Medios, redes y educación

«Los niños deben ser enseñados a pensar, no qué pensar.» Margaret Mead

Vivimos en una era en la que los medios de comunicación y redes sociales ejercen un poderoso impacto en nuestras vidas, especialmente en la de las niñas, niños y adolescentes. Estos medios e interacciones tienen la capacidad de influir en su aprendizaje, sus decisiones, su comportamiento y hasta en la forma en que se visten o alimentan. Este impacto no siempre se encuentra acorde con sus raíces culturales, sociales y económicos, aspecto que aprovechan las grandes compañías de alimentos chatarra pero que puede generar, además, un rompimiento generacional significativo, que por supuesto afecta el entorno escolar y por consiguiente, aprendizaje. 

Es innegable que los medios, en todas sus formas, están presentes en nuestra vida cotidiana de manera constante. A través de la televisión, el internet, las redes sociales y otros medios, se nos bombardea con información, imágenes y mensajes directos y subliminales que tienen la posibilidad de moldear nuestras percepciones y acciones. Esto tiene un impacto directo en las niñas, niños y adolescentes, quienes están en pleno proceso de formación y desarrollo.

Uno de los aspectos preocupantes es que la influencia de los medios puede alejarse de los valores, antecedentes culturales y expectativas de las generaciones anteriores. Los jóvenes están expuestos a modelos de comportamiento y estereotipos que pueden no ser congruentes con su realidad, sus experiencias y sus valores familiares. Esta desconexión puede generar conflictos y tensiones en los centros escolares, afectando tanto el proceso de aprendizaje como las relaciones intergeneracionales.

Es importante reflexionar sobre cómo los medios de comunicación moldean la percepción de la realidad y cómo esto puede impactar en la formación de las niñas, niños y adolescentes. ¿Qué tipo de mensajes se transmiten a través de los medios? ¿Cómo se presentan los roles de género, la diversidad cultural y otros aspectos relevantes para una educación inclusiva y equitativa? ¿Cómo podemos fomentar una visión crítica y reflexiva en los jóvenes para que puedan discernir entre la información veraz y los estereotipos dañinos?

La reflexión profunda sobre estos temas nos lleva a la necesidad de generar un espacio de diálogo y concientización entre padres, docentes y directivos escolares. Es fundamental que valoremos y analicemos juntos el impacto de los medios de comunicación en la vida de las niñas, niños y adolescentes. Debemos promover una educación mediática que les permita comprender y cuestionar la información que reciben, desarrollar un pensamiento crítico y tomar decisiones informadas.

El impacto de los medios de comunicación en la educación de las niñas, niños y adolescentes es un tema relevante y urgente. Requiere de nuestra atención y acción para garantizar que este impacto sea positivo y en línea con sus necesidades, valores y expectativas. Como padres, docentes y directivos escolares, tenemos la responsabilidad de fomentar una educación mediática que promueva el pensamiento crítico, la reflexión y el discernimiento en nuestros jóvenes. Porque la educación es el camino… 

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La educación pública frente a las redes sociales y medios…

El trabajo en equipo y el aprendizaje

«Nada es más importante en estos tiempos que crear organizaciones capaces de evolucionar.» Margaret Wheatley:

Es imperativo reconocer que una escuela no es solo un edificio con aulas; es un organismo complejo donde diversas personalidades, creencias, antecedentes y valores convergen. La forma en que esta diversidad se organiza y se maneja puede significar la diferencia entre un entorno de aprendizaje efectivo y uno en el que tanto los estudiantes como el personal se sienten perdidos o desanimados.

La dirección de un centro escolar tiene la responsabilidad crucial de orquestar este complejo conjunto de elementos humanos hacia un objetivo común: el aprendizaje efectivo y significativo de los estudiantes. No se trata solo de administrar recursos y ejecutar políticas; es, en gran medida, la habilidad para entender las complejidades humanas y utilizarlas como palancas para mejorar la educación. La clave está en desarrollar «llaves» de comunicación que abran puertas a la comprensión mutua, la empatía y el trabajo en equipo eficaz.

El trabajo en equipo no es un cliché; es un elemento fundamental que funciona como los «vasos comunicantes» en el organismo escolar. Permite que la iniciativa, la coherencia, la empatía y la coordinación de acciones se muevan libremente, resultando en un aprendizaje organizacional fluido. Pero lograrlo requiere de un liderazgo que esté dispuesto a conocer a su equipo, escuchar activamente y dar espacio para la iniciativa individual y colectiva.

Algunas personas pueden argumentar que el tiempo que se «gasta» en fortalecer la cohesión del equipo y en entender las dinámicas humanas podría utilizarse en «tareas más importantes». No obstante, es vital comprender que un equipo cohesionado es mucho más productivo y eficaz en la implementación de cualquier tarea o iniciativa pedagógica. Además, un ambiente de trabajo saludable y coherente se traduce en un ambiente de aprendizaje saludable para los estudiantes. Al final del día, la educación no es solo sobre el plan de estudio y las calificaciones, sino sobre el desarrollo humano en todas sus dimensiones.

Para las niñas, niños y adolescentes esto es imperativo pues se trata de la conformación del espacio en el que acude día con día para aprender, lo cual no es una graciosa conseción sino un derecho puntual que se les confiere desde la propia Constitución y es el centro escolar y el personal, instrumentos para llevarlo a cabo de una manera adecuada y coherente.

Para el magisterio, esto significa que cada docente tiene una responsabilidad dual. Por un lado, están comprometidos con la educación de sus estudiantes; por otro lado, también son parte integral de un equipo que necesita su colaboración, respeto y empatía. Cuando ambos niveles de responsabilidad se cumplen, el resultado es una educación de alta calidad en un ambiente enriquecido, respaldado por una comunidad educativa unida.

Por lo tanto, es adecuado que educadores y autoridades educativas prestar la debida atención a la organización interna de sus centros escolares. Por tanto, es una posibilidad importante de la sociedad reconocer, apreciar y apoyar el complejo pero hermoso tapiz de roles y responsabilidades que hacen de la educación la piedra angular del desarrollo humano y social en el país. Cuando logramos que la organización interna de una escuela funcione de manera armónica y efectiva, estamos cada vez un paso más cerca de cumplir el propósito educativo que cada estudiante merece. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La comunicación desde la dirección

«El arte de la comunicación es el idioma del liderazgo.» – James Humes

De principio, pareciera que la comunicación de todos los actores incluidos en el ámbito educativo tiene el mismo peso, significado y consecuencias, sin embargo, en la comunicación que se da al interior de una escuela, aquella que proviene de la dirección escolar, tiene, como dice Olmo (2012), una función volcánica que infunde a cada uno de los estratos de la comunidad educativa 

Es clara la relevancia del lenguaje y la comunicación desde el liderazgo directivo, enfocándose particularmente en los centros educativos. Este enfoque se revela como esencial no solo para una coordinación efectiva de acciones sino también para crear un ambiente favorable al aprendizaje de sus estudiantes.

La ontología del lenguaje nos enseña que el lenguaje no solo describe la realidad, sino que la crea. En el contexto educativo, esto implica que quienes ejercen el rol de la dirección escolar pueden usar el lenguaje para formar un entorno positivo, inclusivo y propicio para el aprendizaje. El personal directivo, por lo tanto, deben ser conscientes del poder de sus palabras y cómo estas influyen en la atmósfera del centro educativo.

Así, para que líderes educativos puedan desarrollar un impacto positivo en su centro educativo, deben practicar de manera importante tanto la escucha activa como la empatía. Esto les permite comprender mejor las necesidades y preocupaciones de estudiantes, docentes, otros miembros del personal y padres de familia, así como responder de manera adecuada y constructiva. La empatía y la comprensión son piedras angulares para un liderazgo que busca genuinamente el bienestar y el progreso de una comunidad educativa.

Otro aspecto crucial es la promoción de un clima de comunicación abierta, donde se valore y se busque activamente el aporte de todos. Esto fomenta la colaboración, el trabajo en equipo y la innovación, elementos clave para un ambiente de aprendizaje adecuado. Alguien que facilita esta comunicación abierta y colaborativa asegura un flujo constante de ideas y retroalimentación, vital para el crecimiento y la adaptación en un entorno educativo.

Los líderes en educación también deben ser capaces de adaptar su comunicación a diversos contextos y audiencias, incluyendo la comunicación verbal, no verbal y escrita. Además, deben ser hábiles en el manejo de la diversidad cultural y lingüística, lo cual es fundamental en un entorno educativo cada vez más globalizado. Esta adaptabilidad asegura que el mensaje del líder sea efectivo y respetuoso de las diferencias individuales y culturales.

En este setido, resulta fundamental entender que las habilidades de comunicación son esenciales para la gestión de conflictos y la negociación. Un líder educativo debe ser capaz de resolver diferencias y alcanzar acuerdos de manera constructiva, manteniendo el ambiente educativo centrado en el aprendizaje y el desarrollo de estudiantes. Esto implica no solo habilidad para hablar, sino también para escuchar y entender múltiples perspectivas.

El cuidado y el desarrollo del lenguaje y la comunicación directiva dentro de los centros educativos son de vital importancia. Un liderazgo efectivo basado en estos principios no solo mejora la coordinación de acciones, sino que también crea un entorno que favorece el aprendizaje y el desarrollo integral de estudiantes. Este enfoque holístico en la comunicación es fundamental para abordar los retos actuales y futuros en la educación. Porque la educación, es el camino

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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El rol directivo y los límites claros

«Un límite establecido con respeto, amor y firmeza, se convierte en guía, no en barrera.» – Jane Nelsen

En los centros educativos, el ambiente de trabajo puede tornarse complicado debido las circunstancias propias de las interacciones de las personas que interactúan en el centro escolar, especialmente a la diversidad de personalidades y antecedentes de quienes laboran allí. Las mismas actitudes y comportamientos que para algunos pueden parecer normales, para otros resultan disruptivos y generan tensiones. Sin embargo, el objetivo primordial de cualquier institución educativa es el aprendizaje de los estudiantes, y este propósito puede verse comprometido si desde la dirección escolar no se establecen límites claros, respetuosos y congruentes para el equipo de trabajo.

La dirección escolar, por la propia naturaleza normativa y funcional del centro escolar en el contexto de su trabajo al interior del centro educativo, le corresponde el establecimiento de un marco de acción para el desarrollo de las actividades y en mucho, de que se generen las condiciones para el aprendizaje al interior de la escuela.

Los límites son fundamentales en cualquier ámbito de la vida, pero en el contexto de una institución educativa, adquieren una significación especial. A diferencia de los estudiantes, que están en proceso de formación, el personal ya cuenta con experiencias y formación previa que, en ocasiones, pueden favorecer u dificultar la implementación de cierta normatividad y políticas al interior del centro escolar. Sin embargo, estas normas son esenciales para mantener un clima laboral saludable.

Cuando por alguna situación algún miembro del personal rebasa el límite de tolerancia la hora de entrada, su forma de relación con otros miembros del personal se da bajo expresiones con un tono poco respetuoso o se manifiestan excusas para no cumplir con sus responsabilidades, se hace necesario el llevar a cabo una plática personal, privada, directa y clara. Si bien estos comportamientos pueden parecer menores, pueden tener un impacto significativo en el ambiente laboral y, por extensión, en el proceso educativo.

Ante estas circunstancias, más allá de la normatividad existente, la dirección escolar tiene la responsabilidad de intervenir y establecer límites claros. Es esencial que directoras y directores se enfrenten a estos desafíos de manera directa y no mediante advertencias generales. A menudo, las llamadas de atención genéricas no tienen el impacto deseado y pueden generar incomodidad entre aquellos que sí cumplen con sus responsabilidades.

Es crucial diferenciar entre la persona y sus acciones. Si bien es necesario abordar comportamientos inapropiados, esto debe hacerse con respeto y de manera privada. La figura directiva debe acercarse a la persona en cuestión, discutir las conductas problemáticas, sus consecuencias y buscar soluciones. Esta comunicación no solo aborda el problema, sino que también proporciona a la persona una oportunidad de expresar sus preocupaciones y recibir el apoyo necesario.

En última instancia, establecer límites claros y comunicarlos de manera efectiva no solo mejora el clima laboral, sino que también garantiza que la institución cumpla con su misión principal: lograr el aprendizaje de sus estudiantes. La dirección escolar debe adoptar un enfoque proactivo y respetuoso al abordar problemas conductuales, siempre con el objetivo final de garantizar el bienestar y el aprendizaje de los estudiantes en mente. Porque la educación es el camino…

La violencia empieza en el hogar

Eduquemos a los niños y no será necesario castigar a los hombres». Pitágoras.

La violencia y el acoso escolar son fenómenos que reflejan, en muchos casos, las dinámicas vividas en el hogar y las experiencias tempranas de niños y adolescentes. Estas problemáticas, aunque pueden surgir de diversos orígenes, a menudo encuentran un fuerte impulso en el ámbito familiar, siendo posteriormente magnificadas o replicadas en la escuela y, con el tiempo, en la sociedad en general.

El hogar es el primer espacio educativo y formativo que experimenta una persona. Es en este contexto inicial donde los individuos desarrollan su primer sentido de identidad, moralidad y comprensión del mundo que los rodea. Por lo tanto, si lo que observan y experimentan en casa está impregnado de violencia, falta de respeto o negligencia, es probable que, de manera consciente o inconsciente, consideren estos comportamientos como normales o justificables.

Consideremos la trascendencia de este aprendizaje temprano. Si un niño es testigo o víctima de violencia doméstica, aprende que la agresión es una herramienta legítima de interacción. Si, además, el ambiente en casa está marcado por el descuido, la falta de atención y la ausencia de límites claros, ese niño podría buscar atención o intentar establecer algún tipo de control mediante comportamientos disruptivos o violentos.

La exposición temprana a contenidos violentos en medios de comunicación o la desvalorización de la educación por parte de los adultos a cargo también pueden sentar bases perniciosas en la personalidad en formación de jóvenes. Se les enseña, implícitamente, a no valorar el aprendizaje, el respeto mutuo y el entendimiento pacífico.

Las escuelas, entonces, se convierten en los primeros escenarios externos donde estos comportamientos se manifiestan. Pero es importante comprender que las instituciones educativas, aunque juegan un papel fundamental, no pueden, por sí solas, contrarrestar o corregir todas las fallas o carencias del entorno familiar. La escuela puede ofrecer herramientas y oportunidades para la transformación, pero es esencial que el hogar y la escuela trabajen en conjunto.

Si estos comportamientos no son abordados adecuadamente en las primeras etapas de la vida, existe el riesgo de que se consoliden y evolucionen en la adultez, llevando a individuos que perpetúan ciclos de violencia, discriminación y desvalorización de los demás. Estos individuos pueden, a su vez, establecer familias donde se repiten los mismos patrones, creando un círculo vicioso difícil de romper.

Por lo tanto, la clave está en la prevención y la educación desde los primeros años de vida. Es fundamental que la sociedad reconozca la importancia de educar en valores, empatía, respeto y comunicación efectiva desde el hogar. El ejemplo que los adultos proporcionen es la lección más duradera que un niño puede recibir.

Los adultos, tanto en el hogar como en la escuela, tenemos la responsabilidad de ser modelos de conducta positiva, promoviendo ambientes seguros y saludables para el desarrollo integral de los niños y adolescentes. Solo así podremos aspirar a una sociedad más justa, pacífica y respetuosa. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La escuela, entre la realidad y la aspiración

«La función de la educación es enseñar a uno a pensar intensamente y a pensar críticamente. Inteligencia más carácter – esa es la meta de la verdadera educación.» – Martin Luther King Jr.

El aprendizaje trasciende los muros de la escuela; es un proceso continuo que se da en el hogar, en la calle y en cada interacción diaria. Las experiencias significativas de la vida cotidiana son fuente de aprendizaje práctico y, a menudo, están arraigadas en los valores y principios inculcados en el hogar. Sin embargo, la escuela juega un papel crucial en la sociedad contemporánea, más allá de su función tradicional de educar.

La escuela y en general todo el personal que trabaja en los centros educativos, son parte de la respuesta que el Estado brinda para cumplir con el derecho a la educación de las niñas, niños y adolescentes en cada uno de los rincones del país.

La importancia de la escuela no radica solamente en la transmisión de conocimientos, sino en su habilidad para preparar a las personas jóvenes para utilizar de manera crítica y beneficios en su propia vida la información y los contextos culturales, sociales y económicos que les rodean. En un momento histórico en el que se debate intensamente sobre la relevancia del currículo escolar, reflexionar sobre la función estructural de la educación formal se vuelve imperativo.

La escuela no solo se nutre de los ideales y estructuras sociales propuestas por el Estado, sino que integra el contexto vivencial del estudiante como un elemento esencial para el aprendizaje. Reconoce la realidad personal, familiar y social como el eje sobre el cual deben girar los valores y principios para que el aprendizaje sea verdaderamente significativo.

Entender la función social de la escuela implica reconocer su fundamento en las raíces de las familias y de la sociedad. Aunque a menudo se le critique por métodos que parecen obsoletos, la escuela debe mirar hacia el futuro sin perder de vista la realidad presente de sus estudiantes. En un país de gran diversidad cultural y marcada desigualdad social, la educación tiene el potencial de ser un agente transformador que permite a cada niño y adolescente comprender su entorno y utilizar ese conocimiento para mejorar su realidad individual.

La escuela ofrece, por tanto, una oportunidad única para que niños, niñas y adolescentes enfrenten el mundo actual y se preparen para su futuro, respetando y valorando su contexto particular. Con más de un cuarto de millón de centros educativos y más de 26 millones de estudiantes, la educación se posiciona como un elemento fundamental y poderoso en la construcción de una sociedad más equitativa y consciente.

Reflexionar en estos últimos días del año sobre la educación es reconocer su valor transformador y su potencial para capacitar a las nuevas generaciones en la construcción de un futuro mejor, partiendo de su realidad específica y equipándoles con las herramientas necesarias para enfrentar y dar forma al mundo que les rodea. La educación es, en este sentido, no solo un derecho sino una herramienta imprescindible para el progreso social. Porque la educación es el camino… Muy Feliz año 2024.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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El trabajo “invisible” de la escuela

«La educación no se trata solo de lo que sucede en el aula; es también lo que ocurre después de la campana escolar». – Herbert Spencer

En derredor de la figura docente se abren muchos mitos sobre su trabajo, vacaciones y las horas que ello implica porque solo se ve el horario y calendario escolar, sin embargo, lo que pocas personas conocen, es que en derredor de cada hora frente a grupo, existen muchas otras que se llevan a cabo en casa y que resultan fundamentales para el desarrollo del proceso educativo y por tanto para el aprendizaje, que es el tiempo que “no se ve” pero que implica un gran desgaste físico y mental con un profundo impacto social, familiar y profesional.

Así, se tiende a enfocar la atención solamente en las horas frente a grupo. Sin embargo, es esencial detenernos y reflexionar sobre todo lo que sucede detrás de ello, en ese espacio que pocas veces se reconoce pero que constituye el corazón de la educación básica y, por ende, el futuro de nuestras niñas, niños y adolescentes.

Imaginemos por un momento que desapareciera ese tiempo «invisible» en la educación básica. ¿Qué sucedería? No habría revisión de tareas ni preparación ni revisión de evaluaciones, careceríamos de material didáctico de apoyo al aprendizaje, y al no existir la planificación de clases se convertiría en una improvisación constante. No habría registros de lo que ocurre en el aula, y los eventos cívicos y actividades culturales se esfumarían o serían igualmente improvisados. Las actividades extraclase serían un recuerdo lejano.

Pero el impacto no se detendría ahí. La tarea educativa también implica el cuidado y mantenimiento de las instalaciones escolares, el pago de servicios, la construcción de espacios educativos y una serie de gastos administrativos que a menudo son cubiertos con actividades extraclase, de manera personal o con las aportaciones de padres de familia. Esto significa que detrás de cada niño o niña que asiste a la escuela hay un esfuerzo muy significativo por parte de la comunidad escolar.

Es crucial reconocer que la labor educativa va más allá de las «horas de clase». Se trata de una dedicación constante que va acompañada de vocación, experiencia, preparación, capacidad y entusiasmo. Todo esto se hace en aras de ofrecer una educación que va más allá de las cifras y las estadísticas, una educación que tiene el poder de transformar vidas y comunidades.

En un momento en el que la educación enfrenta desafíos sin precedentes, es fundamental que autoridades, familias y la sociedad en su conjunto reconozcan y valoren todo lo que sucede en los centros educativos. Debemos apreciar el esfuerzo y el compromiso de quienes trabajan incansablemente para leevar educación a cada rincñon del país. Debemos comprender que la educación no es solo responsabilidad de la escuela, sino de toda la sociedad.

Así que la próxima vez que pensemos en la educación, especialmente en este periodo vacacional, recordemos que hay mucho más en juego de lo que se ve a simple vista. Detrás de cada lección, cada tarea y cada actividad escolar, hay un mundo de esfuerzo y dedicación que merece nuestro reconocimiento y apoyo. La educación básica es el cimiento de nuestro futuro, y debemos cuidar y valorar todo lo que la hace posible, incluso lo que sucede en ese tiempo «invisible» que da forma a las mentes y corazones de las generaciones venideras. Porque la educación, es el camino. Muy Feliz Navidad…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Falta de cariño y aprendizaje

“Lo que se les da a los niños, los niños darán a la sociedad.” – Karl A. Menninger

Resulta muy evidente en los centros escolares, el apreciar a las niñas, niños o adolescentes que carecen de aprecio o cariño al interior de sus hogares, aquellos que viven en entornos de violencia o que sufren de algún tipo de discriminación, pues sus características hacen evidente esta situación, sin embargo, en muchas ocasiones cuando llegan a la escuela, ya es tarde para poder remediar completamente los efectos de este tipo de situaciones en el hogar. Estas situaciones les hace producir cortisol y noradrenalina, dos hormonas asociadas al estrés. Estos años forman el cimiento sobre el cual se construyen futuros individuos y, en consecuencia, la posibilidad de sociedades más sanas y equitativas o no.

El cariño, el cuidado y la prevención de la violencia y el estrés en el hogar no son solo necesidades básicas, sino derechos fundamentales de cada niño. La falta de estos elementos esenciales no solo afecta el bienestar inmediato de las niñas, niños y adolescentes sino que también tiene ramificaciones profundas y duraderas en su vida adulta y en la sociedad en general.

Los efectos del estrés crónico, la violencia y la discriminación en la infancia se reflejan no solo en la salud física y mental del individuo, sino también en su capacidad para aprender, interactuar socialmente y, finalmente, en su contribución a la sociedad. Así, los niños expuestos a entornos adversos pueden enfrentar desafíos significativos en la formación de relaciones saludables, en su desempeño académico y profesional, y son más susceptibles a comportamientos de riesgo y problemas con la ley.

Esto no solo impacta la vida de estos individuos, sino que también impone una carga social y económica considerable en la comunidad. Desde el aumento de la criminalidad hasta la sobrecarga de los sistemas de justicia y salud, las consecuencias se extienden mucho más allá del individuo.

La educación, tanto en el hogar como en las escuelas, juega un papel crucial en la prevención de estos efectos adversos. La sensibilización y capacitación de padres y madres sobre la importancia del cariño, el apoyo emocional y la educación en un entorno libre de violencia y estrés es fundamental para cambiar esta realidad.

Además, es esencial que las autoridades implementen políticas y programas que apoyen a las familias en esta tarea. Esto incluye garantizar el acceso a servicios de salud mental, programas de intervención temprana y apoyo continuo y accesible para quienes han experimentado trauma o adversidad.

Reconocer y actuar sobre la importancia de los primeros años de vida es una inversión en el futuro de nuestra sociedad. No solo se trata de prevenir problemas, sino de fomentar el desarrollo de personas saludables, resilientes y capaces de contribuir positivamente a su comunidad. La responsabilidad es compartida: las familias, educadores y autoridades deben trabajar para asegurar que cada niño tenga la oportunidad de crecer en un ambiente de respeto, cariño, seguridad y apoyo. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. Miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Ecosistemas de Aprendizaje

«La organización escolar bien diseñada es el marco que permite a los docentes enfocarse en lo que realmente importa: el aprendizaje de los estudiantes.» Linda Darling-Hammond

Si pensamos en una escuela como un simple edificio donde los niños van a aprender español, matemáticas y el resto de las materias, estamos pasando por alto la complejidad inherente a estas instituciones. Las escuelas son más que salones, escritorios, pizarrones y pupitres; son organismos vivos, sistemas dinámicos que requieren una gestión cuidadosa para florecer. Hay una multiplicidad de factores en juego que convierten a las escuelas en entidades complejas que requieren una organización meticulosa.

Las escuelas son organizaciones compuestas por diferentes actores, desde la dirección docentes y personal administrativo y de apoyo, hasta las familias y estudiantes. Cada uno tiene necesidades y expectativas que deben ser sincronizadas para alcanzar el objetivo principal: un aprendizaje significativo de las niñas, niños y adolescentes.

Así, tener una perspectiva clara de la organización por parte de todos los actores educativos es vital para alcanzar el éxito de cualquier escuela. Entender cómo cada una de las partes bajo una clara y definida coordinación de acciones permite alcanzar un ecosistema que realmente apoye y contribuya al aprendizaje.

Por otra parte, la delimitación de funciones es fundamental para evitar la duplicidad de tareas y la falta de responsabilidad. Cada persona en el equipo debe saber qué se espera de él y cómo contribuye al bienestar general de la institución. Las brechas de comunicación pueden ser fatales. No solo se trata de enviar mensajes claros, sino también de abrir espacios para que se puedan expresar preocupaciones e ideas que luego contribuyan a resolver eventuales conflictos o malos entendidos en la comunicación.

De igual manera, las escuelas pueden cultivar un ambiente donde el aprendizaje continuo para docentes sea alentado e incorporado como común denominador de la organización. Todas las voces deben ser escuchadas, las y los estudiantes deben tener las mismas oportunidades de participación y éxito, independientemente de su origen o capacidades. La equidad y la inclusión no son opciones, hoy en día son requisitos.

La era del «director todopoderoso» ha pasado. Las decisiones deben ser compartidas, utilizando un enfoque de liderazgo distribuido que incluya a diversos miembros del equipo escolar en el proceso de toma de decisiones, pero recordando siempre que es la dirección quien preserva la responsabilidad de lo que ahí suceda. Las escuelas necesitan un mecanismo para evaluar sus avances y fallos, lo que significa impulsar una cultura apertura en los resultados, retroalimentación y mejora continua.

Está claro que para que una escuela vaya bien, implica mucho más que cumplir con un plan de estudios. Implica la compleja tarea de coordinar una amplia variedad de factores, tanto humanos como estructurales, en un ecosistema en constante cambio. Al reconocer y abordar estos aspectos multifacéticos, podemos acercarnos a transformar nuestras escuelas en instituciones que realmente sirvan a su propósito central: el aprendizaje de sus estudiantes. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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El recreo y el aprendizaje

«El juego permite a los niños usar su creatividad mientras desarrollan su imaginación, destreza y fuerza física, cognitiva y emocional». Asociación Americana de Pediatría

El recreo no es simplemente un tiempo para que las niñas, niños y adolescentes se desahoguen o un espacio para que sus maestros tomen un respiro. Es, en realidad, una parte crucial del día escolar que beneficia a los niños tanto a nivel físico como psicológico y social. Aquí, los niños exploran, crean, resuelven problemas, construyen relaciones y, en última instancia, aprenden.

En primer lugar, debemos entender que el recreo contribuye al desarrollo físico esencial de las niñas, niños y adolescentes. En una época en la que la obesidad infantil es un problema de salud pública, el recreo ofrece la oportunidad de que se muevan, quemen calorías y fortalezcan músculos y huesos. Más allá de esto, también fomenta la coordinación motora y el equilibrio, habilidades necesarias para la vida diaria.

En términos de salud mental, el recreo es una oportunidad para que los estudiantes reduzcan el estrés y la ansiedad que a veces pueden acumularse en el aula. Este tiempo libre también puede mejorar el estado de ánimo y la autoestima, aliviando la presión de las tareas académicas y permitiendo a estudiantes volver a las aulas con una mente renovada y lista para aprender.

El recreo también es un espacio vital para el desarrollo social. Aquí, en un entorno menos formal y estructurado, los estudiantes aprenden a compartir, a resolver conflictos, a negociar y a cooperar con otros. Estas son habilidades esenciales para la vida que a menudo no se enseñan de manera explícita en el aula, pero son igualmente importantes para su futuro.

Es en el recreo que los niños tienen la oportunidad de explorar y aprender a través del juego. Este tipo de aprendizaje lúdico, lleno de estrategia, memoria y habilidades motoras, complementa el aprendizaje formal que ocurre en el aula, ofreciendo a los niños un contexto práctico y agradable para aplicar y desarrollar nuevas habilidades.

Es importante destacar que el recreo fomenta la creatividad y la autonomía. Los niños son libres de inventar sus propios juegos, crear historias, practicar la toma de decisiones y asumir responsabilidades. Estos son factores esenciales para el desarrollo de la creatividad, la resiliencia y la capacidad para manejar situaciones nuevas.

Por todo lo anterior, es vital entender que eliminar o reducir el recreo, ya sea por castigo, por trabajo o por presiones de cualquier tipo contraproducente. En lugar de mejorar el rendimiento académico, puede terminar perjudicándolo. Los niños necesitan descansos para recargar energías, renovar su concentración y absorber la información que se les enseña.

Así, es fundamental comprender la importancia del recreo y defender su lugar en el día escolar. El recreo no es un lujo, es una necesidad para el desarrollo integral y saludable de nuestras niñas, niños y adolescentes. Juntos, podemos trabajar para asegurar que el recreo sea valorado como una parte esencial de la educación de nuestros hijos. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Hacia una nueva masculinidad

«La crisis que enfrentan los hombres no es la crisis de la masculinidad, sino la crisis de la masculinidad patriarcal. Hasta que no hagamos esta distinción clara, los hombres continuarán temiendo que cualquier crítica al patriarcado representa una amenaza». Bell Hooks

La reciente conmemoración del Día Internacional del Hombre nos debe invitar a una reflexión crítica sobre la masculinidad y su papel en el fortalecimiento de una sociedad equitativa. La persistencia de flagelos como el machismo, el suicidio masculino, la violencia de género y la homofobia, junto con la desatención de la salud masculina —tal como se refleja en el estigma en torno al cáncer de próstata—, subraya la deficiencia de nuestros esfuerzos educativos y culturales. Los chistes sexistas y los estereotipos perjudiciales, tan arraigados en el tejido social, son manifestaciones de una educación que requiere una revisión radical.

Siguiendo las directrices de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), es imperativo promover modelos masculinos positivos que trasciendan los estereotipos, reevaluar el paradigma de la masculinidad, y enfatizar en la salud y bienestar integral de los hombres. De igual manera, se debe fomentar la mejora de las relaciones de género y cuestionar el rol de los hombres en la construcción de una sociedad justa, que respete y celebre la diversidad y la igualdad de género.

Los gobiernos, con políticas públicas adecuadas en seguridad, educación y salud, libres de sesgos religiosos o ideológicos con base en información objetiva y precisa, deben asegurarse de que la legislación refleje y sancione adecuadamente la violencia de género, y de que existan recursos accesibles para los hombres que buscan ayuda para cuestiones de salud mental y física. 

En el ámbito educativo, las escuelas deben ser incubadoras de progreso, con acciones que fomenten la igualdad de género y la apreciación de la diversidad, con recursos que celebren una variedad de experiencias y perspectivas masculinas, así como la implementación de actividades que fomenten el desarrollo de habilidades socioemocionales en las niñas, niños y jóvenes.

En casa, la transformación debe iniciar con el reconocimiento y la confrontación de la violencia y el sexismo. Las familias deben esforzarse por erradicar el lenguaje y los comportamientos perjudiciales, cultivando un ambiente que valore la vulnerabilidad y la comunicación abierta. La paternidad activa y el reparto equitativo de las responsabilidades del hogar son pasos esenciales para desmantelar de las estructuras de poder tradicionales.

A nivel social, se debe promover la participación de hombres en la colaboración con organizaciones que abogan por la salud masculina y contra la violencia basada en género, y la creación de espacios seguros donde los hombres puedan explorar y expresar sus emociones sin temor al juicio o estigmatización.

Así, mediante la implementación de estrategias en consenso, podemos fomentar una reconceptualización de una masculinidad que sea coherente con los valores de respeto, equidad y bienestar. La necesidad de una transformación es apremiante, y solo a través de un compromiso colectivo y acciones resueltas podremos esperar forjar una realidad que en realidad refleje nuestras aspiraciones más elevadas para la sociedad. Porque la educación es el camino…

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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El rol de la familia en la escuela

«Un sistema escolar que no tenga a los padres como cimiento, es igual a una cubeta con un agujero en el fondo». Jesse Jackson

La participación activa de los padres de familia en los proyectos educativos y en la vida escolar de sus hijos es un pilar fundamental para el éxito académico y el desarrollo integral de estudiantes. Este enfoque colaborativo entre la escuela y el hogar trasciende la tradicional visión de los padres como meros proveedores de recursos o asistentes ocasionales en la entrega de boletas o en actividades escolares, abriendo un espacio más amplio y significativo para su implicación.

Para los equipos de los centros escolares, es crucial reconocer y valorar la diversidad de experiencias, conocimientos y habilidades que los padres pueden aportar. La colaboración con las familias no solo enriquece el proceso educativo, sino que también fortalece la comunidad escolar, creando un ambiente de respeto y apoyo mutuo. La inclusión de los padres en la planificación y ejecución de proyectos educativos no solo mejora el rendimiento académico de los estudiantes, sino que también fomenta habilidades sociales, responsabilidad, y autoestima.

Por otro lado, para las familias, involucrarse activamente en la educación de sus hijos significa ir más allá del apoyo en tareas y la provisión de recursos. Significa estar presentes, interesados y comprometidos con su desarrollo académico y personal. Esta implicación directa tiene un impacto positivo no solo en el aprendizaje de los niños, niñas y adolescentes, sino también en la construcción de una relación más sólida. 

Además, al participar en los proyectos escolares, los padres se convierten en modelos a seguir para sus hijos, mostrando la importancia de la educación y el aprendizaje continuo, lo que fomenta la cercanía al interior de la familia, estimula los temas comunes de conversación y amplía las experiencias y los recuerdos de los menores y adolescentes sobre esta importante etapa en sus vidas.

Es esencial que tanto escuelas como familias trabajen juntas para superar los mitos y tradiciones que limitan la participación parental, promoviendo un diálogo continuo y constructivo. Los beneficios de una colaboración efectiva entre padres y escuelas son evidentes y múltiples: desde la mejora en el rendimiento académico y el desarrollo socioemocional, hasta la creación de un ambiente escolar más inclusivo y respetuoso.

La participación activa de los padres en los proyectos escolares no es solo un complemento deseable, sino un componente esencial para el éxito y el bienestar de estudiantes. Se enseña mucho más con el ejemplo que con las palabras. Al unir esfuerzos, las familias y las escuelas pueden construir una comunidad educativa más fuerte, inclusiva y efectiva, beneficiando no solo a los estudiantes, sino a la sociedad en su conjunto. Porque la educación es el camino…

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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manuelnavarrow@gmail.com

Las enseñanzas de Otis

«La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.» Eduardo Galeano

El devastador paso del huracán Otis por Guerrero ha dejado una estela de desolación, particularmente en Acapulco y sus alrededores. Las cifras trascienden los dígitos de un informe; relatan historias de vidas jóvenes interrumpidas, de educación en pausa, de futuros inciertos. Casi 300,000 niños, niñas y adolescentes han sido afectados directamente, y el cierre de escuelas ha impactado la educación básica de casi 178,000 estudiantes. Este impacto al sistema educativo resalta una verdad ineludible en todo México: la urgencia de prepararnos mejor frente a desastres naturales y de unirnos en la adversidad para construir una comunidad más robusta y cohesionada.

Las lecciones de otros huracanes como María y Katrina nos enseñan que las afectaciones psicosociales y educativas en los niños son profundas. La educación no es solo una transferencia de conocimiento; es un pilar de seguridad, un retorno a la normalidad, y una fuente de esperanza en tiempos de crisis. Las escuelas se convierten en santuarios en medio del caos, ofreciendo no solo aprendizaje académico, sino también apoyo emocional y social, elementos vitales para el bienestar infantil y juvenil.

Guerrero nos muestra que cada escuela debería tener un plan de emergencia que incluya evacuación, primeros auxilios y apoyo psicológico. La infraestructura debe ser revisada y fortalecida, y los gobiernos deben incorporar mecanismos para introducir la gestión de riesgos y la resiliencia como aspecto clave. Además, la formación de docentes en educación emocional, primeros auxilios psicológicos y la detección de signos de trauma en estudiantes son esenciales para cuando existan situaciones de emergencia en los centros educativos y las comunidades para una mejor recuperación luego de eventos catastróficos como éste.

La generosidad y solidaridad que surge tras un desastre natural son fundamentales. La movilización de la niñez y juventud para la recolección de víveres y apoyos solidarios en estos momentos son fundamentales. Esta solidaridad no solo alivia el sufrimiento a corto plazo sino que también contribuye a la formación de una mejor personalidad en nuestras niñas, niños y jóvenes.

La solidaridad vista en Acapulco y las acciones conjuntas para la recuperación tienen el poder de transformar. Al involucrar a niños y adolescentes en esfuerzos de ayuda y reconstrucción, estamos fomentando en ellos la empatía y la responsabilidad social. Estos jóvenes no solo aprenden a sobrevivir; se capacitan en el cuidado de los demás, en la construcción de comunidades resilientes y en liderar en medio de la adversidad.

Así, el huracán nos deja valiosas lecciones. La necesidad de estar preparados, la fuerza de la sociedad civil, la importancia de la educación como un eje de recuperación, y la fuerza de la solidaridad son claras. Debemos tomar estas enseñanzas y aplicarlas, no solamente en Guerrero sino en cada entidad de la República, para estar mejor preparados para el futuro. Porque si algo es seguro, es que no será el último evento catastrófico natural que tengamos, por lo que debemos estar más preparados. Porque la historia nos ha enseñado que este no será el último desafío natural que enfrentaremos. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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De Simitrio a Derbez

«La educación como práctica de la libertad; en contra de una educación que es práctica de la dominación.» – Paulo Freire.

La imagen del maestro en el cine mexicano ha evolucionado significativamente a lo largo de las décadas, reflejando las transformaciones socio-políticas y pedagógicas que ha vivido el país. En «Simitrio» (1960), dirigida por Emilio “El Indio” Fernández y protagonizada por José Elías Moreno que interpreta al maestro Don Cipriano, el docente emerge como figura central y guía, en un México rural que busca consolidar su identidad y unidad, llevando la educación a todos los rincones, especialmente a las zonas más alejadas. El maestro es visto como un agente de cambio y transformación para comunidades con limitado acceso a la educación, en una época en la que el país intentaba superar marcadas desigualdades y establecer un sistema educativo inclusivo y nacionalista.

En la película «El profe» (1971) que interpreta Mario Moreno “Cantinflas” como el Profesor Sócrates García continúa poniendo en relieve el papel del educador como pilar de la comunidad y agente transformador. En esta película, el maestro se presenta como una figura inspiradora, comprometida y dedicada, reflejando una sociedad que, aunque en proceso de modernización, aún enfrenta tensiones entre tradición y contemporaneidad.

Décadas después, «El último vagón» (2023) la actriz nominada al Óscar Adriana Barraza (Babel) que destaca en el rol de la maestra Georgina nos ofrece una representación matizada del docente en un contexto particular: la educación en movimiento. En esta historia, la maestra, en medio de la era dorada de las redes ferroviarias mexicanas, brinda educación a los hijos de ferrocarrileros en un vagón de tren adaptado como aula. La película subraya las tensiones políticas y sociales, en particular las amenazas gubernamentales de clausurar escuelas rurales, y refleja la dedicación y resistencia de los maestros que enseñan en circunstancias desafiantes.

En cartelera actualmente, «Radical» (2023) nos sumerge en el mundo de la pedagogía de Freire. La película desafía no solo las metodologías educativas tradicionales sino también las estructuras de poder en la sociedad. En medio de desafíos contemporáneos como la delincuencia y la marginación, Eugenio Derbez que encarna muy bien al maestro innovador Sergio Juárez Correa, intenta inspirar y transformar las vidas de sus alumnos. La película nos muestra que, incluso en contextos urbanos y tumultuosos, la figura del maestro sigue siendo esencial. La enseñanza no se limita simplemente a impartir conocimientos, sino que se convierte en un acto revolucionario que busca empoderar a los estudiantes y desafiar las estructuras existentes.

Las representaciones cinematográficas del maestro en México nos ofrecen una ventana para entender la evolución de la educación en el país, así como los desafíos y esperanzas que la han acompañado. Reflejan un modelo pedagógico y una sociedad en constante cambio, mostrando la inquebrantable relevancia del docente en la formación de generaciones. La figura del maestro ha evolucionado, pero su esencia como pilar de la sociedad permanece intacta. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La importancia de la educación inicial

«Los primeros años de vida del niño son fundamentales para su desarrollo futuro. Es el período en que la inteligencia del niño es más plástica y capaz de adaptarse, y es el período más importante de la vida.» María Montessori

La Educación Inicial, que abarca desde el nacimiento hasta antes de la educación primaria, se reconoce no solo como un derecho fundamental de niñas y niños, sino también como una piedra angular en el desarrollo humano. Durante esta etapa, se sientan las bases del aprendizaje, la inculcación de valores y el fomento de actitudes que promueven el diálogo y la tolerancia.

En México comienzan en 1928 con la Asociación Nacional de Protección a la Infancia. Luego, en 1937, cambiaron su nombre a Guarderías Infantiles. La Secretaría de Salubridad y Asistencia creó más guarderías y en 1943 se enfocaron en ayudar a madres e hijos. En 1943 se funda el IMSS que también abrió espacios. Con el tiempo, en 1976, se creó una dirección especial para atender a hijos de madres trabajadoras y cambiaron el nombre de ‘Guarderías’ a ‘Centro de Desarrollo Infantil’, buscando una educación completa para los niños. Años después, en 1985 y 1992, hubo más cambios y se publicó un programa que resaltaba la relación entre el educador y los niños. Luego, en 2013, se propuso un modelo que pasó de solo cuidar a los niños a realmente educarlos. Y en 2018, se introdujo un programa para educar a niños de 0 a 3 años y, a partir de mayo de 2019, se declaró que la Educación Inicial en México es obligatoria. Ahora es parte de la educación básica junto con preescolar, primaria y secundaria. En ella, se asientan las bases del aprendizaje y la formación de valores; así como las actitudes que favorecen la capacidad del diálogo y tolerancia en las relaciones interpersonales.

Entre los numerosos beneficios de la educación inicial para niñas, niños y la sociedad en general, destacan: un desarrollo cognitivo ampliado, habilidades sociales y emocionales fortalecidas, un estímulo enriquecido del lenguaje, preparación óptima para la educación formal, promoción del desarrollo motor, fomento de la creatividad e imaginación, consolidación de hábitos y rutinas saludables, impulso de la autonomía personal, beneficios tangibles para las familias, mayor inclusión y diversidad, y, sin duda, una formación robusta para enfrentar los desafíos de la vida y lograr resultados futuros prometedores.

En contraposición, carecer de esta educación puede intensificar las disparidades en los aspectos mencionados, provocando efectos negativos a largo plazo, como un desarrollo cognitivo restringido, un avance académico limitado, desigualdades económicas acentuadas y pérdida de los beneficios asociados al bienestar económico y salud.

Estas instituciones no solo merecen nuestro respeto, sino también el respaldo y apoyo de los tres niveles de gobierno. La valiosa labor que su equipo profesional realiza en beneficio de la niñez debe ser reconocida, valorada y sostenida por su trascendental impacto en la sociedad. Por que la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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