSS que también abrió espacios. Con el tiempo, en 1976, se creó una dirección especial para atender a hijos de madres trabajadoras y cambiaron el nombre de ‘Guarderías’ a ‘Centro de Desarrollo Infantil’, buscando una educación completa para los niños. Años después, en 1985 y 1992, hubo más cambios y se publicó un programa que resaltaba la relación entre el educador y los niños. Luego, en 2013, se propuso un modelo que pasó de solo cuidar a los niños a realmente educarlos. Y en 2018, se introdujo un programa para educar a niños de 0 a 3 años y, a partir de mayo de 2019, se declaró que la Educación Inicial en México es obligatoria. Ahora es parte de la educación básica junto con preescolar, primaria y secundaria. En ella, se asientan las bases del aprendizaje y la formación de valores; así como las actitudes que favorecen la capacidad del diálogo y tolerancia en las relaciones interpersonales.

Entre los numerosos beneficios de la educación inicial para niñas, niños y la sociedad en general, destacan: un desarrollo cognitivo ampliado, habilidades sociales y emocionales fortalecidas, un estímulo enriquecido del lenguaje, preparación óptima para la educación formal, promoción del desarrollo motor, fomento de la creatividad e imaginación, consolidación de hábitos y rutinas saludables, impulso de la autonomía personal, beneficios tangibles para las familias, mayor inclusión y diversidad, y, sin duda, una formación robusta para enfrentar los desafíos de la vida y lograr resultados futuros prometedores.

En contraposición, carecer de esta educación puede intensificar las disparidades en los aspectos mencionados, provocando efectos negativos a largo plazo, como un desarrollo cognitivo restringido, un avance académico limitado, desigualdades económicas acentuadas y pérdida de los beneficios asociados al bienestar económico y salud.

Estas instituciones no solo merecen nuestro respeto, sino también el respaldo y apoyo de los tres niveles de gobierno. La valiosa labor que su equipo profesional realiza en beneficio de la niñez debe ser reconocida, valorada y sostenida por su trascendental impacto en la sociedad. Por que la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Docentes y tecnología en el siglo XXI

«El objetivo real de la educación es darle alas a la mente humana». William Butler Yeats

En pleno siglo XXI, con un sinfín de avances tecnológicos revolucionando nuestras vidas en todas las áreas, la escuela se encuentra en una encrucijada. Surge un debate sobre el rumbo que debe tomar en un contexto donde la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están transformando rápidamente nuestra sociedad. Algunos argumentan que la escuela debe abrazar estos avances y transformarse profundamente, mientras que otros creen que es el momento de repensarla y preservar su esencia humana, incluso alejándola de estas tecnologías.

Frente a este desafío, es crucial comprender que, en cualquier momento de la historia, es propicio reflexionar sobre nuestro camino y buscar opciones que nos acerquen a nuestras aspiraciones. En este contexto, resulta esencial reconocer que la presencia de los docentes frente a las aulas sigue siendo más relevante que nunca. En un mundo en constante evolución tecnológica, es su cercanía humana la que nos permite atender a nuestra naturaleza y comprender que somos la razón de nuestra existencia.

En estos tiempos de avances y retos tecnológicos, el papel del personal docente adquiere una importancia fundamental. Son ellos quienes nos invitan a la reflexión, al entendimiento y a la comprensión, guiándonos en nuestro aprendizaje social. Su cercanía y dedicación nos permiten establecer vínculos comunitarios que fomentan el desarrollo individual y colectivo.

La presencia de los docentes en el aula trasciende la simple transmisión de conocimientos. Su labor abarca la formación de ciudadanos críticos, creativos y éticos, capaces de enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio. Ellos nos enseñan a analizar, cuestionar y colaborar, dotándonos de herramientas para comprender y dar sentido a la información que nos rodea.

Si bien las tecnologías pueden brindarnos acceso a una gran cantidad de información y recursos educativos, es el docente quien nos guía en el proceso de filtrar, analizar y aplicar dicho conocimiento de manera significativa. Su experiencia y sensibilidad nos permiten entender la relevancia de los contenidos académicos en el contexto de nuestras vidas y de la sociedad en la que vivimos.

En este sentido, el personal docente es fundamental para cultivar una educación humanizada que promueva valores como la empatía, la solidaridad y el respeto. Son ellos quienes nos inspiran a ser seres humanos conscientes, capaces de pensar críticamente y actuar de manera responsable en un mundo cada vez más interconectado.

Por tanto, en tiempos de avances y retos tecnológicos, no debemos olvidar la importancia del personal docente. Su presencia y compromiso son indispensables para aspirar a una mejor humanidad. La escuela debe ser un espacio de encuentro, diálogo y aprendizaje donde se cultive el desarrollo integral de las personas, combinando el potencial de la tecnología con la esencia humana que solo los docentes pueden transmitir. Solo a través de su dedicación y compromiso podremos construir un mundo mejor, donde la tecnología sea una herramienta al servicio de la humanidad y no un fin en sí misma. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Aprendizaje y violencia vicaria

«El abuso emocional es como el aire en una habitación cerrada. No se puede ver, pero lo sientes todo el tiempo.» – Beverly Engel

La violencia vicaria, definida por la ley como una forma de violencia de género ejercida por hombres hacia mujeres, ha emergido como una problemática que profundiza más allá del ámbito doméstico, extendiéndose a otras facetas de la sociedad, especialmente en la educación de los niños. Esta violencia se manifiesta principalmente a través de los hijos, como medio para causar daño a la madre ha emergido como una problemática profunda que no solo atañe al ámbito doméstico, sino que también tiene ramificaciones significativas en otros aspectos de la sociedad.

Este tipo de violencia, que puede manifestarse desde la manipulación emocional hasta acciones tan extremas como el homicidio, es una alarma que no podemos ignorar. Va más allá del daño físico; desgarra el tejido emocional y psicológico de los niños, dejando heridas que pueden persistir a lo largo de sus vidas. Estos daños no solo se reflejan en la dinámica familiar, sino que también se manifiestan en el entorno escolar, afectando el aprendizaje, el comportamiento y las relaciones interpersonales

Contrario a ciertos mitos, la violencia vicaria no inicia con simples actos de manipulación, sino que tiene raíces más tempranas, específicamente en la etapa del noviazgo. La exposición temprana y continua a este tipo de violencia desgarra el tejido emocional y psicológico de los niños, dejando cicatrices que pueden persistir durante toda su vida.

A pesar de que muchos niños víctimas presentan síntomas como falta de concentración, problemas de memoria, desinterés, dificultades en las relaciones sociales y trastornos del sueño, la cruda realidad es que la mayoría son retirados de las escuelas para no ser localizados. Esto agudiza aún más su vulnerabilidad y los aleja de una posible red de apoyo.

La preocupación sigue cuando consideramos el impacto en el entorno escolar. Los daños psicológicos que los niños experimentan en sus hogares se manifiestan en el aula de manera silenciosa pero devastadora. Los menores pueden llevar consigo el dolor y la confusión que les ha sido impuesto, lo que afecta su capacidad para relacionarse con sus compañeros y docentes. 

Las relaciones interpersonales también se ven afectadas. Los niños pueden desarrollar patrones de conducta que dificultan la formación de amistades sólidas y relaciones saludables. La confianza en las figuras de autoridad, como directivos y docentes, puede verse erosionada debido a la traición que han experimentado en el hogar.

En este contexto, la escuela juega un papel crucial. Reconocer las señales de trauma y ofrecer un ambiente seguro y comprensivo puede marcar la diferencia en una vida. La educación emocional y la promoción de relaciones respetuosas son esenciales para contrarrestar los efectos negativos de este tipo de violencia. La violencia escolar puede ser una consecuencia directa de la violencia vicaria. Desafortunadamente, a pesar de que las escuelas podrían ser una solución, en muchos casos son parte del problema. La falta de formación y sensibilización hace que, en ocasiones, el personal evite involucrarse, erróneamente catalogando la situación como un «problema de pareja».

Como sociedad, la concientización sobre la violencia vicaria y sus consecuencias es fundamental. Necesitamos cambiar paradigmas y fomentar un ambiente en el que los niños puedan crecer libres de crueldad y control. Porque la educación es el camino…

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Parte de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Día mundial de los Docentes

“Para dominar, el dominador no tiene otro camino sino negar a las masas populares la praxis verdadera. Negarles el derecho de decir su palabra, de pensar correctamente».  Paulo Freire

En 1994, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) designó el 5 de octubre como el Día Mundial de los Docentes. Esta fecha se estableció para honrar la labor incansable de las personas que, en todos los niveles educativos, se comprometen a educar y formar a las futuras generaciones.

Vivimos en una era globalizada, caracterizada a menudo por el consumismo, el individualismo y un declive en la solidaridad social. En este contexto, surge con más fuerza que nunca la necesidad de educadores que no solo transmitan información, sino que también formen individuos críticos, empáticos y conscientes de su entorno. La educación que recibimos moldea nuestro pensamiento y nuestra sociedad, evidenciando que nunca ha sido un proceso neutral.

Paulo Freire, ya nos alertaba sobre una educación que se limitara a ser meramente instrumental e irreflexiva. Los docentes deben trascender el rol de simples transmisores de datos y convertirse en verdaderos mediadores culturales, inspirando y fomentando la transformación social. Si bien el avance tecnológico ofrece una vasta cantidad de información, es la educación y el docente en particular, quien proporciona la ética y los valores para usarla con responsabilidad y propósito.

Para que los docentes puedan llevar a cabo esta crucial labor, es imperativo que cuenten con el apoyo necesario. Desde el ámbito gubernamental, esto significa brindar confianza, aligerar cargas administrativas, fortalecer la infraestructura educativa, ofrecer salarios dignos y garantizar la libertad académica. Además, la sociedad en su conjunto debe valorar y reconocer la complejidad y profundidad de la formación pedagógica, comprendiendo que enseñar va más allá de transmitir conocimientos; implica comprender y atender a la humanidad en toda su diversidad.

El hogar también juega un papel fundamental en este proceso. Es vital que las familias entiendan que la formación docente abarca no solo habilidades pedagógicas, ni solamente pararse frente a un grupo a repetir una lección, sino complejos conocimientos sociales, culturales y biológicos, adquiridos en años de estudio y experiencia para desarrollar estas competencias y que juntos determinan la mejor manera de guiar el aprendizaje.

La educación es un viaje continuo, presente en cada momento de nuestras vidas. A pesar de ello, es esencial reconocer que ser docente no es tarea para cualquiera. Requiere años de preparación especializada, experiencia y una profunda vocación. 

Así que, en este Día Mundial de los Docentes, es imperativo reconocer y revalorar el papel central de nuestros docentes en la sociedad. Es una ocasión para reflexionar sobre su inmensa contribución al bienestar social y comunitario así como entender que los países cuyos sistemas educativos les han transformado en grandes potencias, lo han hecho bajo la piedra angular del reconocimiento social del docente. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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Delegar para mejorar

«La mejor capacidad ejecutiva es la de aquel que tiene sentido suficiente para escoger buenos hombres para hacer lo que se necesita hecho, y suficiente autocontrol para mantenerse alejado mientras lo hacen». Theodore Roosevelt

Si bien el aprendizaje es el centro de la tarea educativa de todo centro escolar, la buena marcha de la institución es esencial para garantizar que se generen las condiciones adecuadas para que ello suceda, así, a tarea de una director que todo lo hace y puede es historia y hoy se hace necesario el compromiso colectivo que solo se puede llevar a cabo con una adecuada delegación de actividades.

La delegación de funciones en un centro educativo es una suerte de arte y ciencia combinadas, un equilibrio delicado que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en la formación integral de estudiantes. En el entorno escolar, donde la misión es tan crucial como la formación de las futuras generaciones, comprender cómo y cuándo delegar funciones es un componente vital en una administración adecuada de la institución.

Delegar de manera efectiva inyecta una fuerte sensación de cohesión dentro del equipo de trabajo. Cuando las responsabilidades son claras y cada parte del equipo comprende su rol, se elimina la ambigüedad que a menudo puede conducir a conflictos o malentendidos. Este entendimiento mutuo genera un ambiente de respeto y colaboración. Al delegar, el liderazgo no se concentra en una única persona, sino que se distribuye entre varios miembros, creando un ambiente en el que todos se sienten valorados y partícipes del proceso educativo.

No se trata solo una herramienta administrativa; es también un catalizador para un aprendizaje más efectivo. Cuando docentes y otros miembros del personal tienen roles bien definidos y reciben oportunidades para el desarrollo profesional, esto se traduce en una educación más centrada y eficiente para estudiantes. Un ambiente bien organizado es más propicio para el aprendizaje, en donde estudiantes se benefician de la claridad y estructura que proviene de una delegación efectiva.

Ésta está intrínsecamente vinculada al cumplimiento de metas. Al definir roles y responsabilidades, se establecen expectativas claras que actúan como una hoja de ruta hacia objetivos más grandes. Cuando cada parte del equipo sabe qué se espera de él y dispone de las herramientas para cumplir con esas expectativas, alcanzar las metas institucionales se convierte en un proceso más estructurado y alcanzable.

Un aspecto crucial de la delegación es el empoderamiento del personal. Al sembrar autonomía para la toma de decisiones en su ámbito de competencia, se fomenta una cultura de responsabilidad y compromiso. Esta autonomía no solo mejora la satisfacción en el trabajo sino que también se traduce en un enfoque mas centrado en una mejor educación de estudiantes.

Si bien la delegación implica cierta estructura, también requiere la capacidad para adaptarse. Una dirección adecuada sabe cuándo es necesario hacer ajustes y está dispuesta a volver a delegar tareas según sea necesario, siempre con el objetivo último de beneficiar la experiencia educativa de estudiantes.

En última instancia, la delegación de funciones es más que una simple técnica de gestión: es una filosofía que impulsa la mejora continua, fomenta la cohesión y pone el enfoque donde realmente importa, en el bienestar y educación de estudiantes, con el firme conocimiento siempre de que se puede delegar autoridad, pero jamas la responsabilidad. Lograr esta compleja armonía requiere visión, esfuerzo y, sobre todo, un compromiso inquebrantable con la educación. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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El suicidio en la edad escolar

«No siempre podemos ver el dolor que las personas sienten, porque el dolor no siempre es físico. Aprende a escuchar las palabras no dichas y a entender las miradas esquivas.» — Anónimo

En el México contemporáneo, nos enfrentamos a un desafío que trasciende las barreras de la edad, género y clase: el suicidio en niñas, niños y adolescentes. Las cifras no mienten; el alarmante aumento de jóvenes que consideran o intentan quitarse la vida es una llamada de atención urgente.

Es un error social considerar el suicidio como un tabú, un tema que se debe esconder y nunca discutir. Al contrario, el silencio solo perpetúa el estigma y la soledad que sienten aquellos que contemplan este acto. Hablar del suicidio no significa fomentar la idea, sino abrir un espacio seguro donde aquellos que lo consideran pueden sentirse escuchados y comprendidos, lo que puede, en muchos casos, ser un primer paso crucial hacia la recuperación.

Las redes sociales y la comunicación digital han cambiado la forma en que niños y adolescentes interactúan entre sí, lo que ha llevado a nuevos desafíos como el ciberacoso, que ha sido asociado con un aumento en el riesgo de pensamientos y comportamientos suicidas.

Desde el hogar, es vital que padres y tutores estén prestos a las señales de alerta. La baja autoestima, el aislamiento social, la disminución en el rendimiento académico o cualquier cambio drástico en la conducta son claras banderas rojas. No se trata de invadir su privacidad, sino de mostrar interés genuino, escuchar sin juzgar y reafirmarles constantemente que no están solos.

En la escuela, es igualmente importante que maestros y personal estén capacitados para identificar y atender estos signos. No se puede esperar que docentes sean psicólogos, pero sí se puede esperar que la autoridad capacite e informe y que se fomente un ambiente donde estudiantes sientan que pueden acudir a un adulto de confianza.

Desde las políticas públicas es necesario crear programas especializados, formar docentes, personal médico, trabajo social y oros para detectar señales de alerta, promover la salud mental, acceso a servicios de salud, campañas de sensibilización, apoyo a familias y fomento a la investigación en el tema entre otros elementos para apoyar en el tema. 

Como sociedad, es imperativo reconocer y combatir las raíces del problema. Las presiones académicas, sociales, económicas y las expectativas desmedidas que se ponen sobre jóvenes son factores determinantes que contribuyen a su angustia.

Afrontar este reto nos exige a todos ser más empáticos, más observadores y dispuestos a actuar. El suicidio no es un acto de debilidad o egoísmo; es el resultado de un dolor que se siente insoportable. Y ese dolor puede aliviarse cuando nos tomamos el tiempo para entender, para escuchar, y para recordar que la conexión humana es, a menudo, el antídoto más poderoso contra la desesperación.

El tiempo de actuar es ahora. Por cada niña, niño y adolescente que se siente perdido en la oscuridad, recordémosle que hay una comunidad dispuesta a guiarles hacia la luz. Porque cada vida es valiosa, y cada sonrisa recuperada es una victoria para todos. Porque la educación, es el camino…

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Los libros de texto

«Los libros son espejos: sólo ves en ellos lo que ya tienes dentro de ti.» – Carlos Ruiz Zafón

El libro, ese silencioso testigo de nuestra evolución como especie, ha sido a lo largo de la historia un inquebrantable bastión de cultura y conocimiento. Desde sus humildes comienzos en sus predecesores como las tablillas de barro y jeroglíficos hasta los delicados papiros, el libro ha enfrentado adversidades, reflejando los altibajos de la propia humanidad. Pero ha sido el invento de la imprenta lo que catapultó su relevancia, democratizando la sabiduría y permitiendo que las ideas trascendieran fronteras y generaciones.

Sin embargo, el viaje de este constructor cultural no ha estado exento de desafíos. Se les ha tratado de «aniquilar», se les ha relegado a los rincones de sótanos oscuros, y a lo largo de la historia, libros han sido escondidos, perseguidos y hasta quemados. Pero, ¿por qué tal miedo a unas simples páginas impresas? Porque dentro de ellas reside el poder de transformar, de cuestionar y de inspirar. Cada vez que un libro es prohibido o quemado, es un reconocimiento tácito de su poder y potencia.

Consideremos, por ejemplo, la Biblia. Independientemente de las creencias religiosas, es innegable su impacto en la cultura y la historia. Ha sido un libro tanto venerado como vilipendiado, usado para justificar actos de amor, de odio y también de guerra. Pero, al mismo tiempo, ha sido una fuente inagotable de esperanza y guía para millones.

A pesar de los obstáculos, el libro ha demostrado ser el eterno liberador del hombre. Ha roto cadenas de ignorancia, ha encendido chispas de revoluciones y ha guiado a pueblos hacia su emancipación. A través de sus páginas, hemos sido testigos del pasado, hemos cuestionado el presente y hemos soñado con futuros mejores.

Desde los primeros libros de texto gratuitos en el México impactaron en la reducción de embarazos adolescentes, incrementaron el capital cultural familiar, democratizaron el conocimiento y coadyuvaron a la conformación de la cohesión cultural, accesibilidad y equidad social que hoy de nuevo tanto necesitamos.

En este contexto, es imperativo que como sociedad valorar, reconocer y celebrar el incalculable valor de estos libros. No solamente como un objeto físico, sino como un ente vivo que evoluciona y nos reta constantemente. Debemos conocerlos antes de darles un calificativo y de rechazarlos, y, sobre todo, entenderlos en su contribución a la sociedad inequitativa, violenta, injusta e individualista que hoy tenemos.

Como dice el novelista español Carlos Ruiz Zafón: «Los Libros son espejos: sólo ves en ellos lo que ya tienes dentro de ti». Al igual que ayer, estos libros de texto saldrán adelante, imperará la ciencia y el conocimiento, porque en cada libro reside una parte de nuestra historia pero también de nuestro futuro. Porque la educación es el camino.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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Los límites en la educación

«Los niños con límites claros son como los árboles con buenos sistemas de raíces: saben hasta dónde pueden llegar antes de quebrarse.» — Julie Lythcott-Haims

Entender la importancia de los límites en un entorno escolar es fundamental para fomentar un clima propicio para el aprendizaje. Los límites establecen un marco de comportamiento aceptable que promueve el respeto mutuo, la seguridad y un sentido de comunidad

En el centro escolar, los límites proporcionan orientación sobre lo que se espera de ellos en términos de comportamiento y rendimiento profesional. También proporcionan una estructura que puede ayudar a evitar malentendidos y conflictos, de ahí la importancia de lo que se hace en el hogar.

Además, el establecimiento de límites claros y la aplicación consistente de estos puede ayudar a mantener un ambiente de trabajo positivo y productivo. Cuando se respetan y se aplican de manera justa, pueden prevenir la formación de un ambiente de trabajo tóxico.

Los límites proporcionan a los estudiantes una estructura clara que les ayuda a entender lo que se espera de ellos. Esto puede incluir todo, desde las reglas de comportamiento hasta las expectativas académicas. Estos pueden ayudar a los estudiantes a sentirse más seguros y a entender mejor las consecuencias de sus acciones. Además, también pueden enseñarles a los estudiantes sobre el respeto mutuo y cómo su comportamiento puede afectar a los demás.

Sin límites claros, los niños pueden enfrentarse al día a día sin la capacidad de discernir qué decisiones son más convenientes para ellos. Si los padres se muestran como si no supieran lo que es mejor para sus hijos, dándoles total libertad para enfrentar las situaciones por sí solos, los niños pueden experimentar inseguridad y falta de dirección.

Es importante recordar que el cerebro de un niño no está completamente desarrollado, especialmente el lóbulo prefrontal, que se encarga de la toma de decisiones. Por tanto, no se les debe dar el poder de tomar decisiones por encima de los adultos. Los niños necesitan límites para aprender, crecer y desarrollarse de manera adecuada.

No es malo que los niños hagan berrinches, ya que es una forma normal de expresar su dificultad para aceptar los límites y reglas establecidas. A través de enfrentar estas dificultades, los niños desarrollan habilidades importantes. Es importante mantener la firmeza en la aplicación de los límites, ya que esto les enseña a los niños a lidiar con la frustración y a aprender a aceptar la decepción cuando las cosas no salen como ellos desean.

La ausencia de límites puede generar problemas de conducta en los niños. Es natural que los niños exploren y desafíen los límites a medida que desarrollan su sentido de identidad y aprenden cómo funciona el mundo. Enfrentar los límites y afrontar las consecuencias es parte del proceso de aprendizaje. No hay razón para enojarse con los niños cuando rechazan los límites, ya que esto es parte de su desarrollo normal.

Los límites les brindan seguridad, les enseñan a tomar decisiones adecuadas, afrontar dificultades, lidiar con la decepción y desarrollar habilidades emocionales y sociales. Tanto en los centros escolares como en los hogares, es esencial establecer límites claros y consistentes para promover un crecimiento saludable y un desarrollo adecuado en los niños. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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Director(a) por primera vez

«El liderazgo no se trata de tener un título o una designación. Se trata de impacto, influencia e inspiración.» Robin Sharma

Al asumir el liderazgo de una institución educativa por primera vez, es fundamental detenerse y reflexionar sobre la profundidad y alcance de tal responsabilidad. No se trata simplemente de asumir un nuevo título o posición; es una oportunidad para ser el catalizador de un cambio significativo, una transformación que puede resonar en cada rincón de la institución y más allá.

La experiencia de haber dirigido organizaciones educativas durante más de dos décadas me ha enseñado la singularidad de la dirección escolar. No es meramente una extensión del papel docente. Mientras que un docente se centra en el salón de clases, un director necesita ver el panorama completo, considerando cada elemento que conforma la organización. Y aquí radica una de las primeras reflexiones: comprender que la dirección demanda un conjunto de habilidades y competencias diferentes, y que, para ser eficaz, uno debe estar dispuesto a aprender y adaptarse constantemente.

El núcleo de cualquier institución educativa es el aprendizaje. Las decisiones, por lo tanto, deben reflejar este enfoque central. Pero, ¿cómo se asegura uno de que el aprendizaje sigue siendo el foco principal en medio de la maraña de responsabilidades administrativas? La clave radica en la formación continua. Sumergirse en literaturas actuales, estar al tanto de las investigaciones recientes y familiarizarse con competencias clave para la dirección puede proporcionar las herramientas necesarias para mantener ese enfoque.

Una gran parte de la dirección implica visualizar. Imaginar cómo se puede llevar a la institución desde donde está ahora hasta donde se aspira que esté. Pero la visión no es suficiente. Es necesario transformar esa visión en acciones tangibles. Los desafíos que se presentan pueden ser vistos como obstáculos o como oportunidades para crecer y evolucionar. La elección es nuestra.

La comunicación es la sangre vital de cualquier organización. Fomentar un diálogo abierto y honesto con su equipo no sólo promueve un ambiente de confianza, sino que también puede ser una fuente inagotable de ideas y perspectivas. Sin embargo, es esencial recordar que, aunque delegar es fundamental para la eficiencia, la responsabilidad final recae siempre en la dirección.

Finalmente, la actitud con la que se aborda la dirección puede marcar la diferencia. Una actitud proactiva y abierta, donde se valora la escucha y el intercambio de ideas, puede ser el fundamento sobre el que se construye una institución educativa próspera y dinámica.

Para aquellos que están al borde de este emocionante viaje de dirección escolar, es un camino desafiante, pero enormemente gratificante. Cada día ofrece una nueva oportunidad para marcar la diferencia, para influir positivamente en la vida de estudiantes y personal, así como para dejar una huella duradera en el mundo educativo. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Los Aparatos Ideológicos del Estado y la Conciencia Social en México

«Quien controla la narrativa, controla el mundo» . George Orwell

Louis Althusser, filósofo francés, aportó profundas reflexiones acerca de la estructura y la superestructura en las sociedades modernas, especialmente en su conceptualización de los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE). Según Althusser, estos aparatos desempeñan un papel crucial en la reproducción de las condiciones de producción y, por ende, en la perpetuación de la dominación de la clase dominante sobre las clases subalternas. Los AIE son principalmente la escuela, la familia, la iglesia, la cultura (literatura, arte, deporte), el sistema legal, los medios de comunicación, los sindicatos y los partidos políticos.

La función primordial de los AIE es transmitir la ideología dominante de la clase en el poder a las generaciones sucesivas. En otras palabras, moldean nuestra conciencia, determinan nuestra percepción de la realidad y delinean nuestras visiones del mundo. En este proceso, los individuos interiorizan valores, creencias y normas que guían su comportamiento y modulan su relación con el mundo que los rodea.

Tomando el caso mexicano como ejemplo, es posible observar cómo durante al menos tres décadas previas, todos los AIE operaban en sintonía bajo un mismo modelo ideológico. Esta homogeneidad ideológica, a lo largo del tiempo, consolidó una conciencia social que permeó todos los ámbitos de la vida, desde el económico y el cultural hasta el político y el social.

Sin embargo, cuando uno de estos aparatos cambia su dirección, como ha sucedido recientemente en México con el aparato educativo, se genera un desequilibrio. Dicho cambio no implica necesariamente una negatividad, pero sí evidencia la fragilidad y contingencia de la construcción ideológica dominante. La educación, por su poder formador y transformador, tiene el potencial de cuestionar y redefinir las percepciones previamente establecidas, generando así un escenario de tensiones y reconfiguraciones ideológicas.

Esta dinámica nos permite comprender que nuestra percepción de la realidad está condicionada y mediada por estructuras sociales que, de manera sutil pero constante, influyen en nuestras decisiones, aspiraciones y formas de interacción. La vida, en esencia, se moldea a través de las percepciones que se van formando por estos aparatos. Cada cambio, cada desajuste en estos mecanismos, desencadena consecuencias en el entramado económico, cultural, político y social de una nación.

La reflexión sobre los AIE en el contexto mexicano revela la importancia de cuestionar y reevaluar constantemente las bases ideológicas que rigen una sociedad. La capacidad de adaptación y respuesta ante los cambios en estos aparatos puede determinar no solo el rumbo de una nación, sino también la capacidad de sus ciudadanos para ejercer una agencia crítica y transformadora en su realidad. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La educación sexual. El elefante en la habitación

«Es más fácil construir niños fuertes que reparar adultos rotos.» Frederick Douglass

La responsabilidad social de educar a las nuevas generaciones no recae exclusivamente en el sistema educativo, sino que es un mandato compartido con las familias, las comunidades y, de hecho, la sociedad en su conjunto. Vivimos en una era de información, donde el acceso al conocimiento es vasto, pero al mismo tiempo, la desinformación y la información dañina también proliferan. Las niñas, niños y adolescentes están expuestos a un flujo constante de datos, imágenes y narrativas, y es nuestra tarea garantizar que estos estén alineados con una educación que les proteja y empodere.

Si consideramos la información sexual, el desconocimiento o la educación equivocada puede tener consecuencias profundas. Los datos son contundentes: la violencia, las violaciones y los embarazos tempranos están arraigados en la falta de educación y en la persistente cultura del silencio que rodea a la sexualidad. Negar el acceso a una educación sexual integral no solo desafía el derecho al libre desarrollo de la personalidad, sino que también perpetúa ciclos de abuso, ignorancia y trauma.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, al respaldar la educación y el conocimiento sobre estos temas, ha reconocido implícitamente el papel de la educación como herramienta de protección. Es un llamado a la sociedad a despertar y asumir esta responsabilidad colectiva. En lugar de censurar o evitar estos temas, es esencial que los abordemos de frente, con honestidad y cuidado, para equipar a nuestros jóvenes con las herramientas que necesitan para navegar en un mundo que a menudo puede ser confuso y peligroso.

No actuar, no informar, es permitir que la ignorancia se arraigue. Es permitir que los perpetradores actúen con impunidad. Es facilitar un terreno en el que las vulnerabilidades son explotadas. Es dejar a nuestras niñas, niños y adolescentes desarmados en un campo minado.

La educación sexual no solo es una cuestión de protección, sino también de empoderamiento. Se trata de permitir que las personas jóvenes entiendan y valoren su cuerpo, establezcan límites, comuniquen sus deseos y necesidades, y tomen decisiones informadas. Al hacerlo, cultivamos individuos que no solo están protegidos contra el daño, sino que también son activos defensores de sus derechos y de los derechos de los demás.

Necesitamos recordar que venimos de una cultura del silencio, en donde todo se esconde y nada sucede, en donde se aprende de amigos, internet, revistas o de actos traumáticos en donde la mayor cantidad de violaciones de menores provienen de familiares y amigos cercanos a la familia, lo que les abre la puerta, pero también les permite exigir un silencio que tanto ha dañado a nuestras familias.

Esta educación no es una opción, es un imperativo. No es solo una cuestión de moralidad o ética, sino de justicia y derechos humanos. Las decisiones que tomemos hoy en relación con la educación de nuestras jóvenes generaciones resonarán en las décadas venideras. Es hora de actuar con valentía, de enfrentar los tabúes y de trabajar juntos para garantizar que todas nuestras niñas, niños y adolescentes tengan el conocimiento, la comprensión y la capacidad para enfrentar y superar los desafíos que les presenta la vida. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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