En la vida cotidiana de las escuelas, muchos de los desafíos que enfrentan quienes asumen la función directiva no aparecen de manera aislada ni espontánea. Suelen repetirse, adoptar nuevas formas o reaparecer aun después de haber tomado decisiones previas. Por ello, resulta fundamental desarrollar una mirada que permita ir más allá de los síntomas visibles y profundizar en las razones de fondo que explican lo que ocurre en la organización escolar.
Cuando la persona directiva se detiene a analizar con calma una situación, evita respuestas impulsivas y se orienta a comprender por qué se producen ciertos conflictos, retrasos, tensiones o desacuerdos, se fortalece el trabajo directivo y se generan condiciones más favorables para la mejora del clima escolar. Este enfoque implica escuchar al equipo de trabajo, recuperar información concreta, dialogar con los compañeros de trabajo involucrados y reconstruir los procesos que dieron origen al problema, en lugar de buscar responsables individuales.
Explorar las causas profundas permite identificar aspectos relacionados con la comunicación, la organización de tareas, la claridad de acuerdos, los tiempos, los recursos disponibles o el entorno institucional. Este ejercicio, realizado de manera colectiva, favorece la mejora en el trabajo colaborativo, ya que todas las voces aportan perspectivas valiosas y se construyen soluciones compartidas. Así, el equipo se reconoce como parte activa del proceso de transformación y no solo como receptor de decisiones.
Para quienes ejercen la función directiva, esta forma de abordar los problemas se traduce en aprendizajes relevantes: se fortalece la toma de decisiones con mayor sentido pedagógico, se promueve un ambiente de confianza y se envía un mensaje claro de que los errores pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje institucional. Cuando el diálogo sustituye al juicio apresurado y la reflexión sustituye a la reacción inmediata, se construyen relaciones laborales más sanas y respetuosas.
El impacto de esta manera de actuar no se limita al equipo adulto de la escuela. Un clima escolar más armónico, basado en la comprensión y la corresponsabilidad, se refleja directamente en el ambiente de aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes. La coherencia, la claridad y el trato justo que emanan de la función directiva se convierten en referentes cotidianos que modelan prácticas, actitudes y formas de convivencia dentro de la comunidad escolar.
Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann
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