Prevención, comunicación y responsabilidad

“La prevención es el primer acto de cuidado docente: identificar y disminuir riesgos antes de cada jornada.” — Protocolos de Protección Integral Escolar.

Ante los recientes acontecimientos en donde se han visto involucrados personal educativo y en tanto se fortalecen los marcos legales de protección del magisterio, hay que extremar precauciones para no exponerse a una problemática mayor.

En la actualidad, el personal educativo enfrenta una realidad que exige no solo vocación y compromiso educativo, sino también una conciencia plena sobre la responsabilidad legal, ética y humana que conlleva el trabajo con niñas, niños y adolescentes. Cada acción dentro del entorno escolar puede tener implicaciones significativas, por lo que la prevención, la actuación oportuna y la documentación responsable se han convertido en pilares fundamentales para proteger tanto la integridad de los estudiantes como la del propio personal educativo.

Las escuelas son espacios donde convergen múltiples riesgos: accidentes, conflictos, emergencias y situaciones imprevistas. Por ello, la observancia estricta de los protocolos de seguridad, la revisión constante de las instalaciones, la capacitación en primeros auxilios y la comunicación clara con las familias son acciones indispensables. Los protocolos oficiales en su mayoría, establecen la obligación de todos los integrantes de la comunidad de actuar con diligencia, transparencia y apego a la normativa. No hacerlo puede derivar en responsabilidades administrativas o incluso legales.

La prevención se inicia en la planeación y en la vigilancia. Revisar los espacios, prever contingencias, supervisar en todo momento e informar a la autoridad de los posibles riesgos son actos que fortalecen la seguridad institucional. Pero cuando ocurre un incidente, la respuesta inmediata y la transparencia son esenciales: atender al estudiante, notificar a la autoridad escolar y a la familia, y registrar los hechos en una bitácora o acta circunstanciada constituyen una evidencia de actuación responsable. La documentación es, en muchos casos, el único respaldo que demuestra que se actuó conforme al deber profesional.

Asimismo, mantener una comunicación clara y respetuosa con las familias fortalece la confianza y evita malentendidos. Informar de manera precisa sobre los protocolos, los seguros escolares y las medidas de prevención, así como conservar constancias de las decisiones de los padres, son prácticas que protegen tanto al personal como a la institución.

Los nuevos tiempos demandan del personal docente y directivo una actuación profesional basada en la previsión, la comunicación y la evidencia. Anticiparse a los riesgos, actuar con prontitud y dejar constancia de lo realizado son hoy las mejores herramientas para salvaguardar la integridad de estudiantes y la seguridad jurídica de quienes los educan. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann

Docente y Abogado. Doctor en Gerencia Pública y Política Social

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com

Cuando lo inesperado puede suceder

“Cuando se culpabiliza al maestro como forma de gestionar el dolor social, se desplaza la responsabilidad institucional hacia el eslabón más vulnerable del sistema.” Marina Garcés

En los centros escolares, cada jornada está llena de múltiples interacciones: niñas, niños y adolescentes se desplazan, dialogan, juegan, debaten, se emocionan y a veces, se confrontan. Todo este entramado cotidiano sucede bajo la mirada atenta, aunque no omnipresente, del personal docente y directivo, quienes además de su labor pedagógica, son responsables del cuidado, bienestar y protección de sus estudiantes. 

En este contexto, cada momento puede convertirse, potencialmente, en un accidente, en un evento crítico. Basta un tropiezo en el baño, un empujón en la fila o una caída en el patio para que la escuela, el profesorado y la dirección se vean de pronto expuestos a juicios públicos, reclamos familiares o incluso procesos legales. Las imágenes compartidas en redes dan cuenta del hartazgo silencioso del personal educativo ante una constante: ser responsabilizados por situaciones que muchas veces escapan completamente de su control.

La ironía de que el docente pueda ser considerado culpable incluso si un niño se desmaya en los honores a la bandera, otro niño lo empuja jugando o tropieza con sus propias agujetas revela la vulnerabilidad estructural a la que está expuesto el magisterio. Se espera que la escuela sea un espacio de cuidado absoluto, pero pocas veces se reconocen las limitaciones reales con las que opera. Por eso, resulta urgente crear protocolos de actuación y abrir paso a herramientas que, más allá de culpar o excusar, permitan comprender, registrar, contar con testigos de los hechos y aprender de estas situaciones. Aquí entra en juego una propuesta que ha circulado Pilar Pozner sobre los incidentes críticos, no como un acto burocrático, sino como una vía reflexiva, ética y estratégica para prevenir riesgos.

Documentar hechos a través de una bitácora con detalle, contexto, acciones realizadas y firmas, no solo brinda certeza jurídica, también permite visibilizar lo que muchas veces se ignora: que el personal docente sí actuó, que sí advirtió, que sí buscó soluciones. Estos marcos no solo son útiles para la convivencia pacífica, también brindan sustento para que el personal docente no quede en el desamparo cuando se enfrenta a eventos que comprometen su integridad profesional. Casos como el del maestro Esteban muestran la necesidad de contar con evidencia documentada para evitar tortuosos procesos administrativos, escarnio social y desgaste emocional.

Por ello, animar al personal directivo y docente a llevar un registro en una bitácora profesional no es un acto defensivo, es una práctica de cuidado mutuo. Se trata de comprender que cada palabra, cada intervención oportuna y cada omisión también pueden ser reconstruidas a partir de la memoria escrita. Registrar una situación crítica no implica desconfianza, sino fortalecer una cultura de responsabilidad compartida, donde se sepa qué ocurrió, cómo se actuó y qué acuerdos se generaron. Cada acta debe especificar la fecha, relatoría de hechos, acciones ejecutadas, firmas de testigos, autoridad inmediata y del docente, con copia resguardada.

Frente a un escenario donde los riesgos escolares son tan diversos como impredecibles, asumir esta práctica como parte de una pedagogía de la corresponsabilidad puede prevenir conflictos futuros. Porque quien educa con compromiso merece también un marco que le proteja. Registrar no es solo prevenir, es dignificar la labor de quienes, día tras día, enseñan, cuidan y responden por infancias que, a pesar de todo, siguen corriendo, jugando, aprendiendo… y necesitando que alguien esté ahí, incluso cuando todo se pone en juego. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann

Docente y Abogado. Doctor en Gerencia Pública y Política Social

https://manuelnavarrow.com

manuelnavarrow@gmail.com