Juntos lo vamos a lograr

Este tiempo, como ningún otro en tiempos contemporáneos, la contingencia representa un desafío que pone en entredicho todo aquello cuanto sabíamos de la manera de hacer las cosas, de esta manera, un aspecto vital de la sociedad, como es el Sistema Educativo se pone en jaque y la necesidad de innovar ante la emergencia, se coloca no solo como una necesidad, sino como una exigencia.

Se trata de un problema que afecta a 166 países en el mundo que tienen cerrados sus edificios escolares, más de mil quinientos millones de estudiantes que no pueden acudir de manera normal a su educación, que, para decirlo en breve, nueve de cada diez estudiantes en el mundo están en una circunstancia que complica el llevar a cabo su educación como la hemos conocido hasta ahora.

En este marco de emergencia, cobran especial circunstancia, las violencias y las desigualdades existentes en los diversos países, aspectos que trastocan fuertemente las posibilidades de acceso de estudiantes, sobre todo de los menos favorecidos para disfrutar del derecho a la educación consagrado en la carta magna.

Si a ello le agregamos el fracaso de políticas educativas del pasado en donde esfuerzos económicos muy importantes en estrategias digitales como “Enciclomedia”, “Habilidades digitales para todos”, “@prende 2.0”, “Programa de inclusión y Alfabetización digital” entrega de laptops que, tan solo entre 2008 y 2016 nuestro país ha gastado, de acuerdo con información de la Auditoría Superior de la Federación (ASF)  36, 596 millones de pesos

A pesar de ello, la mayor confianza que debemos de tener para responder a la emergencia, es a la cercanía, confianza, capacidad de adaptación, innovación y esfuerzo que cada Maestra y Cada Maestro ponen cada día para que el milagro de la educación se lleve a cabo en cada una de las casi un cuarto de millón de centros escolares que hay en nuestro país, de las cuales más del 40% son de organización incompleta, es decir, un docente atiende más de un grado o una responsabilidad en la escuela.

Es decir, más allá de lo que las autoridades educativas han puesto sobre la mesa en materia de infraestructura y estrategia educativa, así como el pago de nómina (que no es menor), en la mayoría de los casos, para que continúe la labor educativa, se ha hecho patente el esfuerzo en conjunto de magisterio y familias que, mediante rifas, kermeses, aportaciones económicas directas, “fatigas” (trabajo directo en obras de la escuela), se mantiene mucho de lo que hoy se cuenta en educación para seguir adelante.

El magisterio es la única profesión en donde el trabajador colabora directamente con su salario para pintar su espacio de trabajo, sacar copias, mantener comunicación son sus padres de familia con los medios que tiene a su alcance.

Si, estoy seguro de que habremos de salir muy bien librados de este problema, confío plenamente, no solo en la capacidad de innovación e improvisación ante esta nueva realidad, sino porque la magia del propio sistema educativo es que a pesar y en contra de todas las circunstancias y problemáticas, se ha salido adelante hasta ahora.

Mis respetos, reconocimiento y buenos deseos para que en este nuevo trance en el que se generan nuevas y difíciles circunstancias, habremos de salir adelante con el compromiso, concurso y responsabilidad del magisterio nacional.

https://manuelnavarrow.com/2020/04/22/juntos-lo-vamos-a-lograr/

Confiemos en nuestras Maestras y en nuestros Maestros

Si algo queda claro es que el nivel de desigualdad que existe en nuestro país, no permitirá que el esfuerzo educativo llegue a todos los niños y a todas las niñas por más esfuerzos que haga el magisterio o las autoridades. Es un excelente momento para repensar las políticas publicas redistributivas que permitan que, en el corto y el mediano plazos se cuente con estrategias adecuadas para llegar a todas las familias.

Hoy por hoy necesitamos aprender de esta experiencia, generar acciones específicas e incluirlas en los planes de estudio para que no se olvide. Establecer nuevas formas de saludo, de cercanía y de convivencia que privilegien en delante la distancia, el auto cuidado y la solidaridad social que orienten a las nuevas generaciones a no repetir nuestros errores como sociedad.

Además, se necesita establecer un vínculo de los contenidos de cada asignatura, independientemente del nivel en que se encuentre el estudiantado, para desarrollar una conciencia activa, vigilante, social y solidaria que fortalezca los lazos sociales y las redes de vinculación para buscar cerrar las brechas de desigualdad que se han acumulado por décadas.

Hoy más que nunca necesitamos apreciar los esfuerzos colectivos, revalidarlos e impulsarlos por encima del egoísmo individualista que se asume como el gran crítico de esta etapa en la que nos encontramos. Fortaleza, ánimo, confianza y todos los apoyos posibles son las características y requisitos mínimos que necesita el docente en estos momentos para salir adelante.

Debemos de eliminar al ogro burocrático que vive entre nosotros y buscar evitar a toda costa el tratar de conocer cada paso que da cada Maestra y cada Maestro, pedir informes extensos y, en todo caso, apoyar a cada Maestra en sus esfuerzos para avanzar en esta etapa ya de por sí complicada. Debemos de confiar en su cercanía con las familias, confiar en la manera de hacer llegar lo posible para que cada estudiante avance hasta donde se pueda.

Necesitamos entender que estamos ante una EMERGENCIA MUNDIAL, no es un capricho que se buscó desde un actor en lo individual, así que es preciso dar el tiempo y el espacio necesarios a las madres y a los padre De familia que en este momento están mucho más preocupados por conservar su trabajo, proveer de alimentos, salud, techo y vestido a su familia en esta etapa de incertidumbre que de aplicar las lecciones. No es mala voluntad, es la emergencia que vivimos en todo el mundo.

Ya es tiempo de saber que el sistema no puede controlarlo todo, que una de las principales cualidades d ellos sistemas educativos con altos resultados en el mundo, son aquellos que pasan por confiar en las maestras y en los maestros, en que ellas y ellos sabrán elegir los contenidos, la mejor manera de contactar, la manera de hacer llegar la información y, sobre todo que, cuando todo esto pase, habrá un aprendizaje social del cual las maestras y los maestros habrá de utilizar para poder recuperar el tiempo.

No es algo increíble o imposible, son Maestras y Maestros, para eso se prepararon en su carrera y para eso tienen la experiencia de cada uno de sus años de servicio que les permiten afrontar esta emergencia con calidad, profesionalismo y mucha entereza.

Confiemos, confiemos y confiemos en el magisterio, porque ahora hará lo posible para afrontar la educación en la emergencia, pero sobre todas las cosas, porque al pasar, la niñez mexicana estará en buenas manos para seguir avanzando como nos lo indica la historia de la educación, sin importar las guerras, las condiciones, la hambruna, la incongruencia política en la toma de decisiones educativas en el pasado o incluso los efectos nocivos de la desigualdad que han provocado las décadas de ese neoliberalismo brutal que tiene abiertas tantas heridas y brechas sociales que vivimos en la actualidad.

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¿Y los que menos tienen?

De la noche a la mañana, hemos entrado en una nueva era del aprendizaje. Audrey Azoulay Directora General de la UNESCO

A menudo, como parte de un ejercicio común en las redes sociales, al compartir las opiniones, recibo frecuentemente comentarios de retroalimentación que sin duda fortalecen en mucho la visión desde la propia práctica profesional de muchas maestras y maestros de diferentes entidades de la República con quien sostengo importantes conversaciones sobre el momento en que vivimos.

Precisamente, a raíz del momento en que nos encontramos, se han desarrollado acciones para buscar que las niñas, niños y jóvenes puedan continuar adelante con sus aprendizajes, sin embargo, la situación económica, social, cultural y ahora sanitaria no permiten que, acciones que tradicionalmente han constituido una opción, se perfile como algo que sea posible de llevar a cabo, al menos no en estos momentos.

La educación superior no ha presentado mayores problemas, en virtud de que, desde hace un tiempo importante, las universidades, tecnológicos, escuelas normales, entre otros, se han venido desarrollando esfuerzos en la materia que permite que se resuelva la problemática. Al menos no he tenido que suspender ninguna sesión de clase con mis estudiantes de doctorado, ya que las sesiones, así como asesorías de dirección de tesis que antes eran presenciales, ahora se están llevando a cabo de manera virtual con un contacto y seguimiento personal de su proceso de desarrollo profesional, pero el problema no está ahí.

Sí lo es para el caso de la educación básica, como dijo Audrey Azoulay Directora General de la UNESCO en días pasados “de la noche a la mañana, hemos entrado en una nueva era del aprendizaje”, situación que nos exige como sociedad, generar nuevos e innovadores modelos para la atención, fundamentalmente de niñas y niños cuyas posibilidades de acceso a determinadas tecnologías o redes de información no está disponible en estos momentos.

Como lo establece el propio Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en ingles), en este momento, los niños no conectados se están perdiendo recursos educativos y acceso a la información general, así como a las oportunidades para aprender aptitudes digitales, explorar amistades y establecer nuevas formas de autoexpresión y, más allá de ello, de los aprendizajes básicos que permitan brindarles las herramientas mínimas para su desarrollo social.

Las cifras que ofrecen las mismas instituciones gubernamentales no dejan lugar a duda en ello, pues de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), uno de cada dos hogares en México no tiene internet y la mitad de quienes sí tienen cuentan con una conexión deficiente, por lo que la brecha digital está muy lejos de dejar de representar un problema.

Hoy en día nuestra situación exige mayores esfuerzos para generar iniciativas en las que se piense en quienes menos tienen, y si los datos nos dicen que la mitad de los hogares no tienen acceso a internet, se debe de desarrollar una estrategia específica de atención y acompañamiento especial por otros medios, que permita que no crezca más la ya de por sí amplia brecha socioeconómica que nos distingue.

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