En el ejercicio directivo, muchas veces se piensa que el impacto se mide por indicadores, documentos entregados a tiempo o tareas cumplidas en lo administrativo. Sin embargo, como bien señala Weinstein (2011), el impacto real no se encuentra en los trámites o en las oficinas, sino en los rostros de quienes aprenden. Es ahí, en las aulas, donde verdaderamente se manifiesta la huella del liderazgo escolar.
La labor del directivo no termina en coordinar acciones, sino que se proyecta en el aula a través del acompañamiento docente, de la creación de un clima de respeto, escucha y reflexión compartida. La confianza que niños y niñas desarrollan para seguir aprendiendo está estrechamente vinculada con la cultura institucional que la dirección escolar es capaz de impulsar.
Cuando una comunidad escolar sabe que cuenta con un liderazgo comprometido con el bienestar colectivo, con el fortalecimiento de las relaciones profesionales y con el acompañamiento pedagógico cotidiano, entonces florecen ambientes en donde el aprendizaje no es impuesto, sino alentado. La confianza para aprender se construye, se contagia, se celebra, y eso también es liderar.
Quienes ejercen la función directiva tienen la posibilidad de sembrar confianza a través de su mirada, su escucha, su ejemplo. Y lo más poderoso es que esa siembra no necesita discursos grandilocuentes, sino decisiones cotidianas coherentes y humanas.
¿Quieres seguir explorando cómo ejercer un liderazgo que impacte directamente en el aula y en el aprendizaje de tus estudiantes?
Visita 👉 https://manuelnavarrow.com y suscríbete para acceder a contenido exclusivo y gratuito.
Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann
@todos @destacar @seguidores @destacar
#manuelnavarrow #formacióndirectiva #mejoraescolar #CADE #trabajoenequipo #liderazgoconimpacto #confianzayaprendizaje #liderazgohumano #directivoseducativos #climaescolarpositivo
