Las matemáticas y la vida diaria

«Las matemáticas son un modo de pensar, una herramienta para entender el mundo.» Richard Feynman

Las matemáticas son una parte integral de nuestras vidas, presentes en casi todas las actividades cotidianas, desde manejar las finanzas personales hasta planificar viajes y cocinar. A pesar de su universalidad y utilidad, muchas niñas, niños y adolescentes experimentan dificultades para aprender y disfrutar de esta materia. Estas dificultades pueden deberse a una variedad de factores, incluyendo problemas a la hora del aprendizaje, falta de relevancia percibida y actitudes negativas hacia las matemáticas. 

Las matemáticas no son solo una asignatura académica; son una habilidad esencial para la vida. Ayudan a desarrollar el pensamiento lógico y la capacidad de resolver problemas, competencias fundamentales en cualquier contexto laboral y personal. Desde calcular el cambio correcto al comprar hasta entender las tasas de interés en una hipoteca, las matemáticas nos permiten tomar decisiones informadas y eficaces. Además, en la era digital, las matemáticas son la base de la tecnología y la ciencia. Profesiones como ingeniería, informática, economía y muchas otras dependen de un conocimiento sólido de las matemáticas. 

Numerosos estudiantes enfrentan barreras al aprender matemáticas. Entre las principales dificultades se encuentran la ansiedad matemática, donde muchos estudiantes experimentan ansiedad y estrés cuando se enfrentan a problemas matemáticos, lo cual puede afectar su rendimiento y actitud hacia la materia. Los métodos de enseñanza tradicionales también juegan un papel importante, ya que, en muchos casos, la enseñanza de las matemáticas sigue siendo tradicional y memorística, lo que puede desmotivar a estudiantes y hacer que perciban la materia como compleja, aburrida o irrelevante. Además, los estudiantes a menudo no ven cómo las matemáticas se aplican en la vida real, lo que disminuye su interés y motivación. 

Para superar estas dificultades y fomentar un amor por las matemáticas, es esencial implementar estrategias tanto en el hogar como en la escuela. En el hogar, integrar las matemáticas en la vida cotidiana puede ser muy beneficioso. Involucrar a los niños en actividades que requieran el uso de las matemáticas, como cocinar (medir ingredientes), hacer compras (calcular el cambio) o planificar viajes (calcular distancias y tiempos), puede hacer que vean la relevancia y utilidad de la materia. Además, utilizar juegos de mesa, aplicaciones y rompecabezas matemáticos que hagan del aprendizaje una experiencia divertida y desafiante puede aumentar su interés. También se debe mostrar una actitud positiva hacia las matemáticas y evitar expresar sentimientos negativos o de frustración hacia la materia.

En la escuela, utilizar metodologías activas y participativas como el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje cooperativo y el uso de tecnologías interactivas puede hacer que las matemáticas sean más atractivas y relevantes para estudiantes. Mostrar a estudiantes cómo las matemáticas se aplican en el mundo real mediante ejemplos prácticos y proyectos que conecten la teoría con situaciones cotidianas puede aumentar su motivación. Además, es importante desarrollar la confianza de estudiantes, fomentando un ambiente de apoyo donde se sientan seguros al cometer errores y aprender de ellos. Celebrar pequeños logros puede construir confianza y motivación. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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manuelnavarrow@gmail.com

Liderazgo incómodo

“Un líder es aquel que se atreve a adentrarse en lo desconocido, que no teme al conflicto porque sabe que es a través de la incomodidad donde se encuentra el crecimiento.” Simon Sinek

Para promover el aprendizaje en el aula, las instituciones educativas necesitan de contar en su organización, con un clima escolar que beneficie las condiciones para que sus integrantes puedan alcanzar sus objetivos y en ello, una gran parte tiene que ver con la manera en que se ejerce la dirección escolar que, de acuerdo con algunos estudios, puede alcanzar hasta un 25% de la varianza en el aprendizaje escolar.

Para ello, ser directora o director de una institución educativa requiere en muchas ocasiones de constituirse en un liderazgo incómodo, que desafíe a veces el orden instituido por la costumbre, por los vicios o por los márgenes que el propio tiempo se ha encargado de instalar en la Institución, con cualidades que pueden ser particularmente valiosas en el contexto educativo. 

Quién está al frente de una institución educativa debe ser capaz de desafiar lo establecido. Al salir de la zona de confort y proponer nuevas acciones, enfoques pedagógicos y estructuras organizativas, la dirección puede estimular la innovación y adaptarse a las necesidades cambiantes de estudiantes y docentes, pero para ello necesita conocer, observar, puntualizar.

La resiliencia es una virtud indispensable. Frente a las inevitables incertidumbres y crisis, como pueden ser reformas educativas, cambios demográficos o crisis, quien ejerce un liderazgo en educación debe mostrar fortaleza y visión para sobreponerse y guiar a su comunidad a través de los tiempos complejos.

Ser analítico es igualmente crucial. Analizar el trasfondo de los problemas permite encontrar soluciones de raíz que mejoren la calidad del aprendizaje. Esto puede significar identificar y abordar problemas sistémicos en lugar de poner soluciones temporales a inconvenientes superficiales.

Cuestionar permanentemente es una forma de liderazgo que impulsa a los demás a reflexionar sobre sus prácticas y creencias. Es esta curiosidad y búsqueda de conocimiento la que mantiene a una institución educativa en constante crecimiento y desarrollo.

Promover la diversidad es esencial en un entorno educativo. Reconociendo que cada estudiante y docente aporta una perspectiva única, la dirección escolar puede enriquecer el proceso de aprendizaje y fomentar un ambiente inclusivo y enriquecedor.

La autenticidad, asumir la responsabilidad, fomentar la comunicación directa, saber manejar conflictos y generar ambientes de confianza completan el perfil de un líder incómodo, pero efectivo, en educación. Estas cualidades fomentan un clima de honestidad, respeto y confianza, donde todos los miembros de la comunidad escolar pueden sentirse seguros para expresar ideas, explorar y aprender.

Así, un liderazgo que eventualmente incomoda es aquel que impulsa a una institución a examinarse críticamente y avanzar hacia una mejora permanente que se refleja en el desarrollo del aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. A través de este liderazgo, se pueden diseñar y ejecutar estrategias que respondan a las demandas de una sociedad en constante cambio y prepare a sus estudiantes para ser ciudadanos capaces, creativos y críticos. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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La escuela y el trato en casa 

«La mayor tragedia de la familia es la no superación de la adversidad generacional». Carl Jung

Las actitudes no saludables hacia los niños que, lamentablemente, muchos experimentan en sus hogares como es el caso de  prometer y no cumplir, atemorizar, sobreexigir, aislar, burlarse, sobreproteger, obligar a comer, insultar, excluir, rechazar y condicionar el cariño son comportamientos que dejan cicatrices profundas en la psique infantil. Estas actitudes no solo afectan la vida emocional de las niños, niños y adolescentes, sino que también tienen un impacto significativo en su aprendizaje, socialización y conducta en la escuela.

El entorno familiar juega un papel crucial en el desarrollo. Un ambiente hostil y negativo puede generar sentimientos de inseguridad, baja autoestima, miedo y ansiedad, que se traducen en dificultades de concentración y de participación activa en clase. La falta de apoyo emocional en casa puede desmotivarles, afectando su rendimiento académico y su capacidad para absorber y retener información.

La socialización también se ve profundamente afectada por las actitudes que experimentan en el hogar. Un niño que es aislado, rechazado o excluido en casa puede replicar estas experiencias en la escuela, encontrando difícil formar relaciones saludables con sus compañeros. Estas experiencias tempranas de rechazo pueden llevar a problemas de confianza y habilidades sociales que persisten a lo largo de la vida.

La conducta escolar es otro aspecto que se ve influenciado por el entorno familiar. Actitudes como la sobreexigencia y el atemorizar pueden llevar a los niños a desarrollar comportamientos disruptivos o sumisos. Un niño que vive con miedo constante puede volverse rebelde como un mecanismo de defensa, mientras que un niño sobreexigido puede experimentar niveles de estrés perjudiciales, manifestándose en ansiedad escolar o un perfeccionismo destructivo.

Las y los docentes, conscientes de estas dinámicas, tienen un papel crucial en mitigar los efectos negativos que las actitudes en casa pueden tener en sus estudiantes. A través de lapreparación, experiencia, observación, empatía y la intervención adecuada, pueden ayudar a los niños a superar estas dificultades, creando un ambiente escolar seguro y enriquecedor. 

La colaboración entre el hogar y la escuela es esencial. Padres y docentes deben trabajar juntos para fomentar un ambiente positivo y de apoyo. Al reconocer y evitar las actitudes no saludables, se puede construir una base sólida para el crecimiento y el éxito en su desarrollo.

Es evidente que todos tenemos la responsabilidad de erradicar las actitudes dañinas hacia las niñas, niños y adolescentes. Promover un entorno donde sientan seguridad, valor y respeto es fundamental no solo para su desarrollo personal, sino también para la construcción de una sociedad más empática y justa. Los esfuerzos conjuntos para eliminar estas actitudes, tanto en casa como en la escuela, son esenciales para garantizar que cada niño tenga la oportunidad de alcanzar su máximo potencial. Es en este esfuerzo compartido donde reside la esperanza de un futuro mejor para todos. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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¿Delegar autoridad o responsabilidad?

«Se puede delegar autoridad, pero no se puede delegar responsabilidad». Byron Dorgan

Al interior de las organizaciones como puede ser en un centro escolar, la falta de confianza y apoyo por parte de la dirección puede dementar la autonomía y la confianza al interior del equipo de trabajo. Esto es particularmente relevante en el contexto educativo, donde una dirección adecuada es crucial para construir un ambiente propicio para el aprendizaje, que es el principal objetivo de la escuela.

Cuando la dirección de una escuela cae en el patrón de una delegación ineficaz, los síntomas de una gestión problemática son evidentes: los docentes pueden sentirse menos empoderados y, por lo tanto, menos propensos a tomar iniciativa o innovar en su trabajo. Si la dirección escolar no confía en su personal, este sentimiento se transmite, haciendo que docentes dependan más de las instrucciones directas y sean menos creativos o proactivos. Este déficit de confianza puede llevar a la dirección escolar a intervenir excesivamente, dictando exactamente cómo deben hacerse las cosas, lo que a su vez disminuye aún más la autoconfianza del equipo de trabajo.

Sin embargo, el otro lado de la moneda revela el poder transformador de una delegación adecuada. Cuando la dirección deposita confianza en su equipo, estableciendo claridad en las expectativas y proporcionando apoyo sin gestionar a detalle cada cosa, las y los docentes tienden a asumir mayor responsabilidad y compromiso con su trabajo. Este acto de confianza alimenta su creencia en sus propias capacidades, lo que a menudo conduce a un desempeño mejorado y a la innovación dentro del aula, sin embargo, hay que tener en claro que, aunque se pueda delegar la autoridad, jamás será posible delegar la responsabilidad de lo que suceda por lo delegado.

Una delegación efectiva también promueve el desarrollo profesional de docentes, ya que les permite explorar nuevas estrategias de enseñanza y desarrollar sus propias habilidades de liderazgo. Quienes se sienten el respaldo para tomar decisiones son más propensos a experimentar con mejores métodos en muchos sentidos de su práctica profesional que pueden resultar en un aprendizaje más profundo y significativo para sus estudiantes.

Además, la delegación de autoridad fomenta la colaboración y el trabajo en equipo. Cuando docentes sienten que tienen voz y voto en las decisiones escolares, se crea una cultura de propiedad y responsabilidad colectiva. Esto no solo mejora la moral del equipo de trabajo, sino que también conduce a una mejor coordinación y cohesión al interior de la institución, factores que son fundamentales para el éxito de una organización educativa.

Una buena gestión en la delegación de autoridad deja en posibilidades a la dirección para enfocarse en la visión más a largo plazo y las estrategias institucionales. Al invertir confianza en su equipo, la dirección puede dedicar más tiempo entornos aspectos igualmente importante para el centro escolar, anticipando cambios y preparando a la institución para enfrentar nuevos desafíos.Así, una delegación ineficaz puede estancar el crecimiento y la mejora en un centro educativo, mientras que una delegación de autoridad adecuada puede construir una mejor institución, centrada en el aprendizaje y adaptada a las necesidades cambiantes de estudiantes y docentes. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann. Doctor en Gerencia Pública y Política Social. 

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manuelnavarrow@gmail.com