El verdadero compromiso con la inclusión en los centros escolares no se demuestra solo con discursos, sino con acciones concretas que permitan eliminar barreras para el aprendizaje y la participación. Como menciona Ainscow, es fundamental que quienes ejercen la función directiva trabajen activamente en fortalecer el trabajo en equipo, mejorar el clima escolar y fomentar relaciones laborales más sólidas.
Cuando una dirección escolar impulsa prácticas que favorecen la colaboración y la inclusión, no solo se generan ambientes más armoniosos, sino que también se crean mejores condiciones para el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. La mejora del clima de aprendizaje depende en gran medida de la capacidad de eliminar obstáculos y construir espacios donde cada estudiante tenga la oportunidad de desarrollarse plenamente.
Reflexionemos: ¿qué estamos haciendo hoy para que nuestras escuelas sean más inclusivas y abiertas a la participación de todos?
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