Los ejes articuladores

«Los ejes articuladores son una herramienta pedagógica que promueve un aprendizaje ético y crítico, evitando la reproducción de desigualdades y exclusiones, conectando la enseñanza con la realidad cotidiana de las y los estudiantes» (SEP, 2022)

Para las personas que no tienen cercanía con el trabajo que se hace al interior de los centros educativos pudiera parecer intrascendente, sin embargo, con el cambio en el plan y programas de estudio, vienen consigo una serie de elementos que hacen una gran diferencia, no solo por el contenido, que es necesario siempre estar actualizando, sino por la manera de abordarse, ya que ello trae consigo cambios muy importantes en la formación de las niñas, niños y adolescentes a lo largo de su vida, como es el caso de los ejes articuladores que se integran en lo que se ha llamado la Nueva Escuela Mexicana (NEM).

Los ejes articuladores representan un pilar fundamental dentro del marco de la NEM, ya que trascienden el enfoque tradicional de los contenidos curriculares para erigirse como herramientas transformadoras del entorno educativo. Su implementación no solo orienta el aprendizaje hacia un desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, sino que también los sitúa como agentes de cambio en sus comunidades. Estos ejes, como Inclusión, Pensamiento Crítico, Igualdad de Género e Interculturalidad Crítica, entre otros, establecen un puente entre los saberes académicos y las problemáticas sociales, económicas y culturales que enfrentan los estudiantes en su vida cotidiana​.

Al vincular la enseñanza con la realidad contextual de las y los estudiantes, los ejes articuladores promueven una aproximación ética al aprendizaje, evitando que las desigualdades y exclusiones se reproduzcan dentro del ámbito escolar. Esta perspectiva ética es esencial para que el aprendizaje trascienda el aula y permita a las y los estudiantes reflexionar críticamente sobre su entorno, cuestionar las estructuras que perpetúan las inequidades y desarrollar proyectos que respondan a las necesidades de su comunidad​.

En el contexto de la Nueva Escuela Mexicana, los ejes articuladores no solo amplían las posibilidades de aprendizaje, sino que también potencian la creatividad y el pensamiento crítico. Estos ejes no deben ser vistos como meros contenidos, sino como herramientas integradoras que permiten abordar problemas reales desde múltiples perspectivas. Por ejemplo, el eje de Inclusión nos invita a cuestionar las barreras que impiden el acceso equitativo a la educación, mientras que el de Igualdad de Género desafía las construcciones sociales que limitan el desarrollo de niñas y mujeres en el ámbito escolar​.

El carácter humanista de los ejes articuladores resalta su importancia en la formación de ciudadanos comprometidos con la justicia social y la transformación de sus realidades. Al promover una lectura crítica del entorno, los ejes ayudan a construir una visión comunitaria donde los aprendizajes estén en constante diálogo con los valores de solidaridad, respeto y equidad. Esto no solo fortalece el desarrollo personal de las y los estudiantes, sino que también contribuye a construir comunidades mas justas e inclusivas​.

Los ejes articuladores son una innovación curricular que, lejos de ser un complemento, constituyen el núcleo integrador del aprendizaje en la Nueva Escuela Mexicana. Su capacidad para articular conocimientos, valores y habilidades, mientras conectan los saberes con la realidad, los posiciona como un elemento esencial para garantizar que el aprendizaje en las aulas tenga un impacto significativo en la vida de los estudiantes y sus comunidades​. Porque la educación es el camino…

Emociones y aprendizaje

“La ciencia ha demostrado que las emociones pueden facilitar o inhibir el aprendizaje. El cerebro emocional tiene un poder asombroso sobre la capacidad de prestar atención, de memorizar y de aplicar lo aprendido”. Richard Davidson (The Emotional Life of Your Brain, 2012)

El trabajo docente, en su esencia, requiere una toma de decisiones constante que se despliega tanto en el ámbito académico como en el emocional. El entorno escolar está marcado por la interacción diaria con estudiantes que atraviesan una diversidad de experiencias emocionales. Así, cada día presenta la oportunidad para que docentes no solo gestionen el aprendizaje desde una perspectiva técnica, sino también emocional. La integración de las emociones en los procesos de enseñanza-aprendizaje no solo enriquece la experiencia educativa, sino que también profundiza en la comprensión que los estudiantes tienen de sí mismos y de los contenidos que abordan.

Cuando las y los docentes reconocen el valor de las emociones, y lo que estas representan en la vida cotidiana de sus estudiantes, no solo se abre un espacio para el desarrollo emocional saludable, sino que también se maximiza el potencial de aprendizaje. La emoción no es un accesorio a la tarea académica, sino un motor que la impulsa. Mientras más grande es la emoción que conecta, mayor es el aprendizaje. Las investigaciones demuestran que a mayor intensidad emocional, mayor es la capacidad de recordar y conectar la información. Un estudiante que experimenta alegría, sorpresa o incluso frustración controlada, en un ambiente seguro, está mejor posicionado para incorporar conocimientos de manera significativa.

Es en este proceso gradual, que el personal docente desempeña un papel central. Al facilitar un espacio donde las emociones son reconocidas, expresadas y comprendidas, se forja una cultura educativa en la que el aprendizaje se vuelve no solo un proceso cognitivo, sino una experiencia integral que abarca cuerpo, mente y emociones. El desafío radica en encontrar maneras de integrar conscientemente esta dimensión emocional en las prácticas pedagógicas diarias, generando entornos donde los estudiantes no solo aprendan sobre el mundo que los rodea, sino también sobre sus propias emociones y cómo gestionarlas para potenciar su aprendizaje.

El manejo adecuado de las emociones dentro del aula puede, además, servir como una herramienta poderosa para mejorar el rendimiento académico. Un docente que sabe interpretar las señales emocionales de sus estudiantes, y que emplea estrategias pedagógicas que apelan a las emociones positivas, está en mejor posición para motivar y guiar a los estudiantes hacia un aprendizaje más profundo y duradero. Así, la educación emocional no es una tarea aparte de la labor docente, sino un proceso inseparable que, bien llevado, puede transformar la vida académica y personal de los estudiantes. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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Situaciones de aprendizaje

«Diseñar situaciones de aprendizaje significa crear oportunidades para que los estudiantes participen activamente en su propio proceso formativo, enfrentándose a retos reales y significativos.» Jonassen, D. H. (1994). Learning with Technology.

El trabajo que se realiza en los centros educativos es mucho más complejo y dinámico de lo que muchas personas suelen percibir. En las aulas, los docentes enfrentan retos significativos para planificar, organizar y ejecutar actividades que realmente impacten el aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes. Este proceso no se deja al azar, sino que implica una profunda reflexión, basada en estudios, conocimiento, experiencia y la habilidad de implementar herramientas pedagógicas adecuadas en el momento preciso.

Uno de los elementos clave que utilizan los educadores son las situaciones de aprendizaje, un enfoque estructurado que integra diversos componentes fundamentales para promover un aprendizaje significativo. Las situaciones de aprendizaje se construyen a partir de un diseño estructurado que inicia con la introducción, donde se establece el marco general, especificando título, nivel educativo, temporalización y sesiones requeridas. Este primer paso da sentido y dirección al proceso educativo. Luego, se desarrolla la justificación, que explica la relevancia de la propuesta, los retos a resolver y los productos esperados, vinculando las actividades con las necesidades del alumnado. Los elementos curriculares constituyen el eje técnico, definiendo objetivos, competencias, criterios de evaluación y saberes básicos, asegurando la alineación con los planes educativos y su pertinencia académica.

A partir de estos fundamentos, se diseñan actividades enfocadas en estimular la participación, el pensamiento crítico y la colaboración. También se considera la atención a la diversidad, incorporando medidas como el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), para garantizar la equidad e inclusión. La evaluación se organiza en tres momentos: inicial, formativa y final, promoviendo un análisis reflexivo sobre los logros y ajustes necesarios. Además, se planifican los recursos, espacios y uso de TIC para optimizar el aprendizaje, complementándose con conclusiones y anexos que consolidan el proceso y lo documentan para futuras aplicaciones.

La capacidad del personal docente para adaptar las herramientas pedagógicas y responder a la diversidad en el aula es crucial. Más allá de diseñar actividades, los docentes deben prever cómo atenderán las distintas necesidades educativas, aplicando pautas de atención a la diversidad, como las establecidas en el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), para asegurar que ningún estudiante quede rezagado.

Además, este enfoque holístico exige un dominio de técnicas de evaluación que no solo midan resultados finales, sino que también evalúen procesos iniciales y formativos. Es una labor que requiere sensibilidad, creatividad y un conocimiento profundo de las teorías del aprendizaje, así como de las dinámicas sociales y emocionales presentes en el aula.

El trabajo docente no se limita a la implementación de estrategias; también incluye la organización de materiales, espacios y tiempos que optimicen los resultados, así como la reflexión constante sobre las prácticas realizadas. Todo ello demuestra que la labor educativa va mucho más allá de transmitir contenidos: es un arte y una ciencia que, bien ejecutada, transforma vidas.

Es crucial que la sociedad valore y reconozca el papel de los docentes, no solo como transmisores de conocimiento, sino como arquitectos de experiencias significativas de aprendizaje. Las situaciones de aprendizaje son un ejemplo claro de cómo los educadores utilizan herramientas complejas para crear entornos de aprendizaje inclusivos y efectivos. Esto subraya la necesidad de invertir en la formación y desarrollo profesional del personal docente, ya que su experiencia y preparación son fundamentales para el éxito de cualquier sistema educativo.

Neuroeducación

Los avances en la neurociencia están ayudando a los educadores a entender mejor cómo los estudiantes aprenden, permitiéndonos crear ambientes de aprendizaje que maximicen el potencial cognitivo de los alumnos.” David A. Sousa

Las neurociencias y la educación son dos campos que se complementan cada vez más, ya que la comprensión del cerebro y su funcionamiento ha permitido desarrollar nuevas estrategias para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Las neurociencias estudian el cerebro y el sistema nervioso, y en el contexto educativo, se centran en cómo el cerebro aprende, recuerda y procesa la información, lo que ha dado lugar al campo conocido como neuroeducación.

La neuroeducación ha demostrado que factores como el sueño, la nutrición, las emociones y la motivación influyen directamente en la capacidad de los estudiantes para adquirir conocimientos. Estos hallazgos han permitido desarrollar nuevas estrategias educativas que consideran no solo el contenido académico, sino también el bienestar físico y emocional del alumno. Además, este enfoque ha proporcionado una mejor comprensión de las diferencias individuales en el aprendizaje, como los trastornos del desarrollo y las dificultades de aprendizaje, y cómo los entornos multisensoriales pueden mejorar la retención de información. Al comprender cómo funciona el cerebro, educadores pueden diseñar estrategias más efectivas que maximicen el potencial cognitivo y emocional de cada estudiante.

La neuroeducación permite una consolidación más profunda de los conocimientos, pues estimula las conexiones neuronales necesarias para asentar las bases del aprendizaje a largo plazo. Además, facilita la identificación temprana de problemas de aprendizaje, como la dislexia, lo cual posibilita la intervención temprana y la implementación de estrategias para reducir barreras de aprendizaje. Con esta base científica, el aprendizaje puede ser más accesible y equitativo, lo que promueve la motivación y la curiosidad, elementos esenciales para un compromiso activo en el proceso de aprendizaje.

Comprender cómo el cerebro asimila información permite al personal docente adaptar sus métodos, favoreciendo la retención de conocimientos y optimizando el proceso de enseñanza-aprendizaje. Con el manejo adecuado de las emociones, potenciado por los conocimientos neurocientíficos, permite a estudiantes regular sus respuestas emocionales, lo que resulta esencial para crear un ambiente escolar que favorezca el aprendizaje y la convivencia.

En este sentido, se hace necesario generar acciones y políticas educativas desde la propia autoridad educativa en sus diferentes niveles de gobierno, que favorezcan recursos y oportunidades para una mejor y mayor capacitación y formación de docentes y directivos en el ámbito de las neurociencias. El desarrollo de escenarios educativos donde se integre el conocimiento neurocientífico, permitirá que no solo se comprenda mejor a sus estudiantes, sino que también diseñen experiencias de aprendizaje que respondan a las demandas cognitivas y emocionales de cada uno. Implementar estas capacitaciones y formar al personal docente bajo este enfoque puede marcar la diferencia en el éxito académico y personal en la vida de las niñas, niños y adolescentes, construyendo una educación más inclusiva, innovadora y efectiva. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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La planeación educativa en el aula

Una buena planificación educativa comienza con el fin en mente. Debemos saber qué queremos que los estudiantes aprendan y cómo lo demostraran antes de diseñar las actividades.» Grant Wiggins y Jay McTighe

En los centros escolares, el proceso de enseñanza y aprendizaje no es una simple transmisión de conocimientos, sino una labor compleja que requiere una planificación cuidadosa y ajustada a las necesidades individuales de cada estudiante. Lo que muchas veces pasa desapercibido para la sociedad es el nivel de detalle y profesionalismo con el que el personal docente diseña cada una de sus intervenciones pedagógicas. En este contexto, la labor educativa no se trata únicamente de enseñar contenidos predefinidos, sino de ajustar los métodos y estrategias pedagógicas para asegurar que los estudiantes no solo adquieran los conocimientos, sino que los comprendan, los apliquen y los integren en su desarrollo personal y académico.

La planificación educativa es un proceso que requiere de un tiempo muy importante que se hace normalmente en el hogar, flexible que se adapta constantemente a las necesidades emergentes de los estudiantes. Para ello, el personal docente primero identifica en qué etapa del desarrollo se encuentran y cuáles son las áreas que requieren mayor atención. Esto implica una observación y evaluación profunda que les permite comprender en qué nivel se encuentran y qué tipo de aprendizaje será más efectivo en cada caso. Este trabajo no se basa en suposiciones, sino en la evidencia obtenida de la interacción diaria con estudiantes y en el análisis constante de su progreso académico y emocional.

El uso de criterios claros es otra parte fundamental de este proceso. Para establecer un camino adecuado hacia el desarrollo, el personal docente se apoya en referentes educativos que les ayudan a determinar cuáles son los estándares de desempeño que los estudiantes deben alcanzar. Esta tarea requiere un conocimiento profundo de los principios pedagógicos y una habilidad para seleccionar y aplicar las estrategias más efectivas, lo cual demanda una formación continua y una gran experiencia profesional.

Otro aspecto que subyace en el trabajo educativo es la creación de situaciones de aprendizaje que permitan a susestudiantes poner en práctica lo aprendido. Esto no se limita a la memorización de hechos o conceptos, sino que busca generar experiencias de aprendizaje que conecten el conocimiento con la realidad de los estudiantes, promoviendo así un aprendizaje significativo y duradero. El personal docente diseña actividades que desafía a sus estudiantes a reflexionar y a aplicar sus conocimientos en contextos reales, facilitando un aprendizaje activo que los prepara para enfrentar problemas complejos de manera crítica y creativa.

La labor educativa es un proceso dinámico y continuo que exige una alta capacidad de adaptación por parte de los profesionales de la educación. Estos no solo deben estar al tanto de los contenidos que deben enseñar, sino que necesitan conocer a fondo los procesos de aprendizaje de los estudiantes, para así poder planificar estrategias que realmente favorezcan su desarrollo integral. La sociedad debe valorar y reconocer el trabajo que se lleva a cabo en las escuelas, pues detrás de cada actividad educativa hay un proceso de planificación riguroso que tiene como único objetivo asegurar que sus estudiantes logren alcanzar su máximo potencial. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social

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Autonomía y mejora continua

“La autonomía de los centros escolares debe estar orientada hacia el cambio sistémico, donde la capacidad para la innovación y la mejora se logre a través de la colaboración y el liderazgo distribuido.” Michael Fullan

La autonomía en los centros escolares es un pilar esencial para el desarrollo integral de las comunidades educativas. No se trata únicamente de la capacidad de los docentes y directivos para tomar decisiones dentro de sus espacios, sino de un proceso profundo de reflexión sobre la propia práctica pedagógica. Al permitir que las escuelas determinen el rumbo de su quehacer diario, se abre la puerta a una mejora continua que responde a las necesidades reales y específicas de cada contexto, lejos de soluciones estandarizadas que, en muchos casos, no logran captar la complejidad de la realidad educativa.

La autonomía, entendida en su dimensión más amplia, implica confiar en que los colectivos docentes son capaces de identificar los retos que enfrentan y generar respuestas creativas y pertinentes. Este proceso de autogestión permite que los educadores no solo se adapten a los cambios impuestos por políticas educativas, sino que sean agentes activos de su transformación. La toma de decisiones sobre las metodologías, los contenidos y la organización escolar fomenta un ambiente de corresponsabilidad en el que cada actor se siente parte fundamental del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Es precisamente en este ejercicio de autonomía donde emerge el camino hacia la mejora continua. La posibilidad de reflexionar sobre los aciertos y dificultades que se presentan en el aula, y de contrastar la experiencia diaria con teorías educativas, crea una dinámica de retroalimentación constante. Los maestros y directivos que analizan críticamente su labor están en una posición privilegiada para ajustar sus prácticas y buscar alternativas que beneficien a sus estudiantes. Este ciclo de reflexión-acción es clave para que los centros escolares se fortalezcan y adapten a los cambios que la sociedad demanda.

La mejora continua no es un destino, sino un proceso en constante evolución. Implica cuestionar y rediseñar las prácticas pedagógicas con un enfoque flexible, considerando tanto los avances como los retrocesos. En este sentido, la autonomía no es una concesión pasajera, sino un derecho de los colectivos educativos para gestionar sus propios recursos y decidir cómo enfrentar los desafíos cotidianos. El acompañamiento de supervisores y directivos en este proceso es crucial, no como figuras de autoridad que dictan el camino, sino como aliados que facilitan el diálogo y propician la construcción de soluciones conjuntas.

En última instancia, cuando los centros escolares asumen su autonomía y apuestan por la mejora continua, se fortalece la idea de que cada escuela es un espacio único de aprendizaje, donde los saberes no se imponen, sino que se construyen de manera colaborativa. La autonomía permite que las escuelas sean verdaderamente democráticas, donde la voz de cada integrante cuenta y donde el objetivo común es formar ciudadanos críticos, capaces de transformar su realidad. En este contexto, la mejora continua se convierte en una estrategia natural para lograr una educación de calidad, que no solo responde a las exigencias del sistema, sino a las necesidades y sueños de quienes habitan la escuela cada día. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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Comunidades de Aprendizaje

«Las comunidades de aprendizaje permiten a los participantes aprender los unos de los otros, romper jerarquías tradicionales y abrir un espacio para la construcción colectiva de conocimientos en un entorno inclusivo.» Henry Jenkins

Tengo la fortuna de impartir desde hace ya algunos años en la Universidad para los grupos del programa del doctorado en educación, una asignatura denominada Sistemas educativos y escuelas exitosas en donde se desarrolla dentro de otras cosas, un estudio comparativo de las principales características de o que han hecho los países que han logrado cosas excepcionales en educación, así como los diferentes modelos bajo los cuales operan las escuelas que tienen resultados destacables en México y en el mundo dentro de ellas, el modelo de las comunidades de aprendizaje.

Las escuelas que operan bajo este modelo se caracterizan por adoptar una metodología centrada en la transformación tanto educativa como social, implicando activamente a todos los actores del entorno escolar. Este modelo se fundamenta en las interacciones igualitarias y en el aprendizaje dialógico, donde estudiantes, maestros, familias y miembros de la comunidad tienen un papel relevante en la creación del conocimiento y en la toma de decisiones relacionadas con el proceso educativo.

Una de las principales características de este enfoque es el trabajo colaborativo y solidario que se establece entre los diversos grupos que conforman la comunidad escolar. El aula tradicional se transforma en un espacio donde los grupos interactivos son fundamentales para promover el aprendizaje significativo. Los grupos heterogéneos de estudiantes, guiados por adultos voluntarios, realizan actividades que fomentan el diálogo y la participación activa de todos los miembros. Esta interacción no solo mejora el rendimiento académico, sino también la convivencia escolar, al propiciar un ambiente en el que se valoran las opiniones y aportaciones de cada uno, independientemente de su origen o nivel de conocimiento.

En este sentido, las escuelas que siguen este modelo adoptan prácticas como las tertulias literarias dialógicas, donde se debaten obras de alto valor literario desde un enfoque igualitario, invitando a todos los participantes a compartir sus reflexiones y a aprender de los demás. Estas tertulias no solo enriquecen el conocimiento académico, sino que también ayudan a desarrollar habilidades críticas y a fortalecer los lazos entre los miembros de la comunidad.

Además de las actividades en el aula, las escuelas implementan bibliotecas tutorizadas, donde el apoyo de adultos voluntarios refuerza el aprendizaje autónomo y fomenta el hábito de la lectura entre los estudiantes. Este recurso, sumado a las otras actuaciones educativas de éxito, permite que el proceso formativo se extienda más allá de los límites tradicionales del aula y que las familias se involucren activamente en la educación de sus hijos.

El modelo de Comunidades de Aprendizaje también se distingue por su enfoque en la resolución de conflictos mediante el diálogo. Las escuelas promueven el uso de un modelo dialógico de resolución de conflictos que favorece la comprensión mutua y la empatía, generando un entorno escolar más inclusivo y pacífico. Al construir espacios de diálogo abiertos, los conflictos que antes podrían haber escalado en problemas disciplinarios serios se abordan de manera constructiva, permitiendo que los estudiantes adquieran habilidades para la vida como la negociación, la empatía y la cooperación.

El funcionamiento de estas escuelas requiere, por tanto, un compromiso institucional fuerte con la formación continua del personal docente, quien debe aprender a gestionar esta dinámica de participación activa, ya que su rol cambia del tradicional «transmisor de conocimientos» a facilitador del aprendizaje colaborativo. Esto implica un esfuerzo adicional por parte de directores escolares, quienes deben coordinar tanto al cuerpo docente como a los voluntarios y familias que forman parte del proyecto educativo. La planificación pedagógica en estas comunidades es un proceso compartido, donde se toman en cuenta las aportaciones de todos los actores para garantizar que las decisiones respondan a las necesidades reales de la comunidad escolar.

Estas escuelas se distinguen por ser espacios de inclusión y participación activa, donde todos los miembros de la comunidad tienen un rol importante en la construcción del conocimiento y en la mejora de la convivencia. Este enfoque demanda un liderazgo escolar flexible y una estructura organizativa que promueva el diálogo y la solidaridad, creando entornos educativos que no solo impactan en el rendimiento académico, sino también en la cohesión social de las comunidades en las que se insertan. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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El personal de apoyo y asistencia a la educación (PAAE)

“El éxito de una escuela no solo depende de lo que ocurre en las aulas, sino también del trabajo dedicado del personal de apoyo que garantiza que el entorno escolar sea seguro, organizado y conducente para el aprendizaje.” Joseph Murphy

El personal de apoyo y asistencia a la educación (PAAE) es fundamental para el buen funcionamiento de las escuelas, ya que su labor contribuye a crear un entorno propicio para el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. Su aporte no es únicamente operativo, sino que tiene un impacto indirecto pero significativo en el desarrollo académico y personal de los estudiantes.

Uno de los aspectos más valiosos de este personal es su capacidad para asegurar que las infraestructuras, materiales y recursos estén en las mejores condiciones posibles, lo cual favorece un ambiente de estudio organizado, seguro y eficiente. Desde la limpieza y el mantenimiento de los espacios, hasta la gestión de los recursos tecnológicos y administrativos, el personal de apoyo permite que las actividades pedagógicas puedan desarrollarse sin interrupciones o complicaciones logísticas. Esto, aunque no siempre visible, crea las condiciones adecuadas para que el aprendizaje ocurra de manera fluida y sin distracciones innecesarias.

Además, el personal de apoyo y asistencia tiene un rol clave en la implementación de políticas educativas y el apoyo directo a las acciones de los docentes. Por ejemplo, el personal administrativo facilita la gestión de la información sobre los estudiantes, manteniendo al día registros académicos, notas y comunicaciones entre la escuela y las familias. Esta labor organizativa permite a los docentes centrarse en la enseñanza, mientras se asegura que los procesos escolares se mantengan coordinados.

El impacto en el aprendizaje también es indirecto, pero potente. Un entorno bien gestionado, ordenado y con los recursos a disposición aumenta el bienestar y la motivación de los estudiantes, creando un clima escolar positivo que favorece la concentración y el rendimiento. La interacción constante del personal de apoyo con los estudiantes, muchas veces en tareas cotidianas, también fortalece el sentido de comunidad dentro de la escuela, promoviendo un ambiente de respeto y colaboración que contribuye al desarrollo integral de los alumnos.

Asimismo, el personal de apoyo puede ser crucial en la atención y resolución de situaciones de emergencia o en la prestación de primeros auxilios, lo que genera confianza tanto en los alumnos como en los padres de familia respecto a la seguridad del centro educativo.

Las características y acciones que aporta este personal incluyen la organización eficiente de los recursos, el mantenimiento de un entorno seguro y funcional, el soporte logístico-administrativo a docentes y directivos, y la creación de un clima escolar favorable. Todo ello contribuye, aunque de manera indirecta, al éxito educativo de los estudiantes, facilitando su aprendizaje y asegurando que la escuela funcione de manera armónica y efectiva. Porque la educación es el futuro…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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La metacognición

«Aprender sin pensar es esfuerzo perdido; pensar sin aprender es peligroso.» – Confucio

En ocasiones se piensa que todo el trabajo educativo que va inmerso en las tareas, las actividades en clase, exposiciones o el resto de los trabajos escolares, tiene que ver con aprender solamente los temas que vienen en el programa de estudio o en los libros de texto. Por supuesto que es mucho más que eso. 

El trabajo en la escuela es por demás importante, no se trata solamente de sumas, restas y aprender conceptos, sino de cómo esos términos pueden ser utilizados a lo largo de la vida de las niñas, niños y adolescentes en su desarrollo, como es el caso del desarrollo de una habilidad esencial para ello como lo es la metacognición.

La metacognición es la habilidad de pensar sobre nuestro propio pensamiento. Es como observar cómo aprendemos, cómo resolvemos problemas y cómo recordamos información. Esto nos ayuda a entender mejor qué métodos de estudio nos funcionan mejor y cómo podemos mejorar en aprender nuevas cosas. En otras palabras, es como ser el juez de nuestro propio proceso de aprendizaje.

En el ámbito educativo, esto no solo mejora los procesos de aprendizaje, sino que también tiene un impacto significativo en el desarrollo integral de la personalidad de estudiantes. La metacognición, es fundamental para que niños, niñas y adolescentes desarrollen una comprensión más profunda de sí mismos y de su entorno.

Al enfocarse de esta manera, las niñas, niños y adolescentes desarrollan un mayor autoconocimiento. Este proceso les permite identificar sus fortalezas y debilidades, lo que es esencial para la autoaceptación y sobre todo en la autoestima. 

Además, les ayuda a desarrollar estrategias de aprendizaje más efectivas. Al ser conscientes de cómo aprenden mejor, pueden adaptar su enfoque a diferentes tipos de tareas y contenidos, lo que les permite enfrentar desafíos académicos con mayor habilidad y confianza. Esta adaptabilidad es crucial no solo en la escuela, sino en toda la vida, ya que les enseña a manejar y adaptarse a diversas situaciones y problemas.

La promoción de la autorregulación es otro aspecto crucial de la metacognición. Al aprender a monitorear y controlar su propio proceso de aprendizaje, se vuelven más autónomos y responsables. Esto contribuye al desarrollo de una personalidad más independiente y resiliente, capaz de enfrentar desafíos y recuperarse de los contratiempos.

En el contexto educativo, la implementación de estrategias para fomentar la metacognición, como el modelado por el personal docente, preguntas reflexivas, diálogo abierto, autoevaluación y uso de cuadernos de aprendizaje, crea un ambiente que promueve el crecimiento personal y académico. Este tipo de prácticas educativas no solo mejora el rendimiento académico, sino que también fortalece las habilidades sociales y emocionales de estudiantes, como la empatía, la comunicación y la colaboración.

Por lo tanto, el desarrollo de habilidades metacognitivas en el entorno escolar es esencial no solo para el éxito académico, sino también para formar individuos competentes, conscientes y capaces de navegar con éxito tanto en sus vidas personales como profesionales. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

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La importancia de la educación física

«El entrenamiento físico no solo es una parte importante para tener un cuerpo sano, es la base de una actividad intelectual dinámica y creativa.» Arnold Schwarzenegger

En el marco del 8 de octubre, día de las profesoras y de los profesores de educación física, resulta por demás conveniente favorecer una reflexión en torno al desarrollo de esta importante actividad que tiene múltiples consecuencias positivas y de beneficio en las niñas, niños y adolescentes en la educación básica, no solamente durante la clase sino a lo largo de toda su vida.

En la educación básica, es común encontrar ideas erróneas y mitos que minimizan el papel de las y los docentes de educación física, reduciendo su labor a simples actividades recreativas o ejercicios físicos sin trascendencia. Sin embargo, la realidad es muy distinta. A pesar de que en muchos centros escolares no existe la figura de un docente de educación física y el docente de grupo se hace cargo de este tipo de actividades, el desarrollo de este tipo de actividades es fundamental, al influir de manera significativa en la formación física, emocional, social y cognitiva de las niñas, niños y adolescentes en la educación básica. Su labor va más allá de lo visible; no solo se enseñan movimientos y ejercicios, sino que también se inculcan valores, se fortalece la autoestima y se forman hábitos saludables que perduran toda la vida.

A menudo se olvida que las actividades dirigidas por estos docentes son un espacio para aprender lecciones importantes como la perseverancia, el trabajo en equipo, la empatía y la disciplina. Las y los maestros de educación física no solo impulsan a los estudiantes a mejorar sus habilidades motrices, sino que también les enseñan a enfrentar y superar retos. Con su guía, los estudiantes descubren que el esfuerzo sostenido trae consigo resultados y, con ello, aprenden una de las lecciones más valiosas que les acompañará en su vida adulta: la capacidad de superar obstáculos.

Además, es fundamental reconocer que el ámbito de la educación física no se limita al desarrollo físico. Las actividades deportivas son una oportunidad para que niñas, niños y adolescentes exploren y fortalezcan su identidad, construyan relaciones interpersonales saludables y aprendan a gestionar sus emociones. En un mundo donde los estilos de vida sedentarios y los problemas de salud relacionados con la falta de ejercicio son cada vez más comunes, la figura del docente de educación física se convierte en un pilar esencial para la creación de una cultura de bienestar físico y emocional desde edades tempranas.

Por todo ello, es necesario reflexionar sobre la importancia de estos docentes y trabajar para que su presencia en los centros educativos sea una realidad en todas las escuelas del país. No basta con valorar su labor, sino que se debe promover la inclusión de una cultura de la educación física en la formación de cada estudiante, reconociendo que el desarrollo integral de los jóvenes no puede ser completo sin esta formación. Fomentar su participación activa en el día a día escolar no solo beneficiará a las generaciones presentes, sino que sembrará la semilla para una sociedad mas saludable y equilibrada en el futuro. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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¿Para qué sirve la escuela?

«La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma.»John Dewey

Más allá de lo que muchas personas pudieran pensar, en la mayoría de los centros educativos de hoy, el enfoque pedagógico ha evolucionado considerablemente, alejándose de la simple memorización -que no deja de ser importante- de fechas, nombres, fórmulas o datos. En su lugar, se ha dado prioridad a la formación de habilidades esenciales para la vida, conocidas como habilidades del pensamiento, que buscan preparar a las niñas, niños y adolescentes para los desafíos de un mundo en constante cambio. Lo que muchas veces no se visibiliza es el trabajo arduo y consciente que realizan las escuelas para integrar estas competencias en el aprendizaje diario, más allá del conocimiento académico tradicional.

Estas habilidades permiten a sus estudiantes enfrentar problemas complejos con mayor flexibilidad, creatividad y análisis crítico. En lugar de limitarse solamente a la memorización -que es necesaria para ciertos procesos y aspectos-, los docentes ahora orientan a sus estudiantes hacia una comprensión más profunda, enseñándoles a cuestionar, evaluar y resolver situaciones de la vida cotidiana mediante herramientas que les serán útiles a largo plazo. En este sentido, la educación no solo busca impartir conocimientos, sino también dotar a los jóvenes de las competencias necesarias para desenvolverse con éxito en contextos que requieren pensamiento crítico, resolución de problemas y capacidad de adaptación.

Además, el desarrollo de estas habilidades cognitivas está profundamente conectado con la vida diaria de los estudiantes. A través de la comprensión de conceptos abstractos, la mejora en la capacidad de comunicación, el análisis de fuentes y la resolución de conflictos, los alumnos se preparan no solo para aprobar exámenes -que es como se hacía antes-, sino para tomar decisiones informadas, trabajar colaborativamente y enfrentar desafíos personales y profesionales en el futuro.

Es esencial que como sociedad comprendamos que la labor docente en este sentido trasciende el aula. El fomento de la creatividad, el razonamiento crítico y la adaptabilidad no son solo objetivos pedagógicos, sino herramientas que les permitirán a sus estudiantes convertirse en ciudadanos capaces de enfrentar y transformar su entorno. Estos esfuerzos se llevan a cabo cada día en las aulas, aunque muchas veces no son completamente reconocidos. Sin embargo, su impacto en la vida de las futuras generaciones es incalculable, ya que son las bases que les permitirán desarrollarse en un mundo que exige cada vez más competencia, flexibilidad y conciencia social.

Así, la educación actual no solo está formando estudiantes que puedan superar una evaluación académica, sino individuos que tendrán la capacidad de adaptarse, liderar y aportar de manera significativa a la sociedad. Estas habilidades contemporáneas del pensamiento son, sin duda, uno de los mayores legados que la escuela de nuestro tiempo puede ofrecer a las niñas, niños y adolescentes, preparándoles para ser los arquitectos de un futuro mejor. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 
Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 
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Feliz día Directoras y Directores escolares

«El liderazgo escolar es el factor más importante para el éxito escolar. Los directores son los encargados de marcar el tono y la cultura de una escuela, lo que afecta directamente el aprendizaje de los estudiantes.»Michael Fullan

En el marco del Día de las Directoras y Directores Escolares, es fundamental reflexionar sobre el rol crucial que desempeñan en el sistema educativo. Su labor, muchas veces invisible para la sociedad, es el cimiento sobre el cual se sostiene el funcionamiento diario de las escuelas y, más allá de las tareas administrativas, su impacto directo en el desarrollo y bienestar de estudiantes, docentes y familias es invaluable. Sin embargo, este esfuerzo, que requiere liderazgo, compromiso, resiliencia y una visión estratégica, rara vez es reconocido con la importancia que merece.

Los directores y directoras escolares son los encargados de guiar y coordinar el trabajo de los docentes, asegurando que las estrategias pedagógicas se implementen de manera adecuada, fomentando un ambiente de aprendizaje propicio para que las niñas, niños y adolescentes puedan alcanzar su máximo potencial. No se limitan a gestionar horarios o presupuestos; son el alma de las escuelas, responsables de crear un clima escolar positivo y de fomentar la colaboración entre los diferentes miembros de la comunidad educativa. A través de su liderazgo, logran que las escuelas funcionen como un espacio seguro, inclusivo y dinámico, donde cada estudiante se sienta valorado y motivado.

A pesar de esta inmensa responsabilidad, la sociedad pocas veces es consciente de las múltiples facetas del trabajo de un director escolar. Se asume que su rol se limita a tareas administrativas, cuando en realidad su labor abarca mucho más: desde la gestión de conflictos, la mejora de la infraestructura, hasta la creación de una cultura escolar que promueva el respeto, la convivencia y el aprendizaje. Son ellos quienes, en muchos casos, deben buscar soluciones a problemas complejos, desde la falta de recursos hasta la atención de situaciones de vulnerabilidad social que afectan a los estudiantes. La capacidad de un director para gestionar estos desafíos es lo que marca la diferencia en el día a día de una escuela.

En tiempos de cambios rápidos y constantes en el sector educativo, los directores también son los encargados de liderar la transformación en sus instituciones, adaptando las políticas y metodologías educativas a las nuevas realidades. Sin embargo, esta capacidad para gestionar el cambio y para enfrentar los retos del presente y del futuro rara vez se valora en su justa medida. La sociedad muchas veces desconoce el nivel de dedicación que implica este rol, las largas horas de trabajo, la toma de decisiones difíciles y la presión constante por mejorar los resultados académicos y mantener un ambiente escolar positivo.

Es necesario que como sociedad reconozcamos y revaloremos el trabajo de las directoras y directores escolares. Su esfuerzo diario no solo tiene un impacto en el presente, sino que moldea el futuro de las generaciones que hoy se forman en las escuelas. Debemos entender que su liderazgo es esencial para el éxito de cualquier sistema educativo y que, sin su dedicación, sería imposible garantizar una educación de calidad. Honrar su labor no solo significa celebrar su día, sino también reconocer de manera constante la importancia de su papel en la formación integral de nuestros jóvenes.

El compromiso de las directoras y directores escolares es un reflejo de su profundo sentido de responsabilidad hacia la educación y el bienestar de sus comunidades. Por ello, debemos elevar su figura, darle visibilidad y, sobre todo, brindarles el apoyo que necesitan para seguir desempeñando este papel tan fundamental en la sociedad. Revalorizar su trabajo es un acto de justicia hacia quienes día a día trabajan incansablemente por el futuro de la educación en México. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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El diagnóstico socioeducativo

«Comprender el entorno en toda su complejidad es fundamental para la toma de decisiones informadas. Sin esta comprensión, cualquier intento de mejora educativa estará condenado a la superficialidad.» Edgar Morin

En el contexto actual de la educación, los centros educativos enfrentan la necesidad de adaptarse a las realidades específicas de sus comunidades para garantizar una enseñanza relevante y efectiva. Una herramienta fundamental para lograr este objetivo es el diagnóstico socioeducativo, un proceso voluntario que permite a los colectivos escolares comprender de manera integral las condiciones que impactan la enseñanza y el aprendizaje. Este diagnóstico no solo beneficia a las escuelas en su planificación y toma de decisiones, sino que también involucra a la sociedad en la tarea de mejorar la calidad educativa.

El diagnóstico socioeducativo es una evaluación comprensiva que examina múltiples aspectos de la realidad escolar, incluyendo factores académicos, sociales, culturales y organizativos. Este análisis detallado permite identificar tanto las barreras como las oportunidades que afectan el desarrollo educativo de los estudiantes. En lugar de aplicar soluciones generales o estandarizadas, el diagnóstico permite que las acciones educativas sean específicas y contextualizadas, atendiendo las particularidades de cada comunidad.

Para desarrollar un diagnóstico socioeducativo efectivo, el primer paso es la identificación de ámbitos relevantes. Esto implica seleccionar las áreas clave que impactan la educación, como el ambiente académico, social y familiar. Al focalizar el análisis en estos aspectos, se puede tener una comprensión más profunda de los factores que influyen directamente en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Una vez identificadas las áreas clave, es crucial llevar a cabo un análisis exhaustivo de estos ámbitos. Este análisis se realiza a través de preguntas dirigidas que permiten profundizar en cada área seleccionada, obteniendo un entendimiento claro de las condiciones actuales del aula, la escuela y su comunidad. Es importante que este análisis sea riguroso y detallado para que las conclusiones que se extraigan sean útiles para la planificación educativa.

El siguiente paso en el diagnóstico es la recopilación de información. Aquí, se recogen datos específicos que validan percepciones y llenan vacíos de información. Esta fase puede incluir encuestas, entrevistas y el análisis de registros escolares. La información recopilada debe ser evaluada de manera crítica para identificar y priorizar las problemáticas que requieren intervención inmediata, así como aquellas que pueden servir para enriquecer los contenidos educativos y mejorar las prácticas docentes.

Finalmente, el diagnóstico culmina en la priorización de acciones. Una vez identificadas las problemáticas más relevantes, es esencial decidir cuáles se abordarán primero, basándose en su impacto potencial en el aprendizaje y bienestar de los estudiantes. Este enfoque estratégico asegura que los esfuerzos educativos estén alineados con las necesidades más urgentes de la comunidad escolar.

Los beneficios de realizar un diagnóstico socioeducativo son numerosos. No solo proporciona a los centros educativos una hoja de ruta clara para mejorar la calidad de la enseñanza, sino que también involucra a toda la comunidad en el proceso de mejora continua. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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¿Solo se la pasan jugando?

«El juego es la forma más alta de investigación.»Friedrich Froebel

En la educación infantil, particularmente en el preescolar y los primeros años de la primaria, el juego ocupa un lugar central en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, como sociedad, a menudo subestimamos el valor pedagógico del juego, reduciendo su importancia con expresiones como «solo se la pasan jugando». Esta percepción no solo es equivocada, sino que además ignora las múltiples y profundas finalidades que el juego tiene para el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños.

El juego es, en realidad, una de las formas más efectivas de aprendizaje en las primeras etapas de la vida escolar. A través del juego, los niños exploran el mundo que los rodea, experimentan con diferentes roles y situaciones, desarrollan habilidades motrices, y aprenden a interactuar con otros de manera constructiva. No se trata simplemente de «pasar el tiempo», sino de un proceso intencionado y cuidadosamente diseñado para fomentar el crecimiento integral de los niños.

Existen diferentes tipos de juegos que cumplen funciones específicas en el desarrollo de los niños. Por ejemplo, los juegos que implican manipulación de objetos permiten a los niños desarrollar habilidades motoras finas, comprender conceptos básicos de causa y efecto, y explorar la relación entre diferentes objetos. Estos juegos son fundamentales para el desarrollo de la coordinación y la percepción espacial, habilidades que son esenciales para el aprendizaje de la escritura, la lectura y las matemáticas.

Además, los juegos que implican la construcción de objetos o la resolución de problemas, como armar bloques o resolver rompecabezas, ayudan a los niños a desarrollar habilidades de pensamiento crítico y resolución de problemas. Estos juegos también fomentan la creatividad y la capacidad de los niños para planificar y ejecutar tareas, habilidades que serán esenciales a lo largo de su vida académica y personal.

El juego simbólico, en el cual los niños representan roles o situaciones de la vida real, les permite explorar y comprender el mundo que los rodea de manera profunda. A través de estos juegos, los niños no solo desarrollan su imaginación, sino que también aprenden a comprender y expresar emociones, a resolver conflictos, y a establecer y seguir reglas. Este tipo de juego es crucial para el desarrollo de la empatía y la inteligencia emocional, competencias que son fundamentales para el éxito en la vida social y académica.

Por todo lo anterior, es esencial que como sociedad reconozcamos y valoremos el papel del juego en la educación infantil. Lejos de ser una actividad trivial, el juego es un vehículo poderoso para el aprendizaje y el desarrollo integral de los niños. Ignorar su importancia o reducirlo a una mera actividad recreativa es privar a los niños de una de las herramientas más valiosas para su crecimiento y desarrollo. En lugar de desestimar el juego, debemos apoyarlo y promoverlo como una parte esencial del currículo escolar, asegurando que todos los niños tengan la oportunidad de aprender y crecer a través del juego. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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La evaluación diagnóstica

“La evaluación diagnóstica no es una herramienta para sancionar o clasificar, sino un proceso que permite al docente conocer el punto de partida de los estudiantes y ajustar la enseñanza para favorecer su aprendizaje” Neus Sanmartí

Desde fuera de las instituciones educativas, existe una notable brecha de conocimiento acerca de los múltiples procesos pedagógicos que se implementan dentro de las aulas. Uno de estos procesos fundamentales al inicio del ciclo escolar, es la evaluación diagnóstica, un mecanismo que a menudo pasa desapercibido, pero que resulta crucial para establecer las bases de aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.

Ésta no solo implica la revisión de conocimientos previos, sino que es un proceso integral que guía a docentes a ajustar sus estrategias pedagógicas de acuerdo con las necesidades individuales de cada estudiante. Primero, es necesario realizar un análisis reflexivo de las prácticas evaluativas actuales. Este análisis no solo permite identificar fortalezas y áreas de mejora en la enseñanza, sino que también invita a la prospección de cómo ajustar la evaluación diagnóstica para asegurar que la evaluación sea más pertinente y enfocada en los aprendizajes esperados.

Posteriormente, se argumenta sobre las características de los instrumentos de evaluación y cómo se deben utilizar de manera adecuada. En esta fase, se revisa la estructura de estos instrumentos y el uso de herramientas como las rúbricas, que permiten una evaluación más objetiva y detallada de los estudiantes y así evitar evaluaciones superficiales y asegurar que se valoren realmente las capacidades y habilidades que se buscan desarrollar en sus estudiantes.

Luego, se establecen rutas de trabajo que definen cómo se implementará la evaluación diagnóstica. Aquí, las decisiones técnicas y pedagógicas juegan un papel crucial, ya que no todas las instituciones educativas ni todos los grupos de estudiantes son iguales. Las rutas deben ser flexibles, adaptándose al contexto específico de cada comunidad educativa y garantizando que la evaluación sea accesible para todos los estudiantes, independientemente de sus circunstancias.

Un componente fundamental de este proceso es la creación de diagramas que visualicen los beneficios de la evaluación diagnóstica con un enfoque formativo. Estos diagramas permiten que los docentes no solo entiendan el proceso, sino que también reconozcan cómo las técnicas de observación y registro pueden proporcionar información invaluable sobre el desarrollo de los estudiantes. A partir de esta información, los docentes pueden realizar ajustes inmediatos a sus estrategias de enseñanza, promoviendo un entorno de aprendizaje más inclusivo y eficaz.

Asimismo, se llevan a cabo análisis detallados que permiten visualizar los hallazgos sobre el aprendizaje de sus estudiantes. En esta fase, se exploran las dimensiones de aprendizaje, el contexto y la enseñanza, lo que facilita la toma de decisiones más informadas. Este análisis no solo beneficia a docentes en su práctica diaria, sino que también permite diseñar intervenciones específicas que potencien el aprendizaje de sus estudiantes, buscando que ninguno quede rezagado. Finalmente, se comparten los hallazgos con las familias, lo cual fortalece la relación entre escuela y hogar. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. 

Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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manuelnavarrow@gmail.com