Director(a) por primera vez

«El liderazgo no se trata de tener un título o una designación. Se trata de impacto, influencia e inspiración.» Robin Sharma

Al asumir el liderazgo de una institución educativa por primera vez, es fundamental detenerse y reflexionar sobre la profundidad y alcance de tal responsabilidad. No se trata simplemente de asumir un nuevo título o posición; es una oportunidad para ser el catalizador de un cambio significativo, una transformación que puede resonar en cada rincón de la institución y más allá.

La experiencia de haber dirigido organizaciones educativas durante más de dos décadas me ha enseñado la singularidad de la dirección escolar. No es meramente una extensión del papel docente. Mientras que un docente se centra en el salón de clases, un director necesita ver el panorama completo, considerando cada elemento que conforma la organización. Y aquí radica una de las primeras reflexiones: comprender que la dirección demanda un conjunto de habilidades y competencias diferentes, y que, para ser eficaz, uno debe estar dispuesto a aprender y adaptarse constantemente.

El núcleo de cualquier institución educativa es el aprendizaje. Las decisiones, por lo tanto, deben reflejar este enfoque central. Pero, ¿cómo se asegura uno de que el aprendizaje sigue siendo el foco principal en medio de la maraña de responsabilidades administrativas? La clave radica en la formación continua. Sumergirse en literaturas actuales, estar al tanto de las investigaciones recientes y familiarizarse con competencias clave para la dirección puede proporcionar las herramientas necesarias para mantener ese enfoque.

Una gran parte de la dirección implica visualizar. Imaginar cómo se puede llevar a la institución desde donde está ahora hasta donde se aspira que esté. Pero la visión no es suficiente. Es necesario transformar esa visión en acciones tangibles. Los desafíos que se presentan pueden ser vistos como obstáculos o como oportunidades para crecer y evolucionar. La elección es nuestra.

La comunicación es la sangre vital de cualquier organización. Fomentar un diálogo abierto y honesto con su equipo no sólo promueve un ambiente de confianza, sino que también puede ser una fuente inagotable de ideas y perspectivas. Sin embargo, es esencial recordar que, aunque delegar es fundamental para la eficiencia, la responsabilidad final recae siempre en la dirección.

Finalmente, la actitud con la que se aborda la dirección puede marcar la diferencia. Una actitud proactiva y abierta, donde se valora la escucha y el intercambio de ideas, puede ser el fundamento sobre el que se construye una institución educativa próspera y dinámica.

Para aquellos que están al borde de este emocionante viaje de dirección escolar, es un camino desafiante, pero enormemente gratificante. Cada día ofrece una nueva oportunidad para marcar la diferencia, para influir positivamente en la vida de estudiantes y personal, así como para dejar una huella duradera en el mundo educativo. Porque la educación, es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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Homenaje a mis abuelos: Luz eterna en mi memoria

«Los abuelos son un deleite para los niños y un abuelo es un niño deleitado.» Gene Perret

Desde la perspectiva de los recuerdos de la infancia, mis abuelos siempre han sido torres inquebrantables, pilares fundamentales que cimentaron mi ser. Aunque fueron distintos entre sí, cada uno dejó huellas indelebles en mi alma y en mi historia.

Mis abuelos maternos, fruto de una historia que entrelaza mundos y tiempos distintos: él, con raíces alemanas y una estampa majestuosa, talló su vida en las tierras chihuahuenses, surcando esperanzas y esperando la caricia de la lluvia. Ella, con un espíritu indomable a pesar de las adversidades de la salud, me mostró que el amor y la fortaleza van de la mano. Los paisajes de las Cruces en Namiquipa y sus rincones se pintan con los colores de mi niñez, y evocan imágenes de primos jugando, de días laboriosos y de sonrisas compartidas.

Del lado paterno, abuelos que superaban la cincuentena cuando unieron nuestras familias, pero cuyo carácter y vivacidad trascienden el tiempo. Mi abuelo, con manos artesanas que transformaban la madera en arte y un porte que inspiraba respeto; y mi abuela, con la sabiduría de la enseñanza y el amor por el hogar, han dejado eco en rincones de Jiménez, Juárez y en los espacios de mi memoria. Sus risas, sus historias y sus enseñanzas se convierten en el himno de mi recuerdo.

Más allá de lo que pude aprender de ellos, lo que verdaderamente atesoro es el legado inmaterial que dejaron en mí: valores, principios y, sobre todo, un amor inmenso. En mi corazón, mantengo viva la gratitud y el amor que siento por Teresa, Julio, Rafael y Josefa. Aunque ya descansan en el sueño eterno, su esencia sigue vibrando en cada uno de mis pasos.

Hoy, y siempre, les envío un susurro lleno de cariño, amor y agradecimiento que se eleva hasta el cielo. Con sus enseñanzas, sigo forjando el camino, esperando que mis hijos también hereden esa chispa eterna que ustedes me regalaron. Gracias, mis queridos abuelos, por ser faros luminosos en mi vida.

Con mucho cariño… Meny…

Los Aparatos Ideológicos del Estado y la Conciencia Social en México

«Quien controla la narrativa, controla el mundo» . George Orwell

Louis Althusser, filósofo francés, aportó profundas reflexiones acerca de la estructura y la superestructura en las sociedades modernas, especialmente en su conceptualización de los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE). Según Althusser, estos aparatos desempeñan un papel crucial en la reproducción de las condiciones de producción y, por ende, en la perpetuación de la dominación de la clase dominante sobre las clases subalternas. Los AIE son principalmente la escuela, la familia, la iglesia, la cultura (literatura, arte, deporte), el sistema legal, los medios de comunicación, los sindicatos y los partidos políticos.

La función primordial de los AIE es transmitir la ideología dominante de la clase en el poder a las generaciones sucesivas. En otras palabras, moldean nuestra conciencia, determinan nuestra percepción de la realidad y delinean nuestras visiones del mundo. En este proceso, los individuos interiorizan valores, creencias y normas que guían su comportamiento y modulan su relación con el mundo que los rodea.

Tomando el caso mexicano como ejemplo, es posible observar cómo durante al menos tres décadas previas, todos los AIE operaban en sintonía bajo un mismo modelo ideológico. Esta homogeneidad ideológica, a lo largo del tiempo, consolidó una conciencia social que permeó todos los ámbitos de la vida, desde el económico y el cultural hasta el político y el social.

Sin embargo, cuando uno de estos aparatos cambia su dirección, como ha sucedido recientemente en México con el aparato educativo, se genera un desequilibrio. Dicho cambio no implica necesariamente una negatividad, pero sí evidencia la fragilidad y contingencia de la construcción ideológica dominante. La educación, por su poder formador y transformador, tiene el potencial de cuestionar y redefinir las percepciones previamente establecidas, generando así un escenario de tensiones y reconfiguraciones ideológicas.

Esta dinámica nos permite comprender que nuestra percepción de la realidad está condicionada y mediada por estructuras sociales que, de manera sutil pero constante, influyen en nuestras decisiones, aspiraciones y formas de interacción. La vida, en esencia, se moldea a través de las percepciones que se van formando por estos aparatos. Cada cambio, cada desajuste en estos mecanismos, desencadena consecuencias en el entramado económico, cultural, político y social de una nación.

La reflexión sobre los AIE en el contexto mexicano revela la importancia de cuestionar y reevaluar constantemente las bases ideológicas que rigen una sociedad. La capacidad de adaptación y respuesta ante los cambios en estos aparatos puede determinar no solo el rumbo de una nación, sino también la capacidad de sus ciudadanos para ejercer una agencia crítica y transformadora en su realidad. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La educación sexual. El elefante en la habitación

«Es más fácil construir niños fuertes que reparar adultos rotos.» Frederick Douglass

La responsabilidad social de educar a las nuevas generaciones no recae exclusivamente en el sistema educativo, sino que es un mandato compartido con las familias, las comunidades y, de hecho, la sociedad en su conjunto. Vivimos en una era de información, donde el acceso al conocimiento es vasto, pero al mismo tiempo, la desinformación y la información dañina también proliferan. Las niñas, niños y adolescentes están expuestos a un flujo constante de datos, imágenes y narrativas, y es nuestra tarea garantizar que estos estén alineados con una educación que les proteja y empodere.

Si consideramos la información sexual, el desconocimiento o la educación equivocada puede tener consecuencias profundas. Los datos son contundentes: la violencia, las violaciones y los embarazos tempranos están arraigados en la falta de educación y en la persistente cultura del silencio que rodea a la sexualidad. Negar el acceso a una educación sexual integral no solo desafía el derecho al libre desarrollo de la personalidad, sino que también perpetúa ciclos de abuso, ignorancia y trauma.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, al respaldar la educación y el conocimiento sobre estos temas, ha reconocido implícitamente el papel de la educación como herramienta de protección. Es un llamado a la sociedad a despertar y asumir esta responsabilidad colectiva. En lugar de censurar o evitar estos temas, es esencial que los abordemos de frente, con honestidad y cuidado, para equipar a nuestros jóvenes con las herramientas que necesitan para navegar en un mundo que a menudo puede ser confuso y peligroso.

No actuar, no informar, es permitir que la ignorancia se arraigue. Es permitir que los perpetradores actúen con impunidad. Es facilitar un terreno en el que las vulnerabilidades son explotadas. Es dejar a nuestras niñas, niños y adolescentes desarmados en un campo minado.

La educación sexual no solo es una cuestión de protección, sino también de empoderamiento. Se trata de permitir que las personas jóvenes entiendan y valoren su cuerpo, establezcan límites, comuniquen sus deseos y necesidades, y tomen decisiones informadas. Al hacerlo, cultivamos individuos que no solo están protegidos contra el daño, sino que también son activos defensores de sus derechos y de los derechos de los demás.

Necesitamos recordar que venimos de una cultura del silencio, en donde todo se esconde y nada sucede, en donde se aprende de amigos, internet, revistas o de actos traumáticos en donde la mayor cantidad de violaciones de menores provienen de familiares y amigos cercanos a la familia, lo que les abre la puerta, pero también les permite exigir un silencio que tanto ha dañado a nuestras familias.

Esta educación no es una opción, es un imperativo. No es solo una cuestión de moralidad o ética, sino de justicia y derechos humanos. Las decisiones que tomemos hoy en relación con la educación de nuestras jóvenes generaciones resonarán en las décadas venideras. Es hora de actuar con valentía, de enfrentar los tabúes y de trabajar juntos para garantizar que todas nuestras niñas, niños y adolescentes tengan el conocimiento, la comprensión y la capacidad para enfrentar y superar los desafíos que les presenta la vida. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

Doctor en Gerencia Pública y Política Social y miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua

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La importancia del Trabajo Social

«Donde hay seres humanos, habrá necesidad de trabajo social. Las personas crean problemas, y las personas son las soluciones». Ann Hartman

En la sociedad contemporánea, en la que los desafíos y desigualdades crecen a un ritmo acelerado, es fundamental detenerse y reflexionar sobre aquellos profesionales que, día a día, trabajan por construir un mundo más equitativo y justo para todos. Entre ellos, se encuentran las trabajadoras y los trabajadores sociales, profesionales comprometidos con el bienestar y la equidad, cuya labor es, muchas veces, silente pero incuestionablemente valiosa y, dado que este 21 de agosto se celebra su Día Nacional, vale la pena por mucho hacer una reflexión sobre su importancia.

Cada vez que nos encontramos con problemáticas sociales complejas, donde la desigualdad y la exclusión parecen tener la última palabra, son quienes se sumergen en su comprensión, buscando soluciones que trascienden el ámbito individual y que atienden las raíces estructurales del problema. No se quedan en la observación pasiva, sino tienen un férreo compromiso con el cambio, entienden que cada intervención tiene el potencial de transformar vidas y comunidades enteras.

¿Cuántas veces hemos escuchado de programas sociales que cambian realidades, de comunidades que se empoderan o de personas que encuentran apoyo en momentos cruciales de sus vidas? Detrás de muchas de estas historias, encontraremos la labor cuidadosa y dedicada de trabajadores sociales. Son la arquitectura de proyectos que buscan fortalecer y mejorar las condiciones de vida, y facilitan la promoción de la participación de las personas en la construcción de una sociedad más equitativa.

Sin embargo, la contribución de las trabajadoras y trabajadores sociales no se limita solo a la intervención directa. En el ámbito académico, en Instituciones de Educación Superior sólidamente organizadas a nivel nacional se forman las nuevas generaciones, compartiendo no solo técnicas y herramientas, sino una filosofía humanista y ética que pone en el centro la dignidad y los derechos de todas las personas. 

En el campo legal, su peritaje asegura que las decisiones judiciales consideren la dimensión social y humana, garantizando así una justicia más completa y equitativa. En el de la educación brinda apoyo socioemocional a estudiantes, facilita un ambiente de aprendizaje saludable y conecta a la escuela con la comunidad,permitiendo a estudiantes enfrentar desafíos personales y académicos así como alcanzar su máximo potencial

Es crucial que como sociedad reconozcamos, valoremos y respaldemos la labor de esta profesión.Ello nos invita a reflexionar sobre las estructuras que perpetúan la desigualdad y nos desafía a actuar para transformarlas. Representa un llamado constante a la solidaridad, a la empatía y a la construcción colectiva de un mundo donde cada persona pueda desarrollarse plenamente.

La próxima vez que nos enfrentemos a un desafío social o veamos una situación de desigualdad, recordemos la importancia de las trabajadoras y trabajadores sociales en nuestra sociedad. Su labor es un recordatorio constante de que, con compromiso, pasión y solidaridad, es posible construir una sociedad más justa y equitativa para todos. Valoremos, apoyemos y, sobre todo, hay que unirnos a su causa, pues es la causa de todos.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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¿Y los docentes en el análisis de los libros?

«Los maestros, creo, son los más responsables y más importantes miembros de la sociedad porque sus esfuerzos profesionales afectan el destino de la tierra»…Helen Caldicott.

El sistema educativo nacional no se limita únicamente a la transmisión de conocimientos, sino que también tiene un papel fundamental en la construcción de la identidad, valores y la visión del mundo de sus ciudadanos. En este complejo proceso, el libro de texto ha sido tradicionalmente el eje central, actuando como una brújula que guía el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, su lugar es solamente uno de los múltiples componentes del entramado educativo, y aunque es crucial, su relevancia se encuentra al lado del criterio del docente.

Los libros de texto, ya sea por encargo como antes o hechos en las imprentas oficiales como ahora, representan la concreción de las intenciones curriculares del Estado. Reflejan, desde siempre, una serie de decisiones pedagógicas, ideológicas, culturales y sociales que quienes representan al Estado, a través de sus instituciones educativas, decide privilegiar. Pero es importante recordar que estos libros también esconden un currículum oculto: aquello que no se dice explícitamente, pero que se infiere a través de sus omisiones, imágenes, ejemplos y estructura.

En este panorama, el papel del docente se vuelve trascendental. Si bien el libro de texto es una herramienta poderosa, el docente tiene la capacidad y responsabilidad de mediar entre este recurso y el aprendizaje real del estudiante. El docente puede, y debería, analizar críticamente el contenido de estos libros, identificando no solo lo que dicen, sino también lo que omiten o lo que insinúan. De esta manera, el maestro se convierte en un agente activo que no solo transmite conocimientos, sino que también construye, cuestiona y reconstruye saberes junto con sus estudiantes.

Es importante entender que los nuevos libros de texto, con sus propuestas renovadas, traen consigo desafíos y oportunidades. Cada renovación curricular, cada nuevo libro, es una invitación al cambio. Pero este cambio no se efectuará de manera automática o mágica simplemente por la presencia de un nuevo libro en el aula. El cambio verdadero y profundo se dará cuando el docente, armado con su experiencia, capacitación, criterio y compromiso, decida su actuar como puente entre el currículum y el aprendizaje.

La actitud y mediación del docente son, entonces, fundamentales para aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen los nuevos libros de texto, ya sea en físico o en digital como ya circulan. Estos no son simplemente receptáculos de información, sino herramientas que, en manos de un docente crítico y comprometido, pueden desencadenar reflexiones profundas y transformaciones significativas en el aula.

Mientras que los libros de texto tienen un papel importante en el sistema educativo, la verdadera chispa del cambio yace en el docente. Es a través de su visión, su interpretación y su mediación que los contenidos cobran vida y se adaptan al contexto y necesidades de sus estudiantes. Asumir este papel activo y crítico frente a los recursos educativos, como los libros de texto, es un paso esencial para lograr una educación más reflexiva, contextualizada y transformadora. Porque la educación… es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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Educación y Economía circular

«Lo que haces marca una diferencia y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres hacer.»… Jane Goodall

El modelo económico en que vivimos ha impulsado un crecimiento económico sin precedentes y ha fomentado la innovación, pero sus consecuencias han llevado a graves problemas como la desigualdad económica, explotación laboral, crisis financieras, individualismo, consumismo, obsolescencia programada y una grave acumulación desmedida de desperdicios, dejando a su paso un costo ambiental y social significativo.

El desafío de la sostenibilidad ambiental y la economía circular exige una transformación profunda en todos los sectores de la sociedad, incluyendo la educación. En la actualidad, nos enfrentamos a problemas críticos como la escasez de agua, exacerbada por el consumo desmedido de industrias como la de los refrescos chatarra. Para abordar estos problemas, necesitamos un enfoque educativo que prepare a la próxima generación para crear soluciones sostenibles y circulares.

La economía circular es un modelo que propone la reducción, la reutilización y el reciclaje de los elementos. Se opone al tradicional modelo económico lineal de «tomar, hacer, desechar», promoviendo en cambio un ciclo continuo de uso y reutilización de recursos. La integración de la economía circular en la educación puede dar lugar a la formación de ciudadanos y profesionales conscientes y capacitados para implementar prácticas sostenibles.

Por ejemplo, si se enseña a los estudiantes sobre el impacto de la industria de los refrescos en el consumo de agua, podrían inspirarse para desarrollar alternativas más sostenibles. La educación puede ser la plataforma para la innovación, fomentando la creación de empresas y productos que respeten la economía circular.

Sin embargo, la educación por sí sola no es suficiente. La implementación efectiva de la economía circular requiere el compromiso y la acción de gobiernos y legisladores. Se necesitan políticas públicas fuertes que fomenten la economía circular, como regulaciones estrictas para las empresas con altos consumos de agua, incentivos para la adopción de prácticas sostenibles y una infraestructura que facilite la reutilización y el reciclaje de recursos.

Los beneficios de tal enfoque son considerables. Más allá de la conservación del agua y la reducción de la contaminación, la economía circular puede conducir a la creación de nuevos empleos en industrias sostenibles, mejores márgenes económicos, la reducción de la dependencia de los recursos importados y la mejora de la salud pública. Podría mejorar la calidad de vida, no sólo de las generaciones presentes, sino también de las futuras. Ya en Coparmex con Víctor Gómez Céspedes hay un paso importante desde el proyecto “Chihuahua Green City” como presidente de las comisiones de energía, sostenibilidad y medio ambiente de esta organización empresarial y con quien tuvimos un agradable encuentro como Asociación de Editorialistas.

Para enfrentar la escasez de agua y otros problemas de sostenibilidad de los que tanto nos quejamos, necesitamos una estrategia integral que incorpore la economía circular en la educación y que esté respaldada por políticas públicas efectivas. Este enfoque puede transformar nuestra realidad cotidiana y crear un futuro más sostenible y resiliente. Porque la educación es el camino…

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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Los libros de texto y el aprendizaje por proyectos

«Los estudiantes prosperan cuando se les da la oportunidad de aprender de la manera que más les beneficia.» Ken Robinson

El aprendizaje basado en proyectos es una metodología educativa que difiere significativamente de los enfoques tradicionales de enseñanza. En lugar de centrarse en la transmisión de conocimientos de manera pasiva, este enfoque sitúa a los estudiantes en el centro de su propio aprendizaje, lo que les permite explorar, experimentar y construir su propio conocimiento a través de proyectos del mundo real.

Esta metodología se fundamenta en teorías pedagógicas que valoran la experiencia directa, la autodeterminación y la colaboración como elementos esenciales del aprendizaje. Este enfoque contrasta con las metodologías más tradicionales que a menudo se centran en la memorización de hechos y la realización de tareas predeterminadas, limitando así el potencial para el aprendizaje activo y la creatividad.

El aprendizaje basado en proyectos también es interdisciplinario, lo que significa que anima a los estudiantes a hacer conexiones entre diferentes áreas de conocimiento y a aplicar sus habilidades en una variedad de contextos. Esto también difiere de las metodologías tradicionales que suelen enseñar cada asignatura de manera aislada.

Además, el aprendizaje basado en proyectos promueve una comprensión más profunda y duradera de los conceptos porque los estudiantes no solo aprenden sobre un tema, sino que también tienen la oportunidad de aplicar lo que han aprendido en situaciones prácticas y relevantes. Este enfoque ayuda a los estudiantes a ver la relevancia y el valor de lo que están aprendiendo, lo que puede ser muy motivador.

También cabe destacar que el aprendizaje basado en proyectos permite la evaluación auténtica, ya que los productos finales de los proyectos proporcionan una representación tangible de lo que los estudiantes han aprendido y cómo pueden aplicarlo. Esto difiere de las evaluaciones tradicionales, como los exámenes, que a menudo miden la capacidad de los estudiantes para recordar hechos más que su capacidad para usar el conocimiento de manera creativa y crítica.

Es importante señalar, sin embargo, que el aprendizaje basado en proyectos no es una solución mágica. Requiere un diseño cuidadoso de los proyectos, materiales, libros que establezcan una conexión y vinculación, así como una orientación, apoyo adecuados por parte del profesor, y un compromiso por parte de estudiantes. Pero cuando se implementa eficazmente, el aprendizaje basado en proyectos puede proporcionar una experiencia educativa enriquecedora que fomenta la creatividad, la autodeterminación, la colaboración y el pensamiento crítico, habilidades todas ellas esenciales para el siglo XXI.

Dr. Manuel Alberto Navarro Weckmann.

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La escuela que anhelamos

«La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo»… Paulo Freire

Frecuentemente me he referido a la relación familia escuela como un vínculo necesario para fortalecer el aprendizaje, sin embargo, es necesario entender que la escuela necesita de una autocrítica permanente y necesaria para la transformación de la sociedad. La educación es el espejo en el que se refleja nuestra sociedad, por tanto, si queremos que mañana nuestra sociedad sea autocrítica, inclusiva, democrática y participativa, debemos comenzar por trasformar la escuela de hoy en ese molde ideal.

Una crítica popular que he utilizado antes es que existe una «generación de cristal», pero no debemos olvidar que esta percepción refleja, en realidad, generaciones anteriores que se resisten al cambio y así como hay padres de familia que se resisten, hay docentes y personal educativo que se muestran intolerantes hacia aspectos tan triviales como el largo del cabello, el uniforme o la identidad de un estudiante y otros prejuicios culturales, y se deja en las familias la toda la culpa de las deficiencias educativas. Pero ¿es justo trasladar toda la culpa a las familias, cuyo capital educativo es tan heterogéneo y cuyas circunstancias son tan distintas?

No debemos reducir la labor educativa al mero traspaso de conocimientos. Hacerlo es minimizar el rol transformador de la escuela. Frente a las debilidades o ausencias familiares, la escuela irrumpe como un agente educativo necesario y poderoso. Si anhelamos una sociedad que respeta derechos humanos, democrática y que no discrimine, entonces es imperativo que esas características las integremos primero en nuestras escuelas.

Algunos argumentan que la educación no es responsabilidad de la escuela sino exclusivamente de la familia. Sin embargo, si caemos en esa trampa, limitamos el impacto y alcance de la educación. Delegar la responsabilidad educativa únicamente a las familias es una barrera que impide lograr una escuela verdaderamente inclusiva y formativa.

Si bien es cierto que a veces la escuela y la familia parecen ir en trayectorias opuestas, es crucial identificar qué le corresponde hacer a la escuela para alinear esos caminos. Es prioritario entender que la escuela no debe ser esa entidad frágil que excluye o etiqueta a los estudiantes, ni el hospital que corre a los enfermos. No se trata solo del plan de estudios, sino de la cultura y esencia de la institución. La escuela debe ser reflejo del tipo de sociedad que anhelamos.

Es hora de dejar de lado críticas vacías hacia estudiantes y sus familias y centrarnos en la auto-reflexión. Debemos adoptar un enfoque inclusivo, construir relaciones trascendentes con las familias y aceptar que la transformación comienza con nosotros, los educadores. Como profesionales, nuestro deber es garantizar el derecho a la educación de todos los estudiantes y asumir el peso formativo que implica.

La tarea no es sencilla, pero es fundamental. Si deseamos un cambio en la sociedad, debemos empezar por nosotros, por la forma en que percibimos la educación, y por cómo nos relacionamos con estudiantes y sus familias. Solo entonces, lograremos escuelas que realmente sean pilares para el crecimiento y desarrollo de la sociedad. Porque la educación es el camino…

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Los libros de texto, la discusión…

La educación, ese faro luminoso que guía a las naciones hacia el progreso, ha sido objeto de múltiples transformaciones en México. Los libros de texto gratuitos de la SEP no son la excepción y, recientemente, han sido motivo de debate y crítica. ¿El motivo? Un cambio de enfoque y perspectiva pedagógica que rompe con décadas de tradición educativa neoliberal.

Durante años, los planes y programas educativos adoptaron un carácter enciclopédico, a menudo desconectado del contexto real y cotidiano del estudiante. Esta aproximación, en lugar de fomentar el aprendizaje crítico y contextualizado, promovía la memorización y repetición de contenidos, haciendo eco de libros de texto que delineaban, paso a paso, cómo se debía enseñar, como si todos los estudiantes fueran homogéneos y compartieran las mismas realidades y necesidades.

Pero, ¿quién llevaba la carga de estos resultados? Lamentablemente, el magisterio. Sin voz ni voto en las decisiones, los maestros eran señalados como los principales responsables de los fallos educativos. Sin embargo, la verdadera evaluación y crítica debería haber recaído sobre un sistema que no permitía la adaptabilidad y el cambio.

Hoy, con la introducción de la Nueva Escuela Mexicana, se busca reformar estos paradigmas. Esta propuesta intenta forjar una relación más colaborativa con el magisterio, otorgándole una voz activa en el proceso educativo. No obstante, se encuentra con resistencias, especialmente de aquellos que eran partidarios del sistema anterior.

La crítica constructiva es esencial, pero es importante recordar que no se puede juzgar a un nuevo sistema por los errores del anterior. Es hora de centrarnos en el aprendizaje, de ponerlo en el corazón del sistema educativo y de valorar la indispensable labor del magisterio. Es necesario dar un giro hacia una educación que realmente prepare a las futuras generaciones para los desafíos del mañana.

El cambio es inminente, pero es crucial que todos – maestros, padres, alumnos y sociedad en general – trabajemos juntos. La educación es un esfuerzo colectivo y, para que prospere, debemos valorar y escuchar a quienes están en el aula día tras día: nuestro querido magisterio. Porque en sus manos no sólo está el presente, sino también el futuro de nuestra nación. Porque la Educación es el camino…