Aprender desde la experiencia: una mirada necesaria para la función directiva escolar

Comprender el aprendizaje como un proceso que se construye a partir de la experiencia directa, la reflexión y la aplicación en contextos reales resulta especialmente relevante para quienes asumen la función directiva en los centros escolares. Aprender no es solo acumular información, sino transformar lo vivido en comprensión profunda, criterio pedagógico y toma de decisiones más consciente. Esta perspectiva invita a reconocer que tanto docentes como directivos aprenden cuando analizan lo que ocurre en la escuela, dialogan sobre ello y lo traducen en acciones concretas orientadas a la mejora continua del entorno educativo.

Desde la función directiva, esta forma de aprender permite fortalecer el trabajo directivo al colocar la experiencia cotidiana de la escuela como punto de partida para la reflexión colectiva. Observar lo que sucede en el aula, en los pasillos, en las reuniones de trabajo y en la relación con las familias abre la posibilidad de comprender mejor los procesos escolares y de acompañar al equipo de trabajo desde una postura cercana, reflexiva y formativa. El directivo que aprende desde la experiencia no impone respuestas prefabricadas, sino que promueve preguntas, escucha activa y espacios de diálogo que enriquecen el trabajo colaborativo.

Este enfoque también incide de manera directa en la mejora del clima escolar. Cuando se fomenta la reflexión compartida, se valora la participación de los compañeros de trabajo y se reconocen las distintas miradas, se generan relaciones laborales más sanas, basadas en la confianza y el respeto. La escuela se convierte así en una comunidad que aprende de sí misma, que analiza sus prácticas y que busca de manera constante mejores formas de acompañar a niñas, niños y adolescentes en sus procesos de aprendizaje.

Para quienes ejercen la función directiva, aprender desde la experiencia implica asumir un papel activo como acompañantes del proceso educativo. Significa propiciar experiencias significativas, promover la reflexión sobre lo vivido y favorecer la aplicación de lo aprendido en situaciones reales de la escuela. Esta manera de aprender no solo fortalece las capacidades individuales, sino que impacta de forma positiva en el clima de aprendizaje, al generar coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, y al modelar una actitud de aprendizaje permanente.

Cuando la dirección escolar se concibe como un espacio de aprendizaje continuo, se envía un mensaje claro a toda la comunidad educativa: aprender es un proceso compartido, dinámico y profundamente humano. Esta visión repercute en mejores relaciones laborales, en una mayor cohesión del equipo de trabajo y, sobre todo, en un ambiente escolar más propicio para el desarrollo integral de las y los estudiantes.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann

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