Juventud y educación superior

Esta semana participé como coordinador del seminario “La Calidad de la educación superior: caracterización, análisis y dimensiones”, invitado en el marco de la Escuela Internacional de Verano por parte de la Facultad de Administración Pública de la Universidad de Panamá, en donde tuve la oportunidad de conversar con catedráticos no solo de la Universidad anfitriona, sino de otras facultades y universidades, tanto públicas como privadas, lo cual no solo ha resultado interesante, sino muy enriquecedor por las experiencias compartidas.

Tuve la fortuna de conocer esta Universidad cuando formaba parte del Comité Ejecutivo de la Red de Liderazgo de la UNESCO que coordinaba mi estupendo amigo de Chile Alfredo Rojas Figueroa junto con personas de El Salvador, Argentina, Nicaragua y un servidor por parte de México, que a la postre pude, como director de la Escuela Normal Superior de Chihuahua, firmar un convenio de colaboración con dicha institución y desde entonces conservo un especial aprecio por esas tierras centroamericanas.

Debido a las diferentes temáticas que tienen que ver con el seminario, sin duda alguna se deben de tocar aspectos que tienen que ver no solamente con el tema universitario, sino que se relacionan con la vida social, cultural, política y económica del país. En este sentido, parte de las reflexiones vertidas, tienen que ver con la forma en que se ha desarrollado la Educación Superior y como ésta se tiene que adaptar a las condiciones del entorno que, siempre cambiante, no siempre es posible seguir con la misma velocidad con la que ocurren los acontecimientos, descubrimientos y opciones de desarrollo en el país.

Otro aspecto relevante, tiene que ver con la formación docente y las competencias que se deben de desarrollar en el marco de la búsqueda de una mejor educación para una mejor formación profesional de sus estudiantes, lo cual siempre se ve obstaculizado por las grandes problemáticas que vive este importante sector de la educación nacional.

En este sentido, algunos de los aspectos que considero compartimos como problemática, tiene que ver con la ya histórica tendencia de los últimos años en que se ha dado una reducción de los recursos económicos que les son asignados, que, en el caso particular de nuestro país, se ve presionado, además,  por las constantes exigencias que se hacen a las Instituciones de Educación Superior en lo general y al personal docente en lo particular, de titánicas y burocráticas tareas que les llevan a descuidar lo que realmente importa que es la docencia, la investigación y la extensión universitaria.

Por las presiones internacionales, por la emergencia sanitaria, así como la tendencia a exigir más con menos, quienes al final resultan perjudicados, son los y las jóvenes universitarias quienes deberían de ser el centro de la política de este importante nivel educativo.

Pasamos por una circunstancia realmente especial, en donde se ha buscado responder con herramientas virtuales de la mejor manera posible, sin embargo, las brechas sociales hoy nos dicen que hay una juventud que no está en la escuela, no porque no quiera, sino porque no cuenta con la posibilidad económica o tecnológica para seguir adelante en el camino del estudio que, puede ayudar en sus circunstancias de vida, tanto personal como familiar y profesional.

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Motivación docente

Existe, en derredor del fenómeno educativo, diferentes investigaciones que tienen que ver con las formas en que una escuela puede tener éxito, de esta manera, existe, como una de las características más importantes, que todas las actividades del centro escolar, tengan como centro del foco el aprendizaje de sus estudiantes.

En este sentido, se ha encontrado también, que uno de los factores más importantes para que se dé el aprendizaje, es que la niña o el niño vaya con gusto, que exista un clima emocional que permita que fluya de una mejor manera dichos procesos.

Es por ello, que uno de los factores en los que no solo el sistema educativo en su conjunto, sino la sociedad en pleno debe de poner especial atención, es en la salud emocional y la motivación de las y los docentes, máxime ahora en un tiempo en el que el cansancio y el agobio hacen de las suyas en el marco de la emergencia sanitaria en el que mucho se han complicado las circunstancias con estudiantes y padres de familia.

A pesar de que se han desarrollado investigaciones respecto a la motivación de estudiantes, en realidad es muy poca la investigación que existe sobre la motivación o la ausencia de ella de las y los docentes, por lo que investigando, me encontré con una tesis doctoral de la Universidad de Essex, que pertenece a Lorena Gadella Kamstra denominada “Analysis of EFL teachers’ (de)motivation and awareness in Spain” que, traducido al español, es “Análisis de la (des) motivación de los profesores de EFL y sensibilización en España”, la cual trata precisamente aquellos factores que demeritan la motivación docente y que debemos de tener muy en cuenta.

Aspectos como el seguir aprendiendo, encontrar maneras para resolver los problemas en el aula, la oportunidad de mostrar acciones altruistas, desinteresadas o de ayuda a sus estudiantes, la buena interacción son algunos de los aspectos que se mencionan como centrales para la motivación docente

Por otra parte, factores como el comportamiento disruptivo de sus estudiantes, su falta de progreso, la falta de interés en el trabajo colaborativo de éstos, son aspectos que, al contrario, desmotivan su trabajo. 

Sin embargo, algo que sin duda es central en lo que está pasando, tiene que ver con la excesiva carga laboral, la falta de apoyo y los problemas con la tecnología, aspectos que dejan ver un magisterio cansado, buscando soluciones que, en aspectos prácticos, deberían de traducirse en no pedirle los excesivos informes que recurrentemente se le solicita, la falta de un proceso de capacitación acorde a sus necesidades y, sobre todo, la carga de llevar a cuestas la responsabilidad de completar un curriculum, que solamente a nuestras autoridades se les puede ocurrir que deba de privilegiarse por encima de aprovechar el momento, para generar espacios de reflexión en torno a lo que está pasando y que debiera de ser una prioridad permanente para la salud emocional de las y los docentes.

Aun falta mucho por recorrer, pero si centramos los esfuerzos en hacer más sencilla la vida de quienes tienen la responsabilidad al frente de un grupo, podremos avanzar más rápido hacia el futuro que deseamos para las nuevas generaciones y, por supuesto, para el beneficio de nuestra sociedad.

manuelnavarrow@gmail.com

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