Dirigir una escuela en tiempos complejos implica mucho más que resistir las dificultades. La resiliencia directiva adquiere verdadero sentido cuando permite atravesar la incertidumbre, el conflicto, la sobrecarga y el desgaste sin renunciar a aquello que da sentido humano y educativo a la escuela.
Bolívar (2012) vincula esta reflexión con una cuestión esencial: afrontar las dificultades preservando la coherencia, la humanidad y la visión. Para quienes ejercen la función directiva, esto supone reconocer que las decisiones tomadas bajo presión también comunican valores. El modo de escuchar, acompañar, responder ante un conflicto o reconocer el cansancio del equipo puede fortalecer la confianza o deteriorarla.
Ser resiliente no significa soportarlo todo en silencio ni normalizar condiciones adversas. Tampoco significa exigir a docentes y demás integrantes de la comunidad escolar que continúen indefinidamente pese al agotamiento. Implica reconocer los límites, buscar apoyos, establecer prioridades y construir respuestas colectivas que permitan cuidar simultáneamente a las personas y al propósito educativo.
Aquí el trabajo en equipo resulta decisivo. Una dirección que comparte responsabilidades, escucha las preocupaciones del profesorado y genera espacios para dialogar frente a las dificultades favorece mejores relaciones laborales. La confianza permite pedir ayuda, reconocer errores y afrontar los problemas sin convertirlos en enfrentamientos personales.
Ese acompañamiento fortalece el clima escolar. Cuando las personas se sienten escuchadas y respetadas, existen mejores condiciones para colaborar, aprender unas de otras y sostener los esfuerzos de mejora continua.
Y existe una razón todavía más profunda: niñas, niños y adolescentes observan la manera en que los adultos enfrentamos las dificultades. Una comunidad educativa que responde con diálogo, solidaridad, coherencia y esperanza también educa mediante su ejemplo.
Quizá la verdadera pregunta no sea cuánto podemos resistir, sino: ¿cómo atravesamos juntos las dificultades sin perder aquello que hace humana a nuestra escuela?
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Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann
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